La enfermería, como actividad fundamental, ha existido desde el inicio de la humanidad, dada la constante necesidad de cuidado para aquellos incapaces de valerse por sí mismos. Con el tiempo, la profesión ha evolucionado hacia un trabajo sistemático, basado en el método científico, lo que ha permitido generar su propio marco de acción: el Proceso de Atención de Enfermería (PAE), consolidándola como una disciplina esencial en el ámbito sanitario.
Según el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE), la enfermería abarca los cuidados, tanto autónomos como en colaboración, que se prestan a personas de todas las edades, familias, grupos y comunidades, en cualquier estado de salud y en todos los contextos. Esto incluye la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y el cuidado de enfermos, discapacitados y personas moribundas, tanto en su vertiente curativa como paliativa. El cuidado es, en resumen, el objetivo principal y la esencia de la profesión enfermera, diferenciándola de otras disciplinas y confiriéndole un valor intrínseco.
Actualmente, la gestión del cuidado en enfermería de las personas mayores representa un gran desafío. Diversas organizaciones a nivel global han trabajado para fortalecer las estrategias que aseguren una fuerza laboral de enfermería capacitada, poniendo en sus manos la gestión del cuidado de las comunidades con el objetivo de mejorar la promoción de la salud, la recuperación de la enfermedad y la rehabilitación cuando sea necesario. En contextos específicos, como el chileno, la sociedad reconoció en 1997 el rol social esencial y transversal de las enfermeras(os) en todas las etapas de la vida humana. Este reconocimiento se tradujo en normativas que otorgan a la enfermería la función de “Gestión del Cuidado” de forma autónoma, exclusiva y excluyente, exigiendo la constitución de "Subdirecciones de Gestión del Cuidado" en los centros de salud de mediana y alta complejidad.

El Envejecimiento Poblacional: Un Desafío Global
El envejecimiento poblacional no es un fenómeno exclusivo de las sociedades modernas. Se estima que en el planeta viven 600 millones de personas mayores de 60 años, y se proyecta que esta cifra se duplicará para 2025 y alcanzará los 2.000 millones para 2050. En América Latina, la prevalencia de adultos mayores de 60 años o más fue del 8%, estimándose que para 2025 ascenderá al 14,1%. En países como Chile, las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) indican que la población mayor de 65 años, que era del 11,8% en 2019, aumentará a casi un 19% para 2035. De manera similar, en Perú, se espera que la población adulta mayor se duplique para el año 2050.
Este cambio demográfico plantea un inmenso desafío para la enfermería, que debe planificar y coordinar la entrega de cuidados interdisciplinarios seguros, especializados y de calidad a este grupo etario, considerando sus riesgos y necesidades especiales y las de su entorno. La Gestión del Cuidado en Enfermería en las distintas etapas del ciclo vital es crucial, especialmente ante los cambios en el perfil epidemiológico, que ha pasado del predominio de enfermedades infecciosas a la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles, accidentes y problemas de salud mental en una población cada vez más envejecida.
La Valoración Integral en Enfermería del Adulto Mayor
La valoración responde a la identificación que hace la enfermera de la situación de salud del anciano bajo su cuidado. Esta se basa en la filosofía de cuidados internalizada y la forma de expresarla, siendo el modelo de Virginia Henderson uno de los sugeridos para la valoración del anciano institucionalizado.
La valoración del adulto mayor residente es un proceso diagnóstico multidimensional, cuyo fin es identificar, describir y cuantificar los problemas físicos, funcionales, psíquicos y sociales que pueda presentar el paciente. Esta valoración es crucial para diseñar un plan de cuidado global, optimizar los recursos disponibles y realizar el seguimiento de la evolución de cada residente.
Requisitos para una Valoración Efectiva
Al efectuar una valoración del adulto mayor, es fundamental cumplir ciertos requisitos relacionados con las estrategias de comunicación y la capacidad de reconocer cuándo postergar la valoración para otra oportunidad, obteniendo solo la información más pertinente para el plan de cuidados. Es indispensable estar atento al estado emocional y las preocupaciones del adulto mayor.
