El cuidado de los ancianos en el Magisterio de la Iglesia

La Iglesia Católica, a través de las enseñanzas de sus Pontífices y documentos magisteriales, ha puesto un énfasis constante en la dignidad y el valor de los ancianos, promoviendo una pastoral del cuidado que contrarreste la "cultura del descarte". Esta preocupación se ha intensificado en las últimas décadas debido al aumento de la esperanza de vida y la creciente proporción de personas mayores en la sociedad.

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La visión del Papa Francisco: La vejez como don y sabiduría

El Papa Francisco ha advertido repetidamente contra la cultura que margina a los ancianos, seleccionando la vida en función de la utilidad y la juventud. En sus catequesis, el Santo Padre ha dedicado una profunda reflexión a la vejez, partiendo de pasajes evangélicos y figuras bíblicas para resaltar su valor intrínseco. Para Francisco, la vejez no es una carga, sino un regalo "para todas las edades de la vida", un don de madurez y sabiduría.

El alegre servicio de la fe y la gratitud

El Papa Francisco subraya el "alegre servicio de la fe que se aprende en la gratitud", tomando como punto de partida el pasaje del Evangelio de Marcos donde Jesús cura a la suegra de Simón. En este relato, Jesús no va solo a visitar a la anciana enferma, sino que lo hace junto con sus discípulos, enseñando que "la comunidad cristiana es la que debe ocuparse de los ancianos", especialmente hoy, cuando su número ha crecido.

La enfermedad en la vejez se experimenta de una manera diferente y nueva, a menudo como un golpe que acelera la percepción de la muerte. Ante esto, la lección evangélica muestra cómo la salvación se comunica a través de la atención a la persona enferma. La mujer curada expresa su gratitud, y el Papa observa que "incluso siendo ancianos se puede, incluso se debe, servir a la comunidad", superando "la tentación de hacerse a un lado".

Video del Papa en diciembre, para cuidar a los ancianos

La cultura del descarte y el diálogo intergeneracional

Francisco vuelve a un concepto en el que insiste a menudo: la cultura del descarte, que socialmente intenta borrar a los viejos como si fueran una carga. Esto es una traición a la propia humanidad, una selección de la vida según la utilidad, y no con la sabiduría de los mayores y sus limitaciones. Los ancianos tienen mucho que darnos, la sabiduría de la vida, y mucho que enseñarnos. Por ello, el diálogo entre jóvenes, niños y abuelos es fundamental para la sociedad y la Iglesia, ya que donde no hay este diálogo, crece una generación sin pasado, sin raíces.

Itinerario catequético sobre la vejez (2022)

En 2022, el Papa Francisco abrió un itinerario catequético sobre el significado y el valor de la vejez, marcado por el ejemplo de figuras bíblicas que dibujan un perfil de la persona mayor diferente al propuesto por la cultura dominante. No solo una persona frágil, sino un testigo insustituible capaz de transmitir sabiduría, valores y fe a las nuevas generaciones.

Algunos puntos clave de este itinerario incluyen:

