El Estado y las Políticas Públicas frente a la Vulnerabilidad Social

En los últimos años, el concepto de vulnerabilidad ha adquirido una relevancia destacada en los debates de las ciencias sociales y en las agendas de gobiernos y organismos internacionales. Este término engloba diversos usos, incluyendo los riesgos asociados a la pobreza, el desempleo o la pérdida de seguridades sociales, la exposición al cambio climático y desastres naturales, y consideraciones bioéticas en prácticas de salud.

Todas estas acepciones convergen en el objetivo de visibilizar las diversas formas en que individuos o grupos pueden sufrir daños, violencias o injusticias. La teoría social y política contemporánea ha integrado esta creciente influencia del concepto de vulnerabilidad, en el contexto de lo que se ha denominado el “giro afectivo”, que ha reenfocado el problema del cuerpo y sus significados en las ciencias sociales.

La Vulnerabilidad como Herramienta Analítica y sus Ambigüedades

El concepto de vulnerabilidad ha sido adoptado como una herramienta analítica valiosa para hacer visibles experiencias de discriminación o situaciones de violencia que a menudo son ignoradas por el marco formal de la igualdad de derechos, y para describir los modos contemporáneos de gestión de la inseguridad social y sus formas de subjetivación.

Sin embargo, surge la inquietud de si designar a ciertos individuos, grupos o poblaciones como “vulnerables” no conduce a una paradoja con consecuencias negativas. En lugar de fortalecer sus capacidades para enfrentar situaciones de riesgo u opresión, podría dar fundamento a instancias de control social o medidas paternalistas que, en nombre de su protección o cuidado, desarticulan aún más sus posibilidades de agencia política. La creciente presencia del concepto de vulnerabilidad podría ser parte de formas contemporáneas de “humanitarismo” que, si bien despiertan compasión y necesidades de protección, despolitizan las causas sociales de la precariedad y la violencia.

Usos Descriptivos y Ontológicos de la Vulnerabilidad

En la literatura contemporánea, la vulnerabilidad se asocia frecuentemente con dos significados principales, no exentos de tensiones:

  • Uso descriptivo-sociológico: Describe la situación de individuos o grupos que, debido a sus condiciones socioeconómicas o culturales específicas, están especialmente expuestos a sufrir distintos tipos de daños o injusticias.
  • Uso ontológico-universalista: Se refiere a una vulnerabilidad inherente y compartida por todos los individuos en tanto seres sociales.

Estos dos usos del concepto de vulnerabilidad conllevan significados políticos distintos. Se ha debatido la posibilidad de definir criterios para diferenciar adecuadamente entre ellos, proponiendo distinciones como vulnerabilidades “inherentes”, “situacionales” o “patológicas”, o entre sus fuentes “intrínsecas” y “extrínsecas”. No obstante, estas clasificaciones han sido cuestionadas por su falta de precisión y sus posibles implicaciones políticas, ya que podrían reinstalar la dicotomía entre “lo natural” y “lo político”.

Adicionalmente, se ha planteado si ambos usos de la vulnerabilidad no resultan contradictorios en sus propósitos críticos. Se ha sugerido que la idea de una vulnerabilidad común podría mitigar la preocupación efectiva por las vulnerabilidades que afectan diferencialmente a los grupos sociales. Por otro lado, el énfasis en poblaciones o grupos especialmente vulnerables puede acentuar su estigmatización, fortalecer políticas de control y, paradójicamente, consolidar su exclusión social y política.

Finalmente, se ha advertido que el discurso de la vulnerabilidad podría disolver la política en una dimensión meramente emocional y legitimar un anhelo de seguridad y protección, incluso a expensas de la autonomía.

Perspectivas Teóricas sobre la Vulnerabilidad del Cuerpo: Butler y Honneth

A la luz de estas discusiones, se revisan las reflexiones de dos autores centrales de la teoría social contemporánea, Judith Butler y Axel Honneth, en torno al significado social y político de la vulnerabilidad del cuerpo.

Judith Butler: Ontología Corporal como Política del Cuerpo

En sus escritos más recientes, Judith Butler, en continuidad con su teoría de la performatividad de género, ha reformulado la noción de “vulnerabilidad corporal” para servir a los fines políticos del feminismo y la democracia radical. Su objetivo es “formular una nueva ontología corporal que implique repensar la precariedad, la vulnerabilidad, la dañabilidad, la interdependencia, la exposición, la persistencia corporal”.

¿QUÉ SIGNIFICA el concepto de "Performatividad" en Judith Butler?

