La Vulnerabilidad Infantil: Desafíos Sociales, Ambientales y Acciones de Protección

Los niños y las niñas son un grupo particularmente vulnerable a una multitud de factores que pueden comprometer su desarrollo, bienestar y derechos fundamentales. Esta vulnerabilidad se manifiesta en diversas dimensiones, desde la exposición a la violencia y la pobreza hasta los impactos desproporcionados de los desastres naturales y la degradación ambiental.

Dimensiones de la Vulnerabilidad Infantil

Formas de Violencia contra Niños y Niñas

La violencia intrafamiliar, ejercida por padres, cuidadores o adultos responsables, puede adoptar múltiples formas. La violencia física es aquella que se ejerce mediante golpes, azotes o sacudones, causando un daño físico al niño. La violencia psicológica se realiza a través de amenazas, gritos, intimidaciones y humillaciones, haciendo sentir al niño que es despreciado e incapaz. Por su parte, la violencia sexual implica forzar o seducir al niño a participar en actividades sexuales inapropiadas para su edad con el objetivo de satisfacer las necesidades de los adultos. Las tecnologías de la información también pueden llevar asociado un grave riesgo de violencia, incluidos el abuso y la explotación sexual en línea, más conocido como grooming.

Cada año, mil millones de niños sufren alguna forma de violencia emocional, física o sexual. La crueldad contra los niños no conoce límites de cultura, clase o educación, y ocurre en las instituciones, las escuelas y el hogar. La violencia entre niños también es una preocupación, al igual que el aumento del acoso cibernético. Los niños expuestos a la violencia viven aislados, en soledad y aterrorizados, sin saber dónde encontrar ayuda, especialmente cuando el culpable es alguien cercano. En 2023, la violencia contra los niños en los conflictos armados alcanzó niveles extremos, con un aumento alarmante del 21% de violaciones graves. El reclutamiento y la utilización de niños por fuerzas y grupos armados sigue siendo una de las violaciones graves más frecuentes contra los niños durante los conflictos armados, con 8.655 niños reclutados y utilizados por las partes en conflicto en 2023. Aunque los niños son los más afectados, las niñas también corren el mismo riesgo, y a menudo se les obliga a casarse o a sufrir explotación sexual.

Pobreza y la Exclusión Social

Millones de niños en todo el mundo se les niegan sus derechos y se les priva de lo que necesitan para crecer sanos y fuertes. El informe "El Estado Mundial de la Infancia 2025, Poner fin a la pobreza infantil: Un imperativo universal" destaca que 412 millones de niños viven en condiciones de pobreza extrema, y muchos más carecen de las necesidades básicas. Millones de niños mueren cada año por desnutrición y enfermedades.

La población joven de América Latina y el Caribe sufre una crisis de exclusión social y desempleo, que se manifiesta en un incremento del 3% en el último año (18,3%) según la OIT. Un amplio abanico de razones explicaría esta situación, incluyendo una educación deficiente y excluyente, la falta de asesoramiento y un desajuste entre las capacidades desarrolladas y los requisitos del mercado. Además, muchos jóvenes deben asumir labores no remuneradas en el hogar, lo que limita su desarrollo y oportunidades futuras. En algunos países, como El Salvador, la violencia de las pandillas es tan alta que los niños no pueden asistir a la escuela si tienen que cruzar zonas rojas controladas por estos grupos. Si estos niños se quedan solos en casa, pueden quedar expuestos a otros riesgos. Su ausencia escolar perjudica sus perspectivas de encontrar empleo a largo plazo y de permanecer en el trabajo.

Niños y Niñas en Situación de Calle

Existen niños en todo el mundo que se quedan sin hogar y se ven obligados a buscarse la vida en la calle por numerosas razones, principalmente a causa de la pobreza, la guerra, haber sufrido previamente violencia, abusos, explotación y desesperación. Una vez en la calle, los niños quedan cada vez más sumidos en nuevos y sucesivos ciclos de pobreza, delincuencia, maltrato y abandono.

El Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas define a los niños sin hogar como aquellos que dependen de la calle para vivir y/o trabajar, ya sea solos, con amigos o con su familia, y una amplia población de niños para quienes la calle tiene un papel crucial en su día a día e identidad. Esto incluye a los que periódicamente viven y/o trabajan en la calle y a los que, sin vivir o trabajar en ella, acompañan regularmente a sus compañeros, hermanos o familia en este espacio.

