La Comisión Verdad y Niñez Inicia Recolección de Testimonios en Centros de Internación
En una etapa crucial para la investigación de posibles vulneraciones de derechos en la infancia, la Comisión Verdad y Niñez ha iniciado visitas a los Centros de Internación Provisoria (CIP) de San Bernardo y San Joaquín. El objetivo principal es recoger testimonios de jóvenes que deseen aportar antecedentes relevantes al proceso, permitiéndoles relatar experiencias de eventuales vulneraciones de derecho durante su infancia.
La directora del Sename, María Eugenia Fernández, enfatizó la importancia del trabajo colaborativo que se ha venido desarrollando junto a la Comisión Verdad y Niñez. Expresó la total disposición del Sename para colaborar en todo lo necesario, reconociendo el profundo dolor que los hechos del pasado generan en la institución. "Como institución nos duele profundamente lo que sucedió en el pasado, y sabemos que como Estado tenemos la responsabilidad de contribuir a esclarecer la verdad y reparar el daño", afirmó Fernández.
En este sentido, se han abierto las puertas de los centros para que jóvenes y adolescentes del sistema de justicia juvenil puedan compartir sus historias de niñez. "Por eso, abrimos las puertas de nuestros centros para que jóvenes y adolescentes que hoy están en el sistema de justicia juvenil puedan contar su historia de niños y ser parte de este proceso", señaló la directora. Añadió que este acto se realiza con humildad y la convicción de que las vulneraciones ocurridas no representan el trabajo de toda una institución, pero sí interpelan a la sociedad en su conjunto.
Por su parte, la presidenta de la Comisión Verdad y Niñez, Soledad Larraín, subrayó el derecho inherente de cada niño, niña o adolescente a dar su testimonio si ha sufrido violaciones a sus derechos humanos bajo custodia del Estado. "Todo niño, niña o adolescente que haya sufrido violaciones a sus derechos humanos bajo custodia del Estado tiene derecho a dar su testimonio", declaró Larraín. La Comisión se compromete a llegar a los centros de justicia juvenil para ofrecer este espacio a quienes lo deseen, agradeciendo la colaboración del Sename que posibilita el acceso a la verdad y la memoria.
La Historia de Andrés: Una Vida Marcada por la Institucionalización y la Falta de Apoyo
El relato de Andrés, un joven de 19 años, ilustra las profundas cicatrices dejadas por una vida marcada por la institucionalización desde la infancia. Tras cumplir la mayoría de edad en plena pandemia, se encontró en situación de calle, durmiendo en un albergue municipal en Ancud. Su experiencia en el sistema del Sename, desde que era un bebé, lo llevó a una situación de indefensión al egresar del sistema sin alternativas.
Andrés relata su paso por diversos hogares del Sename en Quellón, Ancud, Puerto Varas y Osorno, sin haber conocido Santiago ni haber avanzado más allá de primero básico. El abandono escolar se debió a las dificultades de aprendizaje que experimenta, especialmente en lectura y escritura, lo que le genera una gran incertidumbre sobre su futuro y la posibilidad de retomar estudios.
A pesar de las adversidades, Andrés recuerda con afecto a un amigo llamado Jesús, de un hogar en Puerto Varas, quien le brindaba apoyo y compartía sus galletas. Los juegos de infancia, llenos de imaginación y camaradería, contrastan con la dura realidad que enfrentó.
Con un bajo concepto de sí mismo, Andrés expresa sentirse incapaz de realizar tareas básicas, atribuyendo esta falta de confianza a las experiencias vividas. "Yo no sirvo ni para arreglar ni una silla, nada", confiesa, añadiendo que antes tenía más fe en sí mismo, pero esta se ha ido desvaneciendo.
Aunque se declara católico, Andrés ha perdido la fe debido a las continuas desgracias en su vida. A diferencia de otros testimonios, no describe abusos explícitos, pero su relato estremece por la profunda decepción hacia su familia, especialmente su madre, a quien culpa de su situación actual. "Yo creo que por culpa de mi familia, estoy en esta situación. Si hubiera tenido otra familia, estaría en otro lugar, en otro estado", lamenta.
