La descompensación conductual en niños con discapacidad se refiere a alteraciones significativas en el comportamiento habitual, que pueden manifestarse de diversas formas y tener un impacto considerable en su bienestar y en el de su entorno. Históricamente, los problemas de conducta en las aulas existieron desde siempre; sin embargo, las estrategias para abordarlos han evolucionado drásticamente. Mientras que antes de la Ley 1420 en Argentina, la conducta disruptiva se intentaba eliminar con castigos corporales, como el uso de la "disciplina" en las aulas, hoy en día las intervenciones se basan en una comprensión más profunda y en métodos respetuosos.
Actualmente, no se interviene aplicando castigos corporales para corregir dichas conductas disruptivas. En su lugar, es fundamental preguntarse cuáles son los factores causales que podrían estar influyendo en la existencia de dicha conducta. Tanto en las aulas como en casa, los niños pueden presentar problemas de conducta como berrinches, manierismos, rituales, conductas estereotipadas, falta de motivación para realizar actividades y dificultades para sostener la atención. Se calcula que hasta el 60% de las personas con discapacidad intelectual (DI) pueden presentar problemas de conducta, los cuales pueden alterar la convivencia diaria, generar tensión en el entorno y poner en riesgo tanto el bienestar del propio usuario como la seguridad de quienes le rodean.

Comprendiendo la Crisis de Conducta
Una crisis de conducta es una alteración significativa en el comportamiento habitual de la persona que puede manifestarse mediante agresiones hacia otros, autolesiones, destrucción de objetos o conductas desadaptativas repetitivas. Reconocer las señales que anticipan una crisis es esencial para intervenir a tiempo y minimizar su intensidad. Aunque resulta inevitable que en ciertos momentos se produzca una crisis, trabajar la prevención reduce significativamente su frecuencia e impacto.
Problemas Internalizantes y Externalizantes
La evaluación psicológica tiene como finalidad conocer y comprender los comportamientos y síntomas que aparecen para determinar si estos son parte del curso normal del desarrollo o constituyen un patrón psicopatológico. Las problemáticas emocionales y de comportamiento en la infancia suponen una preocupación y un reto para padres, educadores y profesionales de la salud, ocupando un lugar destacado en las investigaciones sobre trastornos psicopatológicos en niños.
- Las alteraciones de las emociones o síndromes internalizantes están relacionadas con inestabilidad del estado de ánimo, obsesiones, problemas somáticos, nerviosismos, inseguridad, miedos, fobias, tristezas, apatía, disforia, inquietud, tensión, preocupación y culpabilidad. Para su diagnóstico se pueden emplear los criterios descritos en las diversas ediciones del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) y se relacionan con problemas afectivos, de ansiedad y somatizaciones.
- Las alteraciones del comportamiento o síndromes externalizantes incluyen comportamientos desajustados como la exteriorización de la agresión, la actuación o descarga impulsiva, agitación psicomotora, desobediencia y comportamiento antisocial. Son más visibles en el contexto familiar y escolar, manifestándose mediante conductas disruptivas que interfieren en el funcionamiento de los niños en esos ambientes, siendo motivos frecuentes de derivación o de pedido de consulta.
La mayor parte de los niños y adolescentes con discapacidad intelectual no desarrollan más problemas de conducta que sus pares sin discapacidad. Sin embargo, en muchas ocasiones es el contexto el que no favorece el desarrollo de comportamientos apropiados y fomenta repertorios desajustados que llevan a la intervención profesional.

Factores Causales Subyacentes
Abordar las conductas desafiantes en niños con trastornos del desarrollo no es solo una cuestión de intervención conductual, sino de comprensión profunda del entorno, la historia individual y las relaciones familiares que configuran el día a día del niño. Las conductas desafiantes suelen tener una función comunicativa: sirven para expresar malestar, frustración o necesidades que el niño no puede verbalizar.
Frustración y Dificultades de Comunicación
En niños con discapacidad, la frustración puede ser un factor que facilite la aparición de conductas disruptivas. Muchas veces, en el ámbito escolar, estos niños afrontan situaciones que son difíciles de resolver y terminan frustrándose. La función de la conducta disruptiva podría ser, por ejemplo, evitar realizar la tarea de matemáticas. Es fundamental averiguar la función de la conducta disruptiva para poder encontrar una conducta apropiada que tenga la misma función que la disruptiva.
Además, los niños con dificultades en la comunicación verbal que conviven en grupos y se les exige determinados rendimientos para lograr un mejor ajuste a su medio, pueden tener como resultado comportamientos agresivos como una manera de comunicar sus sentimientos o de asumir algún control de la situación. Aquellos niños que no disponen de niveles de lenguaje como el discurso y una adecuada expresión narrativa, utilizan formas más primitivas de comunicación, tales como la heteroagresividad, autolesiones y miedos.
