La capacidad de los individuos y los hogares para mantener un nivel estable de consumo a lo largo del tiempo, a pesar de las fluctuaciones en sus ingresos, es un pilar fundamental en muchos modelos económicos. Sin embargo, diversas corrientes de pensamiento económico cuestionan esta premisa, señalando factores institucionales, psicológicos y monetarios que contribuyen a una marcada incapacidad para suavizar el consumo en el tiempo. Este texto explora algunas de estas perspectivas críticas.
Introducción al Concepto de Suavización del Consumo y sus Desafíos
La suavización del consumo se refiere a la estrategia de los agentes económicos para distribuir su gasto a lo largo de su vida, ahorrando en periodos de altos ingresos y desahorrando o endeudándose en periodos de bajos ingresos, buscando maximizar su utilidad total. Teóricamente, el dinero fíat permite que los hogares y las empresas reserven su poder de compra para usarlo más adelante, lo cual anula la ley de Say, que postula que toda oferta crea su propia demanda, implicando que el dinero siempre se gastaría.
No obstante, la realidad económica presenta desafíos significativos a esta idealización. Es concretamente la demanda de dinero en tiempos de particular incertidumbre económica -lo que Keynes llamó la preferencia por la liquidez- lo que provoca un déficit de demanda real efectiva. El dinero no es un producto que los trabajadores puedan cultivar u obtener de una mina, sino algo creado a golpe de bolígrafo por los bancos centrales y comerciales. En este sentido, como Keynes señaló: "El dinero en sus atributos importantes es, sobre todo, un artificio sutil para ligar el presente con el futuro; y no podemos siquiera empezar a examinar el efecto de las expectativas cambiantes sobre las actividades corrientes, excepto en términos monetarios." Esta ligazón entre presente y futuro es precisamente lo que se ve comprometido cuando la incertidumbre y otras motivaciones humanas entran en juego, dificultando la planificación óptima del consumo.
Críticas a los Fundamentos Ortodoxos y la Conducta Humana
La incapacidad de suavizar el consumo a menudo se deriva de una comprensión más profunda de la conducta humana y del entorno institucional, que difiere de las simplificaciones de la economía ortodoxa.
La Economía Institucional de Thorstein Veblen
La economía institucional "original" es una escuela de pensamiento estadounidense derivada de la obra de Thorstein Veblen (1857-1929) y de otros autores, como John Commons, Clemence Ayres y Wesley Mitchell, que concebían el sistema económico como parte del entramado institucional que forma parte de la cultura humana y determina el comportamiento en sociedad.
Thorstein Bunde Veblen, nacido en 1857 en Cato, Wisconsin, fue una figura destacada. De ancestros noruegos, estudió en Carleton College y recibió su formación económica en Johns Hopkins University, siendo discípulo de John B. Clark. Tras doctorarse en Yale, se incorporó a Chicago, donde organizó el departamento de Economía y editó el Journal of Political Economy, para luego ocupar cargos en Standford y Missouri. Dedicó los últimos años de vida académica a la New School for Social Research y murió en agosto de 1929 en California, semanas antes del inicio de la Gran Depresión. Pese a cierta fama en el momento de su muerte, su trayectoria académica es un ejemplo del "marginado", del que disiente del enfoque dominante.
Veblen criticó a la economía ortodoxa por basarse en una psicología deficiente, un aspecto crucial para entender el comportamiento de consumo. Consideraba que los seres humanos se guían por instintos y hábitos, siendo el egoísmo apenas uno de ellos. Para él, el lugar que ocupaba el hedonismo en la disciplina económica era una forma "elusiva" de estudiar la complejidad de las motivaciones humanas. Se esforzó por demostrar que el comportamiento humano obedecía a diversos móviles o motivaciones: la emulación, el instinto de trabajo eficaz, la curiosidad ociosa, el instinto de auto-conservación o depredador, y la inclinación parental. Según el tipo y el tema de análisis, hacía más énfasis en uno u otro.
En su obra, Veblen delineó cinco instintos principales que guían al hombre:
- El instinto de trabajo eficaz.
