La valoración de la función física es una tarea habitual en los centros y unidades de rehabilitación. Los índices para medir la discapacidad física son cada vez más utilizados en la investigación y en la práctica clínica, especialmente en los ancianos, cuya prevalencia de discapacidad es mayor que la de la población general. Además, la valoración de la función física es una parte importante de los principales instrumentos usados para la valoración genérica de la calidad de vida relacionada con la salud. Actualmente, incluir la valoración de la función física es imprescindible en cualquier instrumento destinado a medir el estado de salud.
Las actividades de la vida diaria (AVD) son el foco principal de la medida de la salud y la calidad de vida en las personas mayores. En la investigación con estas, la inclusión de medidas de AVD es casi tan frecuente como las de la edad, el sexo y el estado civil. Su medida resulta crítica, ya que son un predictor principal de resultados importantes: mortalidad, utilización de servicios sanitarios e institucionalización, incidencia de enfermedades agudas, caídas y lesiones, y deterioro de la capacidad funcional. La mayoría de los instrumentos de AVD incluyen ítems de actividades de autocuidados y de movilidad. Clásicamente, la medida del estado de salud en términos de funcionamiento incluye, pues, tres grandes dominios: autocuidados, actividades instrumentales y movilidad. La movilidad interior (cambios de las posiciones del cuerpo, deambular dentro de casa) se adscribe comúnmente al dominio de las AVD y la movilidad exterior, al de las AIVD. El interés de este artículo se centra en la medida de las AVD.
Índice de Barthel: Un Instrumento Clave en la Valoración de la Discapacidad
Uno de los instrumentos más ampliamente utilizados para la valoración de la función física es el Índice de Barthel (IB), también conocido como "Índice de Discapacidad de Maryland". El IB es una medida genérica que valora el nivel de independencia del paciente con respecto a la realización de algunas actividades básicas de la vida diaria (AVD), mediante la cual se asignan diferentes puntuaciones y ponderaciones según la capacidad del sujeto examinado para llevar a cabo estas actividades.
El IB se comenzó a utilizar en los hospitales de enfermos crónicos de Maryland en 1955. Uno de los objetivos era obtener una medida de la capacidad funcional de los pacientes crónicos, especialmente aquellos con trastornos neuromusculares y músculo-esqueléticos. También se pretendía obtener una herramienta útil para valorar de forma periódica la evolución de estos pacientes en programas de rehabilitación. Las primeras referencias al IB en la literatura científica datan de 1958 y 1964, pero es en 1965 cuando aparece la primera publicación en la que se describen explícitamente los criterios para asignar las puntuaciones.
En la actualidad, este índice sigue siendo ampliamente utilizado, tanto en su forma original como en alguna de las versiones a que ha dado lugar, siendo considerado por algunos autores como la escala más adecuada para valorar las AVD.
Necesidad, Modelo Conceptual y de Medición del Índice de Barthel
El IB fue uno de los primeros intentos de cuantificar la discapacidad en el campo de la rehabilitación física, aportando un fundamento científico a los resultados que obtenían los profesionales de rehabilitación en los programas de mejora de los niveles de dependencia de los pacientes. El IB es una medida simple en cuanto a su obtención e interpretación, fundamentada sobre bases empíricas.
Se trata de asignar a cada paciente una puntuación en función de su grado de dependencia para realizar una serie de actividades básicas. Los valores que se asignan a cada actividad dependen del tiempo empleado en su realización y de la necesidad de ayuda para llevarla a cabo. Las AVD incluidas en el índice original son diez:
- Comer
- Trasladarse entre la silla y la cama
- Aseo personal
- Uso del retrete
- Bañarse/ducharse
- Desplazarse (andar en superficie lisa o en silla de ruedas)
- Subir/bajar escaleras
- Vestirse/desvestirse
- Control de heces
- Control de orina
Las actividades se valoran de forma diferente, pudiéndose asignar 0, 5, 10 o 15 puntos. El rango global puede variar entre 0 (completamente dependiente) y 100 puntos (completamente independiente). El IB aporta información tanto a partir de la puntuación global como de cada una de las puntuaciones parciales para cada actividad. Esto ayuda a conocer mejor cuáles son las deficiencias específicas de la persona y facilita la valoración de su evolución temporal.