No hay una cifra exacta del número de niños de la calle a nivel mundial, ya que suelen ser ajenos al Estado y no están controlados. Sin embargo, una investigación de la UNESCO en 2016 estimaba alrededor de 150 millones. Los factores que influyen en el sinhogarismo infantil incluyen: pobreza, muerte o abandono de padres o cuidadores, violencia y malos tratos en el hogar o la comunidad, maltrato sexual, físico o emocional, urbanización, VIH/SIDA, actividad criminal forzosa, rechazo familiar por motivos "morales", problemas de salud mental y consumo de sustancias. También se incluyen la orientación sexual e identidad de género, las guerras y conflictos, y el desplazamiento medioambiental por catástrofes naturales o cambio climático.

Los niños de la calle y sin hogar se enfrentan a numerosos problemas y violaciones de derechos humanos, como la trata infantil, la violencia, la explotación, el reclutamiento para guerras y conflictos, y la discriminación. Tienen un acceso limitado a derechos básicos como la salud, la educación, condiciones de vida adecuadas y alimentación.

  • Derecho a la salud: Son susceptibles de sufrir problemas de salud graves, como VIH/SIDA, enfermedades de transmisión sexual, drogodependencia y alcoholismo, así como la exposición a sustancias químicas y contaminantes. Se vieron afectados de forma desproporcionada durante la pandemia de COVID-19, al carecer de acceso a atención sanitaria, saneamiento, agua potable y alimentos.
  • Derecho a la educación: Se enfrentan a barreras para acceder a la educación, a menudo invisibles para el sistema, sin dirección permanente o documentos de identidad. Los que logran incorporarse sufren discriminación y estigmatización. Además, los costos ocultos de la escolarización dificultan su acceso, especialmente si necesitan trabajar para subsistir.
  • Trata infantil: Es a la vez un factor causal y una consecuencia. Los niños ya en la calle son vulnerables a la explotación por parte de traficantes, sin documentos de identidad ni protección parental.
  • Violencia y explotación: Quedan atrapados en un ciclo de violencia y explotación, ejercida por delincuentes o por ciudadanos que los ven como despreciables.
Foto temática de niños y niñas en situación de calle

Niños y Niñas frente a Desastres y Crisis Ambientales

Vulnerabilidad Crece ante Desastres

Los niños y las niñas en América Latina y el Caribe, particularmente los que viven en contextos de pobreza, son altamente vulnerables a los desastres y experimentan sus efectos de forma desproporcionada y creciente. Los desastres causan enfermedades, lesiones, pérdidas de vidas humanas y daños en la infraestructura. También afectan los medios de vida de las familias, como los activos productivos y las fuentes de trabajo de los adultos. Asimismo, provocan traumas debido al pánico y el estrés de vivir una experiencia catastrófica, la separación familiar, la interrupción de la normalidad de la vida cotidiana causada por el cambio de vivienda y escuela y la alteración de la dieta alimenticia (CEPAL, 2014).

Si bien las comunidades siempre tendrán que enfrentar riesgos naturales como inundaciones, sequías, tormentas, temperaturas extremas o terremotos, hablar de “desastre natural” cada vez es más engañoso, dado que los desastres se deben tanto a las fuerzas de la naturaleza como a las actividades humanas, como la degradación del medio ambiente o la expansión urbana hacia áreas no aptas para la edificación. La vulnerabilidad es una condición previa a los desastres que se manifiesta durante su ocurrencia y, al mismo tiempo, es un indicador de la capacidad de resiliencia frente al daño por parte de países, comunidades, hogares y personas.

Los desastres obligan a las familias, en particular a aquellas que viven en situación de pobreza, a tomar decisiones que pueden tener efectos perjudiciales de largo plazo sobre los niños y las niñas, tales como retirarlos de la escuela o reducir los gastos en salud, lo que contribuye a potenciar la reproducción intergeneracional de la pobreza. Por ejemplo, en Guatemala, la tormenta Stan aumentó la probabilidad de trabajo infantil en áreas afectadas en más del 7% (Bustelo, 2011). En Perú, se han detectado impactos del terremoto de Áncash de 1970 en los logros educativos de hijos e hijas de madres afectadas por el desastre en torno a la fecha del nacimiento, demostrando que sus efectos pueden extenderse hasta la generación siguiente (Caruso y Miller, 2015).

