La Crisis del Servicio Nacional de Menores (Sename) en Chile y el Desafío de la Infancia Vulnerada

El Servicio Nacional de Menores (Sename) de Chile, el organismo estatal encargado de la protección de niños, niñas y adolescentes vulnerables y en riesgo social, ha estado en el centro de una profunda crisis que ha revelado graves fallas sistémicas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Esta situación ha llevado a que el sistema sea descrito como "en estado terminal", evidenciando un complejo panorama de negligencia, caos estadístico y una urgente necesidad de reforma.

Muertes y Violaciones a los Derechos Humanos bajo la Tutela del Estado

La magnitud de la crisis del Sename se hizo dolorosamente evidente con las cifras de fallecimientos de menores. Tras una solicitud del Ministerio Público, la Defensoría de la Niñez logró determinar que de las 878 muertes de niños, niñas y adolescentes registradas al interior de la red Sename entre enero de 2005 y julio de 2016, solo 347 casos fueron conocidos por la Fiscalía, y de estos, únicamente 200 fueron investigados.

La comunidad internacional también ha expresado su preocupación. El Comité de los Derechos del Niño de la ONU, organismo encargado de velar por el cumplimiento de la Convención sobre los Derechos del Niño, afirmó en 2018 que el Estado de Chile es responsable de graves y sistemáticas violaciones de derechos humanos de niños, niñas y adolescentes bajo su cuidado. Este comité recomendó establecer mecanismos de reparación para las víctimas, tanto actuales como pasadas, priorizando su derecho a ser oídas y a expresar su dolor, además de desarrollar un plan de acción de reparación.

A nivel nacional, la Defensoría de la Niñez también recomendó al gobierno en 2020 la "creación de una Comisión de Verdad, Justicia y Reparación que, liderada por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos, a través de su Subsecretaría de Derechos Humanos, permita establecer con la mayor claridad los graves hechos de violación a los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes al interior de residencias de protección del Servicio Nacional de Menores o de sus organismos colaboradores". Sin embargo, esta petición no recibió respuesta del Poder Ejecutivo de la época.

El Caos Estadístico y la Falta de Cifras Claras

Una de las problemáticas más persistentes y alarmantes ha sido la falta de claridad respecto al número de menores vulnerables muertos cada año bajo la tutela del Estado. "Lo único claro respecto del número de menores vulnerables muertos cada año bajo la tutela del Estado es que no se sabe", una afirmación que resalta la profundidad del problema.

Las cifras oficiales han sido inconsistentes y poco confiables. Por ejemplo, un informe del Ministerio de Justicia, requerido por el diputado René Saffirio, señaló 185 menores fallecidos entre 2005 y mayo de 2016. Sin embargo, un reporte de Unicef reveló que el número de fallecimientos durante 2010 era cinco veces el reportado por el informe oficial. El gobierno chileno, en su momento, aclaró que la cifra solo incluía a los menores del área de "protección", sin considerar a los niños infractores de ley. Un análisis de BBC Mundo, basándose en anuarios del Sename de 2010 a 2014, arrojó 318 fallecimientos, los que, sumados a los 77 correspondientes a ese período de la lista entregada por Justicia, darían un total de 395.

Incluso para los propios responsables, las cifras carecen de fiabilidad. "Hay un problema de cifras, esa es una realidad. Pero es parte de la complejidad del servicio", explicó María Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia. Por su parte, el diputado Saffirio fue aún más categórico: "El Estado de Chile no cumple con sus compromisos internacionales en materia de infancia, ni siquiera sabe cuántos niños hay en sus establecimientos y mucho menos cuántos de ellos han fallecido y cuáles son sus causales". Francisco Estrada, abogado experto en infancia y exdirector del Sename, también expresó su desconfianza: "No tengo ninguna confianza en las cifras. Es posible que esté replicada la información. Por ejemplo, si un niño ingresó a distintos programas y murió, su muerte será contabilizada como egreso en todos ellos".

