La presencia africana en América Latina ha sido, durante mucho tiempo, un capítulo silenciado de la historia. Sin embargo, en países como Guatemala y Chile, la "tercera raíz" está emergiendo con fuerza, revelando la profunda influencia de las comunidades afrodescendientes en la cultura, la sociedad y la identidad nacional. Esta herencia se manifiesta en diversas formas, desde las complejas dinámicas de la esclavitud colonial hasta los relatos personales de migración y búsqueda de raíces en la actualidad.

Afroguatemaltecos: Una historia de mestizaje y diversidad
Los afroguatemaltecos son ciudadanos de Guatemala con ascendencia africana. Según el censo de 2018, constituyen el 0.3% de la población, identificándose principalmente con orígenes antillanos y garífunas de habla inglesa. Se establecen en la costa del Caribe, específicamente en Izabal, Puerto Barrios y Santo Tomás.
Orígenes y llegada de los africanos esclavizados
Durante el período colonial, africanos esclavizados fueron traídos a Guatemala. A pesar de una significativa mezcla con otras etnias, se formaron dos grupos principales de descendientes de africanos: los garífunas y los afroantillanos.
- Los garífunas son un grupo afro/indígena (principalmente africano) exiliado, conocidos también como zambos. Originarios de la isla caribeña de San Vicente (Antillas), donde africanos y amerindios esclavizados que escaparon se mezclaron, crearon una sociedad y cultura propias. Los colonos españoles los exiliaron a la isla de Roatán.
- Los afroantillanos son descendientes de inmigrantes que llegaron de las islas del Caribe de habla inglesa a finales del siglo XIX y principios del XX. Su llegada fue motivada por el trabajo en la United Fruit Company, la construcción del ferrocarril y la caza de ballenas.
Los compradores del Reino de Guatemala dependían de los vaivenes del mercado debido a las dificultades para la llegada de barcos de esclavos. Las listas de envío indican que los esclavos llegaron principalmente de:
- Siglos XV y XVI: Senegambia, Sierra Leona y Costa del Oro.
- Siglo XVII: Costa del Oro y Golfo de Benín.
- Siglo XVIII: Biafra (Nigeria), Congo Occidental, Angola, Guinea y Benín (del Reino de Whydah). También llegaron esclavos Aja (conocidos como Arará, de Allada, Benín) y "criollos" de Puerto Rico y Jamaica.

Muchos de los esclavos negros que trabajaban en las zonas rurales provenían de Senegambia y de Luanda, Angola. Además, se identificaron al menos otros 30 grupos étnicos africanos de África Central, incluyendo los kongo, mongiolos y anchico.
La esclavitud y su impacto en la sociedad colonial guatemalteca
Los primeros afroguatemaltecos llegaron en 1524 con Pedro de Alvarado. Los registros del Cabildo de Santiago, en Almolonga, de la década de 1530, también mencionan esclavos negros. La ciudad original, fundada en 1527, fue destruida en 1541, sepultando a un gran número de indígenas y un pequeño número de esclavos. Los primeros costos significativos de esclavos se reportan en 1543, cuando "150 piezas de cerdo" (una medida para esclavos) fueron traídas de Santo Domingo.
Los esclavos africanos reemplazaron a la población indígena como mano de obra, ya que su número se había reducido drásticamente por enfermedades introducidas por los conquistadores españoles. Fueron empleados en plantaciones de azúcar, añil y cochinilla, así como en grandes haciendas ganaderas. Santiago, como centro político y económico de Centroamérica, fue un punto clave para la compra, venta y bautismo de esclavos.

Entre 1524 y 1620, un total de 10.000 africanos fueron llevados a Guatemala. A finales del siglo XVI, debido al ascenso del poder en Oriente Medio, muchas personas comenzaron a identificarse como mulatos. Según Robinson Herrera, de 250 africanos comprados y vendidos en Santiago, el 40% procedía directamente de África, principalmente de Senegambia y el África central y occidental. El 20% eran criollos (nacidos en España, Portugal o América) y el resto mulatos. Aunque había pocos mulatos libres en la región, su número superaba al de los mulatos esclavizados.
