La situación de los adultos mayores en Lonquimay, una comuna con una rica herencia pehuenche y un imponente paisaje cordillerano, presenta múltiples desafíos, desde preocupaciones sobre las condiciones de los hogares de ancianos privados hasta la extrema vulnerabilidad de quienes residen en zonas rurales. Sin embargo, también hay iniciativas significativas que buscan mejorar su calidad de vida, incluyendo programas de apoyo social y proyectos municipales de infraestructura.
Denuncia por Condiciones de Higiene en un Hogar de Ancianos Privado
Una mujer denunció las malas condiciones de higiene de un hogar de ancianos privado en Lonquimay, donde está alojada su abuela de 99 años. La abuela tuvo que ser hospitalizada el pasado viernes debido al estado de salud en que la encontró la denunciante. Durante su visita del viernes por la tarde, la nieta notó a su abuela “descompuesta”, por lo que le dio una ducha y solicitó la presencia de un médico en el hogar.
En la presentación realizada en la subcomisaría, la mujer añadió que “no es la primera vez que nota situaciones alarmantes” en dicho hogar. Detalló que tomó conocimiento de la presunta presencia de chinches en la cama y de una fumigación sin los debidos recaudos para el cuidado de los residentes.

La Realidad de los Adultos Mayores en Vulnerabilidad: El Programa PADAM de Hogar de Cristo
En un contexto de necesidad, el Programa de Atención Domiciliaria (PADAM) de Hogar de Cristo asiste a 30 hombres y mujeres de 70 años y más, en situación de extrema vulnerabilidad, en esta comuna cordillerana de ancestro pehuenche.
Contexto Socioeconómico y Rural
A pesar de su entorno natural, la población de Lonquimay "experimenta cotidianamente lo que significa pertenecer a la región más pobre del país a nivel multidimensional y de ingresos". Una situación que agrava la vulnerabilidad de los adultos mayores es que la emergencia sanitaria "coincide con el fin de la cosecha del piñón o pehuén, el fruto de la araucaria", que es la fuente de ingresos más significativa para el pueblo pehuenche, quienes "venden a mil pesos el kilo en sacos de 40 kilos".
Desafíos durante la Pandemia de COVID-19
La pandemia por Covid-19 ha otorgado un sentido “mucho más amplio y dramático” a la expresión “no ver la luz al final del túnel”. Claudia Mellado, jefa de operación social de La Araucanía del Hogar de Cristo, con sede en Temuco, expresó su preocupación por Lonquimay, destacando que “la mayor inquietud es el abastecimiento, que se cierre el túnel y no lleguen suministros”. Mellado enfatizó que "hay muchos adultos mayores solos, algunos postrados", y aunque el programa se enfoca en el radio urbano, lo más preocupante son los que residen en sectores rurales como Los Naranjos, donde atienden a cinco personas, e Icalma, donde "por costos de movilización, ya no estamos yendo, pero existe mucha población mayor, que está en precarias condiciones”.
Catherine, de origen pehuenche y encargada del PADAM de Hogar de Cristo, ha visto a "muchos adultos mayores de sectores rurales, a muchos piñoneros, acercarse al pueblo sin ninguna protección", sin mascarilla y sin mayor conocimiento sobre el coronavirus. Además, señaló que la conectividad es "mala" en Lonquimay y "mucho peor" en el campo, lo que lleva a que "los viejitos no se manejan mucho con la tecnología, así es que muchos están totalmente desconectados de la realidad, no ven noticias o no las entienden”.
Durante las primeras dos semanas de la emergencia por Covid-19, se registró "mucho desabastecimiento". La harina, "que acá es clave", escaseó, y en las dos "pequeñitas" farmacias de Lonquimay "se agotó todo". Catherine relató que logró obtener "algunos insumos, como tapabocas y alcohol gel", debido a su trabajo con población de riesgo, pero las limitaciones eran considerables. La recomendación de no realizar visitas domiciliarias y optar por contención a distancia fue difícil de implementar debido a la conectividad y la falta de destreza tecnológica de los mayores. Muchos usuarios tienen "poco manejo del celular", haciendo "clave la colaboración de los vecinos", pero en las zonas rurales, muchos se encuentran "solos y aislados, muy distantes de sus vecinos”.

