Hoy, domingo, comparto una hermosa oración que me llegó de un anciano sacerdote, tras una larga vida de entrega pastoral.
Oración del Anciano Sacerdote
«Señor, acepta mi ancianidad, pero no permitas que me convierta en un viejo de mí mismo. No quiero darme por vencido, y recordar con nostalgia el tiempo pasado. Contigo, Señor, he tomado el decidido camino hacia adelante y no quiero mirar hacia atrás. Acepto mi cuerpo frágil y torpe para andar, lo acepto así tal cual es. Hazme caminar, aunque sea a paso lento, pero no me dejes instalado en lo que no he hecho, lo que no he amado, lo que no he vivido. No quiero que entre en mi corazón la desconfianza, ni el miedo a la muerte. Quiero creer en ti, que eres el Dios de la Vida.
¡No importa, Señor, que mi memoria sea frágil, que olvide el nombre de las personas, ciudades y cosas, que ellos sabrán perdonar! Acepto que mis amigos disimulen mis olvidos y me sujeten de los codos para subir y bajar las escaleras; les agradezco la finura de su gesto.
Señor, no permitas que sea un viejo triste y con ello entristezca a los demás. Haz que no sea gruñón, ni agrio, ni mal agradecido, ni un viejo vanidoso con aires de pieza de museo, ni un viejo difícil y susceptible. Señor, dame la sencillez de corazón para confesar que estoy cansado, pero no me quites el servicio al mundo y a la Iglesia; no quiero retirar mis manos antes que tú me lo pidas con la enfermedad o la muerte. Mantén en mí la voluntad de aceptar contento mis limitaciones. Y, al no tener responsabilidades, que goce orando por los que toman el relevo. Que cuando ya no pueda predicar, me contente con regar las plantas de mi jardín. Y cuando no pueda salir al jardín, pueda mirar desde la ventana las actividades de los gorriones y logre escuchar el canto de los zorzales, rezando el Padre Nuestro y el Ave María. Aún más, Señor, que cuando ni siquiera pueda hacer otra cosa que dejarme cuidar por las personas que me rodean, entonces sepa, por lo menos, sonreír y agradecer».

Salmo 91: Refugio en el Altísimo
Este salmo ofrece consuelo y seguridad, enfatizando la protección divina para aquellos que confían en Dios:
«El que habita al abrigo del Altísimo descansará a la sombra del Todopoderoso. Yo digo al Señor: “Tú eres mi refugio, mi fortaleza, el Dios en quien confío”. Solo él puede librarte de las trampas del cazador y de mortíferas plagas, pues te cubrirá con sus plumas y bajo sus alas hallarás refugio. Su verdad será tu escudo y tu baluarte. No temerás el terror de la noche ni la flecha que vuela de día, ni la plaga que acecha en las sombras ni la peste que destruye a mediodía. Podrán caer a tu lado mil y diez mil a tu derecha, pero a ti no te afectará. No tendrás más que abrir bien los ojos para ver a los impíos recibir su merecido. Ya que has puesto al Señor por tu refugio, al Altísimo por tu protección, ningún mal habrá de sobrevenirte, ningún desastre llegará a tu hogar. Porque él ordenará que sus ángeles te protejan en todos tus caminos. Con sus propias manos te sostendrán para que no tropieces con piedra alguna. Aplastarás al león y a la víbora; pisotearás al cachorro de león y a la serpiente. “Yo lo libraré -dice el Señor- porque ha puesto en mí su amor; lo protegeré porque reconoce mi nombre. Cuando me llame, lo escucharé; estaré con él en momentos de angustia. Lo libraré y lo honraré. Lo saciaré de larga vida y le mostraré mi salvación”».