La elección de las actividades que componen el IB fue empírica, a partir de las opiniones de fisioterapeutas, enfermeras y médicos. El IB, por tanto, no está basado en un modelo conceptual concreto, es decir, no existe un modelo teórico previo que justifique la elección de determinadas actividades de la vida diaria o la exclusión de otras.
Puntuaciones Originales de las AVD Incluidas en el Índice de Barthel
La siguiente tabla muestra las puntuaciones originales asignadas a cada actividad:
| Actividad | Puntuación y Descripción |
|---|---|
| Comer | 0 = incapaz 5 = necesita ayuda para cortar, extender mantequilla, usar condimentos, etc. 10 = independiente (la comida está al alcance de la mano) |
| Trasladarse entre la silla y la cama | 0 = incapaz, no se mantiene sentado 5 = necesita ayuda importante (una persona entrenada o dos personas), puede estar sentado 10 = necesita algo de ayuda (una pequeña ayuda física o ayuda verbal) 15 = independiente |
| Aseo personal | 0 = necesita ayuda con el aseo personal. 5 = independiente para lavarse la cara, las manos y los dientes, peinarse y afeitarse. |
| Uso del retrete | 0 = dependiente 5 = necesita alguna ayuda, pero puede hacer algo solo. 10 = independiente (entrar y salir, limpiarse y vestirse) |
| Bañarse/Ducharse | 0 = dependiente. 5 = independiente para bañarse o ducharse. |
| Desplazarse | 0 = inmóvil 5 = independiente en silla de ruedas en 50 m. 10 = anda con pequeña ayuda de una persona (física o verbal). 15 = independiente al menos 50 m, con cualquier tipo de muleta, excepto andador. |
| Subir y bajar escaleras | 0 = incapaz 5 = necesita ayuda física o verbal, puede llevar cualquier tipo de muleta. 10 = independiente para subir y bajar. |
| Vestirse y desvestirse | 0 = dependiente 5 = necesita ayuda, pero puede hacer la mitad aproximadamente, sin ayuda. 10 = independiente, incluyendo botones, cremalleras, cordones, etc. |
| Control de heces | 0 = incontinente (o necesita que le suministren enema) 5 = accidente excepcional (uno/semana) 10 = continente |
| Control de orina | 0 = incontinente, o sondado incapaz de cambiarse la bolsa. 5 = accidente excepcional (máximo uno/24 horas). 10 = continente, durante al menos 7 días. |
El total de puntos puede variar entre 0 y 100 puntos (0-90 si usan silla de ruedas).
Otras Versiones del Índice de Barthel
El Índice de Barthel ha dado lugar a múltiples versiones a lo largo del tiempo, buscando mejorar su sensibilidad y adaptabilidad.
Versión de Collin y Wade
Collin y Wade usaron una versión con ligeras modificaciones respecto al original. El cambio más notable es que puntúan con incrementos de 1 punto en lugar de los 5 de la escala original, lo que resulta en un rango global de 0 a 20 puntos.
Versiones de Granger et al.
Granger et al. utilizaron una versión del IB, modificada por el New England Rehabilitation Hospital, que introduce leves cambios con respecto al original. Posteriormente desarrollaron otra versión, esta vez ampliada, que incluía 15 actividades en lugar de las 10 originales. Esta versión mantenía fielmente los fundamentos de la escala original pero consideraba de interés valorar ciertas actividades con un grado mayor de especificación. Por ejemplo, esta versión pondera separadamente la actividad de vestirse/desvestirse según sea la parte superior del cuerpo o la inferior. También incluye actividades como ponerse aparatos ortopédicos o prótesis, beber de una taza, comer de un plato, y otras modificaciones en el mismo sentido, además de las actividades originales.