Trastornos del Aprendizaje y TDAH
Lo que en un inicio se supone que es ansiedad o un trastorno del comportamiento puede resultar ser una discapacidad de aprendizaje. Los niños que tienen dificultades en la escuela a veces se portan mal: no quieren hacer las tareas, se niegan a participar e incluso se vuelven disruptivos en clase. Para los padres y los maestros, puede parecer rebeldía o desinterés, pero en muchos casos, estos comportamientos son señales de un trastorno del aprendizaje no diagnosticado que puede hacer que la escuela sea más difícil. Comprender la conexión entre el comportamiento y los trastornos del aprendizaje puede ayudar a padres y educadores a brindar el apoyo adecuado.
Los trastornos del aprendizaje tienen su origen en la forma en que el cerebro de un niño procesa la información. Estas diferencias neurológicas pueden dificultarles mucho más que a otros niños la lectura, la escritura, las matemáticas o prestar atención. Estas dificultades no se deben a una falta de inteligencia o de esfuerzo, sino a diferencias en la función cerebral que hacen que las tareas de aprendizaje sean más difíciles. Cuando los niños no pueden explicar sus dificultades, su frustración se suele manifestar en su comportamiento o incluso en síntomas físicos, como dolores de estómago.
Tipos comunes de trastornos relacionados con el aprendizaje:
- Dislexia: Es uno de los tipos más comunes de discapacidad del aprendizaje y a menudo se presenta como un problema de comportamiento. Un niño que tiene dificultades para leer puede evitar las tareas de lectura, negarse a leer en voz alta o frustrarse cuando se le pide que complete tareas de alfabetización. Algunos niños se convierten en el payaso de la clase para distraer la atención de sus dificultades, o actúan como si no les importara.
- Discalculia: Afecta específicamente la capacidad de trabajar con números.
- Disgrafía: Afecta la capacidad de escribir. Los niños con este trastorno pueden procrastinar, "olvidar" tareas o enfadarse cuando se les pide que hagan trabajos específicos de estas áreas, y les cuesta escribir a mano, deletrear y organizar sus pensamientos en papel.
- Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH): Aunque técnicamente no es un trastorno del aprendizaje, dificulta mucho el aprendizaje al afectar la capacidad del niño para concentrarse, regular los impulsos y administrar las tareas. Los niños con TDAH pueden tener problemas para seguir instrucciones, ser constantes en sus tareas o permanecer quietos, comportamientos que se pueden confundir con rebeldía. Además, el TDAH puede afectar la regulación emocional, llevando a una baja tolerancia a la frustración y berrinches por tareas sencillas.
No solo los estudios se ven afectados cuando un niño tiene un trastorno del aprendizaje. También suelen afectar al bienestar social y emocional del niño. Pueden sentir vergüenza, desarrollar ansiedad o depresión, e incluso rechazar la escuela. También pueden tener dificultades con las interacciones sociales, lo que conduce a sentimientos de aislamiento.
Trastornos del Espectro Autista (TEA)
La complejidad fenotípica del TEA se manifiesta debido a la asociación con otras alteraciones del neurodesarrollo, problemas psiquiátricos o médicos. Un 50-70% de las personas con TEA presentan asociados otros retrasos en el desarrollo, comorbilidades con problemas de salud mental o problemas de conducta, y aproximadamente un 30% muestran una discapacidad intelectual asociada.
Resulta frecuente que el TEA se asocie a problemas conductuales, principalmente: conductas agresivas, negativismo ante órdenes o demandas, ruptura de normas sociales y situaciones de emocionalidad negativa. Las personas con TEA y alteraciones de conducta suelen mostrar dificultades en la flexibilidad cognitiva, organización y planificación, anticipación de situaciones y en la respuesta organizada y planificada ante una situación no esperada. Todos estos aspectos les provocan inestabilidad emocional y en consecuencia conductual.
Sensibilidad Sensorial
Las dificultades en el procesamiento sensorial también pueden ser un factor relevante. La hiposensibilidad es la falta de reacción ante un estímulo sensorial al percibirlo muy poco o no percibirlo. La hipersensibilidad es la reacción excesiva ante un estímulo sensorial "normal", habitualmente por estrés o sobrecarga sensorial. Ambas pueden generar frustración y conductas desadaptativas.
Salud Mental y Discapacidad Intelectual
La salud mental es un componente fundamental e inseparable de la salud y está relacionada con la calidad de vida. El diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades mentales en niños con Discapacidad Intelectual (DI) se ha convertido en una de las áreas de mayor interés. Los problemas emocionales y de comportamiento en la infancia suponen una preocupación y un reto para padres, educadores y profesionales.
