Amor y Discapacidad: Derribando Mitos y Construyendo Relaciones Plenas

Para muchas personas con discapacidad, puede resultar complicado relacionarse con individuos ajenos a su entorno y familia, hacer nuevas amistades o encontrar pareja. El primer paso para lograrlo es deconstruir los tópicos y los falsos mitos sobre salir con una persona con discapacidad.

Mitos Comunes sobre la Discapacidad y las Relaciones

A continuación, se presentan algunos de los mitos más extendidos sobre las relaciones y la discapacidad, y cómo pueden ser derribados.

Mito 1: Las personas con discapacidad son asexuadas

Este es uno de los mitos más prevalentes. Es cierto que, a veces, algunos de los problemas de las personas con discapacidad pueden ser comprendidos mejor por quienes están en una situación similar o han vivido una experiencia parecida. Sin embargo, la sexualidad es un hecho que nos iguala a todas las personas; todos somos seres sexuados, sexuales y eróticos.

Aunque algunos tipos de lesiones, como las de carácter medular, pueden tener consecuencias en los aparatos genitales masculinos y femeninos, esto no es impedimento para tener una vida sexual plena. Está claro que no todos los cuerpos funcionan igual ni reciben placer del mismo modo, y las parejas deben trabajar juntas esta parte de su sexualidad.

Esquema de las diversas formas de expresión de la sexualidad humana

Mito 2: Las personas con discapacidad no pueden tener hijos

Al igual que ocurre con la sexualidad, muchas personas asocian la discapacidad a la imposibilidad de tener hijos, lo cual es un error tanto desde el punto de vista físico como emocional. Ya se ha abordado en artículos anteriores cuáles son los mitos alrededor de la maternidad y la discapacidad, y cuáles son las principales barreras a las que se enfrentan las personas con discapacidad a la hora de abordar la paternidad.

Mito 3: Las personas con discapacidad no pueden tener una vida activa

Las personas con discapacidad pueden tener una vida muy activa: pueden practicar deporte, viajar, salir con amigos, ir al cine, etc. Por suerte, cada vez existen más espacios adaptados (restaurantes, museos, teatros, etc.) y cada vez hay más conciencia sobre la necesidad de eliminar barreras de todo tipo tanto a nivel social como institucional.

Mito 4: Las personas con discapacidad son totalmente dependientes de su pareja o familia

Uno de los grandes miedos al salir con una persona con discapacidad es dar por hecho que los miembros de este colectivo son totalmente dependientes de su familia o de su pareja. El hecho de tener discapacidad no es un impedimento para disfrutar de una relación de pareja sana, estable y satisfactoria a todos los niveles.

Mito 5: La pareja de una persona con discapacidad también debe tenerla

En ocasiones, se cuestiona por qué la pareja de una persona con discapacidad no la tiene. Esta es una idea errónea que necesita ser desterrada, ya que no hay nada en la situación de una persona con discapacidad que indique que su pareja deba compartirla. Una persona con discapacidad va mucho más allá de su diagnóstico.

Tecnología y Redes de Apoyo para el Amor Inclusivo

Con el objetivo de romper estas barreras, en 2017 se lanzó la app “Glimmer”. Esta plataforma virtual nació con el objetivo de ser totalmente inclusiva, por lo que no excluye a nadie. Cualquier persona, con o sin discapacidad, puede usarla, y no está orientada únicamente a encontrar pareja: también puedes usarla para conocer gente y contactar con personas con tus mismas inquietudes. Uno de sus objetivos es derribar los grandes mitos de salir con una persona con discapacidad.

Otra iniciativa es "DigiVi", una aplicación desarrollada por una organización sueca que acompaña a personas con discapacidades mentales o cognitivas. Sira Rehn, de 24 años y con discapacidad intelectual, expresa su entusiasmo: "¡Acabo de empezar a escribirme con una chica! Compartimos los mismos intereses, parece simpática, estoy impaciente por saber qué pasará". En otras plataformas, Sira ocultaba su discapacidad, pero en DigiVi se siente segura. Las funcionalidades se reducen a lo estrictamente necesario: un perfil de usuario, un espacio de discusión y un botón para obtener ayuda.