Gráfico comparativo de cifras de muertes en Sename según distintas fuentes

Casos Emblemáticos: Rostros de una Crisis

Más allá de los números exactos, una serie de investigaciones han puesto en evidencia un sistema en el que los niños vulnerables son cuidados por personal sin ninguna capacitación, ni siquiera en primeros auxilios, y que ha recibido quejas por maltratos, sobremedicación y negligencia.

El Caso de Guillermina

El 9 de agosto de 2012, Guillermina, de 16 años, llegó a "medio vestir" y con dinero al Centro de Protección Alborada del Sename. Eran las 04:19 de la mañana y la traía un policía. Según la querella por cuasidelito de homicidio presentada por su familia, Guillermina se resistió al reingreso violentamente, forcejeando y arrojándole objetos al personal. Cuando lograron calmarla, la acostaron en la parte baja de un camarote. Menos de media hora después, la encontraron colgada con sus propios cordones. No era la primera vez que intentaba suicidarse.

Contrario a todo protocolo internacional de manejo de menores vulnerables, Guillermina no fue llevada a un hospital para cerciorarse qué tipo de sustancia la tenía en ese estado y estabilizarla. Tampoco para hacerle un chequeo completo después de llegar a medio vestir. La única lesión constatada en un papel suelto de la policía, según el abogado querellante Oliver Pérez, fue una herida en su rodilla. La querella no prosperó y la muerte de Guillermina quedó registrada como un número más de lo que el Sename llama "egresos" de su sistema.

Ilustración de una adolescente en un centro de protección infantil

El Factor Lissette: Negligencia y Sobremedicación

Uno de los casos que detonó una crisis de visibilidad fue la muerte de Lissette. De sus 11 años, Lissette pasó más de la mitad entrando y saliendo de centros dependientes del Sename. Desde los 5 años, la Justicia decidió que sus padres no estaban capacitados para hacerse cargo de ella, con evaluaciones del Sename que incluían maltrato físico y psicológico, abuso sexual y abandono. A pesar de esto, la menor seguía escribiendo cartas a su madre pidiéndole volver a casa: "Ya luego quiero salir de este Sename, porfa, porque tengo mucha pena. Aquí me falta un pedacito de mi corazón y eres tú, mamá".

En el centro donde estaba internada, era conocida por sus episodios de rabia. El lunes 11 de abril, pasadas las 20 horas, las cuidadoras pensaron que la crisis de Lissette era otra de sus "pataletas". Según el testimonio de una de las cuidadoras al programa de televisión "Contacto", en medio de una crisis, la niña se pegó un cabezazo y comenzó a sangrar. Cuando intentaron levantarla del suelo, se dieron cuenta de que se había desvanecido. "Ya es parte de la pega (trabajo) que lo que no es normal pasa a ser normal. Por eso es que no se le tomó el peso en realidad a lo que podía pasar", explicó la cuidadora. Ni ella ni su compañera, a cargo de 20 niñas, tenían conocimientos en primeros auxilios o estudios superiores o técnicos. Para cuando se dieron cuenta de la gravedad, Lissette ya estaba muerta. Nuevamente, no se aplicó ningún protocolo acorde con los parámetros internacionales, evidenciando que "la institución no tiene protocolos ni normas de primer nivel. Ese es uno de los grandes problemas; no hay sistema de acreditación, no hay normativas con altos estándares para todos igual", según María Estela Ortiz.

La entonces directora del Sename, Mariela Labraña, atribuyó el fallecimiento de Lissette a una "crisis emocional" causada por la ausencia de un familiar. Esta explicación fue considerada poco satisfactoria y le costó el puesto.

Foto del Centro Galvarino del Sename en Chile

Sobremedicación: Un Problema Generalizado

El psiquiatra Rodrigo Paz, parte de la querella por la muerte de Lissette, afirmó a BBC Mundo que su "impresión clínica es que Lissette estaba sobremedicada". A la menor se le suministraba un fármaco (benzodiazepina) que en dosis elevadas actuaba como antipsicótico, además de haber estado "expuesta a antidepresivos por años", a pesar de que algunos pueden tener un efecto adverso en menores, volviéndolos "más agresivos, impulsivos e irritables".