La falta de apoyo real es un tema recurrente en su discurso. A pesar de que algunas personas mostraron interés en ayudarlo, este apoyo era efímero y pronto era olvidado. Andrés se siente incomprendido, ya que a sus 19 años nadie parece notar sus dificultades de aprendizaje y su lucha por mejorar.
Andrés dirige su descontento tanto a su familia como al Sename. A pesar de las promesas de apoyo y educación, afirma que nunca recibió lo que necesitaba. El día de su cumpleaños número 18, tras comer torta, fue dado de alta de la residencia Catalina Keim, un lugar que describe como un infierno, con peleas, alcohol y abusos, donde incluso estuvo a punto de ser apuñalado.
La situación se complicó aún más cuando, tras ser sacado de la casa de su abuela por carabineros, se le diagnosticó una discapacidad que le otorga una pensión estatal, a pesar de sentirse físicamente capaz. "Yo tengo brazos y piernas buenos, tengo mi cerebro bueno, y no sé por qué me hicieron ese diagnóstico", cuestiona.
Vivir en la calle es una experiencia igualmente horrible. A pesar de los robos, asaltos y agresiones, Andrés intenta seguir el consejo de "alejarse y evitar problemas". La palabra "apoyo" es la que más resuena en su mente, junto con la necesidad de estudio, pero la vida le ha deparado solo "miserias y desgracias".
Sus aspiraciones de ser bombero o ingresar a la Armada se ven truncadas por su falta de estudios. El requisito de tener cuarto medio para la mayoría de los trabajos y para el servicio militar le cierra las puertas a un futuro profesional y a la posibilidad de formar una familia.

Análisis Experto: La Crucial Importancia de las Primeras Etapas de Desarrollo
La psicóloga Claudine Litvak, jefa del área de desarrollo de la dirección social del Hogar de Cristo, analiza el caso de Andrés, destacando una vida marcada por la negación de derechos fundamentales. "Este joven ha tenido una vida entera de derechos denegados. El derecho al cuidado, a la estimulación continua, a tener un referente significativo, a la educación… Su vida ha sido una larga y permanente vulneración de derechos básicos", afirma.
Litvak enfatiza la importancia de los "primeros mil días de vida", incluyendo la etapa intrauterina, como un período clave para el desarrollo. La institucionalización de Andrés a los dos años, y la falta de estimulación, cariño y figuras de referencia significativas durante esta etapa crucial, mermaron su desarrollo integral. La especialista señala que la discapacidad cognitiva de Andrés podría ser producto de esta carencia de estímulos, de la falta de derechos plenos o de una condición genética.
La "segunda ventana de desarrollo", entre los 8 y 12 años, también es fundamental, ya que muchos adolescentes en situación de pobreza abandonan el sistema educativo en esta etapa.
Litvak cuestiona la decisión del Estado de no haber puesto a Andrés en adopción o en una familia de acogida, considerando inaceptable que un niño pase tantos años institucionalizado, especialmente antes de los 12 años. La falla de las instituciones fue "total", y su situación actual de calle es una consecuencia lógica de las carencias sufridas. La falta de herramientas para ser independiente, como un oficio o estudios básicos, y la ausencia de redes de apoyo, sumadas a una autoestima mermada, hacen que su exigencia de valerse por sí mismo sea imposible.
La psicóloga lamenta que, a diferencia de jóvenes criados en familias, los más vulnerables son lanzados a la vida independiente a los 18 años sin preparación. El hecho de que Andrés no quiera celebrar más sus cumpleaños, al saber que su protección precaria finalizaba al cumplir 18, "pavimentó su camino a la exclusión y a la situación de calle", concluye Litvak.
Estadísticas y Fallas del Sistema: Un Panorama Preocupante
Según datos del anuario estadístico del año 2020 del SENAME, un total de 6.295 niños, niñas, adolescentes y adultos egresaron de la línea de atención de cuidado alternativo. El 43,6% de estos usuarios permanecieron entre uno y dos años en los centros, y el 26,8% estuvo más de dos años. En promedio, los egresados en 2020 permanecieron 629,4 días en el sistema.