Infografía o esquema sobre el impacto de desastres en la infancia

Incidencia y Tendencias de los Desastres

La ocurrencia de desastres a nivel mundial ha experimentado un crecimiento importante a partir de 1960, y América Latina y el Caribe no ha sido la excepción. En el período entre 2005 y 2015, hubo 380 desastres en el mundo, siendo las Américas el segundo continente más afectado (25,5%). La frecuencia de desastres en América Latina y el Caribe ha aumentado 3,6 veces en medio siglo, pasando de un promedio de 19 desastres por año en la década de 1960 a 68 fenómenos anuales en la primera década del siglo XXI. En la región, la mayoría de los desastres están relacionados con fenómenos de origen meteorológico e hidrológico, incluyendo huracanes, tormentas, inundaciones y sequías.

Las limitaciones de la información estadística disponible dificultan hacer una estimación precisa de la población infantil afectada por los desastres en los países de la región. Sin embargo, dos tendencias sugieren que el número de niños y niñas afectados es elevado y creciente: ha aumentado el número de desastres y ha habido un crecimiento de la población infantil, que hoy alcanza los 163 millones de niños y niñas entre 0 y 14 años en América Latina y el Caribe. Se proyecta que, debido al impacto del cambio climático, esta cifra podría aumentar a 175 millones al año en las décadas siguientes.

Políticas de Protección Social en Contextos de Desastre

La protección social, al garantizar niveles básicos de ingreso y acceso a servicios sociales (salud, educación y vivienda, entre otros) y de promoción, fortalece la prevención y la capacidad de respuesta, y reduce la vulnerabilidad, contribuyendo a una recuperación a corto, mediano y largo plazo. Por lo tanto, constituye una política pública clave para hacer frente a los desastres antes, durante y después de su ocurrencia. Para ello, las instituciones de desarrollo social están generando mecanismos de prevención y respuesta y realizando esfuerzos para coordinar sus acciones con otros sectores.

En Argentina, desde el Ministerio de Desarrollo Social se busca vincular la protección social con todas las etapas de una situación de desastre, brindando servicios antes (ampliación de stocks de materiales, protocolos, capacitación), durante (articulación con gobiernos locales, recursos de respuesta, aportes a la reconstrucción) y a posteriori (ayudas, beneficios impositivos, planes sociales). De manera similar, en Brasil, varios órganos de gobierno actúan antes, durante y después de los desastres en el marco del Sistema Nacional de Protección y Defensa Civil, con ejemplos como el programa Bolsa Verde. En Ecuador, el Ministerio Coordinador de Desarrollo Social ha gestionado la política social en la fase de reconstrucción post-terremoto de abril de 2016 desde un enfoque de derechos y recuperación de los medios de vida. Herramientas como la Ficha Básica de Emergencia (FIBE) de Chile son clave para identificar a la población afectada y priorizar la respuesta del Estado.

La Naturaleza y el Impacto Ambiental en la Salud Infantil

Factores Ambientales y Salud Maternoinfantil

El cambio climático está transformando la economía y la fisonomía de los países, sometiendo a la población a temperaturas extremas, olas de calor y frío, desastres naturales, epidemias y falta de agua. A este fenómeno se suman otros factores ambientales que inciden negativamente en la salud de las personas, como la contaminación del aire, el ruido, los contaminantes orgánicos persistentes, los pesticidas y los agentes químicos. El Observatorio para la promoción de la salud del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona, Faros, analiza en su último informe las repercusiones que estos factores tienen en la salud infantil.

Los niños y las niñas son más vulnerables que los adultos a los riesgos ambientales, incluso antes de nacer. Los contaminantes a los que se exponen las gestantes durante el embarazo tienen consecuencias perjudiciales en la salud, metabolismo, neurodesarrollo y función respiratoria e inmunitaria del recién nacido, no solo durante el período perinatal sino también durante la edad adulta. Algunos estudios apuntan que ciertos contaminantes ambientales pueden llegar a la placenta del embrión e incluso modificar el ADN del bebé.

La Contaminación del Aire y sus Consecuencias

Existe una relación directa entre el diseño urbano, la movilidad de las personas y la exposición ambiental. Un alto nivel de tráfico conlleva un alto nivel de contaminación del aire, y los niños son especialmente vulnerables debido a sus diferencias fisiológicas (alta frecuencia respiratoria) y conductuales (mucha actividad física). En Barcelona, casi el 50% de los casos de asma infantil se deben a la contaminación del aire, y a nivel mundial, el 93% de los niños respiran aire que no cumple los criterios de calidad de la OMS, lo que se traduce en 600.000 muertes infantiles prematuras cada año.