Magnus Linden, cofundador de DigiVi, explica que "muchas personas con discapacidad quedan excluidas del mundo digital porque suele ser muy complicado". Aline Groh, también cofundadora, destaca que la aplicación protege a los usuarios de la violencia, el acoso y la suplantación de identidad, con moderadores que excluyen a usuarios inapropiados e incluso avisan a la policía si es necesario. La cuestión de la vida afectiva de las personas con discapacidad intelectual o cognitiva, a menudo relegada a la sombra, ha sido narrada en la ficción en los últimos años por series como "El amor en el espectro autista" o "Amar con cada cromosoma", lo que contribuye a visibilizar y normalizar estas relaciones.

Fracaso programado: ¿qué buscan las aplicaciones de citas?

Educación Emocional y Acompañamiento Profesional

El amor es un lenguaje universal que todos comprendemos. Sin embargo, cuando se trata de personas con discapacidad intelectual, la sociedad aún arrastra prejuicios que limitan su derecho a vivir relaciones afectivas plenas. A pesar de los avances en inclusión, persisten ideas erróneas sobre la capacidad de las personas con discapacidad intelectual para establecer relaciones amorosas, como el estigma de "son como niños" y, por tanto, "no pueden tener pareja ni casarse", creencias que son totalmente falsas.

La educación emocional desempeña un papel crucial en el desarrollo de habilidades sociales y afectivas, no solo para las personas con discapacidad intelectual, sino para toda la sociedad en su conjunto. En el Sanatorio Marítimo de Gijón, el equipo de profesionales del centro imparte talleres que buscan dotar a los usuarios de estrategias necesarias para el autoconocimiento y la seguridad en las relaciones. Estos programas sientan las bases para vínculos interpersonales basados en el respeto y la comprensión.

El acompañamiento profesional es esencial para que las personas con discapacidad intelectual puedan desarrollar relaciones afectivas saludables. En el Sanatorio Marítimo de Gijón, se trabaja en la creación de vínculos de confianza entre los usuarios y los profesionales, facilitando la comunicación, ofreciendo apoyo y acompañamiento para fomentar relaciones sanas. En algunos casos, cuando es necesario, una tercera persona hace de mediador para facilitar la resolución de conflictos.

Historias de Amor y Vida en Pareja

El Día de San Valentín es una oportunidad para celebrar el amor en todas sus formas. En el Sanatorio Marítimo, muchas parejas organizan actividades especiales para esta fecha, contando con el apoyo del personal del centro. Algunas disfrutan de citas en un restaurante, otras van al cine, mientras que aquellas que no pueden participar por características personales, cuentan con una cena con baile dentro de las instalaciones. Las historias de amor en el Sanatorio Marítimo son diversas, pero todas tienen en común el amor.

Ejemplos de Relaciones Duraderas y Plenas

  • Malú y Jony: Esta pareja se entiende casi sin hablarse. A través de una mirada, una caricia o un baile, comunican su afecto.
  • Mª José y Efrén: Llevan juntos más de siete años. Se conocieron en el colegio, empezaron siendo amigos y, con el tiempo, surgió el amor entre ellos. Mª José comenta: “Me hace reír, es detallista, cariñoso, se preocupa por mí. Me ayuda en mis malos momentos.”

Es imperativo que, como sociedad, rompamos con los prejuicios que limitan las experiencias afectivas de las personas con discapacidad intelectual. Numerosas parejas, usuarias de ASPAYM en todo el territorio español, han querido compartir sus historias de amor. Cada una de estas historias ha tenido sus circunstancias únicas, sus obstáculos y sus alegrías. Sin embargo, en ocasiones, la sociedad demuestra no estar aún a la altura, imponiendo barreras que van más allá de lo arquitectónico, incluso cuando se actúa con la mejor intención.

