El síndrome de inmovilidad es una de las complicaciones más graves que afectan a las personas de la tercera edad. No se trata solo de estar en cama o en silla de ruedas, sino de un proceso progresivo en el que el adulto mayor deja de moverse, pierde autonomía y su salud física y mental se deteriora rápidamente.
¿Qué es la Dismovilidad en el Adulto Mayor?
El síndrome de inmovilidad en el adulto mayor es un estado en el que la persona pierde o reduce de manera significativa su capacidad de movimiento, quedando parcial o totalmente inmovilizada. Este proceso no es inmediato y, aunque puede iniciarse por una enfermedad concreta, es el resultado de múltiples factores físicos, emocionales y sociales. La inmovilidad se define como el descenso de la capacidad para desempeñar las actividades de la vida diaria por deterioro de las funciones motoras.
La capacidad motriz es un buen medidor de la salud en las personas mayores, tanto es así que en la valoración de la fragilidad la velocidad de la marcha es un factor crucial para medir el resultado. La inmovilidad es uno de los grandes síndromes geriátricos debido a lo que afecta especialmente a los mayores, tanto por su prevalencia como por sus consecuencias negativas en este sector poblacional. Se estima que en torno al 18% de la población mayor de 65 años tiene algún grado de dificultad para moverse sin ayuda. En los mayores de 75 años, la imposibilidad de salir de su domicilio sin ayuda aumenta hasta el 50%.
Aunque a veces se confunden, el síndrome de deslizamiento es una fase más avanzada y grave del síndrome de inmovilidad. Se caracteriza por un deterioro global: el mayor deja de comer, de comunicarse y abandona toda actividad, incluso con ayuda.
Los conceptos y términos evolucionan para mejorar el trabajo, facilitando el modo de clasificar y adoptando medidas convenientes. Esta es la razón que lleva a analizar los cambios relacionados con la reconceptualización del concepto de inmovilidad y postración, términos que se siguen usando cuando en recientes publicaciones se insiste en su eliminación con sobrados argumentos.
Dentro de los grandes síndromes geriátricos está el síndrome de inmovilidad. Desde el 2002 se comenzaron a gestar cambios en el concepto que fueron presentados en el IV Congreso Latinoamericano de Geriatría y Gerontología (COMLAT, 2003) en Santiago de Chile, y aún vigentes. La definición de inmovilidad es la restricción generalmente involuntaria en la capacidad de transferencia y/o desplazamiento de una persona a causa de problemas físicos, funcionales o psicosociales. En términos clínicos esta definición permite la identificación de los pacientes afectados, pero sin establecer diferencias entre ellos en cuanto a etiología, historia natural, pronóstico ni manejo.
Para suplir estas deficiencias se han utilizado escalas de funcionalidad, como el índice de Katz, de Pfeiffer, de Barthel y de Lawton-Brody; sin embargo, lo que estas escalas miden es funcionalidad y no necesariamente movilidad. La ausencia de movimiento, la verdadera "inmovilidad", no existe en el universo físico, por ejemplo, hay movilidad respiratoria, cardiovascular, digestiva, ocular, etc. Se acepta también la acepción "enflaquecer, debilitar, quitar el vigor y fuerzas a alguien".
La condición de "postrado" adquirió una connotación peyorativa. No es lo mismo decir a un paciente "tiene una dismovilidad no estabilizada" que "se está postrando", ni decir a un cuidador que "está a cargo de un postrado" que "es el cuidador principal de un paciente con dismovilidad en etapa 4". Estos términos generan desesperanza tanto en el enfermo como en el cuidador.
La dismovilidad, entonces, fue definida como "la molestia, dificultad y/o imposibilidad para movilizar parte del cuerpo y/o trasladarse, secundaria a situaciones de origen biológico, mental, social, espiritual y/o funcional; que afecta la calidad de vida y/o que tiene riesgo de progresión". A su vez, "molesta" es aquella movilidad que permite lograr lo deseado sin alterar el curso físico normal del movimiento ("arco del movimiento") y "dificultosa" aquella movilidad que permite lograr lo deseado pero que altera para ello el curso físico normal del movimiento.
Clasificación y Etapificación de la Dismovilidad
Ejes de Clasificación
- Forma de instalación: la dismovilidad puede ser aguda o larvada, lo que permite diferenciar etiologías, evolución, pronóstico y tratamientos.
- Tiempo de evolución: se clasifica como reciente (hasta un año) o antigua (más de un año de evolución).
Etapas de la Dismovilidad
La etapificación de la dismovilidad se presenta de la siguiente manera:
- ETAPA 1: Paciente con vida de pedestación.
- ETAPA 2: Paciente con vida sedente.
- ETAPAS 3, 4 y 5: Etapas de encamamiento. Esta clasificación consta a su vez de sub etapas, A y B.
