La Crisis del Sename y la Participación de la Juventud en la Primera Línea en Chile

Los rayados con la consigna «No más Sename» que aparecieron en murallas y monumentos del centro de Santiago desde los primeros días del estallido social ocurrido el 18 de octubre de 2019, revelaban una profunda problemática social. La razón principal de esta manifestación se vinculaba directamente con la presencia en la llamada «Primera Línea» de cientos de jóvenes y adultos que habían pasado por un hogar colaborador o Cread del Sename, o que aún vivían en la calle tras haberse fugado de estos centros. Algunos de ellos se dedicaban a "camotear", otros eran “honderos”, y muchos manifestaban que desde la Primera Línea devolvían la violencia que habían vivido por años.

Graffiti con la frase

Testimonios desde la Primera Línea

La participación de niños, niñas y adolescentes vinculados al Servicio Nacional de Menores (Sename) en la Primera Línea fue una realidad patente, marcada por sus experiencias de vida y el deseo de expresar la rabia acumulada.

Jonathan, el Adolescente al Frente

Jonathan, de quince años, un adolescente de tez morena y ojos grandes y tristes, fue uno de los muchos jóvenes que integraron la Primera Línea. Vivía en una familia monoparental en Renca con su mamá y su hermana, y su adolescencia ya estaba marcada por una temprana expulsión del colegio y siete detenciones, una de ellas por posesión de marihuana. Por esta razón, debía asistir a un Programa de Intervención Especializada (PIE) de veinticuatro horas del Sename y reconoció haber estado a punto de «caer» en un Cread. El joven confesaba su miedo a estos centros, pues sus amigos le contaban que en el Cread les pegaban, no tenían qué comer, los tenían encerrados y ocurrían muertes. En una ocasión, Carabineros lo detuvo en su colegio durante un paro de profesores, y él explicó: «¿Y cómo no los iba a apoyar si ellos son los que me enseñan?»

Jonathan enumeraba su rutina diaria durante los tres meses posteriores al estallido social: se levantaba, desayunaba con su madre, ayudaba a cuidar a un primo pequeño, y alrededor de las cuatro de la tarde confirmaba «Ya cabros, ¿hoy día en la Plaza de la Dignidad?» antes de salir. Reconocía que al principio participaba por diversión, pero que las conversaciones con otros jóvenes le hicieron interesarse más por las noticias y entender la desigualdad. Había sido testigo de personas heridas con perdigones en los ojos y de hombres y mujeres pateados por Carabineros. A pesar de los riesgos, como quedar atrapado entre piquetes policiales, se reponía rápido, acostumbrado a la situación. En ocasiones, en la Primera Línea, devolvía parte de esa rabia acumulada.

Jason, la Voz de la Calle

Jason, un joven de 16 años, fue otro de los participantes en la Primera Línea. Él y tres amigos se mantenían unidos tras haber vivido en la histórica caleta Los Héroes. Relató cómo los Carabineros de la Tercera Comisaría y Seguridad Municipal de Santiago los golpeaban y esposaban, quitándoles sus carpas y discriminándolos por ser de la calle, a pesar de ser menores de edad. Cuando comenzó a ver los rayados con mensajes contra el Sename en la calle, sintió una alegría liberadora. «Cuando empecé a leer que decía ‘No más Sename’ en las paredes me dio como una alegría porque había más gente que pensaba y sentía lo mismo que yo, entonces fue una forma de liberarme de esa rabia que tenía dentro», confesó. Para él, la Primera Línea representaba una forma de desahogarse de todo el odio contra el sistema.

