El cuidado infantil, definido como la atención a niños pequeños por parte de adultos no parentales, se ha convertido en un aspecto fundamental en la vida de la infancia en la mayoría de los países occidentales. La creciente incorporación de la mujer al mercado laboral ha impulsado una mayor dependencia de los servicios de cuidado infantil, desde el nacimiento hasta los cinco años de edad, los cuales también desempeñan un rol crucial en la educación infantil temprana. La investigación en este campo se ha desarrollado en varias vertientes, incluyendo comparaciones entre el cuidado no parental y el materno exclusivo, así como el análisis de la calidad del cuidado y sus efectos en el desarrollo infantil.
Investigación sobre el Cuidado Infantil
Las investigaciones iniciales a menudo presentaban comparaciones simplistas entre niños que recibían cuidado no parental y aquellos con cuidado materno exclusivo. Sin embargo, estas comparaciones se veían limitadas por las diferencias preexistentes entre los grupos y por el tratamiento del cuidado infantil como una experiencia homogénea. Posteriormente, la investigación se centró en las variaciones en la calidad del cuidado infantil, aplicando controles estadísticos para tener en cuenta las diferencias familiares.
Varias preguntas han impulsado la investigación en la última década, siendo una de las principales la concerniente al impacto de la jornada prolongada en el primer año de vida sobre la relación de apego madre-hijo. Teóricos han planteado la hipótesis de que las separaciones diarias podrían afectar negativamente la confianza y receptividad de los bebés hacia sus padres, reduciendo las oportunidades de desarrollo de interacciones.
Otra área de interés es el impacto de los cambios en los proveedores de cuidado de calidad en el desarrollo infantil, especialmente en lo que respecta a las habilidades para el rendimiento escolar. Asimismo, se investiga la extensión del cuidado como un posible factor de riesgo para el desarrollo de problemas conductuales, como la agresividad.
Los estudios iniciales sobre si el cuidado prolongado implica un riesgo para el desarrollo de relaciones de apego seguro en niños pequeños arrojaron resultados mixtos. Ante esta situación, el NICHD (National Institute of Child Health and Human Development) inició el "Estudio de Atención en la Infancia Temprana y Desarrollo Juvenil" (Study of Early Child Care and Youth Development). Este estudio longitudinal siguió a 1.350 niños desde el nacimiento hasta el sexto grado.
Para evaluar las relaciones de apego, se utilizó el procedimiento de la "Situación Extraña" (Strange Situation), que implica una serie de separaciones y reencuentros entre el bebé y la madre en presencia de un extraño. Si bien todos los niños experimentaron estrés durante las separaciones, aquellos con apego seguro se tranquilizaron al reencontrarse con sus madres. El análisis de cinco parámetros de servicios de cuidado distintos no reveló asociaciones significativas entre factores como la seguridad y la edad de ingreso, la continuidad del cuidado, el tipo de intervención, la calidad y la extensión del servicio.
Calidad del Cuidado Infantil
La calidad del cuidado se puede evaluar a través de rasgos estructurales del jardín infantil, como la proporción personal-niños, el tamaño del grupo, la educación formal y la capacitación del cuidador. Estas variables son de gran relevancia política, ya que los gobiernos a menudo regulan los programas de cuidado infantil. Por ejemplo, en los países occidentales, una proporción de 3 o 4 bebés por docente suele considerarse un umbral de calidad.
La evaluación de la calidad del cuidado infantil también puede basarse en la observación de conductas que reflejen interacciones positivas entre niños y docentes, o entre los propios niños. Estudios avanzados y controlados han buscado aislar la importancia del cuidado infantil controlando estadísticamente las diferencias de origen familiar.
Numerosos estudios han demostrado de manera consistente que la calidad del cuidado es importante. Los niños que reciben cuidados de calidad tienden a obtener mejores resultados en pruebas de logros y lenguaje, muestran mejores habilidades sociales y presentan menos problemas conductuales. El cuidado infantil también funciona como una intervención para niños de familias de alto riesgo.

