La Indefensión Aprendida: Un Bloqueo Psicológico ante la Adversidad

En el ámbito de la psicología, la indefensión aprendida, también conocida como desesperanza aprendida o incapacidad aprendida, se refiere a un estado mental y emocional que se manifiesta cuando una persona o animal percibe que sus acciones no tienen efecto sobre los resultados de una situación, por mucho que se esfuerce. Esta creencia en la incontrolabilidad de los eventos puede llevar a una actitud de pasividad y renuncia, incluso cuando existen oportunidades reales para modificar la situación.

Este concepto describe una impotencia mental y emocional que surge cuando los esfuerzos repetidos para cambiar una situación o alcanzar un objetivo resultan infructuosos, llevando a la sensación de que es imposible lograr un cambio, la pérdida de energía y la eventual "rendición".

Orígenes de la Teoría de la Indefensión Aprendida

Martin Seligman y el Experimento con Animales

El término fue introducido por el psicólogo Martin Seligman en los años 70. Seligman observó que animales enjaulados, tras ser expuestos a descargas eléctricas impredecibles e incontrolables, desarrollaban un estado similar a la depresión. En un experimento crucial, a estos animales se les aplicaron descargas eléctricas a intervalos variables y aleatorios para evitar que pudieran detectar un patrón o una forma de evitarlas.

Aunque inicialmente los animales intentaron escapar, pronto percibieron que sus esfuerzos eran inútiles y que no podían evitar las descargas. Así, cuando posteriormente se les dejó la puerta de la jaula abierta, no hicieron nada para huir. Ya no tenían una respuesta evasiva; habían "aprendido" a sentirse indefensos y a no luchar. Este efecto fue denominado indefensión aprendida y fue propuesto como un modelo experimental para comprender la depresión clínica y otros trastornos relacionados con la percepción de ausencia de control sobre los resultados de una situación.

Esquema del experimento de la indefensión aprendida de Martin Seligman con perros

¿Cómo se Desarrolla la Indefensión Aprendida?

La indefensión aprendida no es innata, sino que se desarrolla a través de experiencias repetidas de falta de control sobre las circunstancias. Una forma sencilla de entender este proceso es a través del Cuento del elefante encadenado de Jorge Bucay.

El Cuento del Elefante Encadenado: Un Ejemplo Ilustrativo

En esta historia, un niño se pregunta por qué un animal tan grande y fuerte como un elefante de circo permite estar atado con una cadena a una pequeña estaca que podría levantar sin mayor esfuerzo. La respuesta es que el elefante no escapa porque está convencido de que no puede, de que no tiene recursos para hacerlo. Cuando era pequeño, estuvo atado a esa misma estaca y tiró y tiró durante días, pero no pudo liberarse al carecer en aquel momento de la fuerza necesaria. Tras tantos intentos frustrados, el elefantito aceptó que no era posible soltarse y se resignó a su destino. Aprendió que no era capaz, así que de adulto ya ni siquiera lo intenta.

Este cuento ilustra cómo las personas pueden llegar a esta situación cuando se han enfrentado en repetidas ocasiones a determinadas circunstancias y sus acciones no han logrado aquello que pretendían. A veces, incluso, puede suceder que cuando se consigue el resultado deseado, la persona con indefensión aprendida crea que no se ha producido por sus acciones, sino por puro azar. Las personas pueden aprender a sentirse indefensas en cualquier momento de la vida si las circunstancias son complicadas y difíciles y sus recursos se agotan. La facilidad con la que se puede desarrollar la indefensión aprendida se evidencia al exponer continuamente a la posible víctima a circunstancias adversas, bajándole la moral, sobrecargándola de trabajo y cerrándole el apoyo externo de forma prolongada y reiterada.

Causas y Contextos de la Indefensión Aprendida

La indefensión aprendida puede surgir de diversas situaciones adversas y patrones relacionales. Ante ciertas situaciones, las personas pueden generar patrones de dolor emocional e indefensión aprendida, aunque en la mayoría de las veces viene determinada por las experiencias de la infancia.