Causas y Factores que Contribuyen a la Dismovilidad
La inmovilidad en las personas mayores puede ocurrir por multitud de factores. De una manera fisiológica la movilidad se ve modificada con la edad, pero esto nunca justificará un síndrome de inmovilidad. La capacidad de la persona para moverse con normalidad va a estar mediada por el buen estado de su forma física, su capacidad cognitiva y el espacio que le rodea.

Problemas Físicos
- Aparato locomotor: Las patologías que provocan rigidez, dolor o inflamación van a condicionar la marcha, como la artrosis, la artritis y las artralgias. Otros problemas como la osteoporosis, que pasa asintomática, pueden producir fracturas que provocarán momentos de inmovilidad.
- Problemas neurológicos: Enfermedades neurodegenerativas como la Enfermedad de Alzheimer, Enfermedad de Pick, Corea de Huntington o la Enfermedad de Parkinson, llevan a la persona a una inmovilidad total en las últimas fases de la enfermedad por deterioro de las capacidades neuromotoras.
- Trastornos sensoriales: La afectación de los sentidos hace que la persona se mueva menos. Los problemas más habituales son las cataratas, la degeneración macular asociada a la edad y el glaucoma, que trastornan la visión impidiendo un movimiento seguro e independiente.
- Patologías del sistema respiratorio y cardiaco: Aunque los cambios fisiológicos en estos sistemas no motivan una inmovilidad, las patologías asociadas sí pueden contribuir.
Factores Mentales y Emocionales
A pesar de que en la definición del síndrome de la inmovilidad se diga que es debido a “trastornos de las funciones motoras”, también es habitual que en los mayores sean los problemas mentales y emocionales los que provocan un déficit del movimiento.
- Demencias: Las demencias pueden causar inmovilidad debido al deterioro generalizado que provoca en la cognición y en la condición física de la persona.
- Depresión: La depresión puede hacer que la persona esté apática y sin ninguna voluntad de moverse.
- Miedo: Es típico que después de haber sufrido una caída, especialmente si ha sido grave, la persona reduzca su actividad. Este fenómeno se conoce como “síndrome post caída” y es uno de los principales motivos para la inmovilidad tras una caída. Vivir en zonas conflictivas también puede generar miedo y reducir la actividad.
Factores Sociales y del Entorno
En este grupo se encuentran los problemas que, debido a la situación social de la persona, pueden disminuir su actividad llegando a una inmovilidad parcial.
- Iatrogenia: El uso de sujeciones llevará a la persona a la inmovilidad total. Su uso está cada vez más cuestionado debido a las consecuencias que provoca, tanto emocional como físicamente, además de las secuelas propias de la inmovilidad. También el uso de fármacos que reduzcan la estabilidad o que provoquen efectos sedantes impedirán que la persona se mueva correctamente.
- Barreras arquitectónicas: Las personas mayores a veces residen en viviendas con barreras arquitectónicas, como casas sin ascensor, pisos altos, escaleras de gran tamaño y portales con poca iluminación, lo que les impide salir de casa y reduce su actividad a lo poco que pueden moverse dentro de su hogar.
- Ausencia de productos de apoyo: No disponer de productos necesarios para la movilidad o que estos no estén en óptimas condiciones va a ser otro obstáculo. La imposibilidad de acceder a sillas de ruedas, muletas, bastones, calzado adecuado, etcétera, será un hándicap para moverse. Esta falta puede deberse a problemas económicos o de acceso a servicios.
- Falta de apoyo social: Contar con una red de apoyo, familiar, de amigos o institucional, es crucial para ayudar en aquello que no puedan hacer por ellos mismos, como gestionar productos de apoyo, iniciar trámites para mejoras de accesibilidad o acompañar en paseos.
Consecuencias de la Dismovilidad en el Adulto Mayor
La inmovilidad tiene un fuerte impacto en la vida y en la salud de las personas que la padecen. Las consecuencias serán principalmente físicas, pero también hay una afectación significativa a nivel psicológico y social. El síndrome de inmovilidad conlleva consecuencias en el estado general y la capacidad de autonomía y funcionalidad (actividades de la vida diaria, AVD) de la persona mayor, e incluso puede comprometer la vida.

Efectos Físicos
La gravedad de estas consecuencias dependerá del grado y duración del síndrome; en cualquier caso, acabarán llevando a la fragilidad y dependencia.
- Aparato locomotor: Es quizá el efecto más evidente. Cuando una persona deja de moverse, desarrolla rigidez en las articulaciones que disminuye su capacidad de movimiento, agravando el cuadro. A esto se suma la inestabilidad en el equilibrio que provoca la inactividad prolongada. Lo más grave a nivel locomotor es la disminución de masa muscular que puede llevar a una sarcopenia y pone a la persona en riesgo de fragilidad.
