Evaluación diagnóstica para niños con discapacidad visual

La visión es un pilar fundamental para el aprendizaje, el desarrollo de habilidades de lectoescritura temprana, la socialización, el equilibrio emocional, las habilidades motoras y la autoimagen en los niños. Sin embargo, muchos problemas visuales son imperceptibles a simple vista, lo que subraya la importancia de las pruebas diagnósticas de la vista durante la primera infancia para identificar y tratar precozmente los trastornos visuales.

Antes de utilizar cualquier herramienta diagnóstica, es crucial observar la apariencia de los ojos del niño y su comportamiento general. Los trastornos del neurodesarrollo pueden influir significativamente en estos procesos.

Importancia de las pruebas diagnósticas

Las pruebas diagnósticas con instrumentos utilizan tecnología automatizada para analizar la estructura ocular y detectar factores de riesgo que pueden conducir al desarrollo de la ambliopía (también conocida como "ojo vago"). La ambliopía es una pérdida de visión que ocurre cuando el cerebro no recibe un estímulo visual adecuado durante el desarrollo del sentido de la vista en la primera infancia.

Es importante destacar que las pruebas diagnósticas con instrumentos no miden la agudeza visual (la nitidez o claridad de la visión a una distancia específica, interpretada en el cerebro mediante gráficos oculares o software informático).

La evidencia científica respalda cada vez más el uso de instrumentos como herramientas útiles para las pruebas diagnósticas de la vista. Para obtener recomendaciones específicas y orientación adicional, se puede consultar el Centro Nacional para la Visión y la Salud Ocular de los Niños.

La evaluación visual no es un evento único; los ojos de los niños cambian a medida que crecen y se desarrollan, por lo que las revisiones deben ser periódicas, idealmente cada 12 meses. El personal de programas como Head Start, incluyendo maestros, visitadores del hogar, enfermeras y gerentes de salud o discapacidad, puede realizar pruebas diagnósticas de la visión con instrumentos si cuentan con la capacitación adecuada. El propio instrumento indicará si se recomienda un examen de la vista.

Colaboración con familias y profesionales

Es fundamental que el personal de los servicios de salud y participación familiar converse con las familias sobre cómo la visión impacta el aprendizaje de los niños. Se recomienda contactar a oftalmólogos locales para compilar una lista de consultorios de atención oftalmológica cercanos y entregarla a las familias y sus proveedores de atención médica al remitir a niños de 1 y 2 años.

Trabajar con el Comité Asesor de los Servicios de Salud del programa es esencial para comprender las barreras a la atención y encontrar soluciones. Además, es crucial determinar la forma preferida de contacto de las familias y preguntar qué tipo de ayuda necesitan para asegurar el examen visual de sus hijos y el acceso a gafas, si son necesarias.

Imagen de un niño pequeño realizando una prueba de visión con un especialista

Evaluación visual en niños con discapacidades profundas y múltiples

La evaluación visual en niños con discapacidades profundas y múltiples representa un desafío particular, ya que la mayoría de los tests convencionales para medir capacidades específicas asumen la integridad de otros aspectos del desarrollo. Esto significa que los déficits sociales, intelectuales, motores y sensoriales pueden afectar interactivamente los resultados de las mediciones.

Por ejemplo, la Tabla Oftálmica de Letras de Snellen, una herramienta estándar para evaluar la visión de lejos, requiere la capacidad de reconocer y nombrar letras, un nivel que muchos niños con discapacidades profundas pueden no haber alcanzado. Además, los tests convencionales a menudo no proporcionan datos relevantes para la educación o no utilizan materiales intrínsecamente interesantes para estos niños.

Estrategias y adaptaciones en la evaluación

Para superar estas dificultades, muchos clínicos utilizan los Tests de Visión de Stycar (Sheridan, 1976). En años recientes, también se han aplicado procedimientos de respuesta por movimientos oculares asociados al cambio de lugar de objetos, como el Catford Drum (Catford y Oliver, 1973), que requiere que la persona enfoque la vista en puntos negros de diversos tamaños que oscilan sobre un fondo blanco.

