En el mundo de la animación y la literatura, existen narrativas profundas que utilizan la figura del oso para explorar complejos temas de identidad, exilio y la lucha por el reconocimiento en un mundo que a menudo se niega a ver la verdad. Dos obras notables, la película animada chilena "Historia de un oso" y el libro infantil de Frank Tashlin "El oso que no lo era", ofrecen perspectivas únicas sobre cómo los personajes, y por extensión las personas, enfrentan la negación de su esencia o presencia.
"El oso que no lo era": Una crítica a la identidad en el capitalismo

En los años cuarenta, el escritor, animador y director estadounidense Frank Tashlin lanzó una serie de cuentos infantiles, entre ellos “El oso que no era” (The Bear That Wasn’t), un relato particular que, si bien va orientado a pequeños y pequeñas, encierra consigo un discurso potente y significativo. La obra fue escrita e ilustrada por Frank Tashlin, también animador y director de cine. Tashlin, nacido en 1913 en Weehawken, Nueva Jersey, mostró un talento natural para el dibujo desde joven, lo que lo llevó a abandonar la escuela a temprana edad para dedicarse a trabajar. "El oso que no lo era" es el más reconocido de sus tres libros.
La trama: Un oso que despierta a una nueva realidad
La historia narra cómo, al percatarse de que el invierno ha llegado, el oso busca una cueva cómoda y calientita para hibernar hasta el regreso de la primavera. Es así como en conjunto con el dibujante y director de animación, Chuck Jones (El Coyote & El Correcaminos, Duck Dodgers), llevaron a la pantalla esta animación, que narra la historia de un oso pardo, que en una de esas caminatas por el bosque, es apremiado por el cansancio, y el frío que comienza a sentirse, por lo que se va directamente a hibernar a su cueva. Sin embargo, para sorpresa de este oso, al salir de su cueva, se encontrará con la sorpresa de que su amado bosque se ha transformado en una inmensa fábrica que atenta contra los animales y la naturaleza de este sector.
Allí encuentra hombres que lo acusan de ser un hombre tonto, sin afeitar, con un abrigo de pieles y, ¡aún peor!, un hombre sin trabajar. La historia continúa y es triste ver cómo, sin más alternativas, el oso debe incorporarse a la fábrica como un trabajador más. Será increpado una y otra vez por personajes que cuestionan que se trate de un oso realmente. Primero un capataz le dirá: “Tú no eres un oso, eres un hombre tonto, que necesita una afeitada y lleva un abrigo”. El gerente también estaba muy enfadado y le dijo: “Tú no eres un oso. tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles”. El Segundo Vicepresidente estaba más que enfadado. El oso suplicó: “Pero mira, todo esto es un terrible error”. El Presidente le dijo: “No puedes ser un oso. Los osos no trabajan en fábricas. Nunca están en una fábrica y tú lo estás; estás en una fábrica”.
El oso que no lo era (1967) Cortometraje Entero en Español
La negativa del oso en reafirmar su identidad lo llevará por una ruta donde personajes de diversas jerarquías también pondrán en duda su convicción. El tercer vicepresidente, el segundo vicepresidente, el vicepresidente y finalmente el presidente de la compañía, e incluso sus propios compañeros osos de un zoológico, uno tras otro buscarán desmoralizar al protagonista, buscando que abandone la idea de que realmente es un oso. Finalmente, el oso tiritando de frío, se dice: “¡Ojalá fuera un oso!”. Cuanto más tiempo seguía sentado, más frío tenía. Se le helaban los dedos de los pies y las orejas y le castañeaban los dientes. El oso se dijo: “Soy un oso. ¿Por qué iba a llevar un abrigo de pieles si se estuviera muriendo de frío en la nieve?”. La historia termina con el oso dándose cuenta de su verdad, se levanta y cruza la espesa nieve camino de la cueva, confortable y protegida, que él no se lo creyó.