La importación de esclavos a Guatemala aumentó entre 1595 y 1640, gracias a contratos de la corona española con comerciantes portugueses, muchos de ellos provenientes de Luanda, Angola. Después de 1640, las importaciones declinaron drásticamente, llegando incluso a cesar, según algunos autores. Durante el siglo XVII, algunos esclavos lograron comprar su libertad, formando pequeñas comunidades de negros libres. Los esclavos fugitivos formaron sociedades de cimarrones, viviendo entre la población.
El ingenio de Asís, fundado en 1590, se convirtió en el más importante del siglo XVII, con más de 200 esclavos. En 1633, el ingenio de San Gerónimo, al norte de Santiago, albergaba a cientos de esclavos "de diferentes naciones", convirtiéndose en el más grande de Centroamérica. A fines del siglo XVII, los afrodescendientes se dispersaron hacia el sur y este de Guatemala y El Salvador, con un impacto más profundo en el ingenio azucarero de Amatitlán y las costas de Escuintla en San Diego de la Gomera. Los afrodescendientes vivían en casi dos docenas de localidades entre Guatemala y El Salvador.
Abolición y mestizaje: la evolución de la identidad afroguatemalteca
La abolición de la esclavitud fue un hito importante. La mayoría de las casas españolas en Santiago tenían sirvientes indígenas y esclavos africanos, en su mayoría mujeres. La escasez de mujeres españolas llevó a relaciones sexuales entre hombres españoles y sus sirvientas/esclavas, lo que incrementó el mestizaje. Este proceso continuó hasta la destrucción de Santiago en 1773 y el traslado de la capital a Ciudad de Guatemala en 1770. Los mulatos eventualmente superaron en número a los negros esclavizados, y el mestizaje entre esclavos negros y mulatos libres aumentó la población de mulatos libres.
La reducción en la importación de esclavos y el aumento de negros libres transformaron la composición demográfica de la colonia. La mezcla de mulatos y mestizos también llevó a mayores ingresos y una posición social más alta para aquellos con piel más clara. Sin embargo, algunos caminos, como la universidad y la iglesia, permanecieron cerrados para los afrodescendientes. A medida que el mestizaje y la asimilación del idioma y las normas españolas aumentaban, más afroguatemaltecos accedían a puestos de trabajo.
La población esclava se mezcló con poblaciones indígenas y blancas, lo que significa que el grupo de africanos en la colonia no eran "negros puros". Los mulatos a menudo se involucraban en la matanza ilegal de ganado. Las fuentes del último tercio del siglo XVI identifican comunidades afro-campesinas en los departamentos actuales de Jalapa, El Progreso, Santa Rosa y Jutiapa, y en los alrededores de Sonsonate (El Salvador). Muchos de estos esclavos nacieron en Senegambia, aunque también había africanos nacidos en América.
Video Documental "La Herencia Africana en América del Sur"
En la costa del Pacífico, negros y mulatos libres destacaban por sus habilidades como vaqueros. Las leyes del siglo XVI que les prohibían montar a caballo o portar armas eran ignoradas debido a la necesidad de sus habilidades, que más tarde los convertirían en valiosos reclutas de las milicias coloniales, ofreciéndoles movilidad social. Afrodescendientes libres y esclavos también trabajaron en la producción de añil en la costa del Pacífico de Guatemala y El Salvador, a menudo supervisando la cosecha de Xiquilite.
Aunque inicialmente se les prohibió participar en compañías de milicias, los afrodescendientes lucharon con las fuerzas españolas desde la conquista. En la década de 1630, los ataques de corsarios holandeses, franceses y británicos llevaron a la Audiencia a enrolar a afrodescendientes libres en compañías de milicias regulares, aunque segregadas. En 1673, había seis compañías afro en Guatemala y dos en El Salvador. Tras sus luchas contra los corsarios, las milicias afro solicitaron exenciones del Tributo Laborío, logrando exenciones fiscales temporales durante la década de 1690, incluida la de San Diego de la Gomera.
