La Interacción Intergeneracional entre Niños y Ancianos

No siempre es fácil lograr que personas de diferentes edades se vean cara a cara, y eso es especialmente cierto en el caso de los niños y los ancianos. ¿Qué podría tener en común un niño de siete años con un hombre de 75 años? Esta brecha generacional puede que te sorprenda gratamente.

La comunicación es una calle de doble sentido. Ya sea que visite a un abuelo en un centro de asistencia o en un hogar de ancianos, muchos niños sienten que a las personas mayores no les gustan. ¿En qué basan esta creencia? En cualquiera de estos casos, los cuidadores familiares deben fomentar la comunicación entre las generaciones más jóvenes y mayores.

Superando la Brecha Generacional

Según las estadísticas actuales, se espera que el número de personas mayores aumente un 56% desde el año 2000 hasta 2020, por lo que es hora de cerrar esa brecha generacional de una vez por todas. Animar a los niños a interesarse por la abuela o el abuelo es una cuestión de incluirlos en los aspectos diarios del cuidado de una persona mayor.

Los niños a quienes se les enseña a respetar a sus mayores están mucho más inclinados a ayudar a cuidarlos. Aquellos que han desarrollado estrechos vínculos emocionales con los abuelos o bisabuelos son más comprensivos y pacientes con las personas con discapacidades. Esos niños saben que tienen que hablar un poco más alto y más despacio cerca de la abuela, o que el abuelo puede necesitar un poco de ayuda adicional para acostarse por la noche.

La calidad de vida tanto para los niños como para cualquier persona de la tercera edad significa comunicación. Muestre a los niños a través de su comportamiento cómo quiere que se comporten con sus mayores. Desarrollar cualquier tipo de relación requiere tiempo y esfuerzo. No esperes que todo salga bien todos los días.

Los niños a menudo temen a las personas mayores y necesitan ser alentados lentamente y de manera positiva para un éxito óptimo. A las personas mayores les toma un poco de tiempo adaptarse a los niños vibrantes y activos, así que deles tiempo también para adaptarse. Con toda seguridad, algo pueden aportarse.

Foto de niños y ancianos interactuando y sonriendo en un centro comunitario

El Valor del Cuidado Intergeneracional

Así lo creen en los más de 100 centros mixtos para niños y ancianos, dispersos por toda la geografía de EE.UU., en los que se pone en práctica el cuidado intergeneracional. Ashley E. McGuire, colaboradora del blog del Institute for Family Studies, pudo comprobar in situ, en un centro de cuidados compartidos para niños y adultos mayores en Washington, cómo funciona la relación.

Durante una visita, una anciana "tomó a mi hija de seis años, la llevó consigo a su apartamento, y pacientemente se puso a enseñarle cómo tocar el chelo. Otro se pasó un largo rato sentado en el suelo con mi hijo de cuatro años, explorando con él una bola del mundo. Después otra se llevó a mi hija para que la ayudara a arreglar el jardín, y estuvo allí recogiendo hojas felizmente durante una hora y aprendiendo sobre la historia del lugar, donde se celebró la victoria estadounidense en la II Guerra Mundial".

El criterio positivo de McGuire bien puede ser el de muchos estadounidenses.

Cuidados y relaciones intergeneracionales

Beneficios para los Niños

Según la investigación, los niños que han participado de estos programas presentan, como resultado, habilidades cognitivas y motoras más señaladas que quienes se han mantenido al margen, y además, muestran más sensibilidad hacia otras personas. La doctora Laura Carstensen, quien lideró el estudio, menciona, entre las competencias que puede desarrollar la interacción de los niños con los adultos mayores, el pensamiento crítico, la resolución de problemas, la conexión social y el aprender a fijarse objetivos.

¿Y los padres? Claro que importan, precisa Carstensen, pero la investigación muestra que hay un plus de beneficios para aquellos niños que, además del apoyo de sus padres, han contado en su educación con el de personas mayores.

Beneficios para los Adultos Mayores

La percepción de que los ancianos son consumidores netos de recursos es únicamente eso: una percepción. Según subraya su investigación, el proceso de envejecimiento del individuo trae consigo un desarrollo de la capacidad para reconocer las limitaciones y, en consecuencia, aprender a adaptarse a ellas para seguir adelante y utilizar sus habilidades en dependencia de los desafíos que se le van presentando. Si esa adaptación ayuda, efectivamente, a vencer las dificultades, la persona aumenta su sentido de la resiliencia y su sensación de bienestar.

Asimismo, los ancianos pueden ayudar a los menores a enfocarse en lo verdaderamente importante de las cosas. La propia convicción de los adultos mayores de que el tiempo es finito, les impulsa a dedicar sus esfuerzos a lo que realmente puede compensarlos positivamente en el plano emocional, y a sopesar con mayor serenidad los pros y los contras para tomar decisiones acertadas. Por último, habiendo resuelto tantos conflictos en una vida prolongada, y desarrollado una mayor tendencia a perdonar, los mayores pueden ayudar a los más jóvenes a solventar disputas y a mirar al bien mayor.

Juntar, pues, en un mismo sitio a niños y ancianos no parece mala idea.

Similitudes en el Cuidado y Desafíos Futuros

Observando el cuidado de nuestros mayores, es innegable la similitud con la vida de los niños y las necesidades tan parecidas que tienen de cuidado. Por ejemplo, al igual que los niños pequeños, al principio de la vida no sabemos comer solos, y padres, madres, abuelas y abuelos nos entretienen con "avioncitos" para lograr que nos llevemos la cuchara a la boca. Cuando la marcha de una persona mayor se vuelve inestable, aparecen los andadores, tan similares a los correpasillos, y más tarde las sillas de ruedas, de nuevo empujadas por los cuidadores. Son muchas las similitudes entre el principio y el final de la vida.

Infografía: Paralelos entre las necesidades de cuidado de niños y ancianos

Hay muchas cuestiones importantes en la vida que por el alto ritmo de esta no nos detenemos a considerar. Cada día el índice de la población adulta aumenta y el de los nacimientos continúa disminuyendo. ¿Cómo hará la generación millennial que apenas tiene hijos? ¿Quién les cuidará a ellos? ¿Cómo será el cuidado de nuestros mayores el día de mañana? Todo está por cambiar, las generaciones anteriores lo saben e incluso sufren ya buena parte de esos cambios.

Antes la familia constaba de los hijos, los adultos y los mayores, conviviendo todos, en la misma casa, a lo "Cuéntame". Ahora, raro es si los adultos continúan juntos y los mayores que todavía se valen por sí solos están en sus casas, relativamente solos. Lo que nunca hay que olvidar es que somos lo que somos gracias a quienes nos cuidaron de niños.

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