Esta nueva ontología corporal concibe el cuerpo no como una entidad aislada, sino como un fenómeno constitutivamente relacional, dependiente de otros cuerpos y redes de apoyo para su formación y supervivencia. El reconocimiento de esta “interdependencia política y social” lleva a asumir una precariedad compartida: “Todos somos precarios, lo cual se deduce de nuestra existencia social en tanto seres corpóreos que dependen unos de otros”.

Butler sostiene la dañabilidad del cuerpo como una experiencia compartida, de la cual se derivan exigencias éticas y políticas. Sin embargo, se niega a definir dicha precariedad como una dimensión pre-social o natural, pues está siempre atravesada y estructurada por relaciones políticas y mecanismos de poder. Para ella, la vulnerabilidad no es un “elemento fundacional”, sino que es producida y gestionada por discursos y prácticas de poder. Una “nueva ontología corporal” debe identificar los modos de inscripción y gestión del cuerpo en formaciones políticas, instituciones sociales y normas culturales, siendo una “ontología social” y una reflexión sobre el “sentido político del cuerpo”.

Con esta aproximación “posfundacional”, Butler evita la dicotomía entre “lo natural” y “lo político”, argumentando que la experiencia de vulnerabilidad de toda existencia corporal debe ser entendida como social y políticamente estructurada.

Las raíces de su comprensión del cuerpo como fenómeno social se encuentran en sus reflexiones previas sobre la relación entre sujeto y poder, basadas en Michel Foucault y Louis Althusser. Butler desarrolló la paradoja constitutiva de la formación del sujeto: todo proceso de subjetivación es, al mismo tiempo, un proceso de sujeción, ya que los individuos obtienen existencia social y capacidades de agencia en virtud del poder ejercido sobre ellos por normas sociales y categorías de identidad. Esta “producción discursiva del sujeto social” se vincula con una teoría de la psique, donde la “identidad psíquica” es el resultado del ejercicio normalizador del poder.

Esta descripción de la formación del sujeto como proceso de sujeción revela su vulnerabilidad constitutiva: una “vulnerabilidad primaria” asociada al hecho de “estar entregado desde siempre a unas condiciones sociales que no son nunca del todo creación propia”. El núcleo de esta desposesión y vulnerabilidad se ubica en la corporalidad, en su dañabilidad asociada a la “socialidad constitutiva del cuerpo”.

Butler recoge el sentido “ontológico” o “universalista” de la vulnerabilidad, subrayando la existencia de una permanente vulnerabilidad corporal que caracteriza a todos los seres sociales. No obstante, este sentido ontológico es mediado por su uso sociológico en el marco de una crítica del poder, resultando en una noción particular de “vulnerabilidad corporal” que, sin negar su significado ontológico, sirve como herramienta crítica para dar cuenta de los daños e injusticias que afectan diferencialmente a determinados grupos. La exposición primaria del sujeto lo hace especialmente vulnerable a padecer distintas formas de violencia, en la medida en que su “deseo de ser” es siempre explotado.

Axel Honneth: Maltratos Corporales como Experiencias de Menosprecio Social

Por otro lado, Axel Honneth, en su teoría del reconocimiento, propone interpretar los “maltratos corporales” en términos de experiencias sociales de menosprecio. Esto resalta la dimensión social y la injusticia detrás de la vulnerabilidad física.

Políticas Públicas en Chile frente a la Vulnerabilidad Social

El Ministerio de Desarrollo Social y Familia de Chile, a través de la Subsecretaría de Evaluación Social, ha introducido una nueva herramienta para fortalecer el enfoque en el diseño, asignación, monitoreo y evaluación de programas sociales. Esta herramienta representa un cambio de paradigma, pasando de un enfoque centrado exclusivamente en el hogar a uno multidimensional con perspectiva territorial en el Sistema de Apoyo a la Selección de Usuarios de Prestaciones Sociales (SIVUST).

Infografía sobre los programas de protección social en Chile

La ministra Javiera Toro ha subrayado que este cambio busca identificar desigualdades, barreras estructurales y oportunidades de desarrollo para promover la movilidad y la integración social. La subsecretaria Paula Poblete ha destacado que uno de los compromisos del gobierno es contribuir a la cohesión social, que a menudo se rompe al individualizar los hogares y establecer distinciones entre vecinos.

Anteriormente, la asignación de beneficios sociales se basaba principalmente en la Calificación Socioeconómica (CSE) del Registro Social de Hogares, con una lógica centrada en los hogares y sus características socioeconómicas. El SIVUST complementa esta mirada al clasificar los territorios según siete dimensiones:

  • Ingresos
  • Trabajo y Pensiones
  • Salud y Dependencia
  • Educación
  • Vivienda
  • Accesibilidad
  • Seguridad

Historia y Evolución de la Protección Social en Chile

Chile cuenta con una larga historia en el desarrollo de políticas sociales y sistemas de protección social. Esto ha permitido conjugar crecimiento económico y progreso en su desarrollo humano global en aspectos como salud, empleo, educación, vivienda y reducción de la pobreza.