Los problemas de conducta pueden ser un síntoma de un trastorno psiquiátrico, donde será necesaria una evaluación psicológica y psiquiátrica esmerada para determinar el diagnóstico. Los niños con discapacidad intelectual están sometidos a diferentes tipos de estrés ambiental y son más proclives a desarrollar problemas graves de conducta o enfermedades mentales que aquellos que no presentan discapacidad intelectual, debido a sus dificultades para procesar la información, problemas orgánicos, dificultades sensoriales o factores culturales y familiares. Las limitaciones en habilidades cognitivas disminuyen la probabilidad de que los niños con discapacidad intelectual puedan superar, de forma asertiva, las fuentes de estrés.
Es importante destacar que, a mayores necesidades de apoyo, mayor es la presencia de problemas de comportamiento. Mientras que en los niños sin discapacidad intelectual los problemas de comportamiento disminuyen o desaparecen con el desarrollo, en los niños con discapacidad intelectual suelen permanecer en estadios posteriores del desarrollo. Esto es porque el lenguaje sustituye a otros comportamientos; los niños que no desarrollan una comunicación verbal competente, utilizan formas más primitivas.
Charla para padres / Conductas desafiantes en niños con autismo
Evaluación y Diagnóstico
Reconocer las señales de los diferentes tipos de discapacidades del aprendizaje es el primer paso. Si el comportamiento de un hijo está encendiendo las alarmas, el primer paso es buscar patrones: ¿Tiene dificultades en una materia en particular? ¿Se porta mal en ciertos momentos del día? Identificar cuándo y dónde ocurren los desafíos puede ayudar a descubrir un trastorno de aprendizaje subyacente. Los patrones nos dan pistas importantes.
Análisis Funcional de la Conducta
Si consideramos que toda conducta tiene una función, es fundamental averiguar la función de la conducta disruptiva. El análisis funcional de la conducta resulta fundamental para identificar los desencadenantes y consecuencias que refuerzan la conducta problemática. Así, las estrategias de intervención deben estar basadas en los conceptos de refuerzo y extinción: generar estímulos agradables o eliminar aquellos que son aversivos (refuerzos), y quitar todo estímulo que podría reforzar la conducta (extinción), según corresponda.
Evaluación Multidisciplinar
La evaluación psicológica tiene como finalidad conocer y comprender los comportamientos y síntomas que aparecen para determinar si estos son parte del curso normal del desarrollo o constituyen un patrón psicopatológico. Esto incluye la valoración de la conducta adaptativa con la finalidad de reflejar las características sociales de la discapacidad, reducir el exceso de confianza depositado en el coeficiente intelectual y disminuir los falsos positivos.
El concepto actual de discapacidad intelectual alude a una evaluación integrada del funcionamiento del sujeto en el momento actual, entendiéndola no como una condición permanente, sino como un estado actual de funcionamiento que debe ser revisado periódicamente. El déficit cognitivo debe coexistir junto a limitaciones en la conducta adaptativa, puesto que la restricción intelectual, por sí misma, es limitada para diagnosticar discapacidad intelectual.
Las escuelas tienen la capacidad de evaluar a los estudiantes para detectar trastornos del aprendizaje. Las evaluaciones neuropsicológicas privadas también son una opción para obtener una visión más personalizada de la discapacidad específica de un niño. La intervención temprana puede evitar años de frustración, ya que sin un diagnóstico, los niños pueden interiorizar sus dificultades y creer que no son lo suficientemente inteligentes.
Salud del Comportamiento vs. Salud Mental
Conocer si el comportamiento de un hijo está relacionado con la salud mental o la salud del comportamiento es muy útil, aunque distinguirlos puede ser difícil ya que no existe una definición oficial sobre su diferencia.
- La salud del comportamiento tiene que ver con comportamientos que se pueden cambiar al implementar algunas modificaciones o nuevas formas de comunicación.
- La salud mental se refiere a un sentido de bienestar de la mente. El tratamiento para la salud mental no simplemente modifica el comportamiento y además incluye un diagnóstico específico, como depresión, ansiedad o trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).
Conseguir un diagnóstico es útil y ayuda a encontrar la ayuda adecuada, pero esto puede tomar tiempo y el diagnóstico quizás cambie conforme el niño crece y se desarrolla. Las estrategias para cambiar el comportamiento también pueden ayudar a niños que padecen una condición mental.
Estrategias de Intervención y Apoyo
Una vez que se identifica un trastorno del aprendizaje o una causa subyacente para la descompensación conductual, el apoyo adecuado puede marcar la diferencia. Con intervenciones específicas, los niños pueden desarrollar las habilidades que necesitan para tener éxito académico y sentir más confianza en sus capacidades.