Francisco Estrada asegura que la "poca prolijidad" en el manejo de medicamentos en los centros es "generalizada". "El stock está en cualquier parte, cualquiera lo manipula. Y hay problemas graves con la dosificación". Este problema es crítico, considerando que "el 63% de los niños están con tratamiento farmacológico y más de 3.000 niños están sin la debida atención médica de personal especializado", según el senador Alejandro Navarro. La situación se agrava por la escasez de psiquiatras infantojuveniles, que en su mayoría prefieren trabajar en el sector privado, dejando regiones enteras sin acceso a esta especialidad, según Ortiz.

Problemáticas Estructurales y Condiciones de Vida

El sistema Sename ha enfrentado críticas por diversas fallas estructurales que afectan directamente la vida de los menores.

Personal sin Capacitación y Casos de Maltrato

Una de las denuncias constantes es la del personal "sin ninguna capacitación -ni siquiera en primeros auxilios-", que atiende a los niños. Esto se suma a quejas por maltratos y negligencia. Casos como los denunciados en dos hogares del Ejército de Salvación, que fueron cerrados por el Sename a principios de 2010 por golpes a los niños, reflejan la gravedad de esta situación.

Abusos y Vulnerabilidad en los Centros

La red Sename ha sido escenario de graves abusos, incluso entre los propios menores. En 2010, las Aldeas Infantiles S.O.S. debieron recurrir a la justicia porque cuatro niñas bajo su cuidado fueron abusadas sexualmente por jóvenes que también residían en los hogares o los visitaban, quienes a su vez habían sido niños victimizados. Los motivos son múltiples: "a veces hay falta de control y de preparación del personal que trata con los niños; en otras, hay falta de criterio".

La falta de preparación del personal para manejar casos complejos es evidente. En el hogar Cardenal Carlos Oviedo, por ejemplo, residían chicos con traumas extremos, como un niño que fue abusado por su padre desde la infancia y luego forzado a abusar de su hermana. Este tipo de casos requiere atención especializada que el centro no puede ofrecer. También se documentó el caso de un chico con retardo mental severo y fijación sexual con la mascota del centro, evidenciando la incapacidad de los hogares para proporcionar la atención adecuada. "Él requiere una atención especializada", afirmó Leontina González, a cargo del hogar, pero no la ha tenido por largo tiempo.

La Estigmatización de la Pobreza y el Abandono

"Los niños son internados por pobreza", asegura Francisco Estrada, quien plantea que la solución no es quitarlos de sus familias, sino romper el círculo de la violencia y la precariedad. María Estela Ortiz cuestiona esta realidad: "¿Por qué no hay ningún niño en la institución Sename del 50% del nivel económico más alto del país, a pesar de que el abuso sexual y la violencia es algo transversal? ¿No hay una estigmatización de la pobreza también?".

La "Comisión despeje", una mesa de trabajo entre jueces de familia y el Sename, reveló problemas delicados, como niños que no estaban presentes durante las visitas a los hogares o la alteración de la cantidad de niños atendidos. Informes de auditoría corroboraron precarias condiciones de vida, problemas de higiene en cocinas y comedores, falta de profesionales y atención médica para niños con problemas de salud mental. El hogar Juan XXIII en Buín, que acoge a niños con discapacidad mental grave o profunda, operaba en "condiciones de emergencia en un gimnasio que fue habilitado", con baños en "pésimas condiciones de higiene, filtraciones y agua en el piso". Los niños "vagaban por un patio que era más bien un tierral, con algunos árboles, sin estímulos ni actividades. No tenían nada que hacer".

