Accesibilidad Peatonal y Territorialización: Un Análisis Urbano y Migratorio

En las últimas décadas, los investigadores se han preocupado cada vez más por los barrios, considerándolos las unidades sostenibles básicas de las ciudades, ya que representan el eslabón entre la ciudad y el individuo. La conformación de una morfología distintiva que define su jerarquía, la unión de actividades que permiten el desarrollo de una cierta autonomía funcional y el establecimiento de relaciones sociales relevantes entre sus habitantes y el territorio son elementos cruciales.

Contexto Urbano y la Relevancia de la Accesibilidad Peatonal

Al observar críticamente los procesos de urbanización en desarrollo en las ciudades intermedias en Latinoamérica, es posible apreciar que el espacio urbano ha evolucionado desde una forma compacta hacia una forma fragmentada y expandida, con importantes cambios en las últimas dos décadas. El rápido crecimiento, la fragmentación de sus periferias y la proliferación de nuevas estructuras residenciales están afectando directamente la vida urbana de sus habitantes.

Como resultado de esta fragmentación, se observa una pérdida generalizada de la escala del barrio, lo que ha provocado una menor accesibilidad peatonal a los servicios, equipamientos e infraestructura, así como una disminución de intercambios sociales y económicos a pequeña escala. En muchas ciudades intermedias, las conexiones de pequeña escala dentro de las redes de movilidad urbana han ido perdiendo importancia. Esta situación ha generado un aumento en la necesidad de mayores traslados y la dependencia del automóvil, lo que a su vez causa problemas de tráfico, entornos poco caminables, contaminación y pérdida de la calidad espacial.

Los gobiernos locales "han dedicado gran cantidad de recursos a la producción de infraestructura para los medios de movilidad motorizada bajo el viejo paradigma de modernidad y progreso, que muchas veces segregan más de lo que conectan". Este paradigma genera que los habitantes no tengan pleno acceso a las diversas redes que conforman la ciudad, dejando al peatón lejos del protagonismo en el desarrollo urbano. Por ello, es preciso avanzar en el desarrollo de nuevas herramientas y metodologías que permitan apoyar un diseño urbano de barrios con mayor orientación peatonal, como eje crucial para direccionar la transformación positiva de estas ciudades hacia un futuro más sostenible.

Se afirma que los barrios con una alta orientación peatonal pueden ayudar a promover un fuerte sentido de comunidad, que se refleja en las interacciones sociales, la vida barrial, las actividades y el apego al lugar. Estos cambios brindan una oportunidad única para estudiar el impacto de la forma urbana, especialmente en ciudades intermedias.

Esquema de las conexiones entre el espacio urbano, la accesibilidad peatonal y el desarrollo comunitario

Conceptos Fundamentales de Accesibilidad Peatonal

La accesibilidad es una de las dimensiones sostenibles más importantes y un tema clave de la teoría urbana durante los últimos sesenta años. Este concepto, comúnmente referido como una propiedad física del entorno, desde la perspectiva de la sostenibilidad se define por "el grado en que es compatible con las necesidades de desplazamiento de los peatones y ciclistas por sobre los conductores de automóviles". Recientemente, los estudios de accesibilidad relacionados con la forma urbana sostenible se han orientado en evaluar los efectos del entorno construido sobre la actividad física y la salud.

Caminar es la forma más antigua de transporte urbano. No es hasta la llegada de las grandes transformaciones en la tecnología del transporte en el siglo XIX, que la mayoría de las ciudades se estructuraron de formas que apoyaban la transitabilidad peatonal. Gran parte de la atención a la movilidad urbana está asociada con la preocupación de que las ciudades dependientes del automóvil no serán sostenibles en el futuro, debido a los costos de energía, la disponibilidad de combustibles, la congestión, la contaminación y otros impactos ambientales.

Por otra parte, diversos autores argumentan que los barrios orientados a los peatones también aumentan el capital social individual y colectivo. El capital social es un término general que mide características como la participación, las redes de colaboración y la confianza de una comunidad, que facilitan las acciones recíprocas y la cooperación espontánea. En comunidades que son altamente caminables, los residentes pueden interactuar con su entorno con mayor regularidad y, por lo tanto, se sienten más conectados y responsables de su comunidad. En ese sentido, un tejido urbano sostenible debería promover un acceso equitativo a los servicios básicos, equipamientos y lugares de trabajo dentro de una unidad territorial a escala menor como un barrio o un distrito, especialmente a personas con movilidad reducida o discapacidad física, o simplemente a aquellos que no poseen automóvil.