El caso de Guillermina, una adolescente de 16 años, resalta las graves fallas del sistema. Ingresada al Centro de Protección Alborada del Sename, se resistió violentamente al reingreso, y poco después fue encontrada colgada con sus propios cordones. A pesar de sus intentos previos de suicidio, no fue llevada a un hospital para una evaluación médica completa.
La querella presentada por su familia no prosperó, y su muerte, en agosto de 2012, quedó registrada como un "egreso" más del sistema, un término que equipara el fin de la vida de un menor con su escape de un centro o su reinserción familiar.
El sistema está "en estado terminal", según María Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia. La falta de claridad en las cifras de menores fallecidos anualmente bajo tutela del Estado es alarmante. Un informe del Ministerio de Justicia reportó 185 muertes entre 2005 y mayo de 2016, mientras que un reporte de Unicef indicó que la cifra de fallecimientos en 2010 era cinco veces mayor.
El gobierno aclaró que la cifra del Ministerio de Justicia solo incluía a menores del área de "protección", que atiende a menores vulnerados, y no a los infractores de la ley. BBC Mundo analizó los anuarios oficiales del Sename de 2010 a 2014, arrojando 318 fallecimientos, que sumados a otros reportes, elevan el total a 395. Sin embargo, la confiabilidad de estas cifras es cuestionada, ya que un mismo niño que ingresa a distintos programas podría ser contabilizado varias veces.
El diputado René Saffirio, miembro de la comisión investigadora del Sename, señala que el Estado de Chile no cumple con sus compromisos internacionales en materia de infancia y ni siquiera sabe cuántos niños hay en sus establecimientos ni cuántos han fallecido. A pesar de la presentación de un informe con 200 medidas urgentes, ninguna se ha cumplido.
La falta de personal capacitado, quejas por maltratos, sobremedicación y negligencia son problemas generalizados. La sociedad en su conjunto, incluyendo al gobierno, el Legislativo y el Poder Judicial, ha fallado en hacerse cargo de estos niños, los más pobres entre los pobres.

El Factor "Lissette": La Crisis que Puso Rostro a las Vulneraciones
El caso de Lissette, una niña de 11 años que pasó más de la mitad de su vida entrando y saliendo de centros del Sename, se convirtió en el detonante de la crisis por los fallecimientos. Diagnosticada con maltrato físico y psicológico, abuso sexual y abandono, Lissette continuaba escribiendo cartas a su madre pidiéndole volver a casa.
En el centro donde estaba internada, era conocida por sus episodios de rabia. El 11 de abril, durante una crisis, se golpeó la cabeza y se desvaneció. Las cuidadoras, sin conocimientos en primeros auxilios ni estudios superiores, pensaron que era otra de sus "pataletas".
Cuando se dieron cuenta de la gravedad de la situación, intentaron reanimarla y llamaron a bomberos y servicios de emergencia, pero Lissette ya había fallecido. Nuevamente, no se aplicó ningún protocolo acorde con los parámetros internacionales.
La entonces directora del Sename, Mariela Labraña, atribuyó el fallecimiento a una "crisis emocional" por la ausencia de un familiar, una explicación insatisfactoria que le costó el puesto.
El psiquiatra Rodrigo Paz, parte de la querella por la muerte de Lissette, considera que la niña estaba sobremedicada. Se le administraba un fármaco que, en dosis altas, actuaba como antipsicótico, además de antidepresivos que no han demostrado efectividad en niños y que incluso podrían aumentar la agresividad.
La "poca prolijidad" en la manipulación de medicamentos en los centros es generalizada, con stock accesible y problemas de dosificación. El 63% de los niños requieren medicación, y más de 3.000 están sin la debida atención médica especializada.
Chile tiene la tasa de suicidio adolescente más alta de la región y carece de camas para hospitalización psiquiátrica infantojuvenil. Casos como el de Guillermina, con historial de consumo de alcohol, drogas, depresión y embarazo adolescente, evidencian la falta de atención psiquiátrica adecuada, especialmente en regiones.