  • Violencia y Abuso: Se presenta en contextos de violencia de pareja, violencia doméstica (abuso físico y psicológico dentro del propio hogar) o en una relación tóxica, donde la persona no se siente querida o está con una persona narcisista. La mujer maltratada puede acabar desarrollando indefensión aprendida, perdiendo la fuerza para abandonar a la pareja, y culpándose de su situación. Factores implicados son el ciclo de violencia de género, el abuso o violencia sexual, los celos, el control y la posesión, y el maltrato psicológico.
  • Experiencias de la Infancia: Los niños muy pequeños a los que se les deja llorar repetidamente y no son atendidos, empiezan a dejar de llorar y adoptan una actitud pasiva.
  • Fracaso Continuado en el Ámbito Educativo: La repetición de un estigma durante años, el fracaso continuado en una disciplina o la visión negativa que se tiene en una sociedad con respecto al fracaso, da como resultado la incapacidad artificialmente creada del niño o joven con respecto a una asignatura. Por ejemplo, las personas que suspenden habitualmente los exámenes de una materia, con frecuencia empiezan a sentir que, por mucho que estudien, no van a lograr superarla. A este respecto, Albert Einstein lo tenía claro: “todas las personas somos genios, pero si mides la capacidad de un pez poniéndole a subir un árbol pasará el resto de su vida creyendo que es un inútil”. Esto define cómo el entorno académico, al valorar unas actitudes y desdeñar otras, puede llevar a que un verdadero genio nunca explote sus habilidades.
  • Bullying y Mobbing: Los casos de acoso escolar (bullying) en la escuela y acoso laboral (mobbing) en el trabajo también son ejemplos de indefensión y desesperanza aprendida. Las personas que sufren bullying suelen sentir culpa y dan por válidos los menosprecios. Una persona que depende de un trabajo para vivir y en él sufre mobbing puede generar desesperanza aprendida al no poder hacer nada para salir de esta situación, al no poder huir ni enfrentarse a un superior.
Ilustración de una persona sintiéndose atrapada o resignada en un ambiente laboral hostil

Síntomas y Manifestaciones de la Indefensión Aprendida

La indefensión aprendida se manifiesta a través de una serie de señales y déficits:

  • Ansiedad ante la situación negativa.
  • Bajo nivel de motivación y autoestima, con pensamientos a menudo auto despreciativos.
  • Pasividad y bloqueo: La persona no sabe qué hacer ante la situación.
  • Síntomas depresivos, con ideas y pensamientos recurrentes de desesperanza.
  • Sentimiento victimista y pensamiento de que la situación es causa del destino y, por tanto, no se puede hacer nada para cambiarla.
  • Pesimismo, con tendencia a focalizar la atención en el lado negativo de las cosas.

Estos síntomas se traducen en tres déficits fundamentales:

  1. Déficit Motivacional: Un retraso en la iniciación de respuestas voluntarias hasta que, poco a poco, estas dejan de existir.
  2. Déficit Emocional: Experiencia de ansiedad, angustia, tristeza y carencia de deseos.
  3. Déficit Cognitivo: Dificultad para aprender que una respuesta puede controlar una consecuencia.

La afectación integral no solo abarca estos tres ámbitos, sino también el nivel fisiológico, sumiendo a toda la persona en dicho síndrome.

Consecuencias de la Indefensión Aprendida

La indefensión aprendida puede tener consecuencias profundas en la vida de una persona:

  • Daño a la autoestima: Puede dañar la autoestima, la confianza y la seguridad personal.
  • Delegación de decisiones y objetivos: Acarrea la delegación de decisiones y objetivos, así como la adopción de un rol dependiente.
  • Desesperanza y resignación: La persona se va dejando llevar por las circunstancias y siente desesperanza y resignación, instalándose en una inactividad aprendida.
  • Mayor vulnerabilidad: Se ha relacionado con el pesimismo y la epidemia de depresión infantil.

Superar y Prevenir la Indefensión Aprendida

Al ser un comportamiento adquirido, la indefensión aprendida se puede modificar o desaprender. Para esto, es necesario desarrollar nuevas formas de comportamiento y trabajar la autoestima.

Tratamiento Psicológico: La Terapia Cognitivo-Conductual

Una de las terapias más utilizadas en el tratamiento de la indefensión aprendida es la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC). El objetivo de la terapia psicológica es:

  • Aprender a evaluar las situaciones relevantes de un modo más realista.
  • Aprender a atender a todos los datos existentes en esas situaciones, no solo a los negativos.
  • Aprender a dar explicaciones alternativas a los problemas.
  • Poner a prueba supuestos desadaptativos para poner en marcha distintos comportamientos.
  • Explorarse uno mismo para aumentar la propia conciencia.

En definitiva, el psicólogo o la psicóloga ayuda a la persona a desprogramar la indefensión aprendida, reestructurando sus pensamientos y emociones, al igual que las conductas aprendidas que le impiden dejar de actuar de forma pasiva. De poco ayuda repetirle a la víctima lo que debería hacer o cómo debería pensar, ya que su psique ha consolidado esquemas disfuncionales que la inhiben. Es esencial desestigmatizar a la víctima y, si crees que necesitas ayuda, recuerda que no tienes por qué afrontarlo en soledad.