Las diferencias que presenta esta versión no solo afectan a las actividades que se tienen en cuenta sino también al sistema de puntuación. Existe una versión con 3 niveles de puntuación para cada actividad y otra versión con 4 niveles de puntuación. En cualquier caso, el rango de la escala no varía, manteniéndose entre 0 y 100 puntos. Con respecto a la interpretación de las puntuaciones, la versión de Granger contempla dos índices diferentes como componentes del IB:
- El índice de autoayuda, con una puntuación máxima de 53 puntos.
- El índice de movilidad, con un máximo de 47 puntos.
Granger et al. también han utilizado una variante con 12 actividades.
Índice de Barthel, modificación de Granger, con 15 actividades y 3 niveles de puntuación
A continuación, se presenta la modificación de Granger:
| Índice de Autocuidado | Independencia | Con ayuda | Dependencia |
|---|---|---|---|
| 1. Beber de un vaso | 4 | 0 | 0 |
| 2. Comer | 6 | 0 | 0 |
| 3. Vestirse de cintura para arriba | 5 | 3 | 0 |
| 4. Vestirse de cintura para abajo | 7 | 4 | 0 |
| 5. Colocarse prótesis o aparato ortopédico | 0 | -2 | 0 |
| 6. Aseo personal | 5 | 0 | 0 |
| 7. Lavarse o bañarse | 6 | 0 | 0 |
| 8. Control orina | 10 | 5 | 0 |
| 9. Control heces | 10 | 5 | 0 |
| Índice de Movilidad | Independencia | Con ayuda | Dependencia |
|---|---|---|---|
| 10. Sentarse y levantarse de la silla | 15 | 7 | 0 |
| 11. Sentarse y levantarse del retrete | 6 | 3 | 0 |
| 12. Entrar y salir de la ducha | 1 | 0 | 0 |
| 13. Andar 50 metros sin desnivel | 15 | 10 | 0 |
| 14. Subir y bajar un tramo de escaleras | 10 | 5 | 0 |
| 15. Si no anda: mueve la silla de ruedas | 5 | 0 | 0 |
Versión de Shah et al.
Otra versión, propuesta por Shah et al., mantiene las 10 actividades originales, pero incrementa el número de niveles por cada actividad hasta 5. Esta modificación en los niveles pretende aumentar la sensibilidad de la medida sin añadir complicaciones adicionales en su administración. El rango de puntuación se mantiene entre 0 y 100. También se ha propuesto una versión para su uso como escala autoadministrada, que considera 17 actividades y seis categorías en cada actividad.
Índice de Barthel, modificación de Shah et al., con 10 actividades y 5 niveles de puntuación
| Actividad | Incapaz de hacerlo | Intenta pero inseguro | Cierta ayuda necesaria | Mínima ayuda necesaria | Totalmente independiente |
|---|---|---|---|---|---|
| Aseo personal | 0 | 1 | 3 | 4 | 5 |
| Bañarse | 0 | 1 | 3 | 4 | 5 |
| Comer | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Usar el retrete | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Subir escaleras | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Vestirse | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Control de heces | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Control de orina | 0 | 2 | 5 | 8 | 10 |
| Desplazarse | 0 | 3 | 8 | 12 | 15 |
| Silla de ruedas | 0 | 1 | 3 | 4 | 5 |
| Traslado silla/cama | 0 | 3 | 8 | 12 | 15 |
Fiabilidad del Índice de Barthel
La fiabilidad (entendida como la capacidad de la prueba para obtener los mismos resultados bajo las mismas condiciones) del IB no fue determinada cuando se desarrolló originalmente. Loewen y Anderson se atribuyen haber realizado el primer estudio de fiabilidad del IB en su versión original. Comprobaron la fiabilidad mediante pruebas de concordancia inter e intraobservador. Para ello, entrenaron a catorce terapeutas que, usando grabaciones de vídeo de pacientes, puntuaron la realización de las actividades. De los resultados de este estudio se deduce una buena fiabilidad interobservador, con índices de Kappa entre 0,47 y 1,00. Con respecto a la fiabilidad intraobservador se obtuvieron índices de Kappa entre 0,84 y 0,97.