- El instinto de emulación o tendencia a seguir la conducta del grupo de referencia e imitar la de los pares.
- El instinto de curiosidad ociosa o inclinación al saber desinteresado.
- El instinto de inclinación paternal (preocuparse no solo por el propio bienestar presente, sino también por el bienestar futuro de la descendencia).
- El instinto de autoconservación, un símil del egoísmo convencional.
En el estudio de las motivaciones, Veblen recalcó la búsqueda de estatus o estima social (y de autoestima), la fuente del "consumo ostentoso" (un concepto que retomarían R. Merton, P. Bourdieu y J. Braudillard). Esta forma de consumo, impulsada por la emulación pecuniaria, va en contra de la idea de una suavización racional del consumo basada en la utilidad personal, ya que la meta es la exhibición y el mantenimiento de un nivel pecuniario. "Es constante la tendencia a considerar el nivel pecuniario actual como punto de partida de un nuevo aumento de riqueza, y a su vez esto da un nuevo nivel de suficiencia."

El Hombre como Autómata y la Concepción del Cambio
Veblen señaló que la economía recibida concebía al hombre como un ente pasivo sometido a fuerzas externas, como un calculador instantáneo de dolores y placeres. Sujeto a fuerzas que lo dejan inerte y no lo alteran, el individuo solo reacciona a cambios del ambiente. La historia no lo cambia, ni él puede cambiar la historia; es un calculador aislado del contexto, reaccionando como un autómata a las variaciones del ambiente. Esta visión estática del agente económico contradice la complejidad necesaria para una gestión intertemporal activa del consumo.
Para Veblen, la disciplina económica acogía una visión primitiva del cambio, basada en "analogías mecánicas". Incluso bajo la cláusula ceteris paribus, los fenómenos sociales no tienden al reposo, sino que están en movimiento continuo. Dicha visión simplista no permitía entender ni explicar el cambio. Veblen optó, en cambio, por concebir el cambio social como la coevolución entre instituciones y hábitos. Esta dinámica de coevolución, donde comportamiento individual e instituciones se codeterminan, ofrece un marco mucho más complejo que dificulta la anticipación y la planificación perfecta necesaria para la suavización del consumo.
La Perspectiva Poskeynesiana sobre el Dinero y las Expectativas
La escuela poskeynesiana, a diferencia de los modelos neoclásicos o neokeynesianos, no considera un equilibrio macroeconómico estable, negando la posibilidad de un equilibrio que garantice el pleno empleo de manera sostenida. Una de las razones para esto es el propio dinero fíat, que el pensamiento neoclásico ignora al entenderlo como neutral. Para los poskeynesianos, las expectativas de los agentes económicos juegan un papel crucial en la determinación de los niveles de precios y salarios, y por ende, en la capacidad de planificar el consumo.
La inflación, según esta escuela, es principalmente el resultado de las expectativas de los agentes económicos y, más concretamente, el tambaleo de sus expectativas sobre el desarrollo de los salarios nominales debido a un choque lo suficientemente grande. Los agentes económicos no acostumbran a tener expectativas racionales en el sentido neoclásico del término: la gente no digiere la información nueva con una previsión perfecta, pero es plenamente consciente de la incertidumbre inherente a un futuro que es imposible de predecir con exactitud. Esta incertidumbre fundamental y las expectativas no racionales son barreras directas a la suavización del consumo, ya que impiden una planificación precisa. Además, los efectos de los choques económicos permanecen en el sistema, empujando los salarios nominales y los precios de otros insumos, y en consecuencia, el nivel general de precios, hacia arriba y hacia abajo, lo que agrava la dificultad de una planificación estable.
Ortodoxos vs Heterodoxos. Debate epistemológico
El Rol del Crédito y la Creación Monetaria
La disponibilidad y las características del crédito son fundamentales para la capacidad de suavizar el consumo. Nuevas teorías económicas ofrecen perspectivas distintas sobre el origen y la función del dinero y el crédito.