Los Garífunas: Cultura y comunidad
Los garífunas, también conocidos como garínagu (plural de garífuna), son descendientes de indígenas arawak, kalinago (caribe insular) y afrocaribeños. La población fundadora, estimada entre 2.500 y 5.000 personas, fue trasladada a la costa centroamericana desde la isla de San Vicente (Yurumein), ahora San Vicente y las Granadinas. Para 1981, unos 65.000 caribes negros vivían en cincuenta y cuatro pueblos de pescadores en Guatemala, Belice y Nicaragua. Las comunidades garífunas aún existen en San Vicente y las Granadinas y en el extranjero, incluyendo los estadounidenses garífunas.
La "tercera raíz" en Chile: Un relato recuperado
La ascendencia africana en Chile ha sido históricamente ocultada y negada. Sin embargo, investigaciones recientes están recuperando esta "tercera raíz", reconociendo su existencia y valor. Paulina Barrenechea y Montserrat Arre Marfull afirman que hubo una negación sistemática de la africanía en Chile, prefiriendo la versión de una población nacida de la mezcla entre indígenas y europeos. Incluso se afirmaba que en Chile nunca hubo esclavos negros.

Los primeros africanos y la esclavitud en Chile
Los antecedentes históricos indican que los primeros africanos llegaron a Chile junto con los colonos y conquistadores en las expediciones del siglo XV, como parte de su servidumbre o como marineros. Cristóbal Colón, Hernán Cortés y Francisco Pizarro tenían esclavos a su servicio. Hernando de Magallanes llegó con un esclavo negro, y Diego de Almagro tuvo una esclava y amante, la negra Malgarida.
Desde los primeros años de la Conquista, La Araucanía pudo ser refugio de negros cimarrones, quienes se aliaron y mezclaron con los mapuches en la zona de Nahuelbuta. A finales del siglo XIX, la mano de obra negra fue preferida en América, y Chile no fue la excepción. El 23 de junio de 1823, el Senado liberó a los 4.000 esclavos presentes en el país, quienes sufrieron "las peores vejaciones, muy poco registradas", como los relatos de jóvenes violadas y vejadas en las haciendas, o esclavos obligados a trabajar en campos en condiciones miserables.
Luego de alcanzar su libertad, estos esclavos se insertaron en la sociedad chilena. Concepción fue testigo de un motín conocido: en 1805, 72 esclavos senegaleses se amotinaron en el buque mercante Trial, matando a la mayoría de la tripulación y exigiendo regresar a su país. Fueron engañados y llevados a la Isla Santa María, donde fueron capturados. Nueve de ellos fueron juzgados y condenados a muerte, y sus cuerpos lanzados a la Laguna de Los Negros, hoy desaparecida en el centro de la ciudad.
Video Documental "La Herencia Africana en América del Sur"
Recuperación de la memoria y la identidad afrochilena
En 2006, la compañía Teatro del Oráculo rescató la historia del motín de los esclavos senegaleses, y en 2018, el proyecto de Cuento-documental "La Laguna de las Negras" la recreó desde el punto de vista de las mujeres y niños que dejó aquel motín. Este hecho histórico motivó el Cuento Documental, cuyo relato se centra en las 28 mujeres, 20 infantes y 9 lactantes que acompañaron el motín, condenadas a presenciar el ajusticiamiento de sus compañeros en silencio. La obra busca contar la historia de los sobrevivientes, descendientes y herederos de aquellas esclavas, diluidos por el tiempo y el cemento.
Claudia Urbina Sotomayor y Sofía Fernández Mora, directoras del proyecto "La Laguna de las Negras", conmemoraron en 2022, junto a la Escuela Senegal Danzas, la partida y el legado de aquellos senegaleses lanzados a las aguas hace más de dos siglos. Para estas creadoras, se trata de una búsqueda de la identidad a través de la recuperación de la historia familiar, a menudo oculta. Quieren "instalar la duda, impulsar el reconocimiento de la presencia africana en Chile y las posibles descendencias de los africanos, no solo del norte y centro sur del país, sino también, del sur extremo, que comienza en el Biobío".