Riesgos y Beneficios en Sectores Vulnerables
Si bien existe una creciente evidencia de que la cantidad de horas en el jardín infantil puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de problemas conductuales, incluyendo la agresividad, la literatura no es completamente consensual al respecto. Algunos investigadores vinculan estos riesgos específicamente al cuidado infantil, mientras que otros no han logrado replicar estos hallazgos. El estudio del NICHD encontró que un mayor tiempo en cuidado no parental durante los primeros cinco años de vida se asociaba con una mayor externalización de conductas problemáticas, como agresividad y desobediencia, y conflictos con adultos a partir de los cuatro años y medio. Sorprendentemente, estos hallazgos no variaban significativamente según la calidad del cuidado. Es importante notar que estos efectos son relativamente pequeños, la mayoría de los niños con jornadas prolongadas no presenta problemas de conducta, y la dirección de la causalidad no siempre es clara, ya que los padres con niños con conductas más problemáticas podrían inscribir a sus hijos por más horas.
Tanto el sistema formal como el jardín infantil presentan ventajas y desventajas. Existe evidencia sistemática que sugiere que los servicios con mayor número de niños pueden suponer un riesgo para la salud. La conclusión principal es que los efectos del cuidado infantil son complejos y varían fundamentalmente según la calidad del servicio. En otras palabras, si el cuidado representa un riesgo, protege de hogares vulnerables o fomenta resultados de desarrollo adecuados, dependerá de su calidad.
Se ha observado que las diferencias individuales entre los niños, como el temperamento, la curiosidad, la capacidad cognitiva y el género, podrían influir en cómo cada niño vive la experiencia del cuidado infantil, aunque se requiere más investigación al respecto. En la mayoría de los estudios, los factores familiares suelen ser mejores predictores del desarrollo infantil que las variables relacionadas con el cuidado. Por ejemplo, un programa de calidad puede neutralizar la influencia negativa de la depresión maternal en el desarrollo emocional y social del niño.
Los jardines infantiles de calidad fomentan el desarrollo social, lingüístico e intelectual de los niños. Sin embargo, la mayoría de los niños no accede a programas de excelencia debido a su costo. Esto genera preocupación, ya que la mayoría de los establecimientos no cumple con los estándares de calidad. El Estudio de Cuidado Infantil Temprano del NICHD observó que el 56% de los centros era de mala calidad. Esto no es sorprendente, dado que el personal de los jardines infantiles a menudo no está capacitado y recibe bajos salarios.
En respuesta, las políticas sociales en muchos países occidentales se centran en mejorar la calidad de estos programas, incluyendo la capacitación de docentes y normativas más estrictas para los subsidios, especialmente para niños de familias de escasos recursos. La inversión gubernamental en educación de la infancia temprana y cuidado infantil es crucial para el éxito de estas iniciativas.
Impacto de la Pandemia en Sectores Vulnerables
La pandemia de COVID-19 ha profundizado las brechas existentes en muchos ámbitos, incluida la educación. La educación preescolar ha sido particularmente afectada, con niños de hogares vulnerables mostrando un desempeño significativamente disminuido en comparación con generaciones anteriores. Un estudio realizado en Chile reveló brechas de aprendizaje en casi todas las áreas, a excepción de la función ejecutiva, así como un rezago importante en vocabulario, desarrollo general y socioemocional.
Este estudio, desarrollado por Fundación Educacional Choshuenco, Protectora de la Infancia y Fundación Liguria, y ejecutado por el Centro de Estudios y Encuestas Longitudinales (CEEL) de la Universidad Católica, analizó el impacto de la pandemia en niños y niñas vulnerables de 3 a 4 años. Los resultados indicaron un desempeño muy disminuido en comparación con generaciones anteriores, afectando áreas clave para el desarrollo infantil.

Previo a la pandemia, la cobertura de Educación Parvularia en Chile era del 50%, lo que significa que solo la mitad de los niños en edad de asistir a educación inicial estaban matriculados. La educación inicial es fundamental para el desarrollo cerebral en la primera infancia, sentando las bases para el bienestar emocional, la competencia social, las habilidades cognitivas y el desempeño escolar futuro. Sin embargo, la pandemia interrumpió este proceso para miles de niños, especialmente aquellos en hogares vulnerables, debido a la implementación de modelos de educación a distancia, para los cuales muchos centros educativos carecían de recursos.
El estudio de la UC es pionero en mostrar objetivamente el costo de esta interrupción en los segmentos más vulnerables. Se observaron puntajes promedio significativamente menores en desarrollo general y lenguaje en comparación con niños evaluados antes de la pandemia. Las brechas en lenguaje, en particular, fueron significativas, incluso al comparar con grupos de niños de comunas prioritarias o que asistían a jardín infantil en estudios previos.