Formalización por muerte de Lissette: Sename es excluido como querellante | 24 Horas TVN Chile
Búsqueda de Soluciones: Un Camino Hacia la Reparación y la Dignidad
Para abordar la compleja problemática del Sename, se proponen tres pilares fundamentales para una solución definitiva. El primero consiste en la creación de unidades polivalentes con niños adecuadamente medicados y personal especializado que trabaje en conjunto con las familias, en lugar de aislarlas.
El segundo pilar se centra en el objetivo de que los niños regresen con sus familias de origen. Se argumenta que muchos niños son internados por pobreza, y la solución no es separarlos, sino romper el círculo de maltrato intergeneracional, entregando herramientas y acompañamiento a las familias. Se cuestiona la ausencia de niños de los sectores socioeconómicos más altos en el sistema, sugiriendo una posible estigmatización de la pobreza.
El tercer pilar es garantizar una defensa jurídica adecuada para los menores, especialmente para aquellos que llegan a tribunales de familia vulnerados. Se señala una diferencia sustancial con los menores infractores de ley, quienes cuentan con mejores defensores, mientras que los niños en situación de vulnerabilidad son a menudo tratados como un trámite burocrático.
A mediano plazo, el Consejo para la Infancia tiene como objetivo cerrar el Sename y transitar hacia un nuevo servicio. Sin embargo, se enfatiza que los niños no pueden esperar y se requieren medidas urgentes, como vehículos equipados para el transporte de menores.
El proceso de recolección de testimonios por parte de la Comisión Verdad y Niñez es un hito histórico. Las universidades estatales han jugado un rol crucial en la colaboración, incluyendo la gestión de agendamiento virtual y la asistencia en salud mental. La presidenta de la Comisión, Soledad Larraín, destacó el compromiso de las universidades públicas con la verdad histórica y la infancia, invitando a ser parte de un proceso que busca crear memoria colectiva y transformar la historia de la niñez institucionalizada en dignidad.
Las voces de los jóvenes son esenciales para construir una verdad histórica que no solo reconozca el daño vivido, sino que transforme la relación del Estado con la niñez institucionalizada. Los testimonios se reciben en todo Chile por profesionales capacitados, garantizando privacidad y dignidad, de forma presencial, virtual y por escrito. El Ministro de Justicia y Derechos Humanos, Jaime Gajardo, relevó el carácter inédito de esta comisión, que busca saldar una deuda histórica con los niños, niñas y adolescentes que, en lugar de protección, recibieron violencia, invisibilidad y aislamiento por parte del Estado.
Se estima que entre 1979 y 2021, cerca de 700 mil niños, niñas y adolescentes pasaron por el sistema de protección y justicia juvenil, aunque no todos fueron víctimas de vulneraciones.
La noticia publicada por CIPER, "NI UN NIÑO (A) MENOS", resalta la ceguera de la sociedad frente a los derechos vulnerados de los niños institucionalizados. La experiencia de haber vivido 16 años en el sistema, desde los 3 años y medio hasta los 19, evidencia la privación de la paz de un hogar, el derecho a la salud y la ausencia de figuras parentales.
La fundación ECAM (Egresados de Casas de Menores) surge de la necesidad de auxiliar a estos niños olvidados. El "Informe Jeldres" de 2012 detalló las graves fallas del sistema, revelando la vulnerabilidad de la infancia en Chile y la falta de responsabilidad política y moral del Estado.
La sociedad en su conjunto es culpable por negarse a ver la realidad de estos niños. El Estado, al alimentar un sistema que prometió protección y terminó por vulnerar aún más a los más desprotegidos, ha reducido sus oportunidades. Se critica la encapsulación de las violaciones a los derechos de los niños al período 2005-2016, sin considerar todos los datos desde la creación del Sename en 1979.
La jueza de Familia Mónica Jeldres es destacada por su valentía al hacer valer los derechos de los niños, actuando con humanidad y profesionalismo, en cumplimiento del compromiso de Chile al firmar la Convención de los Derechos del Niño en 1990.

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