Paulo Freire, nacido el 19 de septiembre de 1921 en Recife, una de las regiones más pobres de Brasil, se erigió como uno de los pensadores más influyentes de la educación del siglo XX. Su obra y sus ideas han trascendido fronteras, ofreciendo una perspectiva crítica y humanista sobre el proceso educativo, especialmente relevante en contextos de vulnerabilidad social y económica.

Orígenes y Contexto de la Obra de Freire
La realidad del nordeste brasileño, donde creció Freire, estaba marcada por la opresión y la marginación de las clases rurales, quienes carecían de participación en las decisiones importantes del país. Para votar, por ejemplo, era necesario saber leer y escribir. Esta vivencia personal de la desigualdad, al tener que dejar sus estudios a los trece años tras la muerte de su padre, forjó su profundo compromiso con las poblaciones más necesitadas.
A pesar de las dificultades, Freire logró retomar sus estudios, ingresando a la Facultad de Derecho de la Universidad de Recife en 1943, donde también estudió Filosofía y Psicología del Lenguaje. Su preocupación por las poblaciones desfavorecidas lo llevó a forjar un método de enseñanza y aprendizaje basado en el diálogo, desafiando el sistema unidireccional de educación donde los maestros simplemente impartían conocimientos a sus alumnos.
La Pedagogía del Oprimido: Un Enfoque Transformador
Freire mostró que era posible establecer una nueva relación entre profesores y alumnos, una forma de enseñanza donde todo proceso educativo debe partir de la realidad que rodea a los individuos. Su obra cumbre, "La pedagogía del oprimido", se presenta como una pedagogía humanista y liberadora, con dos momentos distintos pero interrelacionados. En ella, proponía una comunicación de ida y vuelta, eliminando la dicotomía entre educadores y educandos, donde ambos debían establecer un diálogo para que el proceso educativo tuviera lugar.
Estas ideas influyeron en movimientos revolucionarios de la década del sesenta, la Teología de la Liberación y las renovaciones pedagógicas en América Latina, África y Europa. Freire fue encarcelado y acusado de comunista, exiliándose por dieciséis años, para luego regresar a Brasil en 1980 y trabajar como profesor en la Pontificia Universidad Católica de San Pablo (PUC-SP) y la Universidad de Campiñas (Unicamp).
Una de sus experiencias más destacadas en este período fue su trabajo como Secretario de Educación del municipio de San Pablo entre 1989 y 1991, durante el gobierno del Partido de los Trabajadores. Canal Encuentro realizó un recorrido de su vida y sus ideas en la serie Maestros de América Latina, y en enero de 1993, Paulo Freire fue entrevistado por el Museo de la Persona de Brasil.
La Pedagogía del Oprimido - PAULO FREIRE
Vigencia del Pensamiento Freireano en la Actualidad
A 100 años de su natalicio, el legado de Paulo Freire para la educación es mundialmente reconocido y su pensamiento sigue siendo una guía para confrontar la situación actual, globalizada y neoliberal, patriarcal, colonizadora y de distanciamiento social, con alta tecnología. En un contexto actual de crisis económica y social, sus postulados pedagógicos no han perdido vigencia. La problemática de las desigualdades e injusticias sociales, que se hicieron más evidentes con la situación mundial generada por el COVID-19, nos impulsa a replantear y reflexionar sobre qué podemos hacer y qué retos como educadores y ciudadanos debemos asumir.
El pensamiento de Freire es un deleite para quienes buscan una perspectiva sociológica de la educación y su impacto en las ideas pedagógicas contemporáneas. Es trascendental conocer su pensamiento, analizar su proyecto social, político, su visión ética, el cual estimula a reflexionar y a tomar providencias en nuestra vida personal, social y académica.
Crítica a la Educación Tradicional y el Sentido Ético
Uno de los principales aportes de Freire a la educación es su crítica a la educación tradicional, conocida como educación bancaria. Esta pedagogía, centrada en el maestro y no en el alumno, no toma en cuenta la experiencia y conocimientos de los estudiantes, a lo que Freire opone la formación de un sujeto crítico y reflexivo, de ahí su crítica a la educación autoritaria.
Si bien Freire inicia su trabajo con el problema de la alfabetización, sus aportaciones van más allá. Un aspecto fundamental de su pensamiento es su sentido ético y su compromiso para que exista la educación a partir de la conciencia crítica frente al mundo, un mundo lleno de contradicciones e injusticias. Freire (1997) señala la necesidad de retomar posiciones que nos lleven a comprometernos con la búsqueda de consecuencias y alternativas de solución, para ser coherentes en nuestro trabajo personal, como ciudadanos y como maestros.