Relatos de Amor y Vida en Pareja con Discapacidad

Desde hace 32 años, María Jesús vive con una polimalformación congénita que le provoca una baja estatura, midiendo 97 centímetros. Hace 4 años, conoció por Internet a Antonio. Llevan más de un año casados y residen juntos en Sevilla. María Jesús, que se declara bisexual, considera que las aplicaciones de citas están "a la orden del día". Antonio señala que ella "jamás escondió su discapacidad". Más allá de las barreras arquitectónicas que encuentran a diario, ambos identifican las barreras sociales: "Cuando alguien me conoce ya se espera menos de mí", comenta María Jesús. "Tengo que ganarme la imagen y todo continuamente, luchar siempre con un esfuerzo extra". Para Antonio, su familia siempre ha sido "respetuosa", aunque asume que pudo haber "algún recelo o extrañeza". La reivindicación de María Jesús es clara: "Nos educan pensando que las personas con discapacidad funcional no somos merecedores del sexo ni de lo afectivo. Como si en esa parcela de la vida no jugásemos". Ella afirma que "la vida es un recreo" y que debemos ser conscientes de que "ese patio está abierto para que todos podamos jugar en él".

Fotografía de pareja con y sin discapacidad disfrutando de una actividad al aire libre

La asturiana Carmen, con 23 años y viviendo con espina bífida desde su nacimiento, acaba de finalizar su relación más significativa, que duró unos seis años. "Una compañera mía del instituto me lo presentó", recuerda sobre su expareja. Carmen valora positivamente que su pareja, tan joven como ella, supiera cuándo necesitaba ayuda y cuándo no. Respecto a los estereotipos que enfrentó, Carmen recuerda que con frecuencia "gente muy cercana a él le decía que menuda suerte ha tenido ella de encontrar a alguien que no tenga discapacidad". Ella considera que "para mí es normal, debería quitarse ese miedo de que al final es algo nuestro, y si ya me molesta o me hace daño es que te lo voy a decir".

Chus y José Vicente se conocieron hace 25 años, también a través de Internet. Estos valencianos rememoran lo que para ellos fue, prácticamente, un flechazo: "Casi cuando la conocí lo tuve claro", recuerda José Vicente. El entorno de él reaccionó de maneras diversas. Su familia mostró más preocupación por Chus, "no querían que fuera solo un rollo y luego la dejara". Sus amigos tuvieron un proceso de aprendizaje: "al principio no lo acababan de entender, pero se acostumbraron rápido". Chus, por su parte, recuerda que en demasiadas ocasiones recibe la frase típica: "Si me pasara lo que a ti me moriría".

Desafíos en la Maternidad y la Familia

La pareja de Chus y José Vicente también denuncia la dificultad de la maternidad con discapacidad: "Tener un hijo es complicado", afirman. "No hay carrito de ruedas adaptado para personas en silla". Chus se lamenta de que en su centro hospitalario "había poca preparación en cuestión de paraplejia y lesión medular en el ala de maternidad". A pesar de ello, tuvo la suerte de contar con un baño adaptado y una habitación adaptada.

El primer día de julio de 1999, Lola comenzó a trabajar en el ala de neurocirugía del Hospital Virgen de la Arrixaca. Su contrato de sustitución la llevó a conocer a Juan Carlos, ingresado en planta por un accidente de tráfico. Él tenía lesión medular. Semanas después, Juan Carlos fue trasladado al hospital de su mutua de trabajo, y Lola comenzó a visitarlo con asiduidad, surgiendo así la relación. Un año después, se fueron a vivir juntos. "Nos casamos en 2005 y tenemos un hijo maravilloso, que nació en 2008", asevera Lola. Tras 23 años juntos, no conciben una vida el uno sin la otra. "Nunca me importó su discapacidad", remarca Lola, "Las personas se valoran por lo que son".

Javier y Conchi, ambos de 45 años, se conocieron en 2002, con apenas 25. Poco después de iniciar la relación, un accidente de tráfico causó a Javier una lesión, resultando en paraplejia completa D6. "Únicamente gente muy alejada o muy externa a ella le achacaban que dónde iba con una persona con discapacidad, pero nadie que nos conociera a fondo", recuerda Javier. Su vínculo es "firme y fuerte", sus relaciones íntimas son "sin barrera ni dificultad", tienen un hijo y son "muy felices". "Siempre hemos recibido ayuda y comprensión, incluso exagerada, de la gente", afirma Conchi. "Toda ayuda es bienvenida, aunque a veces sientes que ven tu limitación más allá de donde realmente está". "Tener discapacidad y familia es dificultoso para desplazarse, ir a hoteles donde la habitación esté bien preparada es complicado", asevera Conchi.