La tecnología ha permitido avances significativos en la evaluación visual de personas con una edad de desarrollo muy corta. El trabajo de la psicóloga Janette Atkinson (Atkinson, 1986) ha sido fundamental en esta área, aunque estas pruebas objetivas suelen requerir equipos caros y no transportables.

Tradicionalmente, en el Reino Unido, ópticos y oftalmólogos son considerados los "expertos" en evaluación visual, pero sus técnicas se adaptan mejor a personas con una edad de desarrollo de cinco años o más (Bultjens y Aitken, 1987). Algunos profesionales, como Langley y Dubose (1976), Sonksen (1983) y Hogg y Sebba (1986), enfatizan la importancia de evaluar la visión en términos de su importancia funcional y sugieren que profesionales no oftalmólogos, como psicólogos, pediatras y maestros, también realicen estas evaluaciones.

Un ejemplo de esto es la lista de control por observación desarrollada por Bell (1983), diseñada para ser utilizada por una "persona significativa" para el niño, que evalúa el uso de la vista para dirigir y controlar acciones como extender la mano y asir objetos. Sin embargo, estas herramientas también tienen limitaciones, como la dificultad para generalizar en otros contextos y el requisito de ser utilizadas por una persona que cuida al sujeto durante un período prolongado.

Limitaciones de las evaluaciones funcionales

Un problema común en la mayoría de las evaluaciones funcionales es la falta de distinción entre la visión de cerca y de lejos. Mientras que la presencia de algún resto visual tiene un efecto crucial en el desarrollo general normal (Fraiberg, 1977), la visión de cerca se considera vital para la vinculación padre/hijo (Sonksen, 1983) y para el desarrollo no verbal y pragmático (Kitzinger, 1984).

El nivel preciso de agudeza visual es relevante en la educación de todos los niños, incluyendo aquellos con dificultades de aprendizaje profundas. El test Panda de la serie Stycar (Sheridan, 1976) y el uso de objetos en miniatura (Sonksen, 1983) pueden ser útiles para niños con suficiente capacidad cognitiva para nombrar y emparejar. Sin embargo, muchos niños con discapacidades profundas y múltiples no pueden realizar estas tareas.

Considerando que la comida es un interés humano básico, un procedimiento de evaluación visual desarrollado por Philip R. Jones utilizó artículos comestibles de tamaños decrecientes. Este método ha sido exitoso con niños con discapacidades profundas y múltiples, como el caso de Z, de cinco años, que presentaba diplegia espástica y retrasos de desarrollo. A través de este método, se confirmó que Z tenía cierta visión de cerca, lo que fue útil para planificar su currículo de jardín de infancia, sugiriendo que el material ilustrativo ampliado podría ser beneficioso, aunque podría presentar dificultades en la discriminación fina.

La experiencia con este procedimiento también reveló desafíos, como la necesidad de asegurar una tela negra mate para evitar movimientos y la dificultad de limpiarla a fondo para evitar confusiones con granos de azúcar.

Niño usando un bastón blanco y gafas para ceguera

La discapacidad visual y su clasificación

La discapacidad visual se comprende como la pérdida, parcial o total, adquirida o congénita, de la visión. Esta es una condición compleja que abarca aspectos fisiológicos, función sensorial-motora, perspectivas y psicológicas (Ministerio de Educación y Cultura, 2001).

Las necesidades específicas son variadas y dependen de la edad de manifestación del problema visual, la forma de la discapacidad, la etiología, el tipo (adquirida o congénita), el grado de visión (ceguera total o baja visión con algún residuo visual), así como los estilos individuales y aspectos sociales (Barraga, 1997; Lowenfeld, 1977; Norris, Spaulding y Brodie 1957).

Tipos y grados de discapacidad visual

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se clasifica la ceguera como una agudeza visual máxima inferior a 1/50 (0,02) o sin percepción de luz. Las personas con ceguera total requieren ayudas como libros hablados, sistema Braille, aparatos de salida de voz, softwares con sintetizadores de voz, bastón y entrenamiento de orientación/movilidad.

