Economía Colaborativa y Personas Mayores: Un Nuevo Paradigma de Convivencia

Internet y las nuevas tecnologías han supuesto un cambio de paradigma donde han aparecido nuevos modelos de consumo entre los que destaca la economía colaborativa. Este modelo, que ha revolucionado el ámbito empresarial actual, se fundamenta en el intercambio de productos y/o servicios basado en las necesidades específicas del consumidor, en contraposición a los beneficios económicos como único motor de negocio.

La economía colaborativa se define como cualquier modelo de consumo que une a personas que desean compartir productos o servicios con otras que tienen ciertas necesidades. Es un conjunto de intercambios realizados entre personas en lugar de entre empresa y persona.

Infografía: Principios y ejemplos clave de la economía colaborativa

Principios y Tipos de la Economía Colaborativa

Para comprender mejor la economía colaborativa, es útil conocer sus principios básicos y sus diversas aplicaciones:

Principios Fundamentales de la Economía Colaborativa

  • La economía colaborativa apuesta por aprovechar los recursos subutilizados, compartiendo bienes que los usuarios no usan lo suficiente para sacarles partido, ya sea gratis o por un precio establecido.
  • Crea un impacto positivo en su entorno social y ambiental, buscando ir más allá de las ganancias adicionales para convertirse en una solución a problemas como la contaminación o los colapsos urbanos.
  • Promueve la participación de las comunidades, empoderando a los usuarios y estableciendo normas para un comportamiento eficiente y de confianza.
  • Requiere un acceso equitativo a las nuevas tecnologías, ya que estas actúan como nexo de unión para simplificar las transacciones y llegar a un mayor número de usuarios.
  • Para que exista una economía colaborativa debe haber una autonomía económica de las partes, sin que sea necesaria una relación laboral, sino relaciones independientes y con total libertad.

Ejemplos de Aplicación de la Economía Colaborativa

La digitalización ha impulsado el crecimiento global de este tipo de negocios en diferentes sectores, evidenciando que las posibilidades son prácticamente ilimitadas:

  • Consumo colaborativo: A través de plataformas digitales, los usuarios intercambian bienes y servicios. Por ejemplo, una persona que ya no usa un par de zapatos puede anunciarlos en una aplicación para compraventa de artículos de segunda mano.
  • Conocimiento abierto: Plataformas sin ánimo de lucro que difunden conocimiento, como la biblioteca mundial BookCrossing, que permite intercambiar libros leídos.
  • Producción colaborativa: Espacios virtuales o físicos donde se interactúa para ayudar en la gestión de proyectos, productos y servicios, aplicándose en ámbitos profesionales como el diseño o la ingeniería.
  • Finanzas colaborativas: Sistemas de crédito como préstamos, ahorros, donaciones, microcréditos y financiación colectiva como el crowdfunding, donde iniciativas salen a la luz gracias a aportaciones económicas de particulares.

Otros ejemplos concretos incluyen plataformas de alojamiento como Airbnb, servicios de transporte como Uber, la reventa o venta de segunda mano (como eBay o Vinted), el alquiler de cocinas profesionales, espacios de coworking en casas particulares, alquiler de bolsos o vehículos de lujo, y aplicaciones para compartir alimentos como Olio.

La Economía Colaborativa en la Vejez: Desafíos y Oportunidades

Asociar este nuevo modelo de consumo con la vejez puede resultar, a priori, complicado, ya que la economía colaborativa se asocia con las nuevas plataformas digitales y herramientas tecnológicas. Estas herramientas, que sirven de escenario perfecto para acercar estas iniciativas a la mayor parte de la población, pueden, sin embargo, relegar a las personas mayores.

La Brecha Digital: Un Obstáculo Relevante

La brecha digital existente en las sociedades occidentales puede provocar que muchos proyectos colaborativos no puedan ser disfrutados por miembros de la tercera edad. Este fenómeno hace referencia a la desigualdad existente entre las personas que pueden tener acceso (y conocimiento) a las nuevas tecnologías y las que no. En este segundo grupo, a menudo se incluyen las personas mayores que, por falta de conocimiento, ven como un imposible poder acceder a todas las ventajas que ofrece este medio al resto de la sociedad.

A pesar de este desafío, existen iniciativas de economía colaborativa que buscan, principalmente, satisfacer las necesidades de las personas mayores. Este modelo, basado en la colaboración y ayuda mutua, puede ser implementado entre personas mayores para conseguir beneficios recíprocos.

Foto: Grupo de personas mayores utilizando tecnología digital

El Cohousing o Vivienda Colaborativa: Un Modelo Prometedor para Mayores

Existen ejemplos que demuestran que la economía colaborativa y la tercera edad no tienen por qué ser conceptos opuestos. Uno de los más claros y que plasma las virtudes de este modelo de consumo es el de cohousing o vivienda colaborativa.