Jóvenes con protectores y palos en la Primera Línea durante una manifestación en Chile

Otros Jóvenes en la Lucha

Juan, de 19 años, también formaba parte de la Primera Línea. Un día se enteró de que la policía se había llevado sus carpas, ropa y ocho pares de zapatillas. Mientras agitaba los brazos, contó lo sucedido a un grupo de jóvenes que parecían los guardianes de una animita con flores mustias, máscaras de soldar y municiones recolectadas. Byron, de 25 años y apellido mapuche, llegó a Santiago huyendo de la represión en su comunidad. Relató que en el Sename le tiraron agua caliente a un compañero y que se salvaban haciendo grupos con otros "peñi". En la Primera Línea, Byron lanzaba piedras con una boleadora mapuche (witruwe) y se ponía lo más adelante posible, consciente de los riesgos como ver a compañeros heridos por perdigones. Él sentía pena por los sufrimientos pasados de los jóvenes, pero también orgullo de que estuvieran «peleando por lo justo».

Andrés y el Apoyo en la Retaguardia

Andrés, de 36 años y padre de un niño pequeño, dirigía uno de los grupos de escudos en la Primera Línea. Explicó que estaban en «combate» contra Carabineros, una lucha que se intensificó tras el «Copamiento preventivo». A menudo, niños de diez, once y doce años se involucraban en los enfrentamientos, y Andrés y su grupo intentaban «rescatarlos» o pedirles que se ubicaran más atrás, preocupados por la posibilidad de que perdieran un ojo o la vida. Cerca de las tres de la tarde, recibían la colaboración de las «mamitas capucha», mujeres que llegaban con comida y jugos, como los dos jugos Zuko que repartían en una botella plástica de cinco litros.

Composición y Estructura de la Primera Línea

La Primera Línea no era un grupo homogéneo, sino que presentaba una estructura organizada y multifacética. Jonathan explicaba que las filas estaban compuestas primero por «los cabros del escudo», seguidos por los que "camoteaban" y los "honderos". Detrás de ellos se ubicaban los que acarreaban piedras, y en la última fila los «hidratadores», encargados de llevar agua. Según él, «En la Primera Línea todos los más chicos son del Sename o se escaparon de esos lugares.»

Desde una perspectiva académica, la «Primera Línea» era una figura casi mitológica, de la que se conocía poco y menos aún de su exacta composición interna. La información disponible provenía de fuentes periodísticas, redes sociales e investigaciones iniciales, por lo que eran datos parciales y fragmentados. Se carecía de información sistemática sobre sus integrantes. La conclusión principal es que no existía una única Primera Línea, sino varias, ordenadas en un eje defensivo/ofensivo, y en ellas participaban diversos grupos.

  • Liceanos y Estudiantes: Provenientes de todo el espectro institucional de casas de estudio. Un subgrupo incluía a exalumnos de colegios privados que justificaban su presencia en funciones defensivas argumentando que, por sus ventajas de cuna, actuaban para que otros con razones más profundas pudieran luchar.
  • Niños y Adolescentes del Sename: Este grupo era considerado «fantasmal» al no ser observable como tal, pero su presencia era un dato clave para muchos participantes.
  • Otros Grupos Especializados: Se sumaban los «pirotécnicos» y «tiradores», expertos en lanzar fuegos artificiales y cócteles molotov. También estaban los «rescatistas» y «enfermeros», encargados de auxiliar a los heridos, que operaban de manera independiente a la Cruz Roja.

Es fundamental entender que no se trataba de grupos estancos, sino que permitían la posibilidad de interconexión. Un mismo individuo podía transitar entre grupos y pertenecer a más de uno, reflejando la multiposicionalidad de los sujetos modernos. La verdadera pregunta era qué pudo conducir a personas comunes y corrientes a frecuentar la Primera Línea, lo que exigía abandonar discursos conspirativos y criminalizadores para entender las trayectorias sociales y vitales de personas con orígenes diversos.

Jóvenes manifestantes en primera línea con escudos caseros y mascarillas, enfrentando a la policía

La Crisis del Sename: Un Sistema en Estado Terminal

La conexión entre el Sename y la Primera Línea puso en relieve la crisis histórica y estructural que afectaba a la institución encargada de proteger a la niñez vulnerable en Chile.