Pilar tiene movilidad reducida desde que nació y es una gran dependiente, que jamás pensó en enamorarse, tener pareja y convivir. Vicente vivía a tres calles de ella en Madrid, hasta que Pilar viajó a Murcia y le perdió la pista. En una convivencia de futuros médicos, enfermeras y personas con dificultad motriz, le presentaron a un joven de su localidad. Pilar comenzó a preguntar por Vicente, dando datos, pero el chico la interrumpió: "Ese es un sinvergüenza y un mujeriego, no te puedes fiar de él ni un poquito", le previno. El hombre, claro, era el propio Vicente. De compartir actividades en el grupo de personas con discapacidad a, casi sin darse cuenta, empezar a salir. Sin embargo, la oposición provino de la familia de Pilar: "Cuando le planteé a mis padres que pensaba ir a vivir en un futuro con Vicente, se armó la de Dios", recuerda ella. "Es la única vez que discutí con mi madre, nos dijimos cosas muy feas que nunca deberían haber salido de nuestras bocas". Pilar y Vicente son pareja desde 2005, "sin ninguna discusión seria". Para Pilar, "la clave es la comunicación: hacer todo de mutuo acuerdo y, si no, hacer por separado lo que a cada uno le apetezca".

Desde hace ocho años, Yoli y Salva viven juntos la que para ambos es su relación "más larga y significativa". Ella tiene 46 años, él, 40. Se conocieron a través de Internet: "Él nunca había tenido parejas serias, pero al conocerme a mí, con más experiencias, y tener todo tan claro, le cambié la vida", recuerda Yoli. Aunque continúan encontrando barreras de accesibilidad, ambos coinciden en que los mayores obstáculos residen en las "mentes cerradas" del resto de las personas. "Mucha gente, sobre todo en el trabajo de él, le han dicho: 'Con todas las mujeres que hay en el mundo, ¿cómo te buscas a una en silla de ruedas?'".

Pep y Marta lo tienen claro: en sus 15 años de relación, "la silla ha sido lo más chungo". A sus 35 y 33 años respectivamente, hace un año y cuatro meses su noviazgo enfrentó su mayor obstáculo: un accidente causó en Pep una discapacidad media D10. Sobre inspirar más pena de lo habitual, o sufrir barreras como que les aparquen al lado del coche, admiten que les sucede, pero estando el uno para el otro esas situaciones se diluyen. "Juntos no nos pasa tanto, estamos como en nuestra burbuja", coinciden. El apoyo de su entorno ha sido siempre del 100%: "Si no fuera por ellos esto sería extremadamente difícil", afirma Pep. Pero si ese apoyo del entorno es grande, no lo es menor el que se han brindado el uno al otro. Apoyarse en los diferentes momentos de flaqueza, anteponer las actitudes positivas y no centrarse solo en uno mismo.

Amor Propio y Autodeterminación en el Contexto de la Discapacidad

María Elena Esparza, fundadora y directora de Ola Violeta A.C., señala que en un mundo diseñado para las mayorías, mil 300 millones de personas enfrentan diariamente el reto de navegar la vida con alguna discapacidad. El amor propio, esa "relación íntima con una o uno mismo", se pone a prueba cuando el espejo social refleja constantemente limitaciones en lugar de posibilidades. La construcción de la autoestima en el contexto de la discapacidad es un proceso complejo que se entrelaza con múltiples factores. Las investigaciones indican que el apoyo familiar y social juegan un papel crucial, pero el verdadero cambio comienza con la transformación de narrativas internas.

En México, la brecha de género añade un factor adicional de complejidad. Los especialistas en psicología de la discapacidad señalan que el amor propio se construye sobre tres pilares fundamentales: autoconocimiento, aceptación y autodeterminación. El autoconocimiento implica comprender que la discapacidad es una parte de la identidad, pero no su totalidad. La aceptación no significa resignación, sino el reconocimiento de la propia valía más allá de las limitaciones físicas o intelectuales. Investigaciones en neuroplasticidad y resiliencia demuestran que el cerebro humano tiene una enorme capacidad para adaptarse y encontrar nuevas formas de funcionamiento.

El desafío del amor propio en el contexto de la discapacidad no es solo personal, sino también social. Requiere un cambio de paradigma que reconozca la diversidad funcional como parte natural de la experiencia humana.

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