Roy et al. informaron de una fiabilidad interobservador muy elevada en un estudio que utilizaba tres evaluadores (un médico y dos fisioterapeutas). En cuanto a la evaluación de la consistencia interna, se ha observado un alpha de Cronbach de 0,86-0,92 para la versión original y de 0,90-0,92 para la versión propuesta por Shah et al.
Validez del Índice de Barthel
A la hora de considerar la validez del IB (capacidad de un instrumento para medir lo que pretende medir) hay que tener en cuenta que este índice se ha elaborado sobre bases empíricas, lo cual limita la posibilidad de llevar a cabo una evaluación exhaustiva de este criterio. En cualquier caso, existen evidencias indirectas que permiten realizar valoraciones de la llamada "validez de constructo" o validez de concepto. La validez de constructo es el grado en que una medida es compatible con otras medidas con las que hipotéticamente tiene que estar relacionada. En este sentido, se ha observado que el IB inicial es un buen predictor de la mortalidad. Es presumible que esta asociación se deba a la habilidad del IB para medir discapacidad, condición esta que presenta una asociación fuerte y consistente con una mayor mortalidad. También se ha observado que entre los pacientes con accidente cerebrovascular agudo (ACVA) los más jóvenes presentan grados menores de discapacidad. Esta misma relación se observa en las puntuaciones del IB de los pacientes que sufren ACVA.
Otros Instrumentos de Valoración de la Discapacidad Funcional en Personas Mayores
Además del Índice de Barthel, existen otros instrumentos utilizados en la investigación con personas mayores para valorar la adecuación conceptual, la aplicabilidad y la calidad psicométrica de las escalas de Actividades de la Vida Diaria (AVD). Un estudio que buscó documentos originales en bases de datos nacionales e internacionales, así como búsquedas manuales, incluyó 34 estudios empíricos relativos a cuatro instrumentos principales:
- El Índice de Barthel (IB)
- El Índice de Katz (IK)
- La Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja (EFCR)
- La Escala de Actividades de Cuidado Personal del OARS (ACPOARS)
Los resultados de este estudio evidencian, en general, un elevado número de versiones para cada escala, con procesos de adaptación transcultural endebles y sin normas de administración ni de interpretabilidad. La reproducibilidad interobservador es el aspecto de la fiabilidad más examinado. La evidencia sobre la validez predictiva es amplia, pero las evidencias sobre la validez concurrente y la responsividad son casi nulas. Se concluye que una versión del Índice de Barthel y otra del Índice de Katz son las que más evidencias han reunido.
Índice de Katz (IK)
El IK evalúa la dependencia/independencia de las personas en 6 AVD: baño (esponja, ducha o bañera), vestido, uso del retrete, transferencia, continencia y alimentación. En la escala original cada actividad se categoriza en tres niveles de funcionamiento: independencia, dependencia parcial y dependencia total. Niveles que posteriormente se clasifican en dos: dependencia o independencia. Sobre la base de esta última categorización, las personas son incluidas en uno de los 8 niveles de dependencia del índice, que oscilan entre A (independiente para todas las funciones) y G (dependiente en todas las funciones), existiendo un nivel denominado O (dependiente en al menos dos funciones pero no clasificable como C, D, E o F).