En el caso de la baja visión, la agudeza visual máxima se encuentra entre 1/20 (0,05) y 1/10 (0,1). Estas personas pueden beneficiarse de ayudas especiales para mejorar la resolución visual, como ayudas no ópticas, ópticas y electrónicas.

Las diferencias entre la discapacidad congénita (nacido ciego o con baja visión) y la adquirida (desarrollada a lo largo de la vida) son significativas (González, 2007), ya que la experiencia de ver influye en la forma en que la persona se relaciona con el mundo.

La discapacidad visual presenta un amplio abanico de alteraciones que pueden afectar la agudeza visual, la visión de colores, el campo visual, la sensibilidad al contraste y la adaptación a la luz (Douglas et al., 2009). Esta heterogeneidad implica que las formas de aprendizaje y contacto con el ambiente se distinguen (Almeida y Araújo, 2013; Dale y Sonksen, 2002).

Es fundamental que el evaluador disponga de toda esta información para calificar el acceso físico a los objetos y la estimulación de los sentidos táctiles y auditivos, promoviendo condiciones de evaluación equitativas (Ballesteros et al., 2003; Bizerra et al., 2012).

Independientemente del tipo y grado, las personas con discapacidad visual presentan una disminución irreversible de la visión, así como restricciones en habilidades cotidianas, como la velocidad de trabajo, la movilidad, la capacidad de orientación espacial y la realización de tareas que requieren el uso de la visión (Caballo y Núñez, 2013).

EXPERTOS HABLARON SOBRE SOBRE DISCAPACIDAD VISUAL

Evaluación de la inteligencia en niños con discapacidad visual (PAIC-DV)

Ante la necesidad de instrumentos específicos para la evaluación de la inteligencia en niños con discapacidad visual, se ha iniciado el desarrollo de las pruebas de evaluación de la inteligencia de los niños con discapacidad visual (PAIC-DV). Los subtests verbal, memoria y lógica han sido evaluados en cuanto a su adecuación al público objetivo (Campos y Nakano, 2014), comparando el desempeño de niños con discapacidad visual con niños normovisuales y analizando la influencia de variables como sexo y edad (Campos y Nakano, en prensa). La validez de contenido de la escala ha sido investigada (Campos y Nakano, 2016).

Las evaluaciones externas realizadas por los profesores son reconocidas como herramientas que contribuyen a una comprensión integral del desarrollo cognitivo (Cunha, Enumo y Dias, 2009), permitiendo ampliar la percepción sobre las habilidades cognitivas, las condiciones intelectuales, las perspectivas motoras y el ajuste afectivo-emocional. La evaluación por parte de los profesores ofrece una comprensión diagnóstica de las lagunas representativas en las habilidades que contribuyen al desarrollo académico, y puede ayudar a dirigir y minimizar las dificultades en la enseñanza (Viana, 2013).

Estudio de investigación y resultados

Un estudio reciente se propuso investigar posibles diferencias en la capacidad cognitiva entre grupos de niños con discapacidad visual (congénita, adquirida, ceguera y baja visión), basándose en la evaluación de los profesores. La muestra incluyó a 10 profesionales (8 mujeres, 2 hombres, con edades entre 18 y 65 años) que evaluaron a 30 niños con discapacidad visual (entre 7 y 12 años, de ambos sexos y diferentes niveles de escolaridad). De estos niños, 8 presentaban deficiencia adquirida y 22 congénita; 23 fueron diagnosticados con baja visión y 7 con ceguera.

Se utilizó la Escala de Inteligencia de Niños con Discapacidad Visual - versión profesional - EPIC-DV, desarrollada a partir del modelo CHC de Inteligencia, que evalúa el razonamiento verbal, la memoria, el razonamiento numérico y el razonamiento lógico. Los profesores evaluaron el nivel de rendimiento de cada niño utilizando una escala Likert de cinco puntos.

