La sexualidad, un aspecto inherente al ser humano, se manifiesta a lo largo de toda la vida y abarca múltiples dimensiones como el sexo, las identidades de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, roles y relaciones interpersonales. No obstante, en nuestra sociedad, la sexualidad sigue siendo un tema rodeado de tabúes y malentendidos, especialmente cuando se aborda en el contexto de la discapacidad.
En este sentido, la figura del catedrático de Psicología de la Sexualidad Félix López Sánchez es fundamental. Con una trayectoria de investigación reconocida por la Agencia Nacional de Investigación a lo largo de treinta años, estancias internacionales en el Departamento de Sexología de Montreal (Canadá) y el Instituto Family Violence de la Universidad de Durham (Estados Unidos), y numerosos cursos en América Latina, López Sánchez ha sido un pionero. Es doctor honoris causa por la Universidad de San Marcos de Lima (Perú) y premio Infancia de Castilla y León. Su labor docente introdujo los estudios sobre sexualidad en la universidad española de Salamanca, dirigió programas de doctorado y tesis, e impartió métodos de educación sexual en todos los ciclos educativos, desde la infancia hasta la vejez. Asimismo, sus labores de ayuda a diversidades sexuales comenzaron en los años ochenta.

La Sexualidad: Un Derecho Universal
Todas las personas tenemos las mismas necesidades emocionales y afectivas, que incluyen el apego, la amistad, los cuidados y la generosidad, así como necesidades sexuales como el deseo, la atracción y el enamoramiento. En nuestra especie, podemos construir nuestra biografía sexual y amorosa, tomando decisiones sobre nuestra vida sexual y amorosa. Las personas con limitaciones en la inteligencia emocional y social tienen los mismos derechos sexuales y amorosos, aunque pueden enfrentar dificultades para hacer un buen uso de esta libertad.
A pesar de la creciente conciencia, la mayoría de las consultas en torno a la sexualidad y discapacidad (física, psíquica o sensorial) a menudo se limitan a cuestiones como la masturbación, como señalan Walsh y Phty (2000). Sin embargo, la educación sexual debe abarcar un espectro mucho mayor para abordar la complejidad de la sexualidad humana en su totalidad. Es crucial reconocer que no existe una sexualidad única, sino que, como indica Ripollés (2018), "somos tantas sexualidades como personas".
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la sexualidad como:
- “...un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida.
- Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual.
- Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales.
- La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones; no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre.
- La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales”.
Carlos de la Cruz complementa esta visión hablando de tres registros para comprender la sexualidad:
- Cómo somos: el registro anatómico-fisiológico, que incluye el cuerpo y su funcionamiento en la reproducción y el placer.
- Cómo vivimos: la identidad de género (hombre, mujer o persona no binaria con sus matices) y la orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, etc.).
- Cómo nos expresamos: el registro de los deseos, fantasías y conductas, que puede ser individual o compartido con otras personas.
Es importante destacar que, si bien en los últimos años ha surgido el término diversidad funcional para referirse a personas con discapacidad, en este texto se utilizará el término persona con discapacidad desde una perspectiva de respeto, por ser el vigente en la ley actual y para evitar posibles confusiones.
Desafíos y Necesidades en la Educación Sexual de Personas con Discapacidad
Las personas con discapacidad presentan las mismas necesidades sexuales que el resto de la población, pero a menudo encuentran dificultades para resolverlas, una realidad que Félix López Sánchez ha documentado extensamente en su obra. Estas dificultades se incrementan debido a los prejuicios y el desconcierto de las familias al abordar la sexualidad de sus hijos e hijas, y por la falta de aceptación social, lo que conlleva la creación de innumerables mitos y tabúes en torno a su salud sexual y reproductiva (Vélez Laguado, 2006).
No es raro escuchar estereotipos contradictorios: desde la persona con discapacidad que "sin pudor se toca cuando le apetece", hasta la idea de que son "ángeles sin sexualidad". Félix López Sánchez ha elaborado un listado de falsas creencias sobre las personas con discapacidad y su sexualidad en su trabajo "Educación sexual y discapacidad" (2013), desmitificando estas percepciones erróneas. Estos estereotipos evidencian la necesidad de informar a padres y profesores (Caricote, E., 2012), proporcionándoles herramientas y estrategias para ofrecer una adecuada educación sexual. Esto, a su vez, mejorará la calidad de vida de las personas con discapacidad en sus ocho dimensiones: bienestar emocional, material, físico, relaciones interpersonales, inclusión social, desarrollo personal, autodeterminación y derechos (Schalock y Verdugo, 2013).
¿Cómo hablar de la sexualidad en personas con discapacidad?
La Educación Sexual: Un Proceso Continuo y Proactivo
La educación sexual no es opcional; se educa con lo que se hace, con lo que se dice y, también, con lo que se calla. La sexualidad se inicia desde el nacimiento, y sus fundamentos se construyen a través de las caricias y los cuidados que recibe un bebé, impactando directamente en su desarrollo emocional y, por ende, en su sexualidad (Monroy, 1980). Por ello, la educación sexual debe ser proactiva, sin esperar a que surja una situación problemática como catalizador (De la Cruz, 2022). Esto es especialmente relevante para jóvenes con discapacidad, quienes a menudo tienen dificultades para comunicar sus necesidades o expresar sus deseos, o incluso para acceder a la intimidad necesaria para satisfacerlos.
La educación sexual debe comenzar en la familia y continuar en el centro educativo, adoptando consideraciones clave para su efectividad:
- En plural y de forma coordinada: Debe ser un esfuerzo conjunto entre la familia y el centro educativo, unificando criterios y pautas para adaptarse a cada caso.
