La historia de la Anciana Dueña de la Montaña, conocida como Kvpvka (o Kypyka), es un epew, un relato originario de la cultura mapuche. Los epew son historias ficticias, cuentos y leyendas que se comparten con el fin de entretener, al mismo tiempo que enseñan valores positivos a los más pequeños.
El Hombre Perdido y el Encuentro en la Montaña
Una vez, en las boscosas tierras de la Araucanía, un hombre se perdió en las montañas mientras buscaba incesantemente a sus animales que había extraviado hacía un par de horas. En la inmensidad de la montaña, se le hizo de noche, y al no encontrar el camino de regreso a su casa, decidió alojarse en el bosque.
Cuando se acomodaba para descansar y dormir, de pronto vio un fuego en medio del bosque. Al acercarse al humo, pudo observar que efectivamente era una fogata, y alrededor de ella, una mujer de edad avanzada bailaba. El hombre se dirigió hacia ella y la saludó respetuosamente.

La Casa de Kvpvka y la Nueva Familia
Esta anciana era la Kvpvka. Al llegar cerca de ella, el hombre descubrió que había una casa detrás de la fogata, construida con materiales naturales recogidos de la montaña y del bosque. La casa tenía de todo, incluyendo papas, arvejas y maíz.
El hombre y la anciana se hicieron amigos y después se casaron. La Kvpvka, al saber que el hombre era pobre, viudo y que tenía cuatro hijos, le hizo una generosa invitación: «Si tienes hijos, tráelos, aquí hay de todo».
Así, el hombre llevó a sus hijos, quienes comieron sentados en la mesa de la Kvpvka y se alojaron en su casa. Con el paso del tiempo, los animales extraviados del hombre perdieron importancia frente a su nueva vida.
La Burla y la Desaparición
Sin embargo, una noche, mientras alojaban en casa de la anciana, uno de los hijos del hombre miró los pies de Kvpvka y, riéndose, dijo: «¡Mira, tiene solo dos dedos la viejita!».
Ante tal burla del infante, Kvpvka se llenó de furia por lo ingrato que había sido el niño. En ese instante, todo desapareció: el fuego, la riqueza, la comida, la casa e incluso la propia Kvpvka.
El hombre se encontraba desesperado y comenzó a lamentarse y a regañar a sus hijos, reclamándoles que no debían faltarle el respeto a la gente, mucho menos a los mayores. El hombre desesperado dijo a su hijo: «¡Ayayayay, porque te burlaste de la anciana! ¡Qué vamos a hacer ahora!».