Los resultados de las evaluaciones de los profesores en cuanto al grado de discapacidad (ceguera vs. baja visión) no mostraron diferencias significativas en ninguna de las habilidades evaluadas por la escala ni en la puntuación total. Sin embargo, se observó una tendencia general de los profesionales a percibir a los niños con baja visión como más hábiles que a los niños con ceguera en la mayoría de las características evaluadas, con excepción del razonamiento lógico.

Al comparar el tipo de deficiencia (adquirida vs. congénita), tampoco se encontraron diferencias significativas en la mayoría de las habilidades, excepto en el factor de Razonamiento Verbal. En esta habilidad cognitiva, los niños con deficiencia congénita obtuvieron medias más altas que aquellos con discapacidad adquirida, sugiriendo la necesidad de considerar la existencia de diferencias entre ambos tipos de discapacidad.

Estos hallazgos, aunque deben interpretarse con cautela debido al tamaño reducido y la desigualdad de las muestras, desafían la hipótesis inicial de diferencias cognitivas marcadas entre los diferentes tipos y grados de discapacidad visual, apuntando a más semejanzas que diferencias. Se plantea la posibilidad de que la evaluación externa, basada en la percepción del profesional, pueda no haber identificado todas las diferencias existentes.

Infografía que muestra diferentes tipos de discapacidad visual y sus características

Preparación para la evaluación diagnóstica de un niño con discapacidad visual

La preparación para la evaluación diagnóstica de un niño con discapacidad visual es un proceso crucial que implica la recopilación de información y el apoyo emocional tanto para el niño como para los padres.

Pasos clave para los padres:

  1. Recopilación de registros: Reúna todos los registros médicos y exámenes oculares relacionados con la discapacidad visual de su hijo, incluyendo diagnósticos, evaluaciones de especialistas (oftalmólogos u optometristas) y cualquier intervención recibida.
  2. Hitos del desarrollo: Documente los hitos del desarrollo de su hijo y cualquier preocupación observada.
  3. Información sobre Child Find: Infórmese sobre el proceso Child Find en su zona, un programa que identifica a niños con discapacidades y les proporciona servicios.
  4. Defina expectativas: Considere qué espera lograr a través de la evaluación y los servicios posteriores disponibles a través de su distrito escolar.
  5. Comunicación con profesionales: Antes de la evaluación, comuníquese con los profesionales que participarán, incluido el maestro de estudiantes con discapacidades visuales del distrito escolar.
  6. Hable con su hijo: Explíquele la evaluación en términos sencillos y tranquilizadores.
  7. Confirme la logística: Verifique la hora, el lugar y cualquier aspecto logístico para el día de la evaluación, incluyendo tiempo de desplazamiento, aparcamiento y artículos necesarios. Piense en la comodidad y las necesidades de su hijo durante la cita.
  8. Defienda las necesidades de su hijo: Prepárese para ser un defensor activo de las necesidades de su hijo.
  9. Busque apoyo: Considere contactar a otros padres de niños con discapacidad visual u organizaciones relevantes para obtener asesoramiento y apoyo.

La agudeza visual, expresada numéricamente, mide la capacidad del ojo para reconocer la forma de los objetos e identificar imágenes. Se mide mediante optotipos, donde el paciente ve filas de letras de tamaño decreciente. La edad es un factor fisiológico importante, especialmente a partir de los 45 años.

Clasificación de la agudeza visual para el grado de discapacidad:

  • Visión casi normal: 0.7 a 0.4.
  • Visión moderadamente baja: 0.3 a 0.150.
  • Visión gravemente disminuida (ceguera legal): 0.1 a 0.05. Se presenta dificultad para distinguir señales de tráfico o números de autobús.
  • Visión profundamente reducida: d (cuenta dedos) a 3 metros. Aumentan los problemas de orientación y movilidad, y los pacientes suelen usar bastón.
  • Ceguera parcial: d a menos de 1 metro. La visión es muy insegura, excepto en condiciones de iluminación perfectas.
  • Ceguera total: Sin percepción luminosa.

Según la legislación actual, se exige un mínimo de agudeza visual binocular (con ambos ojos) de 0.5 para particulares.

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