Cifras Alarmantes y Opacidad Estadística

La situación del Sename ha sido calificada como un sistema «en estado terminal». Una de las principales problemáticas es el caos estadístico. La única certeza respecto al número de menores vulnerables fallecidos anualmente bajo tutela del Estado es que no se sabe con exactitud. Un informe del Ministerio de Justicia, solicitado por el diputado René Saffirio, registró 185 menores muertos entre 2005 y mayo de 2016. Sin embargo, un reporte de UNICEF reveló que el número de fallecimientos en 2010 fue cinco veces superior al reportado. El gobierno chileno aclaró que la cifra solo incluía a menores del área de «protección», la cual se diferencia del área que atiende a niños infractores de la ley. Un análisis de los anuarios oficiales del Sename de 2010 a 2014 arrojó 318 fallecimientos, que sumados a los 77 del informe de Justicia, darían un total de 395. Aún así, las cifras oficiales no parecen ser confiables ni siquiera para quienes las publican, lo que es «parte de la complejidad del servicio» según María Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia. Francisco Estrada, abogado experto en infancia y exdirector del Sename, señaló que «no tengo ninguna confianza en las cifras. Es posible que esté replicada la información» si un niño ingresó a distintos programas.

El diputado Saffirio criticó que «El Estado de Chile no cumple con sus compromisos internacionales en materia de infancia, ni siquiera sabe cuántos niños hay en sus establecimientos y mucho menos cuántos de ellos han fallecido y cuáles son sus causales». A pesar de haber presidido una comisión investigadora y presentado 200 medidas urgentes, ninguna se había cumplido. La opacidad estadística es tal que el término de la vida de un niño es equiparable a su escape de un centro o a su reinserción familiar, dentro de la categoría de «egresos».

Infografía mostrando la discrepancia en las cifras de fallecimientos de niños en el Sename

Condiciones Preocupantes y Abusos en los Centros

Más allá de las cifras exactas, lo que se evidenció fue un sistema donde los niños vulnerables eran cuidados por personal sin ninguna capacitación, ni siquiera en primeros auxilios. Existían quejas recurrentes por maltratos, sobremedicación y negligencia. Un informe de la PDI de diciembre de 2018, que investigó 241 centros, concluyó que el 92% no cumplía los estándares del propio Sename, el 88% de las residencias cometía actos que vulneraban los derechos de los niños, y en el 100% de los centros había acciones permanentes y sistemáticas que lesionaban estos derechos, principalmente por maltrato intrarresidencial cometido por trabajadores del Sename.

Casos Emblemáticos de Vulneración

  • Guillermina (2012): A sus 16 años, Guillermina, de ascendencia indígena y con historial de alcohol, drogas y depresión, intentó reingresar al Centro de Protección Alborada del Sename y fue encontrada colgada con sus propios cordones menos de media hora después. Contrario a todo protocolo internacional, no fue llevada a un hospital para estabilizarla o hacerle un chequeo completo. Su muerte fue registrada como un «egreso» más.
  • Lissette (2016): A sus 11 años, Lissette falleció en el Centro Galvarino del Sename. Había pasado más de la mitad de su vida entrando y saliendo de centros debido a maltrato físico, psicológico, abuso sexual y abandono por parte de sus padres. Era conocida por sus episodios de rabia. La noche de su muerte, las cuidadoras, sin conocimientos en primeros auxilios, no le dieron la debida importancia a su crisis, pensando que era otra de sus "pataletas". La autopsia inicialmente determinó una causa de muerte «indeterminada», lo que desató una crisis nacional.
  • Abusos en Aldeas SOS: En marzo de 2010, Aldeas Infantiles S.O.S. recurrió a la justicia por el abuso sexual de cuatro niñas bajo su cuidado, perpetrado por jóvenes que también habían sido víctimas. En el hogar Cardenal Carlos Oviedo, se detectaron casos de niños que habían sufrido abusos severos y presentaban conductas problemáticas, sin que la institución estuviera preparada para recibirlos o brindarles la atención especializada que requerían.
  • Condiciones de Infraestructura y Aseo: El informe de la Comisión Despeje corroboró la precariedad extendida en la red. En el hogar de niñas de la fundación Carlos Oviedo, se reportaron problemas de higiene en la cocina y el comedor, falta de profesionales y atención insuficiente para niños con problemas de salud mental. El hogar Juan XXIII en Buín, que atendía a niños con discapacidad mental grave, presentaba hacinamiento, baños en pésimas condiciones, filtraciones y un ambiente frío y sin estímulos.