Un estudio reciente liderado por investigadores del Hospital Sant Joan de Déu Barcelona-Institut de Recerca Sant Joan de Déu revela que los niños tienen mayor riesgo de ingresar en la UCI con una infección grave por rinovirus cuando están expuestos a niveles elevados de óxidos de nitrógeno (contaminantes emitidos por coches e instalaciones industriales). Los investigadores analizaron 150 ingresos en UCI durante 9 años y descubrieron que el número de pacientes aumentaba tres días después de un incremento en los niveles de óxidos de nitrógeno.

Cómo afecta la contaminación del aire a nuestro cuerpo

Contaminantes y Neurodesarrollo

Aproximadamente un 20% de los menores de 18 años presenta alguna alteración o dificultad asociada al neurodesarrollo. Estudios científicos destacan el papel que desempeñan los contaminantes ambientales en el aumento de la prevalencia de este tipo de trastornos. Muchos metales atraviesan fácilmente la barrera placentaria, produciendo una exposición directa al feto durante el embarazo, y se hallan concentraciones de estos metales en la sangre del cordón umbilical al nacer. La barrera hematoencefálica, que protege al cerebro de sustancias químicas-tóxicas, no se forma completamente hasta seis meses después del nacimiento, abriendo una ventana directa de vulnerabilidad del cerebro en desarrollo, tanto fetal como postnatal temprano. Sustancias químicas como el plomo, metilmercurio, pesticidas y manganeso pueden interactuar con la herencia genética y contribuir a distintas alteraciones del neurodesarrollo.

El Fenómeno de la Ecoansiedad

Los cambios en el medio ambiente provocados por la globalización y el cambio climático están incidiendo también en el estado de ánimo y la salud mental, especialmente en la población infantil y juvenil. La ecoansiedad es un temor crónico y preocupación que, sin llegar a tratarse de una enfermedad, se produce al observar el impacto del cambio climático. Los jóvenes que la presentan tienen un estado de ánimo bajo, impotencia, sentimientos de rabia e ira, y pánico.

Promoviendo el Contacto con la Naturaleza

Los autores del informe Faros consideran necesario llevar a cabo actuaciones en las ciudades para reducir los factores ambientales negativos, proponiendo intervenciones en las escuelas para garantizar la calidad del aire en los espacios donde los niños pasan la mayor parte del tiempo. Sugieren plantar más árboles en los patios de los colegios, crear muros verdes que generen sombras, y crear fuentes y zonas de juegos. El objetivo es reducir la contaminación del aire, el ruido y el efecto isla de calor, a la vez que se favorece la actividad física, lo que reduce la incidencia de diabetes y otras enfermedades asociadas a la obesidad. Transformar las zonas de juego en pequeños espacios naturales de biodiversidad también mejora el sistema inmunitario de los niños en muy poco tiempo. Se anima a las familias a realizar salidas a la naturaleza, ya que la falta de contacto con ella impulsa el sedentarismo y actúa como un factor clave en el incremento de la obesidad, enfermedades respiratorias y cardiovasculares, trastornos de la conducta, atención, empeoramiento de enfermedades crónicas y disminución de los niveles de vitamina. En contraste, el contacto con la naturaleza mejora el sueño, el neurodesarrollo motor, reduce la ansiedad y el estrés, y mejora el rendimiento escolar, entre otros beneficios.

Marcos Legales y Acciones Internacionales para la Protección Infantil

Fundamentos de los Derechos del Niño

El niño debe, en todas las circunstancias, figurar entre los primeros que reciban protección y socorro, según el Principio 8 de la Declaración de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas de 1959. La Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) de 1989 estipula todos los derechos del niño, así como las responsabilidades de los gobiernos, reconociéndolos como seres humanos con un conjunto diferenciado de derechos, incluso en situaciones de desastre cuando corren mayor riesgo. En 2000, la Asamblea General adoptó dos Protocolos facultativos de la Convención: uno prohíbe el reclutamiento de niños menores de 18 años en las fuerzas armadas o su participación en hostilidades; el otro refuerza las prohibiciones y sanciones relativas a la venta de niños, la prostitución infantil y la pornografía infantil. Un tercer Protocolo Facultativo, adoptado por la Asamblea en 2011, entró en vigor en 2014. El Comité de los Derechos del Niño, establecido en virtud de la Convención, es un organismo de 18 expertos independientes que monitorea el progreso de los Estados partes en el cumplimiento de sus obligaciones.