Interpretaciones y mensaje
Esta obra creada por Tashlin y Jones, es una crítica a la identidad personal, pero no en cualquier circunstancia, sino a través de la devastación brutal del capitalismo, que sin ningún reparo arrasa con bosques, ríos y montañas, instalando fábricas que atentan contra la vida de sus especies, y con el único objetivo de alimentar las ganancias de empresarios y gerentes. Trata sobre lo difícil que es muchas veces mantenernos fuertes por nuestros ideales, a pesar de que hay toda una sociedad que intenta hacernos creer lo contrario. Ese “Oso que no Era”, realmente es, y somos nosotros, haciendo valer nuestros derechos, nuestros principios y nuestras convicciones, aunque haya un sistema miserable que intente hacernos renunciar a nuestros ideales y a nuestros sueños.
Aunque gran parte de su importancia radica en cómo los niños pueden conocer y diferenciar las estaciones del año, de lo que sucede en la naturaleza cuando es el invierno y cuando hay primavera. En nuestra historia, los osos han perdido su hábitat, aquel lugar donde pueden correr libres, dormir al aire libre, ver pasar las aves y sencillamente ser osos. Los más pequeños son sensibles a la naturaleza, no han atrofiado aún el cariño innato por los animales, por el misterio que significa descubrir la inmensidad de un hábitat tan pequeño como el patio de la escuela o el jardín de casa. Si bien este libro fue escrito en 1946, se adapta perfectamente a nuestra sociedad actual, donde aun cuando somos conscientes del daño que nuestras acciones diarias generan en la naturaleza, seguimos sin plantearnos nuevas posibilidades que disminuyan nuestro impacto medioambiental.
No existen dos personas exactamente iguales. Cada uno de nosotros es un individuo con talentos, intereses y valores únicos. A menudo, los demás no reconocen qué nos hace diferentes unos de otros y, en lugar de eso, nos colocan etiquetas que pueden diferir de lo que elegimos para nosotros mismos. A veces, las etiquetas que otros nos colocan influyen en la forma en que pensamos sobre nuestra propia identidad.
"Historia de un oso": Un abuelo "invisible" y la memoria histórica

"Historia de un oso", el corto de animación que en 2016 logró llevarse la primera estatuilla dorada para Chile en la historia de los premios de la Academia del Cine estadounidense. La primera nominación para el cine chileno por cuenta de un dibujo animado; la segunda jamás lograda después de "No", la cinta de Pablo Larraín que perdió en la ceremonia de 2013 ante la austríaca "Amour".
La inspiración: Un abuelo exiliado
La historia es así: hay un oso triste y solitario, que construye un mágico diorama con sus propias manos como un intento de recordar la vida feliz de antaño, con su esposa y su hijo, antes de que un circo lo arrancara de su hogar y lo hiciera trabajar por la fuerza y pasar una vida miserable. Hasta allí, la descripción que haría un niño que ve la cinta, a la vez tierna y conmovedora y técnicamente virtuosa. Ese oso, quien en el corto no tiene nombre, se llama Leopoldo Osorio, un militante del Partido Socialista, concejal de la comuna de Maipú en Santiago de Chile y secretario del derrocado presidente Salvador Allende.
Leopoldo Osorio fue detenido en 1973, con la llegada del régimen militar de Augusto Pinochet. Tras la cárcel y una estadía en México, recaló en Reino Unido donde vivió exiliado diez años. Se volvió un abuelo "vivo, pero invisible", como lo relata su nieto y director de la película, Gabriel Osorio. "Yo no entendía muy bien qué era esto de la política que le impedía estar con la familia. Fue una cosa muy tremenda, porque por un hecho político, ajeno, mi familia quedó desmembrada. Ese es el mensaje que quise trasmitir con el cortometraje, de algún modo. Que no hay nada que valga para separar a una familia", apunta Osorio, que a los 8 años finalmente conoció al abuelo.