  • La vejez como regalo: La eterna juventud es una alucinación muy peligrosa. Ser ancianos es tan importante y hermoso como ser jóvenes.
  • Oportunidades de la longevidad: La vejez impone ritmos más lentos, que abren espacios de sentido de la vida desconocidos para la obsesión de la velocidad.
  • Alianza de generaciones: Una sociedad es estéril y sin futuro si los ancianos no hablan con los jóvenes y viceversa. Perder tiempo con hijos, abuelos y ancianos fortalece la familia humana.
  • Sabiduría profética: La sabiduría de los ancianos es una palabra profética para ir contra la corrupción. El mundo necesita jóvenes fuertes y ancianos sabios que sean profetas contra la corrupción.
  • Transmisión de la historia: Moisés, al final de sus días, proclama el nombre del Señor y transmite su legado. Una vejez con esta lucidez es un precioso regalo para la generación que le sigue.
  • Fidelidad de la espera: Figuras como Simeón y Ana enseñan que la fidelidad de la espera agudiza los sentidos. Una vejez ejercitada en la espera de la visita de Dios no perderá su paso, sino que tendrá más sensibilidad para acoger al Señor.
  • Honor por la vida vivida: El honor por la vida vivida es una ambición que hará brillar a los jóvenes que hereden las mejores cualidades de los ancianos.
  • Alianza de generaciones (Rut y Noemí): La historia de Rut y Noemí es una valiosa enseñanza sobre la alianza de las generaciones, donde la juventud da entusiasmo y la vejez reabre el futuro para la juventud herida.
  • Fidelidad de la fe (Eleazar): Eleazar es un testimonio de la relación especial entre la fidelidad del honor de la fe y la vejez. Creer no es algo "de ancianos", sino algo de vida.
  • Heroísmo en lo cotidiano (Judit): El heroísmo no es solo de grandes eventos, sino que a menudo se encuentra en la tenacidad del amor en una familia difícil y a favor de una comunidad amenazada.
  • Paz del encuentro con Dios (Job): Los ancianos, como Job, aprenden mucho en la vida y, al final, alcanzan una paz casi mística, la paz del encuentro con Dios.
  • Pasión por la justicia (Cohélet): Si los ancianos que ya han visto de todo conservan intacta su pasión por la justicia, hay esperanza para el amor y para la fe.
  • Abandonarse al cuidado (del 1º de junio de 2022): De los ancianos aprendemos el don de "abandonarnos al cuidado de los demás y de Dios". Toda la sociedad debe apresurarse a atender a sus ancianos, que son un tesoro, cada vez más numerosos y a menudo abandonados.
  • Disipar la ilusión tecnocrática (Nicodemo): La misión de los ancianos es disipar la ilusión tecnocrática de una supervivencia biológica y robótica y abrirse a la ternura del vientre creador y generador de Dios. El anciano camina hacia el destino, hacia el cielo de Dios, con su sabiduría vivida durante la vida.
  • Debilidad senil y dependencia (Pedro): La meditación sobre el diálogo entre Jesús resucitado y Pedro aborda la debilidad senil que lleva a la dependencia. El seguimiento de Jesús sigue adelante, con buena salud o no, con autosuficiencia física o no, pero lo importante es seguir a Jesús siempre.
  • Despedida alegre: La vida del anciano es una despedida lenta, pero alegre: "he vivido la vida, he conservado mi fe". Esta paz que viene es la despedida del anciano.

Benedicto XVI: Dignidad, cuidados paliativos y el Evangelio de la vida

En 2007, Benedicto XVI se dirigió a una Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud sobre "La pastoral en el cuidado de los enfermos ancianos". En su discurso, destacó que la ancianidad y la enfermedad hacen que la vida humana sea aún más digna del máximo respeto, en contraste con una mentalidad eficientista que tiende a marginar a quienes sufren.

Preguntas cruciales y el acompañamiento

Benedicto XVI planteó preguntas fundamentales: ¿Tiene sentido la existencia de un ser humano en condiciones precarias? ¿Por qué defender la vida cuando la enfermedad se vuelve dramática, en lugar de aceptar la eutanasia como liberación? ¿Es posible vivir la enfermedad con paciencia y valentía? Estas interrogantes deben ser afrontadas por quienes acompañan a los ancianos enfermos, especialmente cuando no hay posibilidades de curación.

Cuidados paliativos y el amor concreto

El Papa Ratzinger enfatizó que, aunque la mentalidad eficientista tiende a ver a los ancianos como una carga, quien tiene sentido de la dignidad humana sabe que deben ser respetados y sostenidos. Es justo recurrir a cuidados paliativos que, aunque no curen, alivian el dolor. Junto a los cuidados clínicos, es indispensable mostrar una capacidad concreta de amar, pues los enfermos necesitan comprensión, consuelo, aliento y acompañamiento constante. Los ancianos, en particular, necesitan ayuda para recorrer de modo consciente y humano el último tramo de la existencia terrena, preparándose serenamente para la muerte como tránsito hacia el abrazo del Padre celestial.

Esquema de cuidados paliativos y acompañamiento espiritual

El papel de la familia y la comunidad eclesial

La solicitud pastoral hacia los ancianos enfermos debe involucrar a las familias. Es conveniente hacer todo lo posible para que las familias los acojan y cuiden con afecto y gratitud, permitiéndoles pasar el último período de su vida en casa. Si fuera necesario internarlos en centros sanitarios, el vínculo con sus seres queridos y su ambiente no debe perderse. En los momentos difíciles, el enfermo, sostenido por el cuidado pastoral, debe sentirse animado a encontrar fuerza en la oración y los sacramentos, y rodeado por hermanos en la fe.