¿Qué es la Indefensión Aprendida y cómo superarla?

Estrategias Personales para la Superación

Además del apoyo profesional, existen consejos personales para trabajar la indefensión aprendida:

  • Cuida y elige tus pensamientos: Trata de ver las cosas desde otra perspectiva y de ser consciente de los pensamientos negativos y catastrofistas.
  • Trabaja tu autoestima para aprender a quererte más.
  • Cuestiónate las cosas: Si llevas mucho tiempo con las mismas creencias y pensamientos, empieza por cuestionarte qué pasaría si hicieras las cosas de otro modo, busca alternativas.
  • Prueba cosas nuevas y cambia tus rutinas.
  • Busca ayuda en tu entorno de amistades o con un profesional: Hay momentos en los que es necesario saber cuándo acudir a un psicólogo.

Estrategias Educativas y Preventivas para Fomentar la Fortaleza

Para prevenir su aparición o corregirla si ya se ha manifestado, se necesitan técnicas educativas que permitan al niño o adulto adquirir recursos -cognitivos, afectivos y ejecutivos- para enfrentarse a las dificultades que pueda evitar y soportar las inevitables. Esto implica la educación del carácter, la fortaleza, la autorregulación de las emociones, el coraje, el autocontrol, la resiliencia, el optimismo y la mentalidad de crecimiento, que son hábitos que se adquieren mediante repetición.

  1. Seleccionar las experiencias y las informaciones: Ayudar a construir un modelo del mundo que favorezca la fortaleza. Enseñar que los actos tienen consecuencias, que las tareas que se inician hay que terminarlas, que todos tenemos obligaciones y que debemos hacer muchas cosas aunque no tengamos ganas. Han de aprender que unas veces se triunfa y otras se fracasa, y que unas situaciones son alegres y otras tristes. Obsesivamente buscar que el niño se sienta bien y no tenga sentimientos negativos limita su capacidad de resistencia. Los niños necesitan fracasar para aprender a perseverar.
  2. Formación de hábitos: Los hábitos se adquieren por repetición y son una gran ayuda para la acción, facilitándola (creando automatismos) y convirtiéndose en fuente de motivación. Permiten adquirir resistencia para soportar el esfuerzo y la frustración. Resulta útil realizar actividades guiadas y compartidas. La "dureza" (hardiness) es un rasgo de personalidad que funciona como recurso de resistencia ante los sucesos estresantes e incluye un sentido de compromiso, la creencia de poder controlar lo que les pasa y una visión del cambio como un desafío positivo. La "persistencia" se adquiere mediante entrenamiento, aumentando paulatinamente la dificultad de la tarea. El ejercicio físico puede cambiar el temperamento, y los hábitos ejecutivos (fuerza de voluntad, autodisciplina, autocontrol) se aprenden y correlacionan con una mayor salud física y mental en la adultez. Fomentar el autocontrol en la niñez es beneficioso, mientras que la permisividad excesiva puede favorecer personalidades débiles y autoindulgentes.
  3. Los premios: Son una herramienta fundamental para favorecer el aprendizaje de la fortaleza, proporcionando un refuerzo positivo a todas las conductas adecuadas. Es más probable que los individuos con una historia de recompensas por el comportamiento esforzado realicen mayores esfuerzos en el futuro. Puede aumentarse enseñando a las personas a atribuir sus fracasos en la tarea a su falta de esfuerzo y no a su falta de competencia. Los premios están relacionados con el placer, la vinculación social y la ampliación de posibilidades.
  4. Las sanciones: El niño debe incluir en su imagen del mundo una correcta comprensión de las consecuencias de sus actos. La sanción, cuando el niño no hace sus deberes o abandona la tarea, debe tener un carácter de "consecuencia" natural, señalada desde el principio. Es importante que el niño vaya aprendiendo que hay que cumplir las obligaciones y que las normas y sus consecuencias afectan a todos.
  5. El ejemplo: La fortaleza se aprende también por imitación. Si el niño ve que sus padres no claudican con facilidad, soportan el esfuerzo, y se enfrentan a los problemas viendo las dificultades como un reto y no como una tragedia, es muy probable que adquiera esa misma actitud.
  6. Cambiar las creencias: Identificar y modificar las creencias que pueden dificultar el desarrollo de la fortaleza y la capacidad de acción.
Fotografía de una persona superando un obstáculo, símbolo de resiliencia

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