- Piel: Uno de los principales riesgos de la inmovilidad, especialmente si es total, es el de desarrollar úlceras por presión. El movimiento y la actividad son fundamentales para evitar todo tipo de heridas relacionadas con la dependencia.
- Aparato circulatorio: La hipotensión ortostática y los problemas de equilibrio estarán presentes en estas personas aumentando el riesgo de caída.
- Aparato digestivo: La primera consecuencia es la disminución del apetito que puede desembocar en una malnutrición, así como estreñimiento.
- Aparato respiratorio: Las neumonías y el colapso de una región pulmonar son complicaciones posibles.
Efectos Psicológicos y Sociales
- Aislamiento social y deterioro cognitivo: A nivel mental, la inmovilidad favorece el aislamiento social, la depresión y el deterioro cognitivo. La persona que pierde la capacidad de moverse libremente se ve forzada al aislamiento, reduciendo su actividad y vida social. Incluso cuando una persona está acompañada, es normal sentir soledad o tristeza cuando las limitaciones de movilidad impiden mantener una vida social activa.
- Impacto en el bienestar emocional: Los términos como "postrado" generan desesperanza tanto en el enfermo como en el cuidador.
Muchas de estas consecuencias son, a su vez, otros nuevos síndromes geriátricos provocados por la inmovilidad, como las caídas, la confusión aguda, la incontinencia o la malnutrición. El síndrome de inmovilidad es tan peligroso porque tiene un alto poder de desencadenar una cascada de síndromes geriátricos.
Prevención y Tratamiento de la Dismovilidad
Cuanto más tiempo lleve instaurada la inmovilidad y más consecuencias haya tenido, más difícil será tratarla. Por lo tanto, el mayor esfuerzo se debe hacer en la prevención de su aparición. La detección precoz y la actuación inmediata son fundamentales para evitar estas complicaciones. La prevención e identificación precoz del síndrome de inmovilidad es fundamental. Una vez establecida la inmovilidad, es importante iniciar cuanto antes los cuidados específicos de prevención y/o tratamiento de las complicaciones orgánicas, psicológicas y sociales, y la adaptación del entorno.
Rol de los Profesionales y el Entorno
- Profesionales de enfermería: Su rol es clave tanto en el tratamiento como en la prevención del síndrome de inmovilidad. Es fundamental que el personal esté formado y entrenado para detectar las situaciones que pueden poner a las personas mayores en riesgo y a manejar los factores de riesgo que entran en juego.
- Entorno seguro: La prevención pasa por crear un entorno seguro para evitar caídas y fomentar la confianza en el movimiento.
- Apoyo familiar: El apoyo familiar resulta esencial, pero la sobreprotección o la asistencia excesiva pueden acelerar el síndrome de inmovilidad.
- Fomento de la movilización: Como cuidadores no profesionales, se debe fomentar la movilización del paciente dependiente, siempre en la medida de lo posible. Esta labor es fundamental, sobre todo en los pacientes institucionalizados, que presentan mayor riesgo de sufrir un síndrome de inmovilidad.
Estrategias de Intervención
Rutina de Ejercicios de CALENTAMIENTO para Adultos Mayores Activos (10 minutos)
- Rehabilitación física: Las sesiones de fisioterapia son imprescindibles en el tratamiento, ya que mejoran la fuerza muscular, la coordinación y la movilidad general.
- Ejercicio físico regular: Practicar ejercicio físico diariamente, una media de entre 30 y 45 minutos. Se deben trabajar la potencia, la resistencia, la flexibilidad y el equilibrio. La aparición de dolor, disnea, inestabilidad o mareo son indicaciones para suspender los ejercicios, para posteriormente reanudarlos 2 o 3 días a la semana, con el objetivo final de realizarlos 5 días a la semana. La forma física es la capacidad para afrontar con facilidad un esfuerzo físico, es decir, la fuerza, resistencia, movilidad fácil o flexibilidad, y desde luego, la coordinación y el equilibrio.
- Adaptación del domicilio: Eliminar las barreras u obstáculos en su domicilio, tanto barreras arquitectónicas como elementos de decoración que obstaculicen su movilidad.
- Prevención primaria: Es básico realizar ejercicio físico porque ayuda a mantener el nivel de movilidad en las personas mayores y a mejorar su estado musculo-esquelético y neurosensorial basal.
- Anciano Sano: Si es menor de 75 años, se aconsejarán ejercicios aeróbicos de moderada a alta intensidad y ejercicios de resistencia. Los mayores de 75 años realizarán un ejercicio de moderado esfuerzo aeróbico o de fortalecimiento.
- Anciano Enfermo: El tipo de ejercicio y la intensidad del mismo estarán adaptadas a la enfermedad del paciente. Estar enfermo no es motivo para que la persona esté quieta, siempre y cuando la movilidad no empeore el cuadro.
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