Sobremedicación Generalizada

El psiquiatra Rodrigo Paz, parte de la querella por la muerte de Lissette, afirmó que su impresión clínica era que Lissette estaba sobremedicada con benzodiazepinas en dosis que actuaban como antipsicótico, y había estado expuesta a antidepresivos por años sin evidencia de efectividad en niños y con posibles efectos adversos. Francisco Estrada aseguró que la «poca prolijidad» con la que se manipulaban estos medicamentos en los centros era «generalizada», con stock accesible y problemas de dosificación. El senador Alejandro Navarro indicó que el 63% de los niños en Sename estaban con tratamiento farmacológico y más de 3.000 carecían de atención médica especializada. Chile, además, tiene la tasa de suicidio adolescente más alta de la región y carece de camas para hospitalización psiquiátrica infantojuvenil.

Financiamiento Deficiente y Dependencia de la Caridad

La brecha entre lo que el Estado entregaba y lo que se necesitaba para una atención de calidad era inmensa. En el caso de un niño abandonado, se pagaba solo el 60% de lo requerido. Esta diferencia se cubría con caridad; las instituciones realizaban colectas e invitaban a empresarios. Aquellas con mayores redes y recursos ofrecían mejores profesionales y hogares, mientras que las de redes pequeñas solo podían ofrecer lo que permitía la administración de dineros públicos, lo que a menudo resultaba en malas condiciones de infraestructura, aseo o carencia de especialistas. La situación financiera era tan crítica que no se esperaba un cambio radical en los próximos años.

El Vínculo entre Sename y la Criminalidad

Durante mucho tiempo, se afirmó que los niños que entraban al sistema de protección terminaban en el sistema penal, convirtiéndose en agresores. Aunque esta idea sobrevivió sin cifras claras, en 2009 los primeros cruces de datos revelaron el prejuicio. Según el Sename, en el segundo trimestre de 2010, de 3.337 adolescentes que ingresaron al sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (RPA), un 16% (545 niños) había estado protegido por el servicio público. Sin embargo, el porcentaje se reducía considerablemente si se preguntaba cuántos de los atendidos por protección se transformaban en infractores. La investigadora Lisandra Muñoz documentó que los niños abandonados eran educados muy estrictamente en los hogares, e incluso algunos desarrollaban perspectivas de encierro. Sentían que, aunque fueron víctimas de violencia, esto no justificaba haber sido encerrados, lo que reflejaba una compleja y paradójica relación familiar.

Sename: Informe reveló vulneración de derechos en Centro el Arrullo

Respuestas Gubernamentales y Desafíos

Ante la magnitud de la crisis, se propusieron diversas medidas y se realizaron cambios institucionales, aunque no sin críticas y controversias.

"Los Niños Primero": Un Eslogan vs. la Realidad

El eslogan «Los niños primero» fue empleado por Felipe Kast en 2017 y adoptado por el gobierno de Sebastián Piñera, prometiendo solucionar la crisis del Sename. Sin embargo, la institución siguió en problemas. En abril de 2020, la entonces directora, Susana Tonda, presentó su renuncia alegando falta de respaldo del ministro de Justicia. En las mismas semanas, la Defensoría de la Niñez presentó una querella por explotación sexual comercial de niños en un hogar y se reveló un acuerdo entre el Sename y la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), lo que generó una fuerte campaña de criminalización de la protesta social, vinculando a la Primera Línea con el Sename. Fuentes del Sename señalaron que, administrativamente, el organismo atravesaba "luces y sombras", con el cierre de los Cread y su reemplazo por Residencias Familiares como un avance, pero aún cargado de conflictos como los cuoteos políticos.

