Desde la vuelta a la democracia, Chile ha impulsado políticas orientadas a la reducción de las brechas de género en el mundo del trabajo. Nuestro país ha suscrito acuerdos internacionales e implementado normativas que benefician a toda la nación en esta materia. Si bien el cambio tecnológico, la necesidad de una formación educativo-laboral atingente a las necesidades de las industrias y el auge de las nuevas economías han tensionado la incorporación laboral en general, para el grupo de mujeres y jóvenes esta es una realidad que requiere continuidad con políticas públicas específicas que apunten a su mejora.
Pilares para la Inclusión Laboral y el Bienestar
Diálogo Social Tripartito
Un primer desafío es seguir promoviendo el diálogo social tripartito en la elaboración, definición e implementación de las medidas. Es sabido que cuando Estado, Empleadores y Trabajadores acuerdan sus necesidades, la efectividad de las políticas públicas mejora, y con ello el bienestar de las personas.
Infraestructura Institucional y Pertenencia
En ese marco, la implementación de determinadas acciones requiere entregar una infraestructura institucional que provea el ingreso y la pertenencia de mujeres y diversidades al mundo del trabajo.
La Labor de Cuidados como Responsabilidad Compartida
Entender la labor de cuidados como una responsabilidad de todos es también una condición necesaria para propiciar un ingreso laboral en mayor igualdad de condiciones.

Proyección de una Vejez Digna y Reconocimiento de Trayectorias
Finalmente, no todo trabajo entrega un ambiente propicio para desplegar todas las capacidades de mujeres y diversidades. Proyectar una vejez con las mejores condiciones y reconociendo las trayectorias de las personas es también un componente primordial para la inclusión laboral y el bienestar. Los cambios demográficos tensionan nuestros sistemas de protección social, y con ello, es responsabilidad de toda nuestra sociedad hacer de nuestro país un espacio más seguro.
Impacto Económico y Barreras a la Participación Laboral Femenina
Empoderamiento y Crecimiento Económico
La inserción de las mujeres en el mercado de trabajo es un pilar para su empoderamiento y autonomía. La participación de las mujeres en actividades productivas es fundamental para el crecimiento de la economía de cualquier país. Tan solo en México, si las mujeres participaran a la misma tasa que los hombres, el ingreso per cápita sería 22 % más alto, mucho más de lo que se ve en otros países de la OCDE.
Variaciones Regionales y Enfoques Teóricos
Es importante señalar que la participación de las mujeres en el mercado laboral varía según la localización geográfica, en relación con las tradiciones culturales, las oportunidades laborales y los esfuerzos políticos por coadyuvar a las mujeres a incorporarse al mercado de trabajo (Carrasco Bengoa, 2004). Aunque más mujeres en América Latina están trabajando, persiste la brecha de género.
Los enfoques teóricos de las desigualdades de género en el mercado laboral se pueden dividir, en términos generales, en los que se centran en la elección individual y los que se centran en las limitaciones estructurales (Kabeer, 2012).
Obstáculos a la Oferta Laboral: Normas Sociales y Cuidados
Para la oferta, las barreras pueden ser características individuales o la falta de acceso a insumos productivos. En este sentido, las normas sociales y de género pueden tener una influencia significativa en los intereses y aspiraciones de las mujeres respecto a construir una carrera laboral y/o profesional, así como la disciplina en la cual hacerlo, mermando sus posibilidades y planes de vida.

Según datos de ONU Mujeres (2015), las mujeres tienden en mayor medida a realizar trabajos por los que no reciben remuneración alguna, tal como el cuidado de menores, personas de la tercera edad, personas con discapacidad y/o personas enfermas, y el trabajo doméstico. Entre los obstáculos a la oferta laboral de las mujeres, uno de los más estudiados es la necesidad de proveer cuidados, en específico cuidado infantil.