El cohousing consiste en encontrar personas afines que pertenezcan al grupo de la tercera edad para ir a vivir juntas. Plataformas especializadas ofrecen la posibilidad de conectar con personas de la misma edad con este fin. El principal objetivo de la vivienda colaborativa es crear un entorno que favorezca un envejecimiento activo para los mayores.

Este tipo de servicio trata de posicionarse como una alternativa para evitar la residencia y lograr un espacio ideal para la vejez. Evitar la soledad y el ingreso en centros residenciales, y pasar a vivir en una casa con otras personas con necesidades similares, representa un paso adelante. Convivir en un hogar con personas de similar edad ayuda a instaurar hábitos de vida saludable, fomenta la libertad y las relaciones interpersonales.

¿Qué es Cohousing y el Coliving?

Ventajas de la Vivienda Colaborativa para Personas Mayores

El cohousing ofrece múltiples beneficios, abordando diversas necesidades de la población mayor:

Fomento del Envejecimiento Activo y Reducción de la Soledad

  • Crea un entorno que favorece un envejecimiento activo, permitiendo a personas con necesidades similares compartir hábitos y actividades.
  • Ayuda a evitar la soledad y el ingreso en centros residenciales. La soledad en las personas mayores supone un riesgo grave de salud pública, y este modelo ofrece la oportunidad de evadir el aislamiento y establecer conexiones con personas afines. En España, se estima que cerca de tres millones de personas mayores de 65 años sufren soledad.
  • Fomenta las relaciones sociales entre sus miembros y las actividades recreativas que se desarrollan en su interior.

Beneficios Económicos y Compartición de Recursos

  • Los gastos mensuales del cohousing suelen ser mucho más baratos que los de cualquier otro modelo.
  • Permite abaratar la compra o el alquiler de una vivienda y permite a los vecinos hacer frente juntos a los costes de los servicios que puedan demandar o necesitar.
  • Los convivientes pueden compartir facturas, alimentos, automóviles, electrodomésticos, muebles, servicios de limpieza y del cuidado de personas mayores, así como el precio de instalaciones costosas (como piscinas) que de otro modo no podrían pagar.
  • Se puede dividir la carga financiera de instalar equipos especiales como rampas, iluminación para caminos de acceso y viviendas o espacios adicionales para los cuidadores.

Autonomía y Participación en la Toma de Decisiones

  • El factor diferencial y clave del cohousing frente al modelo de residencia es la participación en la toma de decisiones. Los propios integrantes de una comunidad deciden qué medios y atenciones consideran necesarios en cada momento, compartiendo los gastos de estos servicios.

Sostenibilidad y Tecnología

  • Apostar por este modelo puede impulsar el desarrollo de edificios eficientes energéticamente, con sistemas de reciclaje y criterios de sostenibilidad que permiten ahorrar y cuidar el entorno.
  • Las viviendas de la comunidad pueden ser equipadas con tecnologías sofisticadas para garantizar el bienestar de los ancianos.

Consideraciones y Desafíos del Cohousing

A pesar de sus múltiples ventajas, es cierto que las propuestas de vivienda colaborativa también presentan algunas carencias e inconvenientes. Cuando las limitaciones y necesidades de la persona mayor sean superiores, convivir con otras personas en similar situación podría no ser lo más conveniente. En estos casos, recurrir a un servicio de ayuda a domicilio puede ser el modo más efectivo de lograr todos los beneficios y, a su vez, evitar los inconvenientes del cohousing.

El cohousing no es una alternativa ideal para todas las personas, ya que requiere vivir en compañía, en comunidad, y de manera activa y participativa. Esto demanda que las personas deseen este estilo de vida. Además, en la actualidad, los plazos de puesta en marcha de un proyecto de cohousing para personas mayores pueden ser "demasiado largos".

El Auge del Cohousing para Mayores en España

El modelo de cohousing para personas mayores, originario de los países nórdicos, goza de una amplia tradición e implementación en todo el norte de Europa. La historia europea de las viviendas compartidas, conocidas como "cohousing" en la literatura académica occidental, asienta sus raíces en Dinamarca en la década de los sesenta, cuando un conjunto de familias decidió vivir en una infraestructura compartida. No es hasta finales de los años ochenta cuando se construye la primera experiencia de cohousing para personas mayores, también en Dinamarca, alcanzando popularidad internacional a mediados de los noventa.

En los países del Norte de Europa (Dinamarca, Finlandia, Suecia, Alemania y Reino Unido), las viviendas colaborativas han recibido un fuerte apoyo institucional por parte de las administraciones públicas, considerándolas un recurso efectivo para abordar la exclusión social y evitar la soledad no deseada, y han estado relacionadas con una estrategia para garantizar viviendas dignas, compartir gastos y luchar contra la especulación inmobiliaria.