Factores Morfológicos y de Diseño en la Transitabilidad

En la literatura, es amplia la discusión sobre los efectos de la forma urbana sobre la accesibilidad y transitabilidad peatonal. Al respecto, muchos urbanistas han abogado por bloques de manzana más pequeños en función de sus aparentes beneficios para la transitabilidad peatonal. Por ejemplo, Leon Krier argumenta que los bloques de manzana en ciudades pequeñas generan mayor diversidad y complejidad en el paisaje urbano, debiendo ser tan pequeños en longitud y ancho como sea tipológicamente viable, y formar tantas calles y plazas bien definidas como sea posible en la forma de un patrón horizontal multidireccional de espacios urbanos. Jane Jacobs sugirió que la mayoría de los bloques de manzana deben ser cortos, es decir, las calles y las oportunidades para doblar esquinas deben ser frecuentes, lo que permitiría más encuentros y mayores interacciones entre las personas.

Sin embargo, las últimas evidencias muestran que estas condiciones no son necesariamente mejores. Investigaciones exploran cómo los tamaños de los bloques de manzana, las dimensiones de la parcela y el ancho de las calles afectan el acceso de los peatones en las tramas urbanas regulares. Los resultados demuestran que las longitudes de los bloques de manzana tienen una relación no lineal con la accesibilidad, en la cual los bloques de manzana más pequeños no son necesariamente mejores para la circulación peatonal, sino que inciden otras consideraciones que incluyen:

  • Presencia de árboles en la calle y aceras anchas.
  • Si las manzanas se enfrentan a estacionamientos, muros ciegos o frentes con fachada de vidrio.
  • Existencia de suficiente conectividad entre las calles y un bajo volumen de tráfico.

Esto ha sido reafirmado por otras investigaciones recientes que han identificado la infraestructura del espacio público por sobre los tamaños de las manzanas.

Otra perspectiva asocia la promoción de la transitabilidad peatonal a parámetros de diseño específicos. Por ejemplo, Whyte señala que una calle verdaderamente caminable tiene una relación sana entre la vida privada o semipública dentro de los edificios y el mundo público exterior. Argumenta que los usos "muertos", como las empresas sin vitrinas, bancos, oficinas, estacionamientos y áreas de almacenamiento o bodegaje con paredes vacías, no deben colocarse a lo largo de una calle pública. Por otro lado, los usos como los quioscos o los restaurantes pueden ayudar a mejorar la transitabilidad de una calle.

Por su parte, Jan Gehl discute problemas en el diseño urbano que pueden contribuir a crear ambientes urbanos que apoyan y mejoran la actividad de caminar. A través de análisis urbanos, Gehl argumenta que caminar por la ciudad deja tiempo suficiente para experimentar todo lo que las plantas bajas de los edificios tienen para ofrecer y para “saborear” la riqueza de detalles e información, siendo la ciudad a nivel de “ojo” la escala más importante para la planificación urbana.

El barrio caminable se ha traducido en una variedad de características medibles con el fin de facilitar la evaluación empírica. Estas medidas se han expandido significativamente en la última década, en gran parte como respuesta al interés en conectar el diseño urbano del barrio con los comportamientos de viaje y los resultados de salud. Ejemplos incluyen el "test de los helados" (un barrio es caminable si un niño de ocho años puede comprar un helado por sí mismo y regresar a casa antes de que se derrita), el "barrio de 20 minutos" de Portland, o la "prueba de Halloween".

En la literatura científica, estos ejercicios lúdicos son sustentados desde el diseño urbano por diversos autores. Se establece que los diferentes tipos de comercio y servicios pueden medirse según la proximidad e importancia para sus residentes (por ejemplo, las tiendas de abarrotes tienen una importancia mayor). Existe un acuerdo general en la literatura científica de que el tiempo máximo que una persona está dispuesta a caminar a un servicio o comercio a nivel de barrio, en promedio, son diez minutos. Estos cálculos se basan en la idea de que los peatones caminan aproximadamente a 4 km/h en promedio, lo que significa que alcanzan 400 m en cinco minutos y 1,5 km en 20 minutos. Una caminata de 30 minutos, o 2,4 km, se considera un "límite superior razonable" para definir la distancia máxima que las personas están dispuestas a caminar, y por lo tanto el tamaño máximo de un barrio caminable.

