La Falla San Ramón es un objeto geológico ubicado en la Región Metropolitana de Chile, que se sitúa de norte a sur por la precordillera santiaguina, desde Lo Barnechea hasta Pirque. Se extiende a lo largo de 50 kilómetros y se encuentra a una profundidad de entre 15 y 20 kilómetros. Esta falla, que es parte de un sistema de megalineamientos que controla el borde occidental del bloque o cadena andina, es la responsable de la formación de la Sierra de Ramón, una cordillera de 25 kilómetros de largo y una altitud máxima de 3249 m s. n. m., la cual se ha desplazado significativamente en los últimos 10 millones de años.
La Falla San Ramón es una falla inversa, lo que significa que ha experimentado deslizamiento vertical. Mauricio Calderón, profesor de Geología de la Universidad del Desarrollo, explica que la corteza terrestre está formada por un sólido con fracturas que son planos y superficies. Cuando estas registran un movimiento, se les denomina fallas. En esta línea, en las fallas se pueden generar sismos; existen fallas activas y aquellas que no lo son. La Falla San Ramón se considera activa, habiendo registrado terremotos en su superficie en un amplio rango de tiempo, con datos de hace 17 mil y 8 mil años atrás. Calderón aclara que “es una falla activa, pero no significa que se esté moviendo a cada momento. Hay evidencia de que se movió y nosotros, desde la Geología, mencionamos que es una falla activa.”
Historia y Características Geológicas
La falla es un elemento común en la superficie terrestre, y el terreno chileno presenta una heterogeneidad que favorece su aparición. En el campo de la geología, una falla se define como una fractura, generalmente plana, en el terreno a lo largo de la cual se han deslizado dos bloques uno respecto al otro. Para el caso de la Falla San Ramón, se puede mencionar la ocurrencia de uno o dos grandes eventos sísmicos con ruptura en superficie después de 21.794 - 17.050 (penúltimo gran evento) años calibrados antes del presente y posiblemente hace 8400-8433 (último gran evento) años calibrados antes del presente. Esto da como resultado una recurrencia de aproximadamente 10.000 años, aunque otros estudios como el del año 2020 de Gonzalo Yáñez concluyen un rango entre 9.000 y 20.000 años.
Manifestaciones Hidrotermales
Una de las manifestaciones hidrotermales más importantes de esta falla se encuentra localizada en su extremo norte, en la zona de Apoquindo, entre el Cerro Apoquindo y el Cerro Los Rulos, también llamado Loma de los Baños. Durante el siglo XIX y principios del siglo XX, existieron cuatro manantiales de agua mineral que presentaban temperaturas entre los 18° y 23° Celsius. La existencia de estas vertientes llevó a la creación de un balneario termal llamado los Baños de Apoquindo en la década de 1900, que estuvo en funcionamiento hasta 1945. Además, el agua mineral de estos manantiales fue embotellada hasta la década de 1950 bajo la denominación de Vital Apoquindo. El origen de estas fuentes se debe a la filtración de aguas percoladas en la corteza terrestre que retornan a la superficie luego de ser calentadas por un foco de calor que se encuentra a más de 20.000 metros de profundidad. En su trayectoria, el agua recolecta parte de los componentes solubles presentes en las rocas.
Amenazas y Riesgos Sísmicos
La Falla San Ramón es una falla geológica de tipo inversa y activa que viene acumulando energía desde hace unos 8 mil años, con un hipocentro muy cercano a la superficie, de entre 10 a 12 kilómetros. Esto implica que un terremoto provocado por esta falla sería de gran intensidad, dejando significativas consecuencias a corto, mediano y largo plazo en su zona epicentral, dada la cantidad de población distribuida en esta zona sísmica.
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La investigadora Alejandra Serey, del Instituto de las Ciencias de la Ingeniería de la Universidad de O’Higgins y presidenta de la Asociación Chilena de Ingeniería Geológica, alerta sobre el potencial de generar un sismo de 7.5 grados y grandes remociones en masa. Más de 2 millones de personas podrían ser afectadas en zonas como Vitacura, Las Condes, La Reina, Peñalolén y Puente Alto. El profesor Gabriel Easton, geólogo de la Universidad de Chile, comenta que hay “una probabilidad tiempo-dependiente del orden de un 3% para un evento mayor en la Falla San Ramón en los próximos 100 años y de un 13% en los próximos 500 años.”
Impacto en la Región Metropolitana
Gabriel Easton explica que la Falla San Ramón atraviesa todas las comunas situadas a los pies del frente cordillerano, en el piedemonte de Santiago, a lo largo de más de 25-30 km, e incluso 50 km si se considera también Pirque y Lo Barnechea, profundizando hasta unos 10-12 km en la corteza terrestre. Los investigadores alertan sobre el riesgo de construir sobre la Falla San Ramón. Hasta 1960 la ciudad de Santiago se planificó supeditada al valle central, pero en 1979 esa concepción cambió, a partir de la ampliación del territorio urbanizable hacia el piedemonte cordillerano, con un desarrollo cada vez mayor sobre la falla.