Contra la cultura de la muerte

Benedicto XVI recordó las exhortaciones de Juan Pablo II a científicos y médicos para que se comprometieran en la investigación contra las enfermedades del envejecimiento, sin caer jamás en la tentación de recurrir a prácticas de abreviación de la vida, que son formas de eutanasia. La vida humana es un don de Dios que todos están llamados a custodiar. Para los cristianos, la fe en Cristo ilumina la enfermedad y la condición del anciano, dando al sufrimiento humano un valor y un significado trascendentes. En Cristo, es posible afrontar y superar cualquier prueba física y espiritual, experimentando los frutos de la Redención.

La Anciana en el Magisterio Eclesiástico Reciente: Una Evolución

La comprensión y el abordaje de la ancianidad en el Magisterio de la Iglesia han evolucionado significativamente, especialmente a partir del Concilio Vaticano II.

Perspectiva bíblica y teológica

  • Bíblicamente, la vejez se designa para exaltar la experiencia y sabiduría, como una bendición de Dios. En el Nuevo Testamento, adquiere importancia al representar la acogida al misterio salvador de Cristo. El anciano es un hombre venerable, reflejo del anticipo de la eternidad y conquista de la juventud. El Levítico aconseja: «Levántate ante el canoso, honra la persona del anciano y teme a tu Dios» (Lev 19,32).
  • En la Edad Media, el pensamiento teológico asociaba la vejez con el pecado y la debilidad, presentando una visión de intemporalidad. Durante siglos, el anciano fue considerado dentro del grupo de los débiles.

Del Concilio Vaticano II a Juan Pablo II

  • El alargamiento de la vida y el espíritu del Concilio Vaticano II han llevado a comprender que los ancianos «no son meros destinatarios de la acción pastoral de la Iglesia, sino sujetos activos en la evangelización».
  • Los padres conciliares se ocupan de la ancianidad en la Gaudium et Spes (27 y 66) y Apostolicam Actuositatem (11), destacando la obligación de sentirnos generosamente próximos a cualquier hombre y servirle, incluyendo al anciano abandonado.
  • Juan Pablo II mantuvo la tradición del anciano en la Iglesia, contemplando a la persona y sus valores desde una concepción antropológica y bíblica de la vejez. Reconoció su realidad, la atención que requieren y su misión en la familia, sociedad e Iglesia. Exhortó a los científicos y médicos a la investigación para prevenir y curar enfermedades vinculadas al envejecimiento, sin caer en la tentación de la eutanasia, un síntoma alarmante de la cultura de la muerte.
  • El Pontificio Consejo para los Laicos, en el documento La Dignidad del Anciano y su misión en la Iglesia y en el Mundo, profundiza en la problemática de los mayores como "problemas de todos", dando sentido y valor a la vejez y sentando las bases para la Pastoral de los Adultos Mayores. El documento subraya los deberes de la Iglesia de "anunciar a los ancianos la buena noticia de Jesús, como se lo reveló a Simeón y a Ana" y destaca que la comunidad eclesial está llamada a responder a las expectativas de participación de los ancianos, valorando el "don" que representan como testigos de la tradición de fe, maestros de vida y agentes de caridad.

Consideraciones actuales y la misión del anciano

La Iglesia actual considera al anciano como una persona bautizada con un papel activo. La vejez es la "memoria histórica" de las generaciones más jóvenes y portadora de valores fundamentales. Donde falta la memoria, faltan las raíces y, con ellas, la capacidad de proyectarse con esperanza en un futuro que vaya más allá de los límites del presente.

La atención a los ancianos habla de la calidad de una civilización. Una civilización avanzará si sabe respetar la sabiduría de los mayores. Darles su lugar a las personas mayores es garantía de continuidad y verdadera fraternidad.

Familia intergeneracional compartiendo momentos

El Código de Derecho Canónico también contempla la ancianidad en el ámbito eclesiástico, por ejemplo, en la recomendación de renuncia de obispos a los 75 años (c. 401 y 402) y en la provisión de ayudas para sacerdotes ancianos para oficiar misa (c. 930 §2). Esto refleja la preocupación por la dignidad y el bienestar de los ancianos en la propia estructura eclesial.

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