La audición no es solo un proceso mecánico que depende del oído, sino que involucra de manera directa al cerebro. Realmente, la audición o acción de oír ocurre en el cerebro, donde el sonido es procesado por partes específicas. La parte del cerebro que está involucrada en la comprensión de los sonidos se llama corteza auditiva.
El sistema auditivo es esencial para la supervivencia y la comunicación humana, permitiéndonos detectar estímulos vibratorios del entorno para crear percepciones sonoras. Sin embargo, las alteraciones en su funcionamiento, como la hipoacusia y el tinnitus, afectan a millones de personas en el mundo y pueden tener efectos significativos en el cerebro, tanto a nivel estructural como funcional.

El Sistema Auditivo y sus Vías
El sistema auditivo posee vías aferentes y eferentes que forman múltiples circuitos de retroalimentación entre la corteza auditiva y la cóclea (oído interno). Investigaciones han brindado evidencia de que la modulación de las respuestas auditivas durante la atención selectiva a estímulos visuales es una de las funciones clave del sistema eferente auditivo.
Neuroplasticidad en la Hipoacusia: Adaptación y Reorganización Cerebral
Cuando una persona sufre pérdida auditiva, su sistema nervioso central no queda inactivo; al contrario, se adapta, reorganiza y utiliza nuevas rutas neuronales para procesar los sonidos. La neuroplasticidad auditiva es la capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones neuronales cuando el oído deja de enviar señales sonoras con normalidad. Esta capacidad permite al cerebro compensar o reorganizarse para intentar compensar la pérdida auditiva y mejorar la comprensión del habla, ya que, en condiciones de pérdida sensorial, el cerebro es propenso a reorganizarse y las modalidades sensoriales intactas a menudo reclutan las cortezas de las modalidades deficientes para el procesamiento neuronal.
Cambios Estructurales y Funcionales
La pérdida auditiva crónica puede causar cambios en la estructura cerebral, como la reducción del tamaño del cerebro o una disminución en la densidad de la materia gris. También se observa una disminución de la actividad cerebral en áreas relacionadas con el procesamiento del sonido y cambios en la conectividad cerebral de diferentes áreas involucradas en dicho procesamiento. Estudios recientes de neuroimagen han documentado cómo, en personas con hipoacusia, las áreas auditivas primarias muestran un cambio de actividad, lo que significa que la pérdida de audición no solo afecta al oído, sino también a la forma en que el cerebro procesa la información.
La Corteza Auditiva y la Memoria de Trabajo
Un estudio dirigido por la Dra. Velia Cardin ha analizado cómo el cerebro puede cambiar en las personas con pérdida auditiva, mostrando que en ellas, la corteza auditiva cambia su rol y se involucra en la memoria de trabajo, un tipo de procesamiento cognitivo para la actualización de información. Se observó que la corteza auditiva respondió durante las tareas de memoria de trabajo en personas sordas, pero no en personas oyentes, lo que indica que las personas sordas utilizan partes de su cerebro para realizar estas tareas cognitivas. Estos resultados sugieren que el cerebro tiene una capacidad mayor y mejor para cambiar la forma en que funciona de lo que se pensaba anteriormente.
Plasticidad Cruzada Intermodal: Visión y Tacto
Investigaciones previas y estudios con resonancias magnéticas funcionales han demostrado que cuando se produce una pérdida auditiva, regiones del cerebro que normalmente procesaban el sonido empiezan a involucrarse en funciones visuales o táctiles. Esta reorganización es conocida como plasticidad cruzada (cross-modal plasticity), un proceso donde el cerebro intenta compensar o aumentar el procesamiento derivado de la pérdida sensorial estimulando áreas adyacentes que pueden responder a otros estímulos.

Reorganización Visual
Los estímulos visuales, que son procesados principalmente en la corteza occipital, pueden ser integrados en áreas cerebrales que normalmente se dedican a la audición en personas con divergencias sensoriales. En personas sordas, se ha reportado que la corteza temporal, especialmente el giro frontal superior (que en personas oyentes suele procesar aspectos relacionados con el habla), se encarga del procesamiento de estímulos visuales. Además, al realizar tareas visuales periféricas, se observa una mayor activación en las áreas temporales mediales y superiores en personas sordas. Esto refuerza que la estimulación visual activa el surco temporal superior, la circunvolución temporal superior y el planum temporale, que son áreas que participan en el procesamiento de estímulos auditivos.