La investigación que acompaña este proyecto desde 2017 ha brindado frutos y certezas. Sofía encontró un documento de venta de una esclava africana y su hijo en Concepción, dos días después de la condena de los amotinados. Además, en conversaciones con vecinos antiguos del sector, una anciana recordaba un dato clave: "Una señora muy anciana nos contó que cuando era niña siempre hablaban de un negro que fue esclavo, y que tenía un negocio donde vendía una comida tan popular, que las personas hacían fila para comer allí. Se trataba de un platillo nunca visto, y que eran porotos con tallarines. Ese dato para mí fue clave, porque nos estaba diciendo que muchas cosas que consideramos 'más chilenas que los porotos', en realidad podrían tener una raíz africana".

Estas creadoras buscan derribar la historia de un Chile nacido solo de la mezcla entre indígenas y colonos europeos, afirmando que "se hace más urgente y se hace más vigente esta historia, porque es importante si nos reconocemos como afrodescendientes, recibir a nuestros hermanos y hermanas migrantes en su diáspora".
Relatos personales y el resurgir de la identidad
Claudio Benedito: El brasileño en Concepción
En 1968, Claudio Benedito, conocido como Mister Onyx, cantante, bailarín y percusionista de la banda Ases do Samba, se estableció en Chile desde Brasil. Fue preso político, torturado y humillado por su color de piel durante la dictadura. Vivió en Boca Sur, donde un mural honra su memoria, y fue el primer migrante afrodescendiente en el sector, nieto de esclavos africanos. Conocido como El Brasileño, compartió la música y cultura afrobrasileña, dejando un legado que cruza fronteras. El carnaval del Festival de Todas las Artes Víctor Jara lleva su nombre, así como un comedor popular. Su hija, Katrin Benedito Yáñez, se siente orgullosa de sus raíces y ha indagado en su ascendencia, especialmente en la espiritualidad legada por los esclavos afrobrasileños.
Javiera Aguilera Cofré: El llamado del tambor
La artista escénica Javiera Aguilera Cofré descubrió hace cinco años su ascendencia afrodescendiente. El sonido del tambor en una clase de festejo, un ritmo afroperuano, la conectó con sus raíces. Su tatarabuela, Oyara (Diamante Negro), llegó esclavizada desde Kenia a los 13 años al Puerto del Callao, Perú. Fue vendida y trasladada a Azapa, donde trabajó la aceituna y fue cocinera, sirvienta y partera. Su nombre fue cambiado a Trinidad Albarracin. En medio del sufrimiento, ella misma asesinaba a recién nacidos de piel oscura, muchos resultado de violaciones, para evitarles una vida de esclavitud. Javiera, a través de su arte y la recuperación de esta dolorosa historia familiar, busca reivindicar la identidad afrochilena.
Bachir: Un viaje entre culturas y la lucha contra el racismo
Bachir, nacido en Las Palmas, España, de padres senegaleses, representa la complejidad de la identidad afrodescendiente en la actualidad. Su historia es un testimonio de adaptación, resistencia y la búsqueda de su propio camino en un mundo a menudo marcado por prejuicios.
Infancia y el choque cultural con Senegal
Bachir vivió en España hasta los 8 años, criado por una familia de acogida blanca. Su madre, una estudiante de contabilidad de Senegal, y su padre llegaron a Canarias en avión. Adelina, la señora que les alquilaba el piso, se convirtió en una figura materna para Bachir. Él recuerda una infancia feliz, practicando surf con las hijas de Adelina y disfrutando de una vida con "bonitos recuerdos de mi familia de acogida". Comía jamón y chocolate antes de saber que no podía como musulmán.

Cuando tenía 8 años, sus padres se divorciaron y emigraron a Estados Unidos y Suiza, respectivamente. Fue entonces cuando lo enviaron a Senegal para que conociera a su familia, la religión y la cultura. Su madre le dijo que su abuela estaba enferma y necesitaba que la cuidara durante tres meses, aunque, según Bachir, su abuela estaba bien. Adelina intentó persuadirlo de no ir, pero Bachir sentía que debía cuidar a su abuela.