Para Freire (1997), la práctica educativa no es neutra, sino que implica elecciones, rompimientos y disposiciones. La enseñanza envuelve el testimonio ético del profesor, porque no se puede enseñar libertad o igualdad y hacer del examen un acto perverso. Esto implica una responsabilidad y una conciencia histórica y social. Freire afirma: “Estoy profundamente convencido de la naturaleza ética de la práctica educativa, en cuanto práctica especialmente humana. El ser humano es un ser ético, cualquiera que sea su marco ético: la ética de la vida, la ética humanista, o cómo hemos adquirido y adherido a la ética del mercado”.
La Educación como Acto Político
Desde la perspectiva de Freire, educar requiere examinar la educación desde un punto de vista ideológico. Denuncia cómo la ideología dominante se oculta, y en lugar de ser conscientes, consentimos dócilmente a lo que se nos impone, lo que acarrea transgresiones en el plano de la ética universal del ser humano, impuestas por sistemas capitalistas y neoliberales en aras de la globalización. Por ello, corresponde al profesor estar atento al poder de la ideología y de su influencia adormecedora y distorsionadora de la realidad. Es deber del educador cambiar la realidad.
Freire (1997) asume permanentemente la educación como un acto político, no partidista, sino consciente de que la educación se encuentra en un contexto y quehacer político. Rechaza la postura de neutralidad de la ciencia, afirmando que la imparcialidad no existe, porque no hay acción humana desprovista de intención. Todo acto educativo, afirma Freire, es un acto político, donde el docente está realmente comprometido con los demás y consigo mismo.

La Vulnerabilidad y la Voz de la Niñez
El desarrollo de la criticidad nos impulsa a reflexionar sobre nuestra aportación en la sociedad y a definir a favor de quién y a quién se está educando. Al explorar la dimensión política y adoptar ciertos modelos pedagógicos, decidimos a favor de qué y para quién desarrollamos nuestra actividad educativa. Para Freire (1997), la educación es una forma de intervención en el mundo, donde los individuos somos capacitados para prestar atención, comprobar, valorar, resolver, interesarse, elegir y formarnos como seres éticos.
Freire (1959) abogaba por la necesidad de escuchar a los niños, de considerar sus voces en las decisiones que involucran sus vidas, ya sea en la familia, la escuela o la comunidad, posibilitando una sociedad más democrática, justa y humana. Comprender el mundo desde los ojos de la niñez implica romper con la "cultura del silencio" y favorecer el derecho de ser niños y niñas con identidad propia, construyendo una relación de escucha y diálogo basado en la participación activa en la sociedad.
El Grupo de Estudios e Investigación Paulo Freire de la Universidad Municipal de San Cayetano do Sul, Brasil, se ha dedicado a investigar la comprensión de Freire sobre la infancia y cómo su epistemología puede contribuir a repensar la educación de niños y niñas. Freire (1959) denunció las relaciones autoritarias a las que están sometidas la niñez, proponiendo que sus experiencias participativas y de toma de decisiones se inicien en el núcleo familiar, luego en las escuelas y su comunidad.
Defender la participación infantil significa comprender no solo el potencial de los niños y niñas, sino también su vulnerabilidad, y protegerlos. Los niños usan múltiples lenguajes o formas de comunicación y son capaces de entender la realidad desde sus primeros años de vida. La imposición de la lectura del mundo adulto sobre los niños, negándoles sus voces, puede compararse con la “invasión cultural, sin duda alienante, es siempre violencia contra el ser de la cultura invadida, que pierde su originalidad o se ve amenazada de perderla” (Freire, 1970).
Para Freire, el juego se presenta como un espacio fundamental de acción del niño sobre la realidad, de comprensión y acción en el mundo, un espacio de descubrimientos y aprendizaje (Freire & Guimarães, 1984). El niño, según Freire, es curioso, preguntón, requiere su tiempo y espacio para aprender y lo hace a través del juego, el diálogo y el amor.
La escucha activa, sin prejuicios ni estereotipos, de aceptación horizontal y democrática, es un pilar sólido para la libre expresión. Sin embargo, en muchos profesores existe una limitada humildad y un rol de poseedores de la verdad, lo que lleva a enseñar a enseñar y no necesariamente a escuchar, y menos aún, las voces infantiles. Escuchar a los niños implica silencio para escuchar, con ojos y oídos atentos, sus gestos, movimientos, miradas, expresiones, deseos, intereses y necesidades, lo que refleja un profundo respeto por su capacidad y sus formas de pensar y actuar en el mundo (Silva, 2017).

