La llegada a la tercera edad a menudo se interpreta como un período deprimente, solitario y nostálgico, lo que puede ser producto de los cambios sociales con una población envejecida y un sistema que no protege la calidad de vida de quienes finalizan su vida laboral y productiva, ni fomenta su reconocimiento. Es fundamental reconocer que todas las personas, sin importar su edad, tienen el derecho inherente a vivir dignamente y ser reconocidas como sujetos de derechos. La invisibilización de las personas mayores se hace aún más patente cuando se aborda la sexualidad y el ejercicio de los Derechos Sexuales.

El Envejecimiento Poblacional y la Sexualidad
El envejecimiento poblacional es un fenómeno demográfico del siglo XXI que afecta a nivel mundial, incluyendo a América Latina y El Caribe, donde actualmente el 13,4% (88,6 millones) de la población tiene 60 años o más. A escala mundial, las personas mayores de 65 años representan el grupo etario de mayor crecimiento, alcanzando el 9,54% de la población para el año 2022. Sin embargo, se prevé que vivirán más años en condiciones de vida precarias, es decir, en peor condición de vulnerabilidad y fragilidad, lo que indica que las sociedades y los modelos de desarrollo no estarían preparados para afrontar esta situación, generando altos costos personales, familiares y colectivos.
Envejecer es un proceso natural y universal que no es uniforme, ya que está determinado por las relaciones con el medio social, geográfico y ambiental, y depende de características socioculturales, familiares y personales conectadas con el espacio donde se nace, crece, se determina la identidad sexual y el origen étnico, entre otras. Este proceso de envejecimiento impacta la sexualidad en el curso de vida de las personas. La sexualidad es un aspecto fundamental que existe desde el momento en que nacemos hasta que morimos, y es crucial reconocer que las personas mayores no dejan de ser seres sexuales y necesitan acompañamiento y abordaje acorde al período de la vida en que se encuentran.
Definición de Sexualidad y Salud Sexual
La sexualidad se entiende como un elemento central de intimidad, compañía y bienestar; que engloba las nociones de sexo, identidad de género, roles, orientación sexual, erotismo, placer, intimidad y reproducción. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la sexualidad es un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida, y se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. Puede incluir todas estas dimensiones, aunque no todas se vivencian o expresan siempre. Está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.
La salud sexual, según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), se entiende como un estado de bienestar físico, mental y social en relación con la sexualidad, y no es la ausencia de enfermedad, disfunción o incapacidad. Esta concepción requiere un enfoque positivo y respetuoso de la sexualidad y de las relaciones sexuales, la posibilidad de tener experiencias sexuales placenteras y seguras, libres de toda coacción, discriminación y violencia. Es decir, los derechos sexuales de todas las personas deben ser respetados, protegidos y ejercidos a plenitud.
Derechos Sexuales y Personas Mayores
Los derechos sexuales son entendidos como la capacidad de tomar decisiones informadas sobre nuestro cuerpo. Naciones Unidas indica que estos abarcan ciertos derechos humanos reconocidos tanto por leyes nacionales como por documentos internacionales, e incluyen poder ejercer la sexualidad de manera independiente de la reproducción, vivir una vida libre de discriminación respecto a la vida sexual de cada persona, contar con acceso a una Educación Integral de la Sexualidad efectiva, y a servicios médicos de calidad y dignos, entre otros.
Aprender a envejecer - Derechos sexuales de los adultos mayores (22/11/2022)
A pesar de la relevancia de la sexualidad para el bienestar humano, esta está ausente de manera explícita en las consultas y atenciones sanitarias que reciben las personas mayores. Revisiones sistemáticas reportan que profesionales de la salud no están capacitados para apoyar a personas mayores en aspectos relacionados con su intimidad y vida sexual. La mayor parte de ellos no han recibido la orientación ni la capacitación necesaria para reconocer y abordar eficazmente las disminuciones de la capacidad intrínseca. En consecuencia, una recomendación global es fortalecer la formación del personal sanitario y el desarrollo de políticas públicas como estrategias para contribuir al bienestar de las personas mayores. La capacitación debe orientarse hacia la comprensión de la diversidad de manifestaciones de la individualidad, desafiando a desarrollar formas de abordaje e indicadores para caracterizar el fenómeno desde la integralidad, tal como lo declaran la OMS y la OPS, e incorporarlas a herramientas como la ficha clínica.