En el caso de personas que adquieren una lengua de señas de forma temprana, el procesamiento cortical inicial se presenta en la corteza visual primaria (CVP), a diferencia de las personas oyentes donde ocurre en la corteza auditiva primaria (CAP).
Sensibilidad Vibrotáctil Aumentada
La plasticidad cruzada no se limita a la modalidad visual. Se ha observado que la corteza temporal modula estímulos vibrotáctiles, que normalmente estarían relacionados con el área somatosensorial en la corteza parietal. En personas sordas, se ha documentado un aumento en la percepción de estímulos vibrotáctiles en el giro temporal superior (GTS) y en la corteza auditiva secundaria, particularmente cuando se estimulan la palma de la mano y las yemas de los dedos. Una explicación probable de por qué la corteza auditiva se activa en presencia de estímulos vibrotáctiles en individuos con sordera es que en ambos sistemas, tanto el oral como el visogestual, se perciben vibraciones de baja frecuencia. Por ejemplo, algunos sordos pueden percibir las vibraciones del lenguaje oral al tocar a alguien o incluso percibir estímulos más complejos, como la música. Esto parece deberse a que los receptores vibrotáctiles de la piel son biomecánicamente similares a las células ciliadas de la cóclea.
Implicaciones Cognitivas y Socioculturales de la Sordera
La pérdida auditiva trae consecuencias sobre algunas funciones cognitivas, debido a que la conectividad neural se encuentra alterada entre el sistema auditivo, los otros sistemas sensoriales y los centros que subyacen a la cognición. Es crucial abordar estas patologías de manera multidisciplinaria, combinando especialidades médicas y científicas para entender y tratar los vínculos entre la audición y las funciones cerebrales.
Hipoacusia, Demencia y Cognición
Estudios epidemiológicos han demostrado que existe una relación entre la hipoacusia y la demencia, así como entre el tinnitus y trastornos neuropsiquiátricos como la ansiedad y el insomnio. La pérdida de emisiones otoacústicas se asocia a atrofia cerebral en regiones no auditivas como la corteza cingulada, el hipocampo y la amígdala, áreas relacionadas con circuitos cognitivos y emocionales del cerebro. La privación del sentido de la audición origina una reorganización cerebral, que puede manifestarse en un incremento en el proceso de atención dirigida, quizás causado por la necesidad de detectar cambios táctiles repentinos, como las vibraciones. Esta atención dirigida y conjunta es relevante para advertir de los eventos que suceden en el entorno, ya que, a diferencia de los niños oyentes, un niño sordo no siempre se da cuenta de algunas cosas que pasan a su alrededor, como un objeto que cae fuera de su campo visual o una persona hablando detrás.

El Impacto del Contexto Sociocultural y la Adquisición del Lenguaje
Los aspectos socioculturales en los que se desenvuelven los niños sordos, típicamente en contextos de familias oyentes, son cruciales para propiciar la optimización y el fortalecimiento de habilidades relacionadas con el neurodesarrollo. La adquisición temprana de una lengua es primordial para el desarrollo y establecimiento de un sistema lingüístico y la madurez cerebral en infantes con sordera.
Privación Lingüística y Desarrollo
Cuando una persona sorda se desarrolla en una comunidad silente, es común que adquiera una lengua de señas, lo que desde este punto de vista no representa una limitación comunicativa. Sin embargo, en familias oyentes, los familiares no siempre aprenden una lengua de señas, recurriendo a terapias de oralización, implantes cocleares o señas caseras, que no siempre son ideales para expresiones complejas. Esto puede llevar a que los niños sordos tengan serias dificultades para adquirir la lengua oral de sus progenitores y a una privación lingüística, creando ambientes naturales de privación lingüística. Esta situación puede acarrear riesgos para el desarrollo de habilidades comunicativas y efectivas, afectando no solo el plano comunicativo sino también el ámbito social y cognitivo. Un trabajo de Mayberry (2018) reportó el caso de un adulto con discapacidad auditiva que no adquirió una lengua de señas de manera temprana, observándose una menor actividad neural en las áreas canónicas del lenguaje ante tareas lingüísticas.
