Estadísticas sobre la Mujer como Cuidadora: Datos y Realidades

El género influye significativamente en la prestación de cuidados familiares, evidenciando desigualdades en la distribución de las tareas relacionadas con el cuidado. Históricamente, el cuidado de personas dependientes, especialmente mayores, se ha apoyado en modelos sociales y culturales donde la familia asume un rol central. Particularmente en España, se observa un modelo mediterráneo en el que la mujer es el elemento principal de la red no profesional de cuidados.

Desde hace varias décadas, a la persona que presta cuidados no remunerados en el domicilio se le ha denominado cuidador informal. En España, con la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, se inicia un proceso de reconocimiento jurídico de esta figura, denominándola cuidador no profesional o familiar. El cuidado familiar se realiza a personas con diferentes grados de dependencia, generalmente por parte de miembros de la familia (hasta el tercer grado de parentesco) o personas cercanas por vecindad o amistad. Esta ley también contempla beneficios económicos o ayudas para el cuidado.

Perfil Predominante de la Cuidadora Informal

En todos los contextos, las mujeres tienen más probabilidades de ser cuidadoras que los hombres. Diversos estudios, incluyendo un estudio descriptivo transversal realizado en un Centro de Atención Primaria de Terrassa, confirman este perfil. En este estudio, se analizaron los resultados de 121 cuidadores que atendían a 109 pacientes con demencia entre 2013 y 2015. Los hallazgos mostraron que el 80,9% (98) de los cuidadores eran mujeres, con una edad media de 62,9 años (el 80% entre 50 y 80 años). El 85,1% eran familiares directos de la persona enferma (51,2% hijas/hijos y 33,9% cónyuges).

Asimismo, los datos del primer estudio a nivel nacional sobre personas cuidadoras en Chile, realizado por el Instituto Milenio para la Investigación del Cuidado (MICARE), revelan que las personas cuidadoras son, en su mayoría, mujeres de mediana edad, entre 40 y 59 años. Además, existe una presencia significativa de personas mayores cuidando a otra persona mayor (un 37%). Estas cuidadoras informales dedican en promedio 16,8 horas diarias al cuidado, un número que se incrementa con la mayor severidad de la dependencia.

Infografía comparando el perfil de cuidadores hombres y mujeres (edad, relación, horas de cuidado)

Un estudio mixto, descriptivo y fenomenológico realizado en Valencia con ocho mujeres y cinco hombres de setenta y más años que cuidaban a personas dependientes en el domicilio, también arrojó resultados relevantes. Si bien la edad media, el nivel de estudios y los años dedicados al cuidado eran mayores en los hombres cuidadores, las mujeres cuidadoras tenían una mayor carga relacionada con los cuidados. Un 90% de las cuidadoras lo hacían por obligación moral, compasión, reciprocidad y amor, mientras que un 80% de los cuidadores lo hacían por responsabilidad y reciprocidad, percibiendo un logro y un aprendizaje satisfactorio.

En cuanto al nivel educativo, tanto en el estudio de Terrassa como en la bibliografía revisada, se destaca que el perfil del cuidador informal es una persona con bajo nivel de estudios (63,6% en Terrassa tenían estudios primarios y solo el 10% estudios superiores). En el estudio de Valencia, el 15% de las cuidadoras no tenían estudios.

Impacto y Sobrecarga del Cuidado en las Mujeres

La prestación de cuidados familiares tiene consecuencias significativas tanto físicas como psicológicas. Diversos estudios revelan que el nivel de dependencia y la intensidad del cuidado son factores que afectan negativamente a la salud de las personas cuidadoras. Estos factores están modulados por diferencias de sexo, la edad avanzada, el bajo nivel educativo, la mala salud previa y la falta de apoyo social.

Las características asociadas a los roles de género determinan un mayor nivel de sobrecarga, mayor morbilidad y depresión, y una peor calidad de vida en las mujeres cuidadoras que en los hombres. En el estudio de Terrassa, se observó que un 20,6% de los cuidadores tomaban un fármaco antidepresivo, un 20,6% un ansiolítico y un 34,7% algún antiinflamatorio. Además, existía una mayor sobrecarga subjetiva en el test de Zarit después de un periodo de formación, lo que podría reflejar una mayor conciencia de los cuidadores sobre su situación.

El estudio MICARE de Chile también reporta que un 23% de las personas cuidadoras de personas mayores en situación de dependencia (PMD) y un 17% de las cuidadoras de personas con discapacidad intelectual y del neurodesarrollo (DID) reportan haber sufrido problemas de salud física y/o psicológica producto del trabajo. El burnout relacionado con el trabajo con residentes es de mayor prevalencia en sus niveles moderado, alto o severo (46%), aumentando al 54% en quienes cuidan hace más de 5 años. En cuanto a la sobrecarga de las personas cuidadoras informales, 2 de cada 5 personas que cuidan a una PMD reportan niveles de sobrecarga intensa.

Gráfico de barras mostrando la prevalencia de problemas de salud física y psicológica en cuidadores por tipo de dependencia.

A pesar de la alta carga y los problemas de salud, las personas dedicadas al cuidado de personas mayores y con discapacidad a menudo mantienen un nivel de satisfacción alto con respecto a su trabajo, lo que evidencia la dualidad entre la intensa carga del empleo realizado y la satisfacción que este pueda generar. El estudio MICARE detalla que el 87% de las personas cuidadoras formales se sienten satisfechas o totalmente satisfechas con su trabajo, y el 83% se sienten satisfechas o muy satisfechas con su vida. Para las cuidadoras informales, el 68% de las que cuidan a PMD y el 73% de las que cuidan a personas con DID se declaran satisfechas o muy satisfechas con su vida.