El sistema de protección social en Chile incluye mecanismos y subsidios para prevenir y aliviar condiciones de sufrimiento, vulnerabilidad y riesgo social y de salud, especialmente aquellas relacionadas con la falta de desarrollo socioeconómico y oportunidades de acceso a beneficios sociales. Se basa en aportes del sistema de seguridad social y una red de apoyo social para los grupos de menores ingresos, socialmente más vulnerables, que no pueden acceder a los mecanismos tradicionales de desarrollo humano y bienestar.

La importancia de la protección social radica en su contribución a promover el desarrollo humano y evitar que las carencias e inequidades socioeconómicas impacten negativamente en la salud de los grupos más vulnerables, buscando prevenir y reducir la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la inseguridad social. El acceso a un nivel adecuado de protección social es un derecho humano fundamental, y una población con bienestar y seguridad humana es la base para la paz social y un crecimiento económico equitativo.

El enfoque actual de la protección y seguridad social de Chile está alineado con la visión propuesta por la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Evolución Histórica de las Políticas de Protección Social:

  1. Periodo Pre-1940: Inicio de la Seguridad Social

    En este periodo, las políticas, programas y entidades relacionadas con la seguridad social y las necesidades sociales se desarrollaron paulatinamente. Destaca el desarrollo gradual de programas de seguridad y previsión social, salud y educación en una época con limitada organización del empleo formal, del sistema de seguridad social y con importantes necesidades sociales en una proporción de la población en condiciones de subdesarrollo (desempleo, pobreza, analfabetismo, problemas de vivienda y otras condiciones de vida, incluyendo bajo nivel de salud).

  2. 1940-1973: Estado Benefactor

    Bajo un enfoque de Estado benefactor o del bienestar, se enfatizó el desarrollo de políticas sociales como empleo, subsidios y apoyo a la organización de la comunidad. Los programas sociales eran centralizados y verticales, buscando una cobertura universal. El Estado asumió un rol creciente en el financiamiento, gestión y provisión de servicios sociales, lo que demandó un gasto histórico creciente.

  3. 1973-1990: Enfoque Neoliberal y Subsidiario

    Bajo un enfoque neoliberal y de Estado subsidiario, se priorizó el crecimiento y la productividad económica, subordinando la política social a la económica. El rol del Estado se redujo, el gasto social disminuyó significativamente y los servicios de los programas se desconcentraron a nivel local. Se buscó focalizar subsidios y programas en la población más desfavorecida y privatizar los servicios sociales para los niveles económicos no pobres, incluyendo previsión social y salud. La protección social cambió su énfasis, adoptando un rol subsidiario con focalización en la asignación de subsidios y transferencias directas según prioridades.

  4. 1990-2010: Estado Integrador

    Bajo el enfoque de un Estado integrador, se buscó equilibrar, integrar y complementar las políticas sociales y económicas. Se expandió y fortaleció el sistema de protección social, y el gasto social aumentó. Sin embargo, al mantenerse la esencia del modelo político y económico instaurado desde los años 70, la expansión de programas y beneficios nominales de las nuevas políticas encontró limitaciones de financiamiento y cobertura. Se mantuvo un sistema doble, público y privado, no suficientemente complementado, especialmente en previsión social y salud. El Estado avanzó incipientemente hacia ejercer su rol rector, regulador e integrador en el desarrollo del bienestar y la seguridad social de la población.

  5. Desde 1990: Fortalecimiento y Enfoque Integral

    Desde 1990, la protección social se ha fortalecido, enfocándose inicialmente en reducir la pobreza y otros factores de vulnerabilidad en la población de menores recursos. En la década de 2000, se extendió a un enfoque más integral, asumiendo la protección social como un derecho de la población, con énfasis en la eficiencia y focalización del gasto.

    Las políticas sociales redistributivas y los subsidios monetarios focalizados en la población más pobre y vulnerable constituyen una protección social efectiva. Los subsidios representan el 43,7% del ingreso total en el decil inferior de ingreso autónomo, mientras que solo es del 0,1% en el decil superior de ingreso, lo que demuestra una focalización efectiva.

    A pesar de la disminución de la pobreza, especialmente desde 1990, ha aumentado significativamente el sector socioeconómico medio de la población, con necesidades básicas cubiertas, pero con otras condiciones de vida limitadas ante un costo de vida alto. Esto no siempre representa una movilidad social efectiva en términos de mejores ingresos y bienestar.

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