Perspectivas y Realidades: Historias del Anciano y el Cuarto

La percepción y la realidad a menudo juegan un papel crucial en cómo interpretamos nuestro entorno y las situaciones que nos rodean. Esta dicotomía se explora a través de diversas narrativas, desde parábolas que invitan a la reflexión hasta obras literarias complejas que desentrañan la psique humana y las dinámicas de poder.

Ilustración de una figura contemplando dos realidades contrastantes

La Parábola del Anciano en la Habitación del Hospital

Se cuenta la historia de una ocasión en que coincidieron dos ancianos, ambos solos y sin familia, en la misma habitación de un hospital. Uno de ellos estaba en la cama que daba a la ventana, mientras que el otro ocupaba la cama interior, sin ventana y sin ángulo de visión para disfrutar de las vistas que su compañero describía.

Día tras día, el anciano de la ventana narraba vívidamente lo que veía: la calle junto al parque, el cielo azul, y todo el ajetreo exterior, creando una imagen idílica para su compañero. Sin embargo, su compañero disimulaba cada vez menos su incomodidad ante estas "historias de la ventana".

Poco tiempo después, el compañero de la ventana falleció. Cegado por su resentimiento, el anciano restante no sintió grandemente su pérdida, aunque no pudo evitar sentir el aguijón de la culpa al haber albergado tales deseos. Aún así, se repuso y se repitió la típica frase de: "El muerto al hoyo y el vivo al bollo".

A las 17:00 de la tarde, con su merienda en la bandeja, no había razón para retrasarlo más. Corrió la cortina que tapaba la ventana y su sorpresa fue mayúscula: la ventana no daba a ninguna calle junto a un parque, ni se veía el cielo azul. En realidad, la ventana daba a un estrecho y sombrío patio de luces. Más concretamente, desde su perspectiva en la cabecera de la cama, solo se veía una zona de la pared del patio llena de moho, provocado por el agua que se filtraba a través de las grietas de la claraboya los días de lluvia. Esta historia, escuchada hace mucho tiempo, nunca ha sido olvidada.

Ilustración de contraste entre una vista idealizada de una ventana y una vista real de un patio interior sombrío

"El Anciano del Cuarto 14": Una Obra de Néstor Medrano

Otro enfoque sobre la figura del anciano en un contexto de un "cuarto" o habitación específica lo ofrece la literatura contemporánea, como la novela "El anciano del cuarto 14" del escritor dominicano Néstor Medrano.

Sobre el Autor: Néstor Medrano

Néstor Medrano (Santo Domingo, 1970) es un periodista y escritor dominicano de reconocida trayectoria. En 2008, recibió el Premio Único de Poesía de la Sociedad Cultural Alianza Cibaeña con su libro Escritos con agua de lluvia, y una primera mención especial por los relatos del volumen Cuentos de vapor y de sombras. En 2009, el Grupo Editorial Norma publicó su novela Héroes, villanos y una aldea. Ese mismo año, su reportaje “Niños buzos viven entre la basura y olores nauseabundos” fue finalista en el Concurso Anual de Periodismo de Visión Mundial y el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef). El Ministerio de Cultura de República Dominicana publicó en 2012 su novela ¿Dónde está Johnny Lupano? Recientemente, publicó el libro Las huellas literarias de Juan Bosch. Sus cuentos, poemas y ensayos han sido difundidos en revistas como Vetas, Mythos y Global, de la Fundación Global Democracia y Desarrollo.

Fotografía de Néstor Medrano o ilustración de un escritor trabajando

Contexto de la Novela "El Anciano del Cuarto 14"

La novela de Medrano, "El anciano del cuarto 14", obtuvo el tercer lugar en el IV Concurso Internacional de Novela Contacto Latino 2016, convocado en Nueva York (EUA) por la agencia Contacto Latino y el sello Pukiyari Editores. En esa edición, el certamen recibió 165 manuscritos de diversos países, lo que subraya la relevancia y calidad de la obra galardonada.