Entre las versiones españolas, Álvarez-Solar et al. presentan una traducción simple del índice con modificaciones importantes sobre el original. El observador puntúa cada actividad en una escala de 2 niveles (dependiente/independiente) y no incluye definiciones de las funciones a evaluar. Los estudios de González-Montalvo et al. y Cruz-Jentoft también presentan traducciones simples, pero en estos casos, los autores mantienen las tres opciones de la escala original.

Escala de Incapacidad Física de la Cruz Roja (EFCR)
La EFCR es un índice global de incapacidad funcional. Evalúa la incapacidad física según una escala de 6 grados, que oscilan entre 0 (se vale totalmente por sí mismo, anda con normalidad) y 5 (inmovilizado en cama o sillón, incontinencia total, necesita cuidados continuos de enfermería). Es un instrumento de elaboración española.
Escala de Actividades de Cuidado Personal del OARS (ACPOARS)
La ACP-OARS constituye uno de los dos factores de la escala de capacidad de autocuidado del OARS Multidimensional Functional Assessment Questionnaire. Evalúa 7 actividades: capacidad para comer.
Escala de Rankin Modificada
La Escala de Rankin modificada es comúnmente utilizada para medir el grado de incapacidad o dependencia en las actividades diarias de personas que han sufrido un ictus o accidente vascular cerebral. Debe acompañarse de una entrevista estructurada para evitar subjetividad en la puntuación. Esta escala evalúa la capacidad del paciente para realizar actividades habituales, laborales, de cuidado personal, sociales o de ocio, y sus relaciones personales, en comparación con su situación previa al ictus.
La escala considera diferentes niveles de dependencia:
- El paciente presenta limitaciones en sus actividades habituales y laborales previas, pero es independiente para las Actividades Básicas de la Vida Diaria (ABVD).
- El paciente necesita asistencia para algunas de las actividades instrumentales, pero no para las ABVD.
- El paciente necesita asistencia para las ABVD, pero no necesita cuidados de forma continua.
- El paciente necesita cuidados (profesionales o no) durante las 24 horas del día.
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Impacto de la Discapacidad Funcional en la Calidad de Vida y Riesgo Ergonómico
Las posturas sostenidas y exigidas durante el trabajo laboral son un riesgo para la integridad física de las personas. Cuando tienen alguna lesión en alguna parte de su cuerpo, su sintomatología puede agravarse más cada día y llegar a una discapacidad.
Un estudio en la Polyclinic de Ate durante el año 2025, utilizando un enfoque cuantitativo con el método hipotético-deductivo, en un diseño no experimental de tipo correlacional y corte transversal, investigó la relación entre la discapacidad funcional y la calidad de vida. La muestra fue seleccionada mediante un muestreo no probabilístico de tipo censal y se utilizó el cuestionario WHOQOL-BREF desarrollado por la Organización Mundial de la Salud.
Los resultados mostraron que el 33.75% de los pacientes con lumbalgia tenían entre 36 y 41 años, y el menor porcentaje (6.25%) entre 48 y 53 años. En cuanto al género, el 41.3% de los pacientes con dolor lumbar fueron masculinos y el 58.8% femeninos. Respecto a la discapacidad funcional grave, el 37.9% de los participantes presentó una discapacidad moderada y el 9.1% muy grave. En relación con la calidad de vida, el 50% reportó un nivel bajo, el 31.1% medio y el 18.9% alto. Se observó que la incapacidad funcional y el riesgo ergonómico tienen una relación significativa (p=0,000<0.01), y el coeficiente de Spearman fue 0,734, indicando una relación directa (positiva).
El bienestar físico fue el más afectado, con un 73.5% de los participantes en nivel bajo. Se encontró una correlación moderada entre la discapacidad funcional y la calidad de vida (rho = -0.58, p < 0.01). Sin embargo, no existe relación entre el riesgo ergonómico y la edad, así como el riesgo ergonómico y el género en pacientes con dolor lumbar.
Estos hallazgos resaltan la importancia de un enfoque terapéutico integral para abordar tanto la salud física como mental de los pacientes con discapacidad funcional.