Desarrollo cognitivo en el niño sordo
Procesamiento Visogestual de la Lengua de Señas
El lóbulo temporal (LT), el giro frontal superior (GFS) y el giro temporal superior (GTS), todos izquierdos, están involucrados en la comprensión de la lengua de señas, no solo en cuanto al movimiento asociado a esta, sino también en el uso de los articuladores manuales. Los dos tercios posteriores del GFS izquierdo corresponden al área de Broca, que planifica los mapas motores para la articulación del habla, lo que supone que también está involucrado para la modalidad visogestual. Además, la vía dorsal visual, también llamada "vía del dónde", que va de la corteza occipital a la parietal, se recluta para procesar señas en personas sordas cuando el cerebro madura sin haber experimentado la red de forma-significado. Esta vía procesa información entre objetos visibles en el espacio y aspectos más sofisticados como la disposición espacial de una escena visual.
En personas sordas, se ha observado activación del surco temporal superior ante tareas donde se presentan imágenes de expresiones faciales, lo que en oyentes se procesaría en el giro fusiforme izquierdo. Esto podría dar las bases para una respuesta preferencial al reconocimiento de rostros en el caso de las personas sordas, ya que el giro fusiforme está asociado al reconocimiento facial y a la clasificación de objetos. Estos datos refuerzan la idea de que el procesamiento visogestual de la lengua de señas puede dirigir la diferenciación funcional especializada y organizada dentro de regiones del lóbulo temporal.
Avances y Futuro en la Intervención y Protección Auditiva
El conocimiento de la neuroplasticidad auditiva abre puertas a nuevas terapias personalizadas y estrategias de intervención para mejorar la calidad de vida de las personas con pérdida auditiva.
Dispositivos de Asistencia Auditiva y Nuevas Estrategias
Una estrategia importante para la reorganización intermodal es el uso de la lectura labial. Otra es la tecnología de asistencia auditiva como los audífonos y los implantes cocleares. Las investigaciones más recientes pretenden ir más allá de estos dispositivos, trabajando en la modulación dentro del sistema nervioso central para mantener los circuitos implicados en la percepción del sonido lo más vivos y activos posible. Esto busca que, al recurrir a un implante, el paciente pueda escuchar activamente y, en el caso de individuos sordos de nacimiento, no solo oigan sonidos, sino que capten el máximo de detalles y matices de la voz humana.
El sistema nervioso periférico intenta defenderse ante una señal acústica pobre reclutando neuronas a las que adjudica funciones específicas. Este proceso de neuroplasticidad también se produce cuando se recurre a los audífonos y a los implantes electrónicos, creando nuevas vías auditivas útiles para la comprensión del lenguaje. Los investigadores buscan estimular esta neuroplasticidad periféricamente y a través de fármacos para optimizar las conexiones y circuitos funcionales. Modelos experimentales en ratas han logrado que neuronas estimuladas con factores neurotróficos se conecten entre sí, reproduciendo lo que ocurre en el sistema auditivo vivo.
Investigación en Regeneración Auditiva y Células Madre
La investigación en neuroplasticidad está abriendo paso a la basada en las células madre. Se investiga la sustitución de las células sensoriales auditivas y las neuronas del receptor auditivo mediante la obtención y selección de células madre. Esta fase de regeneración podría ser una realidad en la práctica clínica en las próximas décadas, con el futuro apuntando a los bioimplantes realizados con material biológico, como las células madre. Las principales fuentes de obtención incluyen células epiteliales de las mucosas, mesenquimales genéricas (fibroblastos) y, potencialmente, células de sangre de cordón umbilical.
Protección Auditiva y Prevención de Ototoxicidad
Es fundamental protegerse frente a un exceso de decibelios (a partir de los 90) para evitar el deterioro auditivo. Sin embargo, existen factores endógenos y exógenos que también inciden en la pérdida de audición, como patologías genéticas o congénitas, ciertas alteraciones genéticas que aparecen a partir de los 40 años combinadas con la exposición al ruido, infecciones, hipoxia e isquemia. En individuos con alto riesgo, como los que presentan arterioesclerosis avanzada, se les protege también con fármacos.
Por otro lado, algunos tratamientos farmacológicos pueden producir ototoxicidad. Ciertos quimioterápicos (platinos), diuréticos y antibióticos pueden conllevar efectos dañinos en el oído. Jochen Schacht, director del Instituto Kresge de Investigación Auditiva, ha descubierto un sistema de bloqueo ototóxico de ciertos antibióticos basado en la administración de desferroxiamina. Se encontró que los antibióticos aminoglucósidos solo son ototóxicos cuando se unen a la molécula de hierro en sangre; al administrar el quelante del hierro, se evita este efecto, protegiendo al oído durante el tratamiento.
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