- Con límites claros: Es fundamental trabajar explícitamente lo que se puede y no se puede hacer según situaciones y contextos, incluyendo la importancia del consentimiento y la privacidad para conductas como la masturbación. Una educación adecuada en estos temas es la mejor prevención contra el abuso (Couwenhoven, 2013).
- Con un modelo biográfico y profesional: Los antiguos modelos (Moral, Médico, Revolucionario) deben ser superados por un modelo que se centre en las características individuales de la persona (deseos, posibilidades y circunstancias) y reconozca al profesional como mediador. Este enfoque enfatiza el papel de los padres en el apoyo y la toma de decisiones, siempre considerando el grado de autonomía del hijo o hija, protagonista de su propia vida sexual.
- Evitando la sobreprotección y la represión: La sobreprotección limita las relaciones con iguales fuera del ámbito familiar o educativo (López Sánchez, 2012). Es crucial proporcionar oportunidades para establecer relaciones sanas, basadas en la amistad, la igualdad y el respeto. La represión es ineficaz, ya que es imposible prohibir algo inherente a la persona, como los cuerpos, el desarrollo, las erecciones, la menstruación o la identidad sexual y la orientación del deseo (De la Cruz, 2022).
- Con mucha naturalidad: La actitud de padres y maestros debe ser abierta, generando confianza y seguridad en el niño o joven al hablar de sexualidad. Anticipar, educar y conversar es fundamental para prevenir problemas (Becerra, García y Vázquez, 2021; Parra, Paz y Ponzetto, 2017).
- Dándoles intimidad: Es importante enseñar que ciertas conductas requieren intimidad y, al mismo tiempo, proporcionarles momentos y espacios para ella. La falta de privacidad puede llevar a que conductas íntimas se hagan públicas. "Todo lo que se pueda hacer para dar privacidad y dignificar la intimidad está ayudando a la normalización" (López Sánchez, 2012).
- Dignificando sus cuerpos: Deben recibir la misma consideración que cualquier otra persona para aprender a dignificar sus cuerpos y desarrollar pudor. Tratar a jóvenes con discapacidad como si fueran niños eternos, sin privacidad, puede llevarlos a creer que su cuerpo no les pertenece y a normalizar acciones como desnudarse en público o ser tocados sin permiso.
- Con una educación sexual accesible: Ante dificultades de comprensión del lenguaje, se deben emplear apoyos y adaptaciones, como pictogramas, apoyos visuales, sensoriales o táctiles. Sin embargo, no toda educación sexual requiere lenguaje (De la Cruz, 2022).

El Marco Legislativo y la Obra de Félix López Sánchez
En cuanto al marco legal, la Ley Orgánica 3/2020 (LOMLOE) presenta limitaciones en la educación formal. Si bien incluye un tratamiento transversal de la "Educación Afectivo Sexual", este no garantiza su ejecución al carecer de tiempos y espacios concretos, y de profesorado específico. Se requiere una formación de los profesionales educativos para lograr una sexualidad en estos jóvenes "libre, ajustada a la realidad y coherente con sus expectativas e intereses" (Pérez y Raja, 2019). Como señaló Joanna Herat de la UNESCO, existe una brecha entre la voluntad política y su aplicación efectiva.
Contribuciones Destacadas de Félix López Sánchez
La vasta obra de Félix López Sánchez abarca décadas de investigación y publicación en temas cruciales para la comprensión de la sexualidad humana, con un énfasis particular en la discapacidad y la ética de las relaciones. Entre sus numerosos libros y artículos, destacan títulos que han marcado un antes y un después en el campo:
- Sexo y afecto en personas con discapacidad (2002)
- Para comprender la sexualidad (2004)
- La educación sexual de los hijos (2005)
- Homosexualidad y familia: lo que los padres, madres, homosexuales y profesionales deben saber y hacer (2006)
- Abusos sexuales y otras formas de maltrato sexual (2014)
- Ética de las relaciones sexuales y amorosas (2015)
- Educación sexual y ética de las relaciones sexuales y amorosas: cómo trabajar en favor del placer y el bienestar (2017, con Noelia Fernández Rouco y Rodrigo Jesús Carcedo González)
- La sexualidad y el amor después de los 50 y más: con conocimiento y humor (2018)
- Mitos viejos y nuevos sobre sexualidad: el rol de la educación sexual (2020)
- Estilos amorosos: ¿De qué depende nuestra biografía sexual y amorosa? (2022)
- Diversas publicaciones sobre prevención de abusos sexuales a menores, como Prevención de abusos sexuales a menores: guía para padres y educadores (1999) y La inocencia rota: abusos sexuales a menores (1999).
Su libro Guía sexual para las personas con discapacidad intelectual (2012) es una propuesta práctica sobre cómo abordar las necesidades afectivas y sexuales de las personas con discapacidad, mientras que su investigación sobre la prevalencia del abuso sexual en España ha sido clave para el reconocimiento de los abusos sexuales a menores en el país.
El trabajo de Félix López Sánchez y otros expertos como Diana Bericochea Álvarez, nos recuerda que "ya no es posible el debate sobre si existe la sexualidad o no de las personas con discapacidad. El único debate posible es si la atención o la educación a su sexualidad es buena, mala o regular. Siendo consciente de que cada alternativa nos lleva a un sitio distinto" (De la Cruz, 2022). A pesar de los retos, la educación sexual para jóvenes con discapacidad es un elemento clave para su calidad de vida y desarrollo, requiriendo un enfoque integral y apoyos bien definidos.