Salmo 71: Oración en la Vejez y Confianza en Dios
Este salmo es un clamor de confianza en Dios, incluso en la fragilidad de la vejez:
«En ti, Señor, me he refugiado; jamás permitas que me avergüencen. Por tu justicia, rescátame y líbrame. Inclina a mí tu oído y sálvame. Sé tú mi roca de refugio adonde pueda yo siempre acudir; da la orden de salvarme, porque tú eres mi roca y mi fortaleza. Líbrame, Dios mío, de manos de los malvados, del poder de los perversos y crueles. Tú, Soberano Señor, has sido mi esperanza; en ti he confiado desde mi juventud. Desde el vientre de mi madre dependo de ti; desde el seno materno me has sostenido. ¡Por siempre te alabaré! Para muchos, soy motivo de asombro, pero tú eres mi refugio inconmovible. Mi boca rebosa de tu alabanza y todo el día proclama tu grandeza. No me rechaces cuando llegue a viejo; no me abandones cuando me falten las fuerzas. Porque mis enemigos murmuran contra mí; los que me acechan se confabulan. Y dicen: “¡Dios lo ha abandonado! ¡Persíganlo y aprésenlo, pues no hay quien lo libere!”. Dios mío, no te alejes de mí; Dios mío, ven pronto a socorrerme. Que perezcan humillados mis acusadores; que se cubran de deshonra y de vergüenza los que buscan mi ruina. Pero yo siempre tendré esperanza y más y más te alabaré. Todo el día proclamará mi boca tu justicia y tu salvación, aunque es algo que no alcanzo a descifrar. Mi Señor y Dios, relataré tus obras poderosas y haré memoria de tu justicia, de tu justicia solamente. Tú, oh Dios, me enseñaste desde mi juventud y aún hoy anuncio todos tus prodigios. Aun cuando sea yo anciano y peine canas, no me abandones, oh Dios, hasta que anuncie tu poder a la generación venidera, y dé a conocer tus proezas a los que aún no han nacido. Oh Dios, tú has hecho grandes cosas; tu justicia llega a las alturas. ¿Quién como tú, oh Dios? Me has hecho pasar por muchas angustias y males, pero volverás a darme vida; de las profundidades de la tierra volverás a levantarme. Acrecentarás mi honor y volverás a consolarme. Por tu fidelidad, Dios mío, te alabaré con la lira; te cantaré, oh Santo de Israel, salmos con el arpa. Gritarán de júbilo mis labios cuando yo te cante salmos, pues me has salvado la vida. Todo el día repetirá mi lengua la historia de tus justas acciones, pues quienes buscaban mi mal han quedado confundidos y avergonzados».
Salmo 72: El Reino Justo del Rey
Este salmo describe un reinado ideal de justicia y paz, a menudo interpretado como una profecía mesiánica:
«Oh Dios, concede tus juicios al rey y tu justicia al hijo del rey. Así juzgará con justicia a tu pueblo y con juicios justos a tus pobres. Brindarán los montes la paz al pueblo y las colinas, la justicia. El rey defenderá la causa de los pobres del pueblo, salvará a los necesitados y aplastará a los opresores. Que viva el rey como el sol y como la luna, a través de las generaciones. Que sea como la lluvia que cae sobre un campo segado, como los aguaceros que empapan la tierra. Que en sus días florezca la justicia, y que abunde la paz, hasta que la luna deje de existir. Que domine el rey de mar a mar, desde el río Éufrates hasta los confines de la tierra. Que se postren ante él las tribus del desierto; que muerdan el polvo sus enemigos. Que le paguen tributo los reyes de Tarsis y de las costas remotas; que los reyes de Sabá y de Seba le traigan presentes. Que ante él se postren todos los reyes; que le sirvan todas las naciones. Él librará al indigente que pide auxilio y al pobre que no tiene quien lo ayude. Se compadecerá del desvalido y del necesitado y a los menesterosos les salvará la vida. Los librará de la opresión y la violencia, porque considera valiosa su vida. ¡Que viva el rey! ¡Que se le entregue el oro de Sabá! Que se ore por él sin cesar; que todos los días se le bendiga. Que haya abundancia de grano en la tierra; que ondeen los trigales en la cumbre de los montes. Que el grano se dé como en el Líbano; que abunden las gavillas como la hierba del campo. Que su nombre perdure para siempre; que su fama permanezca como el sol. Que en su nombre sean bendecidas las naciones; que todas ellas lo proclamen dichoso. Bendito sea Dios el Señor, el Dios de Israel, el único que hace obras portentosas. Bendito sea por siempre su glorioso nombre; ¡que toda la tierra se llene de su gloria! Amén y amén. Aquí terminan las oraciones de David, hijo de Isaí.»