Estudio de Caso: Accesibilidad Peatonal en Valdivia, Chile

Para el estudio de los efectos de la forma urbana sobre la accesibilidad peatonal, se llevó a cabo un caso de estudio en el sector de la Isla Teja en la ciudad de Valdivia, ubicada en el sur de Chile, siendo una de las ciudades pioneras del desarrollo económico industrial de principios del siglo XX. La Isla Teja es un sector residencial y de servicios, que cubre aproximadamente 15 km² y contiene diversas áreas residenciales.

Mapa de ubicación de la ciudad de Valdivia y de la Isla Teja en Chile

El terremoto de 1960 no solo produjo cambios directos sobre el desarrollo económico y el fin de la actividad industrial en la isla, sino que también generó un cambio del rol productivo a un rol residencial y de servicios. Esos cambios fueron acompañados de variaciones morfológicas, con el descenso de extensas áreas que conforman actualmente humedales considerados santuarios de la naturaleza.

Barrio Santa Inés

El barrio Santa Inés surge en la década de 1980, como un área de carácter residencial, inicialmente enfocada a profesores de la Universidad Austral de Chile. Actualmente, gran parte del barrio corresponde a uso residencial (aproximadamente 96%), y alrededor del 4% es comercial, equipamiento o uso de áreas verdes (un supermercado, estación de bomberos y un pequeño parque). El área tiene una densidad de población de 81 hab/ha y una densidad de vivienda de 29 viv/ha. Se pueden encontrar dos tipologías edificatorias: la vivienda aislada, la cual es la más predominante, y tipologías de vivienda en bloque (8,8% del uso residencial del suelo). La morfología de los lotes es modular y ortogonal, con manzanas regulares que se adaptan al sistema de calles.

Barrio Teja Histórica

El barrio Teja Histórica tiene su origen como una agrupación de diferentes poblaciones para la clase trabajadora obrera durante los tiempos del auge industrial, en la primera mitad del siglo XX. Aunque la mayoría del uso del suelo es de carácter residencial (70%), el barrio es diverso en cuanto a servicios y actividades comerciales. El barrio tiene una escuela primaria, instalaciones deportivas, una plaza pública con áreas verdes, una estación de Carabineros, una peluquería, fruterías, tiendas de abarrotes y una panadería. La densidad de población es de 155 habitantes por hectárea, mientras que la densidad de vivienda es de 63 viv/ha.

La metodología utilizada en esta investigación integra tres métodos para evaluar los efectos de la forma urbana sobre la accesibilidad peatonal, comúnmente utilizados en la literatura científica, combinando aproximaciones cuantitativas y cualitativas:

  1. El método Morpho, elaborado por Oliveira, es utilizado para analizar los patrones escalares del entorno construido y su influencia sobre la transitabilidad, considerando las dimensiones de manzanas y el tamaño del lote.
  2. El método elaborado por Emily Talen para medir la distancia caminable a comercio y servicios locales.
  3. El método People following de la teoría de Space Syntax para evaluar dos aspectos: primero, la relación entre una ruta de movimiento y otra dentro del sistema; y segundo, la distancia que una persona camina entre sus puntos de interés y su elección de ruta.
Diagrama metodológico para la evaluación de la accesibilidad peatonal en barrios

La Experiencia Migrante y la Construcción de Territorios Urbanos

El crecimiento urbano ha implicado también un crecimiento intenso, acelerado, desordenado y complejo, generando un espacio urbano con fuertes desigualdades socioespaciales. En este contexto, los migrantes chilenos han sido actores importantes en la conformación de barrios populares. La geografía, desde distintos paradigmas y con metodologías variadas, ha estudiado la territorialización en espacios urbanos medios, a menudo en procesos de segregación intensa.

Para los migrantes, el espacio urbano es un espacio de vida, de interacción y de pertenencia, y su relación con este es crucial. Los migrantes transforman el espacio donde se establecen, y su capacidad de construir territorios no debe ser ocultada, ya que su apropiación del espacio implica una mayor visibilidad del grupo y ayuda a canalizar su integración en la sociedad receptora.

Raíces Suizas en Tierra Chilena Historia de una Migración

Segregación Socioespacial y Asentamiento de Migrantes

La historia de la migración chilena en Bariloche muestra cómo este grupo se vio, en ocasiones, exhortado a asentarse en zonas marginales, en sectores menos productivos, como parte de políticas que impulsaban un poblamiento “blanco” y de origen europeo. El lago Nahuel Huapi se nutrió a partir de los vínculos Oeste-Este, con las regiones chilenas cercanas. Históricamente, en Bariloche se forjaron concentraciones urbanas basadas en la simpatía socioespacial.