Reportajes 24: Sename, el infierno infantil | 24 Horas TVN Chile

Financiamiento Inadecuado y Dependencia de la Caridad

La brecha financiera es abismal. "En el caso de un niño abandonado, estamos pagando alrededor del 60 por ciento de lo que se necesitaría para brindar una atención de calidad", lo que implica que, si el Sename paga 150 mil pesos mensuales, lo adecuado sería 250 mil. Esta precariedad se subraya al comparar la subvención basal para los niños en instituciones colaboradoras (215 mil pesos) con el monto invertido por cada preso (600 mil pesos). "Esto demuestra que los niños no son prioridad", afirmó el senador Patricio Walker.

La brecha entre lo que el Estado entrega y lo que se necesita se cubre hoy con caridad. Las instituciones realizan colectas, buscan empresarios y mueven contactos. Aquellas que logran mayores recursos ofrecen mejores profesionales y hogares, mientras que las que tienen redes pequeñas, ofrecen lo que pueden con la administración de los dineros públicos, resultando en hogares con infraestructura y aseo deficientes, y carentes de especialistas necesarios.

Un Legado de Indiferencia y el Clamor por el Cambio

La crisis del Sename no es un fenómeno reciente, sino el resultado de un largo periodo de desatención y fallas sistémicas, como lo demuestran los testimonios y las investigaciones.

Testimonio de Egresados y el "Informe Jeldres"

La ceguera social frente a los derechos vulnerados de los niños institucionalizados es una constante. Un egresado del sistema, quien vivió 16 años en centros, relata: "sé lo que significa haber sido privado de la paz de un hogar en familia, del derecho a la salud; de crecer sin una madre ni padre ni abuelos; de haber sido privado de la infancia". Para muchos, el sistema los llevó a "lidiar con un sistema que inhabilita y encapsula las esperanzas y sueños de quienes se les priva de vivir". Es desde esta experiencia que se fundó la Fundación de Egresados de Casas de Menores (ECAM).

En 2012, y luego de años de silencio, el "Informe Jeldres" detalló a nivel nacional las graves fallas del sistema de protección de menores, mostrando por primera vez a muchos cuán vulnerable se encontraba la infancia en el país. Este informe se convirtió en un "duro golpe a la cátedra oficial institucional", revelando que Chile "no actuó política ni moralmente en responsabilidad con nuestros niños, niñas y adolescentes más vulnerados".

Perfiles de Niños y la Transición al Sistema Penal: Rompiendo Prejuicios

El perfil de los niños que ingresan al Sename es desolador: violencia intrafamiliar, abandono, abuso sexual. Es común encontrar hermanos, a veces hasta cuatro, que son internados desde su nacimiento. En hogares de niñas, una amplia mayoría fue atacada por su padre o por el conviviente de su madre. También hay muchas abuelas que deben hacerse cargo de niños maltratados, intentando "hacerlo mejor con sus nietos" después de haber "fracasado con la educación de sus hijos".

Históricamente, se afirmaba que los niños que entraban al sistema de protección terminaban en el sistema penal. Sin embargo, en 2009, los primeros cruces de datos revelaron el prejuicio que sustentaba esta creencia. Según el Sename, en el segundo trimestre de 2010, de los 3.337 adolescentes que ingresaron al Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (RPA), un 16 por ciento (545 niños) había estado protegido en el servicio público. Sin embargo, si se pregunta cuántos de los atendidos por protección se transformaron en infractores, el porcentaje baja mucho. La investigadora Lisandra Muñoz ha documentado que existen "una gran cantidad de diferencias" entre ambos grupos. "Los niños abandonados les cuesta asumir que tienen una familia y que ésta no los quiere. Aunque han sido testigos y víctimas de la violencia, de todos modos sienten que eso no justifica el haber sido encerrados", explica.

Infografía sobre los perfiles de niños que ingresan al Sename

Propuestas de Solución y la Urgencia de una Nueva Institucionalidad

Frente a la magnitud de la crisis, diversas voces han planteado soluciones y reformas urgentes.