Mitos y Estigmas sobre la Sexualidad en la Vejez
Diferentes estudios mencionan la existencia de mitos asociados a la sexualidad en la vejez. Ricoy-Cano et al. encontraron que mujeres con baja educación e ingresos económicos reducidos eran educadas y obligadas a satisfacer sexualmente a los cónyuges, exacerbado por la influencia y estigmatización de ideas religiosas o estereotipos de género. Bortolozzi y Ramos reafirman la visión social de "asexualidad" en este ciclo vital, resultado de una historia regulada por códigos y estándares socio-normativos y por mitos o creencias que afectan la salud sexual. Torres y Rodríguez estudiaron personas mayores institucionalizadas y analizaron las causas de la pérdida de libertad de la expresión sexual y el término de la vida sexual para evitar juzgamientos (de la familia y el personal de los centros). En las mujeres mayores que seguían la doctrina de la Iglesia Católica, la finalidad de las relaciones sexuales era la concepción y no el placer. Bortolozzi y Ramos también analizaron la alta vulnerabilidad de las personas mayores a infecciones de transmisión sexual como el VIH/SIDA, quienes poseían escasa información y pérdida de adherencia a las prácticas preventivas.
La OMS ha puesto el acento en el informe mundial de "edadismo", entendido como los estereotipos, prejuicios y discriminación dirigidos contra otras personas o autoinfligidos por razones de edad. El edadismo se observa en instituciones públicas y privadas, que crean y perpetúan disparidades entre grupos sociales, donde los cambios individuales no permiten abordarlo por sí solos. La sociedad y las organizaciones toman conciencia en la actualidad para minimizar los efectos de la discriminación por edadismo o por diferentes condiciones de salud. La existencia de mitos y creencias sobre la sexualidad de las personas mayores son una realidad, asociados a diferencias socioculturales, económicas, etnográficas, educativas y religiosas, entre otras.
La Situación en Chile
Demografía y Legislación
En Chile, según las proyecciones realizadas sobre la base del Censo 2017, el número de personas de 65 años y más en 2019 llegó a 2.260.222, y para 2035 se prevé un aumento de este grupo etario, llegando a ser el 18,9% del total de la población. Para ese momento, es fundamental haber alcanzado el objetivo de mejorar la calidad de vida de los adultos mayores, reconociéndoles como sujetos de derechos, lo que incluye la visibilización y el respeto de todos los aspectos de sus vidas y necesidades. Chile enfrenta un fenómeno similar de envejecimiento poblacional, sumado a un descenso de la mortalidad y de las tasas de fecundidad, una caída de la natalidad, un aumento en la esperanza de vida y el número bruto de población general. Desde 2010 se registra una etapa avanzada de envejecimiento poblacional con un incremento de 3.449.362 personas mayores, es decir, el 18% de la población. Según el Censo 2017, para 2050 se proyecta que por cada 100 menores de 15 años, habrá 176 mayores de 64 años.