La Escuela Nueva y la Educación Comunitaria
La Escuela Nueva, como movimiento pedagógico de principios del siglo XX, promovió el aprendizaje activo, el aprendizaje colaborativo y el fortalecimiento de la relación escuela-comunidad. Se centró en el niño, su contexto y comunidad, incrementando la retención escolar y reduciendo la deserción. La forma de trabajar del maestro se transforma, dejando de ser un instructor para convertirse en un acompañante auxiliar del libre aprendizaje y desarrollo del alumno, considerado como un individuo que piensa y actúa en forma libre y espontánea.
Freire, siguiendo la línea de la Escuela Nueva, enfatiza que el fin de la educación es mantener y acrecentar el potencial del niño, salvaguardar su impulso vital. El primer objetivo de esta nueva educación será aumentar la potencia espiritual y la capacidad de trabajo productivo del estudiante. Para ello, es fundamental aprender no solo a leer textos, sino a leer la realidad, donde contexto y texto se funden en uno solo.
La educación comunitaria, vinculada a las necesidades de conocimiento y de transformación social del sujeto pueblo, conduce a un encuentro permanente con lo “otro” que la escuela formal no presenta. La vida se constituye en el escenario para aprender a resolver las dificultades diarias, y las prácticas comunitarias revalorizan el trabajo colectivo y el respeto por todas las personas como agentes educativos, con derecho a que sus voces sean escuchadas. El compromiso social representa la fuerza de la conciencia colectiva, emancipadora y transformadora, con el humanismo como objetivo grupal y comunitario.
"Ser Más": Un Compromiso con la Autonomía
En "Pedagogía de la Autonomía" (2004), Freire indica que los procesos de enseñanza-aprendizaje están teñidos por la búsqueda de la belleza y de la alegría. El legado educativo fundamental es que los estudiantes deben aprender a pensar por sí mismos, y para ello es necesario que sean escuchados por sus profesores. La autonomía se forma todos los días, asumiendo posturas y consecuencias de las decisiones.
La educación popular, según Torres (2013), se refiere a la interpretación crítica de la realidad, guiada por la práctica pedagógica reflexiva y emancipadora. Tiene la función no solo de sensibilizar, sino también de organizar y animar a las personas a reivindicar sus derechos. Un concepto relevante es lo que Freire llama el potencial de "Ser más", defendiendo el derecho a ser más en esta sociedad y la perspectiva del desarrollo humano de manera integral.
La infancia en Freire es una fuerza abierta al mundo, que lo interroga y se relaciona con el pasado, presente y futuro. Una fuerza que se inquieta y transforma. "Hacerse niño" es reconocernos en nuestra condición de inacabados, es "ser más" (Freire, 1970), en un movimiento de aprendiz eterno, abierto al mundo, en comunión con nuestra inquietud, curiosidad epistemológica, deseos, pasiones, sueños, imaginación y utopías; es (re)encantarse con la propia vida, reconociendo sus límites y posibilidades.
El silencio impuesto a la curiosidad infantil significa un aspecto represivo, dictatorial y el uso del poder del adulto. Este niño poderoso, curioso y creativo necesita un educador con estas mismas características que alimente y active la curiosidad infantil. La imaginación es clave para “volar, para imaginar cosas concretas, cosas posibles, como los niños” (Freire & Guimarães, 1984).
La pandemia global, al perpetuar las tareas escolares en la educación a distancia e invadir los hogares con una perspectiva autoritaria de la cultura escolar, puso al descubierto las múltiples limitaciones y visiones estandarizadas de la escuela. Al mismo tiempo, permitió a las familias reflexionar sobre la educación de sus hijos. Las instituciones educativas coherentes con los postulados de Freire deberían tomar la libertad, la alegría y la esperanza como banderas de su quehacer pedagógico. Lo lúdico y creativo ayuda a encontrar mayor gusto y entusiasmo en los procesos educativos.
La educación inclusiva es un desafío para la política pública que aborda la problemática de niños, niñas y jóvenes fuera del sistema educativo formal. Las experiencias de reescolarización, que brindan un espacio educativo para atender las necesidades cognitivas, sociales y emocionales de esta población, son un ejemplo del impacto de estas ideas.