Historias de Vida: Agustín Cayuqueo, Francisco Millal y Fidelmira Díaz
Agustín Cayuqueo (70 años)
Agustín Cayuqueo, de 70 años, vive solo en el Rincón de Icalma, "camino a la laguna". Soltero y sin hijos, considera a sus animales (dos perros, cinco gatos y una decena de gallinas, bautizados con nombres de futbolistas) como su familia. Reside sin electricidad ni alcantarillado, y no sabe leer ni escribir. El fútbol a través de una radio a pilas era su principal compañía, ahora también afectada por la pandemia. “Él es un caso prioritario”, pues vive en una casa "en muy malas condiciones" que le entregó el Estado tras un incendio años atrás. Piñonero toda su vida, retornó a sus tierras natales tras una juventud como temporero en Argentina, viviendo "al día". Hace unos cuatro años, sufrió un accidente en el campo donde una rama de araucaria, cedió por el peso de la nieve, le fracturó la pierna izquierda y dañó un brazo.
Francisco Millal (68 años)
Francisco Millal, de 68 años, es viudo y padre de un adolescente de 16 años cuyas clases fueron suspendidas. Había comprado zapatillas para que su hijo fuera al Liceo de Lonquimay, pero "todo se arruinó". Actualmente, "está en cama, esperando que le saquen la vesícula", con la operación pendiente. Su hijo es quien ahora "compra las cosas" y "se va a patita al pueblo cuando necesitan algo". Su mayor preocupación es "la poca leña para el invierno".
Fidelmira Díaz (74 años)
Fidelmira Díaz, de 74 años, conocida como “la señora del cementerio”, es oriunda de Ranquil. Quedó huérfana a los 7 años y fue criada por una hermana que la maltrataba, por lo que nunca fue a la escuela. Cuenta: “Sufrí mucho con sus maltratos; era muy especial”, y que casarse fue una liberación. Tras vivir en varias localidades con su marido, se instalaron en Lonquimay, donde cuidaban las tumbas del cementerio. Desde hace unos 13 años, vive en un terreno aledaño al camposanto, en una “vivienda autoconstruida en lamentable estado” que le fue "de prestado". Carece de luz eléctrica, alcantarillado y agua potable. Aunque alcaldes sucesivos le han prometido ayuda, solo recibe agua de un camión aljibe cada tres días. A pesar de las adversidades, Fidelmira, definida como "muy andariega" por la trabajadora social del PADAM, camina diariamente un kilómetro de ida y vuelta al pueblo. Tuvo 8 hijos, pero varios han fallecido, y solo uno vive cerca. Acostumbrada a las dificultades, afirma no temer al coronavirus, creyendo que “Dios la protege”, y nunca se ha sentido atemorizada por vivir junto al cementerio.
Fidelmira, Agustín y Francisco son beneficiarios de la campaña #ChileComparte, impulsada por Hogar de Cristo y otras fundaciones, que busca "llevar un alivio concreto a los más vulnerables", quienes "empiezan a sentir el impacto económico de la pandemia, traducida en algo tan feroz como el hambre".

Iniciativa Municipal: Creación de un Nuevo Centro para la Tercera Edad
La Municipalidad de Lonquimay ha comenzado a dar los primeros pasos para la creación de un centro para la tercera edad. Este proyecto implica la venta del predio del antiguo asilo de ancianos y la adquisición de un nuevo terreno para el emplazamiento del futuro espacio.
Venta del Antiguo Asilo y Adquisición de Nuevo Terreno
El Ejecutivo comunal, liderado por el intendente Manuel Feito y con el Concejo Deliberante, llevó a cabo la venta del predio donde funcionó hasta hace casi dos décadas el asilo de ancianos, ubicado en la calle San Martín. El inmueble fue adquirido por una empresa que construirá un nuevo local para la venta de electrodomésticos y artículos para el hogar. Desde el municipio, informaron que "esta enajenación contó con el consentimiento de la familia Camilletti, que donó el inmueble al municipio hace unos años".
Con los fondos obtenidos de esta venta, el Ejecutivo municipal compró un nuevo terreno para la futura construcción de un centro para adultos mayores. El predio, "conocido como 'Casa de la familia Beascochea'", se encuentra en Avenida Bartolomé Mitre, esquina Raúl Beascochea, y cuenta con una superficie de 70 por 25 metros.

Visión para el Nuevo Centro: "Proyecto Vida Activa"
En el nuevo predio, el municipio planea la demolición de la construcción existente "con el objetivo de desarrollar un espacio dedicado a nuestros adultos mayores, diseñado para atender sus necesidades actuales". Según la comuna, el nuevo inmueble "cuenta con mayor superficie, una ubicación más espaciosa y mayor frente, lo que nos permitirá llevar adelante una propuesta más completa y acorde a sus requerimientos". La municipalidad ha expresado su compromiso: "Estamos comprometidos con el bienestar y la calidad de vida de nuestros abuelos. Pronto compartiremos más detalles sobre el proyecto Vida Activa". El objetivo es trabajar juntos por "una comunidad más inclusiva y cariñosa con nuestros adultos mayores".
Actualmente, el Ejecutivo comunal está gestionando la financiación del proyecto, lo que significa que su construcción no será inmediata. Se espera que la creación de este nuevo centro para la tercera edad sea uno de los objetivos principales de la segunda gestión comunal de Manuel Feito, que comenzará en diciembre.