Influencia Sociocultural y Roles de Género

La cultura androcéntrica influye en las vivencias de las personas cuidadoras desde una perspectiva de género. Las cuidadoras entrevistadas en Valencia mantenían en la memoria experiencias vividas y replicaban comportamientos relacionados con la maternidad y crianza, la enfermedad y la muerte. Por ejemplo, algunas relataban haber cuidado de sus madres o haberse encargado de la cena de sus hijos inmediatamente después de dar a luz, considerándolo "lo normal".

En contraste, los hombres participantes en el estudio de Valencia manifestaron su falta de preparación para el cuidado del hogar y de la familia, teniendo que "aprender a cocinar, a limpiar". Los hombres consideran que cuidar a su esposa es un deber y una responsabilidad. Estas percepciones contrastan con la obligación moral, la compasión y el amor que motivan a las mujeres.

Los estereotipos de género.

El hecho de que el cuidado haya sido y siga siendo considerado como un tema femenino refuerza los estereotipos de género sobre los roles asignados a hombres y mujeres. Sin embargo, las estructuras familiares y los roles tradicionales están cambiando, y los hombres asumen el cuidado cuando las mujeres de la familia no están presentes. Parece existir una tendencia donde cada vez más hombres se dedican al cuidado familiar, aunque todavía en proporciones significativamente menores.

El género determina el significado que se otorga a la experiencia de cuidar. Aunque ambos, hombres y mujeres, desarrollan habilidades de resiliencia y alcanzan mayores niveles de adaptación, las razones y las cargas percibidas difieren notablemente.

El Cuidado durante la Pandemia

La pandemia de COVID-19 profundizó la problemática de la carga desproporcionada del trabajo de cuidados no remunerado sobre las mujeres. Se evidenció que el cuidado, tanto remunerado como no remunerado, es fundamental para sostener la economía y la sociedad. Los diversos confinamientos, toques de queda, cierres de escuelas y políticas de cuarentena aumentaron considerablemente la carga de cuidado en los hogares, especialmente para las mujeres.

Según datos de la CEPAL, en 2020 las mujeres sufrieron un retroceso de 18 años en las tasas de participación económica, al pasar del 51,8% en 2019 al 47,6%, mientras aumentaban drásticamente sus tareas domésticas, que ya ocupaban entre 22 y 42 horas semanales antes de la pandemia. La OIT señaló que, a medida que las economías se recuperaron, las mujeres no se reincorporaron al mercado laboral al mismo ritmo que los hombres; más de 4 millones de puestos de trabajo ocupados por mujeres desaparecieron en el contexto de la pandemia.

En promedio, el 43% de las mujeres reportó un aumento en el tiempo dedicado al cuidado de niños en 2021, 10 puntos porcentuales más que la proporción de hombres que reportó un aumento (33%). Al mismo tiempo, las tasas de empleo disminuyeron de manera más pronunciada para las mujeres (7 puntos porcentuales) que para los hombres (2 puntos porcentuales).

Políticas y Sistemas de Apoyo al Cuidado

Ante el impacto desproporcionado en las mujeres y la necesidad de sostener la recuperación económica, existe un impulso creciente en torno al fortalecimiento de los servicios de atención y cuidado. Este es uno de los principales temas tratados en la XV Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe en Buenos Aires.

Desde 2020, varios países han implementado políticas relevantes:

  • Argentina: Creó el Sistema Federal de Atención.
  • Colombia (Bogotá): Creó un Sistema de Atención distrital.
  • Costa Rica: Aprobó una Política Nacional de Cuidados 2021-2031.
  • México: Aprobó una reforma que eleva a rango constitucional el derecho al cuidado y crea un Sistema de Cuidado.

Iniciativas en Chile: El Programa Chile Cuida

Mapa de Chile mostrando las comunas cubiertas por la Red Local de Apoyos y Cuidados.

En Chile, el Gobierno del Presidente Gabriel Boric ha impulsado la creación de un Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados, denominado "Chile Cuida". A 15 meses de su inicio, más de 160 mil personas se encuentran inscritas como cuidadoras en el Registro Social de Hogares (RSH), con un crecimiento de cerca del 15% respecto a mediciones anteriores, alcanzando las 216.036 personas identificadas oficialmente.

La Credencial de Persona Cuidadora es la puerta de entrada a la red de servicios de Chile Cuida, un reconocimiento a una labor históricamente invisible. Los datos del Registro Social de Hogares confirman que el 86% de las personas identificadas como cuidadoras son mujeres, mientras que solo el 14% son hombres. La mayor proporción (46%) tiene entre 40 y 59 años, seguida por el grupo de 60 a 79 años (29%). En Chile, el 85% de quienes destinan 8 o más horas diarias al trabajo de cuidados no remunerado son mujeres.

El presupuesto para 2025 dedicado a cuidados ha propuesto un aumento del 37%, con el objetivo de ampliar la Red Local de Apoyos y Cuidados de 140 a 214 comunas y atender a 75 mil personas con dependencia severa y a sus cuidadores. Las personas cuidadoras también pueden acceder a beneficios como atención preferente en servicios públicos como Banco Estado, Fonasa, Registro Civil y Chile Atiende.

Como señala María Beatriz Fernández, investigadora principal del estudio MICARE, "el cuidado es un trabajo complejo, que involucra a muchos actores, y que tiene importantes consecuencias en quienes lo ejercen, así como quienes son receptores de estos apoyos; por tanto, poder dar cuenta de sus alcances es vital con miras a elaborar políticas públicas idóneas." La economía del cuidado se vislumbra como un sector que puede dinamizar la recuperación postpandemia, con efectos multiplicadores sobre el bienestar, la productividad, el crecimiento y los sistemas fiscales.

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