Una metáfora del exilio y la dictadura
Así, la nominada cinta es una condensada historia de la violencia del régimen militar pinochetista, en 10 minutos. Una metáfora de lo que vivieron los presos políticos, exiliados y desaparecidos entre los tempranos años 70 y 1990. El circo, el oso y su diorama son una metáfora que condensa en 10 minutos y sin diálogos la realidad que muchos tuvieron que vivir en dictadura. Para armar el relato, Osorio primero eligió con cuidado el animal: un oso, fornido y macizo como recuerda a su abuelo. Luego, el circo. "Pensamos, ¿quién puede querer llevarse un oso por motivos totalmente arbitrarios? No pensamos en un circo desde el comienzo, pero saltó a medida que fuimos produciéndolo. Yo no quería que fuera una historia literal sino una metáfora, y la idea de comparar el circo con la política nos funcionó", revela el director.
El oso que no lo era (1967) Cortometraje Entero en Español
La película deja preguntas sin responder: nunca sabemos si el oso artesano, ya anciano, alguna vez rearmó su vida. O si se reencontró con su familia. ¿Qué fue de la osa y su osezno? Este cortometraje no solo permite rescatar la memoria histórica de Chile, también nos permite desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes necesarias para comprender la complejidad de la realidad social y el devenir de nuestras sociedades. Valores como la empatía, la solidaridad, la tolerancia y la igualdad son solo algunas de las cualidades que podemos fomentar en nuestros alumnos a través de este cortometraje. Incluso otros temas que poco tienen que ver con política como la importancia de la familia o la resiliencia como capacidad fundamental a la hora de enfrentar hechos complejos.
Reconocimiento internacional y técnicas de animación
En su batalla de David versus Goliat, los chilenos triunfaron sobre "Sanjay's Super Team", la cinta de Disney/Pixar inspirada en los recuerdos de la niñez de su director de origen indio, que se perfilaba como favorita junto a "World of Tomorrow". La categoría la completaron el cortometraje ruso "We Can't Live Without Cosmos" ("No podemos vivir sin el cosmos") y "Prologue" ("Prólogo"). El director Gabriel Osorio comentó sobre la competencia: "Estamos ahí compitiendo contra (el estudio) Pixar, es una locura. Son animadores que están en otro nivel, como un Olimpo de la animación. Imagínate, nuestro corto costó 40.000 dólares, con eso ellos hacen como un segundo de película".
Trabajaron en ella entre 2010 y 2014, con un final dilatado por falta de presupuesto: el fondo del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del gobierno chileno les alcanzó para producir la animación solo hasta la mitad. El resto se financió con proyectos comerciales que encararon a través del estudio. Y de la variedad de manos vino la diversidad de técnicas: aunque a primera vista el cortometraje puede parecer un stop-motion, está hecho en realidad con un collage de métodos. Desde dibujos a mano y acuarelas hasta fotografías e imágenes 3D. Un auténtico mixed media, en la jerga. "Nuestra idea era rescatar lo hecho a mano, las técnicas tradicionales, y llevarlas a un mundo 3D. Es bien mentiroso, parece todo hecho en 3D pero hay mucho trabajo manual detrás. El Oso cuenta una historia (en su diorama) que tiene un final feliz pero la vida no siempre es así y a veces creo que ese es el rol del animador: le damos a la gente un mensaje positivo cuando sabemos que el mundo no es como quisiéramos".

Como ocurre con frecuencia con producciones independientes que quedan por fuera del circuito del cine comercial y global, la mención al Oscar le dio un empujón al corto en los cines del propio Chile. Tras la nominación, se aseguraron la exhibición en 200 salas, donde se proyectará antes del nuevo filme de Disney, "Zootopia". "Es la primera vez que esto pasa en Chile, se calcula que lo va a ver un millón de personas. Algo que empezó como un proyecto totalmente personal se está volviendo mainstream (masivo)", celebra Osorio. Además, dice el director, corren buenos tiempos para los cortos, animados o no. Con el advenimiento del video por internet, los formatos más breves tienen nuevas oportunidades y nuevo público. "Antes era muy difícil encontrar la audiencia, la gente por lo general no iba al cine a ver cortos. Pero ahora está más acostumbrada a ver formatos cortos, en YouTube o en redes. Aunque para nosotros las historias que nosotros tenemos para contar pueden no ser nuevas, a ellos les parecen refrescantes".