Una persona es considerada residente cuando necesita un nuevo hogar y cuidados que no pueden serle prestados en su domicilio por la familia o cuidadores, y que presentan condiciones de discapacidad física, psíquica o problemas sociales. La evaluación debe realizarse al ingreso, ya sea proveniente del domicilio o del hospital, o cuando reingresa al hogar después de una hospitalización.
Plan de Atención Interdisciplinario
Un plan de atención interdisciplinario debe diseñarse dentro de las primeras dos semanas desde el ingreso del adulto mayor. Esto permite iniciar lo más precozmente posible la rehabilitación de las discapacidades detectadas durante la valoración.
Áreas de la Valoración Multidimensional al Ingreso
La valoración al ingreso es multidimensional y abarca las siguientes áreas:
- Valoración Clínica: Permite cualificar y cuantificar patologías sintomáticas, identificar enfermedades desconocidas, evaluar sus efectos sobre la funcionalidad y planificar la intervención terapéutica. Incluye la anamnesis (antecedentes personales, familiares, nutricionales, farmacológicos, hábitos tóxicos, vacunaciones, situación basal previa, enfermedades actuales y su impacto funcional, problemas socio-ambientales), la exploración física y los exámenes complementarios.
- Valoración Funcional: Su objetivo es describir y cuantificar la capacidad de movilización y la realización de las actividades de la vida diaria (AVD), incluyendo las actividades básicas (ABVD) y las instrumentales (AIVD).
- Valoración Mental: Busca identificar y cuantificar trastornos en las áreas cognitivas y afectivas que puedan afectar la capacidad de autosuficiencia. Se complementa con una observación no estructurada del comportamiento, apariencia, ánimo y lenguaje.
- Valoración Social: Tiene como objetivo identificar situaciones socioeconómicas y ambientales que puedan condicionar la evolución clínica o funcional de los ancianos residentes. Es útil consultar sobre las características del hogar previo al ingreso, la relación con la familia y amigos, expectativas futuras y pasatiempos.
- Valoración Demográfica: Permite conocer el nivel cultural, profesión, estado civil, edad y composición familiar, así como actividades de ocio y hobbies, dado que la falta de programas de animación sociocultural es una debilidad común en muchos hogares de ancianos.
La valoración del paciente en esta etapa de la vida, especialmente en centros residenciales donde algunos presentan un estado de salud aparentemente estable y otros enfermedades, es fundamental para asegurar que las acciones y cuidados sean correctos y eficaces.

El Rol de la Enfermera en la Atención Geriátrica Institucional
Aunque no existe uniformidad en las funciones de la enfermera en una residencia, se toman como referencia las normadas por organismos profesionales. Las funciones principales incluyen:
- Atender y acompañar al anciano y sus familiares en los momentos finales de su vida.
- Función Gestora: Esta incluye la gestión del cuidado y la gestión de los recursos disponibles para la atención.
- Gestión de Cuidados: La enfermera debe coordinar al equipo de enfermería en la planificación y ejecución de cuidados. Dada la heterogeneidad en la capacitación del personal (auxiliares de enfermería, cuidadores), la enfermera debe velar por la capacitación continua, especialmente en la estimación funcional (física y mental). Además, debe registrar en los documentos pertinentes los problemas identificados en la valoración sistemática, elaborando el Plan de Atención individualizado. Es fundamental que todos los ancianos residentes dispongan de una ficha clínica con su nivel de funcionalidad y registros de enfermería adecuados. La enfermera también planifica, controla y supervisa los cuidados básicos, evalúa las intervenciones y controla la calidad de la atención.
- Gestión de Recursos: Implica el control de recursos materiales (ropa, útiles, material fungible) y personales, así como la gestión administrativa asistencial (tramitación de documentos, informes, etc.).
