La experiencia de crecer en un hogar de menores, alejado de la familia y bajo la tutela del Estado, ha sido una realidad compleja y a menudo dolorosa para muchos niños, niñas y adolescentes en Chile. En un contexto marcado por la crisis del Servicio Nacional de Menores (SENAME), han surgido publicaciones testimoniales que arrojan luz sobre estas vivencias, ofreciendo una perspectiva cruda y necesaria desde quienes han sido sus protagonistas.

"Mi Infierno en el Sename (Ansias de Libertad)" de Edison Llanos
Una de las obras más destacadas en este ámbito es "Mi Infierno en el Sename (Ansias de Libertad)", un libro testimonial de 230 páginas que narra la experiencia personal de su autor, Edison Llanos, como niño institucionalizado. Llanos se define a sí mismo como un "sobreviviente" de un sistema que, según sus palabras, lo puso en manos del Estado y de sus victimarios. Este libro describe sus vivencias como exalumno de un Hogar de Menores subvencionado por el SENAME, donde el valor del compañerismo, la lealtad y la camaradería se volvieron preponderantes para la supervivencia.
El Autor: Edison Llanos
Edison Llanos, nacido en Coquimbo, Chile, en 1977, ingresó al SENAME (según le han contado) a los dos años y medio de edad y permaneció allí hasta los quince. Fue internado en dependencias del Centro de Orientación y Diagnóstico del SENAME y del Centro de Rehabilitación Conductual Cereco, también conocido como Cárcel de Menores. Apadrinado por un personaje público, pudo ingresar al sistema de educación formal, donde permaneció hasta el año 2002 sin concluir la Enseñanza Media. Posteriormente, se tituló como técnico en contabilidad e ingresó a la carrera de Derecho. Actualmente, presta testimonio en diversas instancias judiciales y parlamentarias para la Comisión Investigadora del SENAME.
Motivación y Propósito de la Obra
Llanos comenzó a escribir sus memorias en 2014. Explicó que, en un principio, el texto no fue concebido como un libro, sino como una historia para que su hija, al ser adolescente, supiera lo afortunada que era en relación con otros niños que no tienen la suerte de vivir con su familia. "Mi Infierno en el SENAME" es su primer libro de memorias.
El autor buscó con su obra lanzar un grito de alerta a la sociedad entera por los niños y niñas sin derechos, a quienes considera "habitantes descartados de un país que se jacta de respetar los Derechos Humanos, pero que ignora que éstos no existen en nuestro infierno". Asimismo, intenta "exorcizar la pesadilla" a la que lo sometieron sus torturadores. El origen del libro, editado por Planeta, está enlazado al fallecimiento de la niña Lissette Villa el 11 de abril de 2016 en uno de los centros del SENAME, un caso que impactó profundamente a la sociedad.
Entrevista a Edison Gallardo, donde hablamos a fondo del caso SENAME | FN Entrevistas 12
Contenido y Experiencias Personales
Los relatos en el libro son contados como anécdotas simples y sinceras, pero a su vez, reflexionan sobre la complejidad de crecer en una residencia de protección alejado de la familia. El volumen de 219 páginas detalla la experiencia del autor, quien pasó entre los dos y los quince años en el Servicio Nacional de Menores.
El libro aborda la dura realidad de los internos, destacando:
- Maltratos y Abusos: Son comunes los constantes castigos por parte de cuidadores, la convivencia con violaciones y otro tipo de abusos, el hambre y el frío. Llanos narra episodios impactantes, como el de su primera noche: "Al cruzar las rejas jamás imaginé que mi primera noche sería la más larga de toda mi vida. Dormíamos casi cincuenta internos en una misma ala, los dormitorios eran cerrados con candados. Agradezco que jamás hubo catástrofe alguna o derechamente habríamos muerto en el lugar." Fue recibido con una golpiza por un interno apodado "Perkin". También describe maltratos sufridos a manos de una monja, quien lo obligó a comer un compuesto agrio y, en pleno invierno, los metió "con ropa a la ducha con agua helada, golpeándonos como una enferma" por media hora. Otro incidente con una monja incluye una golpiza en las nalgas por haber pedido comida, dejándolo dos semanas sin caminar.