Las mujeres sin hijos y aquellas con hijos mayores tienden a participar más, mientras que la decisión de trabajar cambia sustancialmente después del matrimonio y la maternidad. En relación con esto, la falta de confianza en los servicios de cuidado infantil es reportada como la razón más importante por la que las mujeres deciden no ingresar al mercado de trabajo u optan por alternativas de empleo, casi siempre informal, que les permitan estar en casa (CEPAL, 2021). Asimismo, el uso de servicios de cuidado infantil puede ser bajo debido a limitaciones de demanda y oferta.
Las reglas, costumbres, creencias y valores vinculados a la definición de lo femenino que asignan diferentes roles y responsabilidades a mujeres y niñas son clasificadas en la literatura como restricciones intrínsecas (Kabeer, 2012). Entre ellas se encuentra la noción idealizada de que el lugar de las mujeres está en el hogar y por tanto salir a trabajar desafía este ideal.
El Papel de Organismos Internacionales y la Recuperación Feminista
Aportes de la CEPAL y ONU Mujeres
En una sesión de apertura, intervinieron Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL; María-Noel Vaeza, Directora Regional para las Américas y el Caribe de ONU Mujeres; y Mónica Zalaquett, Ministra de la Mujer y la Equidad de Género de Chile, en su calidad de Presidenta de la Mesa Directiva de la Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe.
“La recuperación será feminista o no será”, remarcó en su discurso inaugural Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL. Al hacer un recorrido por sus años al frente de la CEPAL, repasó los aportes que bajo su dirección se hicieron a la región para la igualdad sustantiva y la agenda regional de género. Advirtió que la pandemia ha profundizado las brechas y perjudicado desproporcionadamente a las mujeres, quienes se encuentran en los sectores más afectados por la pérdida de empleo. “Debemos visibilizar la pandemia en la sombra. El feminicidio y otras violencias de género continúan afectando a las mujeres y niñas de la región.
Diálogos feministas sobre la salida de la crisis: mujeres post-pandemia
Durante su intervención, la alta funcionaria de las Naciones Unidas destacó que en la última década la CEPAL ha acompañado a los gobiernos de América Latina y el Caribe en su trabajo para afrontar los desafíos conceptuales y de políticas públicas para promover un desarrollo sostenible basado en la igualdad de género y los derechos y la autonomía de las mujeres. Destacó que la Estrategia de Montevideo para la Implementación de la Agenda Regional de Género en el marco del Desarrollo Sostenible hacia 2030 constituye un aporte de la región para posicionar la igualdad de género y la autonomía de las mujeres en el centro del debate sobre desarrollo sostenible.
Finalmente, Alicia Bárcena destacó la fuerza, coraje, la capacidad y la creatividad de las mujeres de América Latina y el Caribe y sus organizaciones, y reafirmó el compromiso de la CEPAL para continuar impulsando políticas y alianzas que permitan proteger los avances en la garantía de derechos de las mujeres alcanzados en la última década, evitar retrocesos y promover una recuperación transformadora con igualdad de género, que se base en los principios feministas de la redistribución del poder, de los recursos, del trabajo y del tiempo. “El horizonte debe ser avanzar hacia la construcción de estilos de desarrollo justos e igualitarios. Entre todas y todos podemos hacer más y mejor por una recuperación sostenible, inclusiva y resiliente. Lo repito una vez más: la recuperación de América Latina y el Caribe pospandemia será feminista o no será”, concluyó.
María-Noel Vaeza, en tanto, resaltó la urgencia de una mejor incorporación de las mujeres a la recuperación socioeconómica, con sistemas de cuidados integrales fortalecidos, y con universalización del acceso a la tecnología. “Estos elementos permitirán la construcción de sociedades más justas e igualitarias, con mejores condiciones de hacer frente a los desafíos presentes y futuros. Hoy se hace imperativo trabajar para que el mundo pos-COVID-19 sea estructuralmente menos desigual. Esta crisis nos ha dado una oportunidad única para implementar acciones que nos permitan reducir las brechas de género y avanzar con paso firme hacia un desarrollo sostenible.