Nuevas Institucionalidades y Leyes

A partir de marzo de 2022, con la promulgación de la Ley sobre garantías y protección integral de los derechos de la niñez y adolescencia, Chile cuenta con un marco normativo general para enfrentar integralmente la protección de sus derechos. En octubre de 2021, se puso en marcha el nuevo servicio Mejor Niñez para la atención de niños, niñas y adolescentes vulnerados en sus derechos. Además, se creó el Servicio Nacional de Reinserción Social Juvenil, buscando un sistema de justicia especializado para la responsabilidad penal adolescente. UNICEF ha apoyado estas reformas, colaborando con el rediseño de programas de familias de acogida y la reformulación del cuidado alternativo residencial para evitar la masividad en residencias, buscando el cierre de los CREAD para el año 2021 y la consolidación de residencias familiares. Se requieren políticas públicas que aseguren condiciones socioeconómicas a las familias para cumplir su rol protector y mecanismos de coordinación efectivos entre programas de protección especializada y social.

La Polémica del Convenio Sename-ANI

El 21 de febrero de 2020, se firmó un convenio entre la directora del Sename, Susana Tonda, y el director de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), Gustavo Jordán. Este documento fue revelado por el Sindicato Interempresa Nacional de Trabajadores Subcontratados (Sintrasub) del Sename, que lo rechazó categóricamente por «desproteger y criminalizar a la niñez y juventud». La Defensoría de la Niñez calificó el convenio de «gravísimo» y advirtió con acciones legales si no se dejaba sin efecto. Desde el Sename, se defendió el acuerdo, argumentando que la Ley N°19.974 faculta a la ANI a requerir información de todos los servicios públicos. Sin embargo, expertos legales como Francisco Bustos y Pablo Viollier (ONG Derechos Digitales) contraargumentaron que la ley no permitía el traspaso indiscriminado de datos sensibles de niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Se criticó la falta de una estricta identificación del tipo de datos a compartir, cómo y para qué finalidad. El abogado Claudio Nash interpretó el convenio como una búsqueda de «inteligencia» para combatir a un «enemigo poderoso» que, para el gobierno, estaría al interior de los centros del Sename, en el contexto de la represión al estallido social.

Documento oficial del convenio Sename-ANI o un logo de ambas instituciones

Análisis Crítico y Falencias Sistémicas

La complejidad de la crisis del Sename revela una problemática sistémica que trasciende gobiernos y administraciones.

Indolencia Política y Falta de Interés

El diputado René Saffirio, crítico de la gestión del Sename, acusó una frialdad indolente de la clase política frente al drama de la infancia vulnerada. Saffirio señaló que a ningún partido, ni de centro, izquierda o derecha, le interesaba resolver el problema. Relató que, a pesar de las investigaciones y el informe de la PDI de 2018 que detallaba fallas críticas (92% de centros sin estándares, 88% con vulneración de derechos, 59% de abusos por funcionarios, 66% del personal diurno no idóneo), el fiscal nacional y el Ministerio de Justicia no habían actuado. La falta de apoyo y la paralización de proyectos por intereses políticos, como la adopción homoparental, evidenciaban un desinterés que priorizaba la política por encima de los derechos de los niños.

La Ineficacia de las Reformas y el Negocio de las Subvenciones

Saffirio criticó que, aunque se aprobaron proyectos como la Ley de garantías de derechos, esta se transformó en un «poema a los niños vulnerados» al cambiar «garantizar» por «promoverá». También denunció que los proyectos de creación de dos nuevos servicios (Servicio de Protección de la Infancia y Servicio de Responsabilidad Adolescente) no cambiaban el régimen de financiamiento, por lo que «el negocio» seguiría siendo el mismo. El diputado afirmó que la principal preocupación del gobierno era el aumento de las subvenciones en 10 mil millones de pesos para los mismos organismos privados que habían sido denunciados por el Alto Comisionado de Derechos Humanos de Naciones Unidas, lo que a su juicio, agrandaba el negocio en el Sename.

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