- Condiciones de Vida: El internado era de muy escasos recursos. "Nosotros pedíamos verduras a feriantes en parcelas. Vivíamos de la caridad de las personas más adineradas de la Cuarta Región." Llanos comenta que "habían momentos en los que hubiera sido mejor haber pasado hambre junto a mis padres desconocidos, que pagar la comida dejándonos pegar, a veces hasta por asuntos del ánimo de los adultos."
- Abusos Eclesiásticos y Estatales: Edison Gallardo (nombre también usado para referirse al autor en algunos contextos del texto) es un sobreviviente de abusos. En su historia se entrecruzan la Iglesia Católica y el Estado. Fue atacado por el exarzobispo de La Serena Francisco José Cox mientras se encontraba al cuidado del Estado en un espacio regentado por religiosas católicas, el Hogar Redes de Coquimbo. La situación del prelado "era conocido por todos", pero nadie hacía nada, mientras Cox "hacía lo que quería".
- Adopciones Irregulares: También presenció numerosas adopciones irregulares al interior del hogar. "Había muchos chilenos en lista de espera, pero para salir fuera del país las adopciones se concretaban en seis meses. Siempre era igual: se hacía una actuación y al niño que le hacían cariño en el pelo era el que partía. Muchos niños fueron adoptados aun cuando tenían familias que los querían aquí. Vi a muchas mamás llorando en la reja por la partida de sus hijos. Desaparecían de un día para otro."

Un Mensaje de Esperanza y un Grito de Alerta
Llanos entrega un mensaje de esperanza a los niños, niñas y adolescentes que viven en residencias de protección, instándolos a superarse y sortear los problemas que la vida les ha puesto en el camino. Escribe "en nombre de ellos y de ellas, en un acto tan desesperado como urgente, para que algún día las instituciones, los gobernantes, los legisladores, los fiscalizadores, la población entera reconozca sus responsabilidades y se acabe con una aberración que ya se prolonga por décadas." Él quiere dar voz a "niños y niñas olvidados, que parecen existir solo cuando mueren. Niños y niñas sin voz, sin risa, sin expectativas, condenados por la pobreza y el abandono. Niños y niñas que no saben de cariño, de abrazos, de cumpleaños, sino de castigos, abusos, soledad y silencio."
El autor, como testigo y declarante ante las Comisiones Investigadoras SENAME I y II, expuso su verdad ante los parlamentarios. Su caso es excepcional, ya que logró estudiar en institutos de capacitación técnica y en la Universidad, algo poco común para exinternos.
Recepción e Impacto
Paola Dragnic valoró la valentía de Édison Llanos al relatar su historia y la importancia de esta narración. James Hamilton manifestó que este escrito debería ser ampliamente difundido, especialmente entre niños y adolescentes, ya que "es un relato que de alguna manera refleja lo que le pasa a un niño que ha sufrido traumas, porque se le fragmenta su historia." El diputado Ramón Farías destacó que el texto es fundamental para comprender las perspectivas que tienen los internos una vez que egresan de los centros. Para Llanos, su libro permite que la sociedad civil conozca la realidad cotidiana de un niño que reside en un centro del SENAME, ofreciendo un relato que, a diferencia de las estadísticas de estudios, se escribe desde el punto de vista de quienes la han vivido.
"El Cazador de Sueños" y Otras Iniciativas
Además del testimonio de Llanos, se destaca la obra "El cazador de sueños", escrita en el taller de Terapia Narrativa que la Fundación Ítaca realiza en el centro de justicia juvenil de San Bernardo. La directora de la Fundación, la periodista Alejandra Michelsen, dirige este taller. Uno de sus participantes, Aldo, escribió este cuento en una de esas sesiones. En "El Cazador de Sueños", Aldo explica que "los sueños son una pieza fundamental en la vida de los seres humanos, tanto como lo es el amor".
La Fundación Ítaca, que presentó el libro en el Centro Cultural de España, busca provocar cambios importantes en la vida de las personas a través de las artes y ayuda a conseguir trabajo y solucionar temas puntuales a los jóvenes cuando salen en libertad. Este tipo de iniciativas demuestran el poder de la narrativa para sanar y ofrecer nuevas perspectivas a jóvenes que han vivido experiencias traumáticas en el sistema de protección.