En el área socioemocional, los niños evaluados a fines de 2020 presentaron resultados significativamente distintos, indicando una mayor presencia de problemas socioemocionales. Curiosamente, en la función ejecutiva, los niños evaluados en 2020 obtuvieron resultados significativamente superiores en comparación con los evaluados en 2017. Esto sugiere que, si bien la pandemia afectó negativamente varias áreas del desarrollo, pudo haber habido un impacto positivo o neutro en las funciones ejecutivas.
La investigadora Alejandra Abufhele destacó que, si bien se sospechaba de pérdidas en el desarrollo, los efectos observados son importantes y tendrán repercusiones a largo plazo. El confinamiento, aunque en el hogar, se dio en un contexto de estrés para los padres, lo que, sumado al tiempo de pantalla y la falta de contacto social, afectó a los niños.
David Bravo, director del CEEL, enfatizó que las brechas en el desarrollo se asientan a los cinco años, antes de entrar al colegio. La educación en jardines para niños vulnerables, si es de calidad, es determinante, y la pandemia golpeó duramente a estos grupos. La subsecretaria de Educación Parvularia, María Jesús Honorato, señaló que el estudio es un aporte valioso para enfocar el trabajo futuro, especialmente en la recuperación de habilidades lingüísticas y socioemocionales.
La urgencia de un plan para recuperar los efectos de la pandemia en la primera infancia es clara, ya que cada retroceso es más difícil de recuperar. El plan "Chile Recupera y Aprende" del Ministerio de Educación se enfoca en habilidades prelingüísticas. Si la situación de suspensión de clases continúa, las diferencias podrían incrementarse, ya que los niños de mayores ingresos tendrán mejores condiciones y estímulos en sus hogares, mientras que otros sufrirán un impacto negativo.
En este contexto, los jardines infantiles, con protocolos sanitarios adecuados, pueden funcionar como ambientes protectores. Si bien la prioridad es abrir jardines infantiles, esto debe hacerse resguardando la salud de profesores y alumnos, y en la medida que las condiciones sanitarias lo permitan.
Beneficios de la Educación Parvularia y Desafíos en Chile
La primera infancia ha ganado creciente relevancia a nivel nacional e internacional. Investigaciones en diversas disciplinas resaltan los beneficios de una estimulación temprana adecuada para el desarrollo, el aprendizaje futuro, el éxito escolar y el desempeño en la adultez. Si bien el hogar es el entorno natural para la estimulación, cada vez más familias recurren a centros educativos externos. En Chile, un porcentaje considerable de menores de tres años y la mayoría de los niños entre cuatro y cinco años asisten a establecimientos de educación parvularia.
La evidencia científica coincide en que la asistencia a centros de educación parvularia de buena calidad se asocia con logros cognitivos, lingüísticos, académicos y socioafectivos. Existe consenso en que asistir a algún centro educativo a partir de los tres años de edad es positivo. Sin embargo, con niños menores de tres años, la evidencia es más controvertida. Algunos estudios sugieren efectos positivos de centros de alta calidad en menores de dos años, mientras que otros advierten sobre riesgos en el desarrollo futuro asociados a la asistencia a jornada completa desde el primer año de vida, y un aumento de problemas socioemocionales y conductuales en la adolescencia con mayor cantidad de horas en el jardín infantil.
Corto sobre el esfuerzo y el poder transformador de la educación
Estudios en Chile han arrojado resultados variados. Algunos compararon lactantes asistentes a sala cuna con niños cuidados en casa, observando que, si bien los asistentes a sala cuna partían con un déficit mayor, ambos grupos disminuyeron sus puntajes de desarrollo tras seis meses, sugiriendo un contexto desfavorable para menores de dos años independientemente de la asistencia a educación parvularia. Otros estudios concluyeron que menores de tres años asistentes a sala cuna y jardín infantil alcanzaron niveles de desarrollo y aprendizaje similares a sus pares que permanecieron en casa.
Una revisión sistemática nacional indicó que el beneficio en menores de dos años depende del contexto; en situaciones de vulnerabilidad, los niños podrían beneficiarse del cuidado externo, especialmente si incluye visitas domiciliarias. Estudios cualitativos sobre la opinión de madres chilenas de sectores populares revelan desconfianza en enviar a sus hijos menores de dos años a centros preescolares, prefiriendo el cuidado de abuelas o hermanos mayores. Más de la mitad de las madres de lactantes menores de un año no utilizaría un servicio de cuidado externo, incluso si fuera de buena calidad.