En cuatro décadas, el crecimiento de la población que habita las comunas por donde pasa la falla cambió desde unas 500 mil a más de 1.7 millones de personas; de ellos, la población que vive directamente sobre la potencial zona de ruptura, en caso de un sismo mayor, serían estimativamente varias decenas de miles de personas. Cerca de o sobre la falla, se han construido viviendas y centros educacionales, además de una planta de gas en Peñalolén. En 2012, la Secretaría Regional del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile realizó un estudio que dio como resultado que la falla podría generar terremotos, por lo que está activa.

Sonia Pérez, académica de la Facultad de Ciencias Sociales, explica que sin información, las personas tienen menos posibilidad de enfrentar el riesgo. “La planificación urbana debiera entregar esa información para que las personas puedan tomar decisiones autónomas respecto de dónde y cómo quieren vivir. En la zona hay que convivir con el riesgo y eso implica tener estrategias comunitarias para hacer frente a los problemas que ocasionaría un terremoto.”
Vulnerabilidad y Urbanización Fallida
El riesgo sísmico es parte de las vidas de quienes habitan en Chile, como también de las regulaciones de construcción de las viviendas. Sin embargo, la urbanización acelerada en la zona oriente de Santiago ha alcanzado un 55% de la traza en superficie de la falla, lo cual no ha sido considerado en las regulaciones de planificación urbana. Esta situación ha generado un aumento de la exposición de sus habitantes a riesgos socionaturales de origen geológico, entre ellos la posibilidad de terremotos corticales asociados a la Falla San Ramón.
En 2018, los investigadores del Programa de Reducción de Riesgos y Desastres de la Universidad de Chile (CITRID) publicaron el estudio transdisciplinario “¿Urbanización fallada?”, que abordó esta problemática. Gabriel Easton aclara que son al menos dos aspectos cruciales a considerar respecto del riesgo: “la seguridad de la población y la disponibilidad de información pertinente y transparente por parte de toda la comunidad.” En cuanto a lo primero, “es necesario que el Plan Regulador Metropolitano de Santiago (PRMS) y los comunales, consideren la Falla San Ramón porque es urgente evitar que se siga construyendo directamente sobre ella, independientemente de cuándo ocurrirá un próximo gran terremoto con ruptura superficial.”
Eventos Sísmicos Recientes y Contexto Nacional
Constantemente los sismos se presentan en Chile, recordando a la población la siempre presente posibilidad de la aparición de un terremoto. Según indica Sismología, el territorio recibe más de 20 temblores con magnitud sobre 3.0 diariamente, donde la cifra se amplía si se consideran aquellos eventos de menor intensidad, que pasan desapercibidos para la población. A pesar de que los expertos han coincidido en que los últimos fuertes sismos en la Región Metropolitana (como el del 9 de julio de magnitud 5.6 y el del 16 de agosto de magnitud 4.8) no están ligados al defecto geológico de la Falla San Ramón, conviene conocer en detalle sus características y el peligro que significa un terremoto que provenga de ella.
Hacia una Cultura Preventiva y Resiliente
Alejandra Serey también invita a considerar los efectos secundarios después de un terremoto, como la movilización de sedimentos, las lluvias dadas en distintas épocas, entre otras repercusiones, como evacuaciones, atenciones sanitarias, reconstrucciones, etcétera; razón por la cual se debe apostar por una cultura preventiva que permita repensar las formas de interacción de las personas con la naturaleza, su entorno y con el conocimiento acerca de sus territorios.
La investigadora UOH recomienda avanzar a partir del conocimiento de la “Ley 21.364 para el Sistema y Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres: Una Nueva Institucionalidad para una Sociedad más Resiliente”, con la que se pueden desarrollar mesas de trabajo a escala nacional y/o regional, enfocadas en la preparación multisectorial en la gestión y mitigación de riesgos. El geógrafo y académico Dr. Marcelo Lagos ha criticado la gestión en riesgo de desastres en Chile, señalando que “hemos sido sorprendidos por una erupción en Chaitén, el terremoto y tsunami de 2010 (...) En la práctica, Chile da permanentemente ejemplos de un abordaje reactivo.”
Lagos enfatiza que “sobre la mesa hay toneladas de antecedentes, que nos revelan que el principal asentamiento humano de este país (en cuanto a cantidad de población) está expuesto a un peligro (...) Generalmente somos sorprendidos por la naturaleza, por eventos no esperados, pero hoy nadie puede decir que la falla no es comprendida.” La planificación urbana debiera incorporarse en los instrumentos de planificación urbana de nivel local, intercomunal y también operativo para generar zonas de resguardo y restricciones.
En junio pasado, el geólogo de la Universidad de Chile, Dr. Gabriel Easton, y el geógrafo y académico, Dr. Marcelo Lagos, plantearon en una sesión especial de la Cámara de Diputados la necesidad de considerar la falla de San Ramón en la planificación urbana. “En general, la gente no sabe si vive o no sobre la Falla San Ramón. Por eso es importante que el Plan Regulador Metropolitano de Santiago la incorpore, para que se norme sobre esta materia y se transparente la información a la ciudadanía”, destacó Easton.