Gestión de Riesgos en el Adulto Mayor Hospitalizado
La Gestión de Riesgos es un modelo de trabajo sistematizado dentro del rol de la Gestión del Cuidado en Enfermería. Permite identificar riesgos clínicos y, tras su análisis, adoptar medidas preventivas o correctivas basadas en la mejor evidencia disponible para evitar daños secundarios derivados de la atención sanitaria.
Durante la hospitalización, los riesgos potenciales de un evento adverso dependen de factores propios del paciente (intrínsecos), factores asociados a la terapia o procedimientos (extrínsecos) y factores relacionados con los procesos organizacionales. En los adultos mayores, las características intrínsecas del envejecimiento, junto con los factores extrínsecos y los procesos propios de la organización, pueden aumentar la frecuencia de incidentes, prolongar la estadía hospitalaria y elevar el riesgo de complicaciones.
Los daños potenciales en la atención del adulto mayor en el hospital se dirigen hacia la pérdida de funcionalidad, la presencia de delirium y la aparición de riesgos inherentes al ámbito hospitalario, como lesiones de piel, caídas e infecciones asociadas a la atención de salud. Estos eventos pueden provocar daño a largo plazo, llevando a la dependencia física y cognitiva permanente.
Principales Riesgos Identificados
Pérdida de Funcionalidad
La disminución de la fuerza y masa muscular, y la reducción de la capacidad aeróbica son cambios fisiológicos en las personas mayores que contribuyen a la pérdida de funcionalidad durante la hospitalización. Estudios han demostrado que entre un 47% y un 70% de los pacientes mayores de 60 años tienen alto riesgo de deterioro funcional durante su estadía hospitalaria, relacionado con el diagnóstico de ingreso, deterioro cognitivo previo, bajo nivel de actividad social, edad y factores intrahospitalarios como reposo prolongado, larga estancia y rehabilitación tardía.
Investigaciones indican que un paciente adulto mayor puede perder hasta un 78,5% de su capacidad funcional durante una hospitalización. Para prevenir esta pérdida, se recomiendan intervenciones interdisciplinarias que incluyan rehabilitación motora temprana y ejercicio físico.
Delirium
El Delirium, según el “Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders” (DSM-5), se define como una "alteración en la atención y conciencia que se desarrolla de manera aguda y tiende a fluctuar". Es extremadamente frecuente en pacientes adultos mayores hospitalizados: al menos un tercio de los mayores de 70 años lo experimentan, ya sea al ingreso o durante la hospitalización. También se presenta con alta frecuencia después de cirugías (15-25%), en unidades de cuidados críticos (más del 75%) y en urgencias (10-15%).
Los factores de riesgo se clasifican en:
- Predisponentes: Edad avanzada, discapacidades funcionales, coexistencia de otras patologías.
- Precipitantes: Sexo femenino, deterioro visual y auditivo, síntomas depresivos, anormalidades de laboratorio, deterioro cognitivo leve, abuso de alcohol. Durante la hospitalización, fármacos (hipnóticos, anticolinérgicos, sedantes, anestesia), cirugía, dolor, anemia, infecciones, enfermedades graves y exacerbaciones de enfermedades crónicas también son factores precipitantes.
La gestión del cuidado de enfermería para pacientes con delirium debe incluir estrategias de control de la medicación (protocolos de sueño no farmacológicos, reducción de fármacos de riesgo como benzodiacepinas y opioides), manejo ambiental (orientación, reducción de deprivación sensorial con calendarios, relojes, iluminación adecuada, uso de anteojos y audífonos) y el apoyo familiar. El personal de enfermería debe educar a los familiares para que proporcionen orientación constante y animen al paciente a mantenerse activo.
Qué es el delirium y cúal es su tratamiento
Riesgos Inherentes al Ámbito Hospitalario
Durante la hospitalización, el adulto mayor enfrenta riesgos como caídas y lesiones de piel asociadas al reposo en cama. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reporta que las caídas causan aproximadamente 646.000 muertes anuales, afectando principalmente a mayores de 65 años. Se estima que entre un 2% y un 12% de estas personas sufrirán una caída durante la hospitalización, y la mayoría (75,7% a 85%) ocurren en la habitación o cerca de la cama.