Salmo 73: La Prosperidad de los Impíos y la Fe del Justo
Este salmo reflexiona sobre la aparente prosperidad de los malvados y la lucha interna del creyente, concluyendo en la fidelidad de Dios:
«En verdad, ¡cuán bueno es Dios con Israel, con los de corazón puro! Yo estuve a punto de caer; poco me faltó para que resbalara. Sentí envidia de los arrogantes, al ver la prosperidad de esos malvados. Ellos no tienen ningún problema; su cuerpo está fuerte y saludable. Libres están de los afanes de la gente; no les afectan los infortunios humanos. Por eso lucen su orgullo como un collar y hacen gala de su violencia. Están que revientan de malicia y hasta se les ven sus malas intenciones. Ellos se burlan, hablan con maldad, y arrogantes oprimen y amenazan. Con la boca increpan al cielo y su lengua se pasea por la tierra. Por eso la gente acude a ellos y bebe sus palabras como agua. Hasta dicen: “¿Cómo puede Dios saberlo? ¿Acaso el Altísimo tiene entendimiento?”. Así son los malvados; sin afanarse, aumentan sus riquezas. En verdad, ¿de qué me sirve mantener mi corazón limpio y mis manos lavadas en la inocencia, si todo el día me golpean y de mañana me castigan? Si hubiera dicho: “Voy a hablar como ellos”, habría traicionado al linaje de tus hijos. Cuando traté de comprender todo esto, me resultó una carga insoportable, hasta que entré en el santuario de Dios; allí comprendí el fin que les espera: En verdad, los has puesto en terreno resbaladizo y los empujas a su propia destrucción. ¡En un instante serán destruidos, totalmente consumidos por el terror! Como quien despierta de un sueño, así, Señor, cuando tú te levantes, los despreciarás como una ilusión. Se me afligía el corazón y se me amargaba el ánimo por mi necedad e ignorancia. ¡Me porté contigo como una bestia! Pero yo siempre estoy contigo, pues tú me sostienes de la mano derecha. Me guías con tu consejo y más tarde me acogerás en gloria. ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? Si estoy contigo, ya nada quiero en la tierra. Podrán desfallecer mi cuerpo y mi corazón, pero Dios es la roca de mi corazón; él es mi herencia eterna. Perecerán los que se alejan de ti; tú destruyes a los que te son infieles. Para mí el bien es estar cerca de Dios. He hecho del Señor Soberano mi refugio para contar todas sus obras.»

Reflexiones sobre la Vida y la Fe
El texto también incluye fragmentos que invitan a la reflexión sobre la vida, la fe y la importancia de la dependencia de Dios:
Fragmentos de reflexiones personales y enseñanzas:
- "Señor me van faltando las fuerzas. Mis ojos ya no tienen la agudeza de antes, mis oídos lo mismo que mis manos se van haciendo cada día más torpes. Dame, Señor, fortaleza para aceptar mis debilidades y discreción para no cansar a los demás con mis quejas y la enumeración de mis achaques; e igualmente para saberme retirar a tiempo y dar paso otros mejor dispuestos física o mentalmente. Que, a pesar de mis dolores, me interese por las alegrías y las necesidades de los demás."
- "La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!"
- "Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. Y del vestido, ¿por qué preocuparos? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿Qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo."
- "Señor Jesús yo creo firmemente que tu eres el Hijo de Dios. Lávame, limpia mi conciencia con tu sangre, de toda maldad, de todo pecado. Te confieso como mi único y verdadero Dios, para amarte, obedecerte. Dedico y consagro a TI mi vida. Te doy gracias por limpiarme, por justificarme y santificarme. Me fortalezco con el gran poder del Señor Jesucristo y calzo mis pies con el ánimo de proclamar el Evangelio de la Paz."
Meditación guiada para confiar en Dios 🙏 Entrega, fe y serenidad interior
Otras Oraciones y Reflexiones
El texto también incluye fragmentos de oraciones y reflexiones adicionales, como:
- Una confesión de fe y entrega a Jesucristo.
- Un fragmento del Salmo 150, alabando a Dios con diversos instrumentos musicales.
- Una referencia a Proverbios 3:1-3 sobre la obediencia y la prosperidad.
- Una mención a la perseverancia en la oración.
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