Iniciativas Globales y Regionales

UNICEF es la agencia líder para la infancia en el sistema de las Naciones Unidas, trabajando para salvar la vida de los niños, defender sus derechos y ayudarlos a desarrollar su potencial. Fundado tras la Segunda Guerra Mundial para asistir a los niños afectados, amplió sus actividades para abordar todas las necesidades infantiles y recibió el Premio Nobel de la Paz en 1965 por su labor en pro de la confraternidad entre naciones. UNICEF profundiza en problemáticas infantiles de alcance global en cada edición de su informe, "El Estado Mundial de la Infancia". En 1990 tuvo lugar en Nueva York la primera conferencia de las Naciones Unidas sobre la infancia: la Cumbre Mundial en favor de la Infancia.

La inclusión de una meta específica (16.2) en la Agenda 2030 ha demostrado el compromiso del mundo para poner fin a todas las formas de violencia contra los niños y niñas. En respuesta a la explotación infantil, la Comisión de Derechos Humanos estableció en 1990 el mandato del Relator Especial sobre la venta y explotación sexual de los niños para monitorear fenómenos emergentes, responder a violaciones y promover políticas de protección.

Mapa mundial o regional mostrando zonas de alta vulnerabilidad infantil

Estrategias para la Reducción del Riesgo de Desastres

En la región se han comenzado a adoptar acciones de política pública para hacer frente a los desastres; sin embargo, la perspectiva de los derechos de los niños y las niñas no se ha hecho explícita. Los desastres, independientemente de su origen, son considerados fenómenos sociales cuyos daños podrían prevenirse y mitigarse. Al respecto, las Naciones Unidas han generado planes de acción internacional para reducir las pérdidas y prevenir riesgos futuros. Uno de los primeros acuerdos internacionales fue la Estrategia de Yokohama de 1994, que estableció directrices para la prevención de desastres. Posteriormente, el Marco de Acción de Hyogo para 2005-2015 recomendó aumentar la seguridad alimentaria, fortalecer los mecanismos de protección social para grupos vulnerables e incorporar medidas de reducción de riesgo en la recuperación. A su vez, el Marco de Sendai para la Reducción del Riesgo de Desastres 2015-2030, aprobado en 2015, tiene como objetivo prevenir nuevos desastres y mitigar sus efectos mediante la implementación integrada de medidas, reconociendo el papel de liderazgo de los gobiernos pero recomendando la interacción con actores pertinentes, incluidos niños y jóvenes como agentes de cambio. En 2011, se elaboró la Carta de la Niñez para la Reducción del Riesgo de Desastres, basada en consultas con más de 600 niños y niñas en 21 países.

El Día Internacional de los Niños de la Calle, instaurado el 12 de abril de 2011 por el Consorcio para los Niños de la Calle, busca concienciar sobre la difícil situación de millones de niños que viven en la calle en todo el planeta y el reconocimiento de sus derechos. Existen varios instrumentos jurídicos internacionales que reconocen y responden a esta situación, como la Observación General Nº 21 (2017) sobre los niños de la calle, la Convención sobre los Derechos del Niño, la Carta africana sobre los derechos y el niño y la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Organizaciones y Su Rol

Aldeas Infantiles SOS trabaja en diversos programas que preparan a los jóvenes para la vida independiente, apostando al desarrollo de sus capacidades y al fortalecimiento de sus competencias para facilitar su autonomía, empoderamiento y realización personal. NPH también busca mejorar las vidas de niños altamente vulnerables, colaborando estrechamente con las autoridades locales. El Índice de Vulnerabilidad Infantil desarrollado por Aldeas Infantiles SOS ofrece una idea del nivel de amenaza que impide garantizar los derechos de los niños en todo el mundo. En un país donde las personas sin discapacidad ya se enfrentan a enormes desafíos para sobrevivir, las personas con necesidades especiales son especialmente vulnerables, llevando a menudo al abandono de niños con discapacidad en las calles al nacer, como en Puerto Príncipe.

El compromiso de todos debe manifestarse aquí y ahora, ya que las oportunidades y las juventudes no pueden esperar. El trabajo decente para los jóvenes y los espacios de participación y capacitación son la clave para el cambio.

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