Gráfico: Crecimiento de proyectos cohousing para mayores en España (2001-2023)

En España, el número de viviendas colaborativas ha experimentado un notable aumento en los últimos cinco años. Según estimaciones de Hispacoop, desde el año 2001, cuando se inauguró la primera vivienda colaborativa, hasta el 2015, se establecieron 7 comunidades para personas mayores. Sin embargo, a partir del año 2020, se han registrado ya 20 iniciativas en diferentes etapas de construcción e implementación. Este reciente auge en España contrasta con la presencia más arraigada de este fenómeno en otros países de Europa, como los Países Bajos y Suecia, donde se contabilizan más de 2.100 y cerca de 2.800 viviendas colaborativas, respectivamente.

Las motivaciones que animan la configuración de estas iniciativas son bastante comunes en todos los territorios y están relacionadas con la creación de formas alternativas de convivencia ante el incremento de los precios del suelo y el interés por compartir recursos de forma comunitaria. En este contexto, algunos grupos sociales ensayan nuevas fórmulas de convivencia que se articulan en torno a valores colectivos que resaltan la cooperación e intentan trascender a las opciones de convivencia institucionalizadas.

A diferencia de Europa del Norte, el impulso hacia esta forma alternativa de convivencia en España se ha realizado desde grupos sociales auto-organizados, afines en valores políticos y económicos, muy conscientes de desear una forma de envejecimiento activa y autónoma, alejándose de la soledad y de las barreras de las grandes urbes. Se trata de colectivos de personas mayores muy bien posicionados en la estructura social y económica, con un elevado nivel educativo y que a menudo ya tenían una vivienda previa en propiedad. Estas iniciativas surgen para combatir el modelo imperante de cuidados durante la vejez, muy centrado en las aportaciones de la familia nuclear y con débiles respuestas de los servicios sociales públicos.

De esta manera, las viviendas colaborativas entre personas mayores en España presentan la especificidad de haber sido creadas "desde abajo" y tienden hacia la autofinanciación, sin intromisiones de las administraciones públicas o entidades mercantiles en sus valores y objetivos.

Raíces y Filosofías del Cohousing en España

Las iniciativas de vivienda colaborativa en España son ejemplos paradigmáticos de transformación social. Se defienden como espacios alternativos que extienden su impacto más allá del mero edificio residencial, fomentando la cohesión social mediante la interacción y la organización de diversas actividades con el entorno local. Han emergido no solo como espacios alternativos para una vida compartida, sino también como epicentros de reflexión y acción en torno al cuidado durante el proceso de envejecimiento.

El reciente auge de estas viviendas se articula entre la filosofía de "lo común" y las reflexiones feministas más críticas sobre la familia, la reproducción social y los cuidados. El marco de "lo común" ofrece nuevas lógicas de organización social que superan los criterios individualistas y mercantiles hegemónicos, rompiendo con el carácter lucrativo de la vivienda y el concepto de familia nuclear predominante. Las posiciones críticas feministas, por su parte, aportan consideraciones alternativas sobre cómo organizar los cuidados durante la vejez, presentando opciones de supervivencia diaria ancladas en los territorios y las comunidades, promoviendo soluciones colectivas que se propagan en redes de apoyo diario.

En España, la provisión de cuidados a los adultos mayores ha dependido en gran medida del trabajo no remunerado de las mujeres dentro de los hogares. Estos hogares colaborativos son concebidos y demandados por una generación de personas mayores que buscan vivir de manera digna y autónoma, participando activamente en los procesos de cuidado y bienestar. Estas iniciativas están cobrando una creciente relevancia política al desafiar modelos tradicionales y proponer enfoques que reformulan las políticas públicas actuales de cuidados.

Perspectivas Futuras y Relevancia Social

La alternativa de vivienda para la jubilación mejor valorada por los mayores sigue siendo el domicilio de residencia de los últimos años (8,9 sobre 10), seguida por el cohousing (5,1), según el Informe Mayores UDP. Sin embargo, en un contexto demográfico de rápido envejecimiento -el Instituto Nacional de Estadística proyecta que la población de 80 y más años crecerá un 47,5% en 15 años, y los centenarios se triplicarán- la necesidad de alternativas innovadoras es evidente.

La economía colaborativa, especialmente a través del cohousing, ofrece un nuevo modelo de envejecimiento, generando un ambiente de vida que prioriza el apoyo mutuo y el fomento de relaciones sociales. Aunque la economía colaborativa es muy novedosa para gobiernos y legisladores, su consistencia y la atención a colectivos como las personas mayores son elementos clave para su éxito y su integración en los sistemas tradicionales.

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