Portada del libro

Análisis de un Fragmento: Poder y Control en el Cuarto 14

El fragmento proporcionado de la novela introduce un ambiente tenso y personajes complejos. María es presentada como una mujer "bonachona, entregada a los demás y con una y otra tara que la hacían ingenua hasta la imbecilidad muchas veces". En una escena particular, ella esparce un ambientador fragante a rosas para disipar el vaho penetrante a tabaco impregnado en cada rincón de la habitación. Poco después, ella sale sin emitir un gesto, mientras el viejito se viste en silencio y desiste de una idea. "Además, estamos de luto", piensa, trazando una mueca que aspiraba a risa. No fue ajeno al sobresalto y al revuelo causado por la muerte inmisericorde del gato en el asilo, manteniéndose a oscuras escuchando cada sollozo y cada palabra proferida en su honor.

Una escena central ocurre con la llegada de dos hombres en un Mercedes Benz de lujo, que entran sin saludar ni mirar a los lados. María, indiferente, asume que debían formar parte de su familia, pensando que "parecían, eran, quién sabe, gentes de pocas relaciones interpersonales, de pocos amigos, pero eso a ella no le importaba o le importaba un carajo". Los hombres llegan con reverencia a la habitación 14.

El diálogo es conciso y cargado de implicaciones:-¿Todo bajo control?-Solo hay una cosa que preocupa a nuestra gente -dijo uno de ellos sin gastar muchas palabras-.-¿Lo creen firmemente?-Además, esto es una porqueriza.

El anciano, como siempre, insertó un cigarrillo entre sus labios y analizó con mirada fría y altanería al par de sujetos.-Dejémonos de pendejerías -soltó sin convicción, con el rostro en semipenumbra, iluminado apenas por la tenue luz de una lámpara de mesa en el aposento-, deben resolver cuanto antes un problemita.-Lean ese papel aquí -ordenó-, luego lárguense.

Escuchó los pasos acelerados del dúo mientras se perdían en el fondo del pasillo. El anciano admira un rostro "mofletudo" y su expresión de "niño natimuerto", que lo satisfacía en cada petición. Un estadista de su tino y categoría jamás confiaba misiones delicadas a sus servidores habituales, es decir, no confiaba en sus organismos de seguridad, aunque le juraban una fidelidad imbatible y se esforzaban por complacerlo. Odiaba "la ideología del lameculismo de sus adeptos". Él, sin embargo, trabajaba con una puntería refinada, sin hacer bulla. Solo bastaba con referirle el escollo: “Ese tipejo jode mucho y me tiene al garete.”

Psicología Social, Poder, Autoridad y Autoritarismo

Las misiones delicadas de tipo personal del Presidente las manejaba con destreza. Nació para eso: para ejercer la presión del poder, y su aprendizaje se encontraba en el poder mismo.-Hay que pensar en el futuro -le había dicho una vez a su jefe, pensando en articular una fuerza de obediencia en contra de adversarios políticos y desafectos-.-¡Hazlo!Así formó su organización. Fumaba en silencio, acomodado en el sillón mullido que la administradora del asilo había escogido personalmente para él.

En un momento culmen, el anciano emite una orden definitiva:-¡Mátenlo!Esta orden evoca el zumbido del disparo y el pataleo del torturado, sus sudores entremezclados de sangre y la piel infectada por la tumefacción, y las voces pidiendo clemencia: "perdón, no tuve la culpa, fui entrenado a la fuerza para tumbar al Presidente". Él era un dios.-¿Dónde están tus cojones ahora? -preguntaba con un chispazo atronador en los ojos, un brillo fulminante-.Filosofaba sobre la facilidad de repartir propaganda contra el gobierno, escabullirse y hacerlo en la clandestinidad, una "tarea heroica". Pero qué triste es atraparlos y verlos gemir, "cagarse de miedo". "No eran palabras."-Han retado a Dios y Dios impone sanciones extremas -filosofaba, escuchando en sus oídos una sinfonía imaginaria que musicalizaba el trayecto de sus palabras. El humo del cigarrillo se diluía.

Con la misión cumplida, reportaba al Presidente a cualquier hora por su línea telefónica de codificación reservada, de difícil rastreo e intervención:-El trabajo está listo. El tipejo ese ya no joderá más. Fue dolorosa. ¿Hacemos otro tanto con la familia? Muy bien.

Ilustración de un hombre de poder en un sillón, con una sombra amenazante

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