Su llegada a Senegal fue un choque cultural profundo. A los 8 años, solo en un avión, sin hablar el idioma y rodeado de gente que, a diferencia de su entorno en España, "todos son negros". Se sentía "raro", pero también "con mi gente". Sin embargo, no podía comunicarse con su familia ni entender las costumbres. Criado en España, no sabía que no se comía cerdo, que se rezaba cinco veces al día, o que no se debía mirar a los ojos a las personas mayores. La comida, basada en arroz todos los días, era otro contraste con su dieta española. Su abuela le puso un profesor para aprender wólof y francés. A los 11 años, ya era dependiente en la tienda de su abuela y guía turístico, lo que le dio una madurez temprana.
Video Documental "La Herencia Africana en América del Sur"
A pesar del miedo y los prejuicios iniciales, Bachir valora su experiencia en Senegal: "me quedo con mucho amor, con unas aventuras que me marcaron un antes y un después en mi vida". Este viaje le permitió entender las razones detrás de la migración de otros. "Creo que si me hubiera quedado en Canarias no habría tenido unas habilidades y oportunidades que he tenido".
Trayectoria artística y la necesidad de comunicar
Bachir es actor, cantante y escritor. Desde los 6 años soñaba con ser actor, inspirado por Will Smith. Quería "hacer reír a la gente, conectar con la gente que está sola". Tras graduarse, intentó estudiar teatro en Canadá, pero la embajada le denegó el visado dos veces. Consiguió un visado para España, trabajó en hostelería en Ibiza para ahorrar y se mudó a Barcelona para estudiar interpretación. Ha participado en cortometrajes, series y videoclips, y aspira a trabajar en Hollywood, Francia e Inglaterra, pero valora haber comenzado en España, donde su historia empezó. Su próximo objetivo es un proyecto musical tipo película o serie.
Su faceta de cantante surgió a los 8 años, al llegar a Senegal. La soledad le provocó rimas como una "forma terapéutica", un desahogo. Como escritor, empezó a los 14 para "desahogarme y decir las cosas que no decía en persona". Adelina, su madre de acogida, lo llamaba a menudo a Senegal, preguntándole si tenía hambre o si había guerra, preguntas que él percibía como resultado de la información mediática sobre África. Esto lo impulsó a escribir su historia, "cómo pasar de vivir en España a Senegal". Retomó el proyecto durante el confinamiento por la pandemia, dedicando cuatro meses a la escritura. "Una carta a Adelina" es la primera parte de su obra, y ya está escribiendo la segunda. Además, al finalizar el libro, sintió la necesidad de expresarse con la guitarra, preguntándose qué le diría a Adelina si la tuviera enfrente.
Racismo y la búsqueda de identidad global
Bachir ha enfrentado el racismo y el bullying. En la escuela de Canarias, "había miradas, algunos no te dejaban jugar con ellos". En Senegal, también sufrió bullying. "Te tratan como el europeo, tú no eres de aquí, vete. Te comportas distinto a como se comportan ellos, hasta tienes la piel más clara que ellos y encima no conoces las costumbres, la cultura, el idioma. Te dicen que eres negro por fuera pero blanco por dentro". Ahora se siente "de todas partes del mundo, es el único modo que me permite estar tranquilo de mente y avanzar".
En España, ha sido objeto de comentarios racistas en trabajos y redes sociales, como "¿cómo puedes ser actor? ¡Vete al campo a recoger fruta!". Considera la pregunta "¿tú de dónde eres?" como racista, especialmente cuando su respuesta "Gran Canaria" lleva a un "¿y tus padres?". En su primer casting, le pidieron "hablar español africano", lo que él considera "una absurdez". Bachir, quien habla cinco idiomas (francés, inglés, español, catalán y wólof) y ha tenido once profesiones, cuenta su historia para educar y derribar prejuicios, buscando que "la gente sepa cómo es, para que las señoras del metro no sientan que tienen que agarrarse el bolso".
Para Bachir, lo más importante es vivir "sin dar importancia al qué dirán", creer en uno mismo y volar, "saber lo que eres, lo que eres capaz de dar, lo que puedes conseguir".