Las lesiones de piel en adultos mayores son resultado de factores como el encamamiento prolongado, la movilidad reducida, la malnutrición, las alteraciones fisiológicas y la incontinencia. El manejo del entorno hospitalario es crucial para no deteriorar la capacidad funcional del adulto mayor. Prácticas como las camas en posición alta para conveniencia del personal, el uso casi constante de barandas elevadas y la restricción de la movilización pueden contribuir a estos riesgos.
Cuidados de Enfermería Esenciales y Recomendaciones
La atención de enfermería en el cuidado del adulto mayor abarca un conjunto de actividades dentro de la geriatría, enfocadas en promover el bienestar de las personas durante su envejecimiento. Este enfoque trasciende el acompañamiento y la asistencia biomédica, incluyendo el conocimiento de las necesidades psicológicas y los posibles trastornos funcionales para una atención integral.
Recomendaciones para el Cuidado en Casa
En muchos casos, los cuidados de enfermería del adulto mayor son asumidos por miembros de la familia, quienes a menudo carecen de formación específica. Para una atención efectiva:
- Enumerar Necesidades: Identificar claramente las necesidades del adulto mayor para establecer la contribución de cada miembro de la familia y reunir los recursos necesarios.
- Delegar Responsabilidades: Establecer acuerdos con otros familiares sobre las responsabilidades, considerando quiénes pueden ayudar y su disponibilidad.
- Establecer Horarios: Crear una rutina diaria para actividades como comidas, aseo personal y recreación.
- Control de Medicación: Llevar un registro de las dosis y horarios de cada medicamento para evitar confusiones.
- Cuidado de la Incontinencia: Aprender a realizar cambios de pañal y seleccionar la ropa interior adecuada.
- Higiene Personal: Realizar el aseo personal, incluyendo baños en cama si es necesario, utilizando toallas húmedas de diferentes tamaños.
Actividades Cotidianas del Enfermero
La atención de enfermería en el adulto mayor incluye:
- Ayudar al adulto mayor a desplazarse y adoptar una posición corporal adecuada.
- Administrar medicamentos y monitorear el estado de salud general.
- Asistir en el aseo personal y apoyar en la alimentación si es necesario.
- Vigilar posibles alteraciones en la piel, uñas, ojos, entre otros, y observar constantemente el estado de ánimo.
- Reportar al médico de cabecera sobre el estado del paciente.
- Evaluar la condición nutricional, asegurando una dieta variada y equilibrada, y promoviendo la ingesta de líquidos para prevenir la deshidratación.
- Establecer protocolos de atención y monitoreo para trastornos de sueño, incontinencia, equilibrio, aislamiento, presión arterial y afecciones neurológicas.
- Supervisar factores externos, asegurando que el mobiliario, la iluminación y el ambiente se adapten a la condición del paciente, eliminando obstáculos.
- Detectar síntomas de alarma, como signos de fragilidad en la capacidad aeróbica o funciones cognitivas, y prestar atención a los efectos de enfermedades crónicas a nivel físico, psíquico y social.
Especialización y Apoyo Familiar
Las funciones de los profesionales de enfermería en el cuidado del adulto mayor van más allá de la asistencia, incluyendo la realización de controles y evaluaciones diagnósticas, cuidados paliativos, rehabilitación y apoyo emocional. Especializaciones como la Enfermería Geriátrica son fundamentales, ya que aportan los conocimientos necesarios para reconocer al adulto mayor en su contexto sociocultural y establecer protocolos de atención personalizados.
El vínculo familiar es el pilar más importante para el bienestar de los adultos mayores, contribuyendo a un envejecimiento activo y saludable. La participación de la familia y la comunidad en el cuidado es reconocida en políticas de salud, que promueven la educación gerontológica para fomentar el autocuidado, la independencia, la autonomía y la prevención en la vida diaria, con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la persona.