La legislación chilena, a través de la Ley N° 19.8281, califica como persona mayor a mujeres y hombres que hayan cumplido los 60 años. Sin embargo, el indicador mencionado se sustenta en la edad cronológica, atribuyéndole al envejecimiento un aspecto negativo. Esto se contrapone con la evidencia disponible que muestra diversidad de vejeces, no solo de comportamientos, sino de grados de dependencia o autonomía, mientras que la edad cronológica se asocia vagamente con niveles de funcionamiento. El gobierno de Chile promulgó en 2017, mediante el Decreto 162, la Convención Interamericana sobre la protección de los derechos humanos de las personas mayores. Este instrumento propone entre sus objetivos y metas para cada uno de los ejes protección de derechos humanos, participación social, educación e inclusión social. También incorpora el acceso a servicios de salud integrales para preservar la funcionalidad y autonomía, junto con posibilitar que las personas mayores disfruten de ambientes físicos, sociales y culturales sanos. Esto se traduce en planes de salud y educación, además de programas de los Ministerios de Salud y de Desarrollo Social, coordinados y supervisados por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA). Este servicio, creado en 2002 con la Ley 19.828, establece en su Artículo 3° que “se encargará de proponer las políticas destinadas a lograr la integración familiar y social efectiva del adulto mayor y la solución de los problemas que lo afectan”. Por otra parte, el Servicio Nacional del Adulto Mayor, apegado al modelo de desarrollo vigente de estado subsidiario, no se encarga directamente de la ejecución de las políticas, sino que actúa mayormente como intermediario o facilitador de la ejecución por el sector privado y otros actores sociales a través del mecanismo de tercerización o fondos concursables, tal y como se establece en el artículo 3 de la Ley 19.828.
Sexualidad y Calidad de Vida en Personas Mayores Chilenas
En Chile, según la quinta encuesta nacional de calidad de vida en la vejez, cerca del 60% de las personas mayores de 60 años o más consideran que la vida sexual es importante; donde un 50,1% de los hombres y un 22,5% de las mujeres señalaron tener una vida sexual activa, en especial los que vivían en pareja (54,8%). Es aceptado que una vida sexual activa disminuye el riesgo de mortalidad y el estrés, fomentando apoyo y compañía, además de ser un factor de protección de la salud mental y psicológica.
Existe una relación entre la sexualidad y calidad de vida sexual, influida por diferentes factores biopsicosociales. A la vez, la evidencia demuestra la relación entre calidad de vida sexual y comorbilidades como causa de insatisfacción sexual. La fragilidad en Chile sería altamente prevalente en esta población, impactando el desarrollo pleno de su vida. La sexualidad es uno de los aspectos que son invisibilizados y poco estudiados. El envejecimiento fisiológico conlleva mayor vulnerabilidad, debido a la disminución progresiva de la capacidad del organismo para adaptarse a su entorno. Asimismo, en el aspecto psicosocial, se produce una transformación y disminución de los roles. Al envejecer ocurren cambios en la imagen corporal que limitan las actividades. En la sexualidad, el envejecimiento se relaciona con aspectos negativos vinculados a creencias, actitudes culturales, cambios hormonales, situaciones médicas, entre otros. Sin embargo, se reporta que amor y sexualidad continúan siendo importantes en la vida del ser humano, a pesar de sus propias percepciones y prácticas respecto a ella, que pueden limitar o favorecer su expresión y disfrute en la vejez.
Estudios destacan que entre 40 y 60% de la población mayor de 60 años es sexualmente activa. La mayoría de los autores reportan que los hombres son más activos sexualmente que las mujeres, y que la mayoría de las personas adultas consideran que su vida sexual debe ser además de activa, satisfactoria. Se presenta mayor satisfacción sexual en personas entre 65 y 75 años que están en una relación, cuando existe equilibrio favorable entre recompensas sexuales, como aspectos emocionales positivos vinculados con la relación, y costes negativos, como aspectos físicos asociados a la actividad sexual, o tener problemas de salud. Freak-Poli concluye que personas mayores no institucionalizadas presentan un menor deterioro físico y una mayor participación en actividades sexuales. Ello se asocia a un menor deterioro cognitivo. Existe consenso en que personas evaluadas por déficits relacionados con fragilidad, pueden beneficiarse de una valoración de la salud sexual como aspecto importante del bienestar y calidad de vida.
Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) para la Educación Sexual
El acceso a las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) de las personas mayores en Chile muestra un aumento cercano al 40% desde 2013 a la fecha; donde el 50% se ubica entre 60 y 69 años, con educación media y universitaria. Se describen otros factores que influyen en el uso y acceso a la información de salud (edad, género, ingresos, situación laboral, nivel de educación, país o lugar de residencia). Lo anterior muestra el vacío investigativo que existe en la sexualidad de las personas mayores, relacionado con la entrega de contenidos formativos e informativos por trabajadores o equipos de salud a través de medios digitales, en tanto existe una creciente necesidad de visibilizar la sexualidad en este grupo en particular.
Según Navarro E, existe interés en utilizar nuevas tecnologías de información y comunicaciones orientadas a educar a las personas mayores, lo que incentiva a innovar en procesos de enseñanza-aprendizaje. Para Cardozo et al. el diseño de prototipos con interfaz adaptado a las necesidades de las personas mayores, permitió mejorar la interacción con las redes sociales por medio de tablets. Las redes sociales para Airola E son un importante habilitador para el aprendizaje y uso de tecnologías como eSalud, donde pares y funcionarios de la salud cumplen un rol vital. Sin embargo, se han identificado barreras para el uso de tecnologías que se relacionan con el nivel educativo de las personas mayores y con el aprendizaje de nuevas tecnologías. La evidencia también mostró la importancia y efectividad de las tecnologías en entornos rurales. Las innovaciones en tecnologías digitales son útiles cuando se superan los problemas de conectividad, lo que mejora la vinculación con el medio social, comunitario y familiar a través de redes sociales e innovaciones con tecnología robótica e inteligencia artificial.
Existe una brecha de investigación y producción científica con déficit en materias de tecnología orientada a la educación de las personas mayores, con falta de inversión en innovación y evaluación de soluciones tecnológicas. Hay escasas intervenciones en personas mayores que promuevan el envejecimiento activo y saludable con nuevas tecnologías, además de posibilitar el aprendizaje, la memorización y la construcción de habilidades específicas. En entornos rurales, el acceso a tecnologías mejora la vida diaria, promueve actividades sociales, actividad física y envejecimiento positivo, entre otros.
Investigación y Desarrollo de Políticas Públicas
Al confrontar los resultados encontrados con los objetivos y pregunta de investigación, se pudo conocer investigaciones con evidencia actualizada respecto de diferentes aspectos de la sexualidad de las personas mayores. La sexualidad en la adultez mayor es un tema emergente a nivel mundial, que debe ser parte de políticas públicas en salud, ya que se relaciona con el bienestar y la calidad de vida sexual de las personas mayores. Las innovaciones tecnológicas son en la actualidad parte de la vida diaria de las personas mayores. La investigación demuestra la escasa evidencia que existe sobre prácticas educativas en temas de sexualidad en la vejez por parte del personal sanitario. Esta brecha aumenta con el bajo desarrollo tecnológico en el área. La práctica laboral de los profesionales de las ciencias de la salud debe mejorar en el primer nivel de atención.
Los desafíos del Siglo XXI relacionados con las personas mayores cobran fuerza en medio de una creciente complejidad social. En este contexto, las universidades y los sistemas sanitarios de los países tienen el desafío de generar políticas públicas acordes al aumento de las expectativas de vida de las personas mayores. Esto es para mejorar la calidad de vida y el bienestar biopsicosocial, donde la salud sexual debe ser tomada en cuenta como un derecho humano para este grupo etario. Por lo anterior, es necesario poner en la agenda social el tema de la sexualidad de las personas mayores como parte de las políticas de envejecimiento activo y saludable.
Comparativa Regional de Políticas de Salud Sexual
Un estudio comparativo sobre la política de salud sexual y reproductiva en adultos mayores entre México y Colombia revela diferencias en la intervención gubernamental. Colombia ha implementado acciones gubernamentales para atender la sexualidad de los adultos mayores, principalmente porque el gobierno ha integrado a la agenda pública el enfoque de prevención respecto a los costos sociales, económicos y políticos del envejecimiento poblacional y la salud sexual geriátrica. En contraste, México muestra un retraso en la materia, ya que la política de salud sexual y reproductiva se ha centrado en adolescentes y mujeres, excluyendo a los grupos de población envejecidos.
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