Recomendaciones y Compromisos Necesarios

El senador Patricio Walker ha reiterado la necesidad de hacer una "cirugía mayor" a esta institución e instó al Ministerio de Salud a "comprometerse con la atención urgente de los niños 'con enfermedades mentales o con enfermedades basales que puedan terminar en muerte o en el suicidio'". Walker enfatizó que "las cifras entregadas por el Sename dan cuenta de una realidad dramática, dolorosa e inaceptable de muertes de niños durante los últimos 11 años, muchas de ellas no registradas. Este es un tema que tiene que cambiar". Además, el legislador afirmó que "es el Estado el que tiene la mayor responsabilidad en la protección de los derechos de la infancia".

La directora del Sename, Solange Huerta, informó que, entre el 1 de enero de 2005 y el 30 de junio de 2016, fallecieron 243 menores en centros bajo administración directa del organismo, con 210 decesos en el sistema residencial y 33 en centros de Justicia Juvenil. De los 210, 131 decesos en el sistema de protección residencial estaban asociados a alguna enfermedad. Adicionalmente, 406 niños fallecieron mientras vivían con sus familias y eran atendidos en programas ambulatorios, y 215 adultos con graves discapacidades fallecieron en centros de protección por falta de otras alternativas.

Pilares para una Solución Integral (Según Francisco Estrada)

Francisco Estrada identifica tres pilares fundamentales para una solución definitiva:

  1. Unidades polivalentes: Necesidad de unidades con niños "adecuadamente medicados, con personal dedicado que también trabaje con las familias y no que las aísle".
  2. Reintegración familiar: El objetivo final debe ser que los niños vuelvan con sus familias de origen, "romper el círculo" de la pobreza y el maltrato, entregando herramientas y acompañamiento.
  3. Defensa jurídica adecuada: Esencial que los niños cuenten con una defensa jurídica que "vele porque todos los actores del proceso hagan su trabajo", diferenciándose de la buena defensa de los menores "infractores de ley" en contraste con la precaria situación de los niños vulnerados en tribunales de familia.

Hacia el Cierre del Sename y la Nueva Institucionalidad

A mediano plazo, el Consejo para la Infancia pretende cerrar el Sename y realizar una transición a un nuevo servicio, un cambio que María Estela Ortiz espera "dejar instalado" en el gobierno antes de 2019. Sin embargo, la implementación de un plan concreto ha sido objeto de críticas. La senadora Jacqueline Van Rysselberghe calificó la exposición de la directora del Sename como "decepcionante" por la falta de un plan de acción concreto financiado con recursos específicos. Por su parte, el senador Manuel José Ossandón argumentó que "el Sename violentó los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes porque actuó en su calidad de agente del Estado". El senador Walker afirmó que "los niños en Chile nunca han sido prioridad. Los niños siempre han sido el patio trasero de las preocupaciones del Estado".

Una Mirada Histórica y Desafíos para el Siglo XXI

La crisis del Sename no puede entenderse sin una perspectiva histórica. La académica Ximena Illanes y el psicólogo Miguel Morales, de la Universidad Católica, han planteado que estos menores vulnerados e institucionalizados son "verdaderos espejos de una sociedad y su historia, no tan solo en Chile, sino que en todo el mundo".

Desde finales de la Edad Media, instituciones de asistencia se especializaron en acoger a miles de criaturas abandonadas, con registros que mencionan historias de maltratos y abusos. Esta historia, aseguran los académicos, dificultó la creación de lazos afectivos y la integración a la comunidad. Ellos recalcan que el uso del concepto de abandono puede "promover la invisibilización de la precariedad y desigualdad social de los niños, niñas y sus familias, que son usuarios de este sistema".

Illanes y Morales sugieren que las estrategias futuras deben relacionarse con "la conservación de los vínculos existentes, ya sea, haciendo partícipes a sus familias cuando sea posible, o a través del diverso personal que convive diariamente con los niños y niñas". Se preguntan cuáles son las estrategias del siglo XXI y responden que las instituciones que forman parte del sistema deberían desempeñar un papel que fuese más allá de la mera protección o restitución de derechos, ofreciendo "una mirada sobre la infancia como parte integrante y partícipe de la construcción de una sociedad".

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