La Teoría del Tiempo Económico (TTE) y la Teoría Económica Subjetiva Solidaria (TESS)
La Teoría Económica Subjetiva Solidaria (TESS) tuvo comienzo en la Teoría del Tiempo Económico (TTE), a su vez derivada de la Teoría de la Relatividad Económica (TRE). La TRE postula que el tiempo económico es el único bien económico que no tiene vida por sí mismo, materializándose siempre en otro bien económico presente. Esta visión recalibra la forma en que entendemos la intertemporalidad en las decisiones económicas.
A diferencia de las teorías vigentes que sostienen solamente la existencia de la entidad dinero, la TTE distingue entre dinero y crédito como formas de moneda. El origen de la moneda es siempre el mercado, sea dinero (Menger) o crédito (Bondone), nunca el Estado. La TTE presenta un nuevo concepto del crédito y su precio: el crédito es el intercambio interpersonal de tiempo económico, por ello su precio es el interés. Se advierte, además, del peligro de confundir el mercado donde se comercia el crédito con el mercado donde se origina-cancela el crédito, una distinción crucial para entender la dinámica de financiación del consumo.
Un proceso de endeudamiento creciente de los agentes económicos y sociales del sistema (familias, empresas, administraciones) va debilitando poco a poco las expectativas de futuro. En el momento en que el endeudamiento se frena y disminuye, o al menos no crece lo suficiente, lo hace también la forma de hacer nuevo dinero, que deja de llegar al sistema. Esta dinámica del crédito y el endeudamiento afecta directamente la capacidad de los agentes para distribuir su consumo a lo largo del tiempo, ya que sus decisiones dependen en gran medida de las condiciones y expectativas sobre la disponibilidad de financiación.
Implicaciones de la TTE para la Distribución y los Ciclos
Según la TTE, los factores de producción incluyen trabajo, capital (natural y creado por el hombre) y tiempo económico, con remuneraciones de salario, renta e interés, respectivamente. El interés, por la TRE, está representado siempre en otro bien económico, lo que lo hace sistemáticamente dependiente de los otros dos factores de producción. Esta estructura de distribución de la riqueza es fundamental para comprender cómo los individuos pueden o no acceder a los recursos necesarios para suavizar su consumo.
Además, los ciclos económicos monetarios, que afectan directamente la estabilidad de los ingresos y, por ende, la planificación del consumo, se explican con la simple teoría del control de precios, al cual el de la moneda no escapa. La inestabilidad inherente a estos ciclos puede hacer que la suavización del consumo sea una tarea extremadamente difícil para muchos.

Las Consecuencias de la Inhabilidad para Suavizar el Consumo: El Impacto del Desempleo
Las consecuencias de la incapacidad para suavizar el consumo son palpables en situaciones de choque de ingresos, como el desempleo, y van más allá de la mera pérdida monetaria.
Perder el trabajo duele y causa estrés. Después de la crisis financiera mundial de 2008, el desempleo aumentó, al igual que el número de búsquedas de medicamentos antiestrés en Google. Al mostrar en un diagrama de dispersión el aumento en la intensidad de búsqueda frente al aumento en la tasa de desempleo en los diferentes estados de EE.UU., se observa que los estados que tuvieron un mayor aumento en la tasa de desempleo entre 2007 y 2010 también registraron un incremento mayor en las búsquedas por internet de medicamentos antiestrés. Esto sugiere que un mayor desempleo está relacionado con un mayor estrés.
Los economistas han estimado que quedar desempleado produce más infelicidad de la que puede medirse únicamente por la pérdida de ingresos. La compensación necesaria para restaurar el nivel de bienestar es una cantidad enorme, mucho mayor que la pérdida monetaria asociada con un periodo de desempleo. La razón es que el desempleo reduce drásticamente la autoestima y conduce a una reducción mucho mayor de la felicidad. Esta evidencia empírica subraya una de las consecuencias más severas de la incapacidad para suavizar el consumo: cuando los ingresos se desploman inesperadamente, la gente no solo lucha por mantener su nivel de vida material, sino que también sufre un profundo impacto en su bienestar emocional y psicológico, que no puede ser mitigado por la capacidad de ahorro o endeudamiento esperada en los modelos de suavización de consumo.