Calidad Educativa y Variables Familiares
La calidad de un programa parvulario se asocia estrechamente a su efecto en el desarrollo y aprendizaje infantil. La calidad abarca factores estructurales (formación del personal, proporción niños/adulto, infraestructura, materiales, tamaño de grupos), orientaciones (creencias y valores de los adultos) y proceso (interacciones entre niños, adultos y materiales). La relación del establecimiento con las familias también es un componente crucial de la calidad.
Prácticas pedagógicas como el trato directo con el niño, los estímulos en diversas áreas del desarrollo, la interacción positiva adulto-niño, la reciprocidad en la elección de actividades, el tono y clima de la interacción, la interacción entre párvulos, la participación de los niños y la inclusión familiar, se asocian teóricamente con el desarrollo y aprendizaje infantil. Estudios han demostrado que agentes educativos con grupos pequeños, baja proporción niños/adulto, actitudes no autoritarias y ambientes educativos estimulantes promueven interacciones positivas.
Los factores de proceso tienen un efecto modesto en los resultados de los niños, con asociaciones más fuertes en niños pequeños y en resultados académicos y de lenguaje. Para generar un efecto positivo significativo, la calidad del programa parvulario debe ser sobresaliente. Esto explica por qué un alto porcentaje de intervenciones estudiadas no muestra efectos significativos en el desarrollo infantil.
Las variables familiares, como la escolaridad y ocupación de los padres y el nivel socioeconómico, se asocian fuertemente con el desarrollo infantil. Niños en sectores de pobreza tienden a alcanzar menores niveles de logro. La evidencia muestra que niños de sectores vulnerables a menudo reciben una educación de baja calidad, un impacto mayor si provienen de familias vulnerables. Incluso un programa de calidad excelente puede no impactar en niños que experimentan estrés tóxico debido a problemas ambientales o familiares severos, pobreza extrema, abuso o violencia intrafamiliar.
Varios estudios con menores de tres años han destacado que el efecto de las variables familiares es mayor que el de las variables del centro educativo. La influencia familiar no se reduce ni cambia ante la asistencia a establecimientos de cuidado externo. Incluso a los siete años, las variables familiares predicen el desarrollo infantil de manera más fuerte que las variables del centro educativo. La calidad educativa del ambiente familiar se relaciona directa y consistentemente con el desarrollo de funciones cognitivas en preescolares.
A pesar de la importancia de las variables familiares, la educación parvularia afecta el desarrollo y aprendizaje de niños pequeños, especialmente aquellos en situación de pobreza. Los niveles de educación parvularia en Chile incluyen Sala Cuna Menor (85 días a 12 meses), Sala Cuna Mayor (1 a 2 años), Medio Menor (2 a 3 años), Medio Mayor (3 a 4 años), Transición Menor (4 a 5 años) y Transición Mayor (5 a 6 años). La investigación ha examinado el efecto de la asistencia a los primeros cuatro niveles y el efecto diferencial de asistir desde los tres años.
Un estudio longitudinal cuasi-experimental con grupo de comparación examinó el efecto de asistir a jardines de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (JUNJI) en Chile desde los tres meses hasta los cuatro años. Se encontró que alrededor del 80% de los niños cursa un desarrollo normal, independientemente de si asisten a jardines JUNJI o permanecen en casa. Asistir desde los tres años tendría un efecto positivo en el desarrollo infantil. La calidad de las prácticas pedagógicas en lactantes y la actitud didáctica familiar explicarían en mayor medida el desarrollo de los párvulos.
Sin la pandemia, la situación no era radicalmente diferente, pero se le daba menos importancia. Dado que la razón principal para no enviar a los niños a jardín es la percepción de que "no lo creen necesario" (77% de los casos), el Estado debe intervenir. Apoyar a las familias, capacitarlas y empoderarlas sobre la importancia del juego, la estimulación y la educación temprana puede generar una base sólida de oportunidades para los niños. Para aquellos que no desean llevar a sus hijos al jardín hasta que exista una vacuna, se propone una estrategia de visitas domiciliarias personalizadas para niños de dos años del 20% más vulnerable, así como esfuerzos redoblados para zonas rurales e insulares. El trabajo virtual, a través de videollamadas, ha abierto nuevas oportunidades, y estos niños deben ser una prioridad nacional. La voluntad política y la asignación de recursos son esenciales para asegurar que el futuro de Chile, la primera infancia, reciba la atención que merece y se aborde la "condena de cuna" que afecta al país.