Durante las décadas del '40 y '50, y hasta el pase de jurisdicción del ejido a la Municipalidad de San Carlos de Bariloche, la Dirección de Parques Nacionales tuvo un rol importante, lo que generaba una relación vertical y paternalista entre ambas instituciones. Sin embargo, la especulación inmobiliaria no se detuvo, llevando a un rápido y rentable loteo de numerosos predios. Este proceso llevó a destinar terrenos a futuros planes sociales, una dinámica que se mantuvo a lo largo de las décadas y hoy en día tiene gran vigencia, a menudo ligada a la necesidad de viviendas sociales.

En este proceso de territorialización, los sectores populares fueron desplegando sus estrategias en la misma localidad, a menudo en situaciones de extrema marginalidad. Durante la década del ochenta, el sector Sur y Sudeste de la ciudad presentó características específicas. Los loteos fueron adquiridos por empresas como Compañía Cantegrill S.A. y Compañía Lagos del Sur S.A. y creció intensamente, a menudo mediante la compra directa o financiación. Esto llevó a la consolidación de barrios actuales de chilenos hacia sectores de la periferia.

La percepción que sobre el migrante tiene la sociedad receptora ha sido históricamente negativa, ligada a la auto-marginación y a estratos socioeconómicos muy bajos. Los relatos de vida de migrantes chilenos, como el de un hombre de 53 años que recordaba tener "baño afuera", ilustran las duras condiciones iniciales. Sin embargo, en el correr de los años y con las mejoras en el transporte público, algunas barreras físicas y simbólicas importantes se atenuaron.

Estudios demográficos muestran que la población chilena tiene una concentración mayor que la media de la ciudad en ciertos barrios, como Hue y Arrayanes, evidenciando un proceso de segregación pero también de consolidación comunitaria. La creación de estos barrios a menudo implicó la compra de terrenos con bajos valores inmobiliarios, incluso en antiguos basurales, lo que requirió un gran esfuerzo de limpieza y construcción por parte de los propios migrantes.

Mapa de concentración de población chilena en barrios de Bariloche

Redes Comunitarias y Apropiación del Espacio por Migrantes

La reagrupación de migrantes, conformada por familiares, amigos y connacionales, es un factor clave en su proceso de territorialización. Esta red implica una mayor visibilidad y una más fuerte territorialización. La participación e integración en la sociedad receptora, aunque desafiante, es crucial. Las urgentes necesidades de infraestructura en los barrios, a menudo desatendidas por los gobiernos militares, impulsaron la organización comunitaria.

Las Juntas Vecinales se consolidaron como instituciones clave, y la participación de los migrantes chilenos fue fundamental en su historia. Gracias a estas organizaciones, los migrantes lograron mejoras significativas en sus barrios, como la instalación de agua y el mejoramiento de calles. La comunidad chilena en Bariloche, a través de organizaciones como la Fundación Salvador Allende, también ha generado un espacio de encuentro cultural y político, organizando actividades para reencontrarse como comunidad y atender sus necesidades concretas.

Estos esfuerzos comunitarios han permitido que los migrantes participen activamente en la construcción de los territorios urbanos y los conecten al espacio local, fomentando la creación de un tejido social sutilmente mallado por redes que no existían antes. Las sedes sociales de estas asociaciones, con salones, bares, cocinas y baños, se convierten en importantes centros de vida comunitaria. Se animan en fechas precisas, como el 18 de septiembre (Día de la Independencia de Chile) o en conmemoración del golpe de Estado y suicidio de Salvador Allende, eventos que permiten la venta de comidas típicas, discursos de líderes y expresiones culturales.

La activa participación de los migrantes en estas organizaciones ha fortalecido su posición frente a la sociedad local, facilitando la construcción de territorios mixtos. La solidaridad socioespacial ha sido fundamental para que, a lo largo de décadas de privaciones y lucha, lograran estabilidad residencial y una mayor visibilidad ante la sociedad receptora. Los migrantes, a través de estas acciones, se consolidan como protagonistas en la construcción de los espacios urbanos, mejorando la habitabilidad de sus periferias, hoy consolidadas, y las prestaciones a la vida cotidiana de sus vecinos.

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