Intervenciones Basadas en Refuerzo y Extinción
Las estrategias del terapeuta deben estar basadas en los conceptos de refuerzo y extinción. Esto quiere decir, generar estímulos agradables o eliminar aquellos que son aversivos (refuerzos), y quitar todo estímulo que podría reforzar la conducta (extinción), según corresponda. La intervención puede realizarse antes de la existencia de la conducta disruptiva o en el transcurso de la misma.
Adaptación del Entorno y Comunicación
Una de las intervenciones más utilizadas es la adaptación del entorno, a fin de crear un ambiente adaptado a las necesidades, intereses y capacidades de la persona con DI; que les ayude a planificar el espacio y el tiempo; a anticipar; que favorezca la comunicación y que fomente su autonomía. Se debe trabajar la entrada de información a través de diferentes sentidos. Para muchos niños con discapacidad, es mejor usar imágenes o fotografías en lugar de solo usar palabras.
Es necesario ayudar a la persona con DI a elaborar estrategias relacionadas con la identificación de las emociones y sus consecuencias en las diversas situaciones sociales, así como a reconocer los indicadores o señales de alerta que avisan de la aparición de un problema. Es relevante incidir en expresar las emociones que sentimos, desarrollar empatía hacia el otro, comprender las normas socialmente aceptadas y las relaciones interpersonales y emocionales, para favorecer una mejor comprensión y poder dar una respuesta ajustada a la interacción con el entorno.
Estrategias en el Hogar
Hay algunos cambios que los padres pueden hacer en casa para disminuir el caos, empoderar a su hijo y proveerle a la familia una vida más tranquila:
- Establecer una estructura: Seguir una rutina y un horario diario con los que pueda contar el niño. Esto incluye ir a la escuela, las comidas y la hora para irse a dormir.
- Alabar y recompensar: Cuando el niño demuestre que ha adquirido una nueva destreza, por más pequeña que sea, alabarlo por su buen comportamiento. Con recompensarlo se logrará más que al regañarlo, ya que si se castiga, el niño podría entender que recibirá más atención si hace un berrinche. Pensar en maneras creativas de recompensar sus éxitos y victorias pequeñas.
- Redirigir: Ayudar al niño a que su comportamiento tome un rumbo nuevo. Por ejemplo, si está gritando, se le puede pedir que haga una tarea para distraerlo o darle algo diferente en qué enfocarse.
Intervenciones en el Ámbito Educativo
El contexto educativo es, muchas veces, el escenario donde se identifican por primera vez las conductas desafiantes, pero también puede ser un espacio clave para su transformación. Las escuelas pueden proporcionar adaptaciones para apoyar a los niños con trastornos de aprendizaje, como tiempo adicional en exámenes o modificar las tareas.
- Programas de Educación Individualizada (IEP) y Planes de Intervención del Comportamiento (BIP): Si un hijo tiene un IEP, es importante asegurarse de que este programa le pida lo mismo que se le pide en casa. El IEP quizás tenga que incluir un Plan de Intervención del Comportamiento (BIP) el cual describe estrategias positivas para ayudar a que el niño tenga éxito y corregir cualquier comportamiento que tenga fuera de la casa.
- Estrategias basadas en la anticipación y el refuerzo positivo: Las intervenciones en el entorno escolar con niños con trastornos del espectro autista (TEA) demuestran que las estrategias basadas en la anticipación, el refuerzo positivo y la enseñanza explícita de habilidades sociales son altamente eficaces. Utilizar un lenguaje positivo, claro y conciso, con un tono de voz bajo, es esencial en la disminución de conductas agresivas.
Apoyos Específicos para Trastornos del Aprendizaje y TDAH:
- Para la dislexia: Programas de lectura multisensoriales como el método Orton-Gillingham o el sistema de lectura Wilson pueden ayudar a fortalecer las habilidades de alfabetización. Fomentar el uso de audiolibros, conceder más tiempo para las tareas y utilizar la enseñanza basada en la fonética también son útiles.
- Para los trastornos de matemáticas y escritura: Métodos de enseñanza estructurados y paso a paso, organizadores gráficos y estrategias de aprendizaje prácticas pueden facilitar la comprensión de conceptos matemáticos complejos. Las herramientas de voz-a-texto y el tiempo adicional al realizar tareas también pueden ayudar a los niños que tienen dificultades con la escritura.
- Para el TDAH: La asesoría para la función ejecutiva, las rutinas estructuradas y la terapia conductual pueden ayudar a los niños a manejar la concentración, la organización y la autorregulación, haciendo que las tareas escolares sean más manejables.
Manejo de Crisis
Cuando la crisis ya está en curso, es indispensable actuar con calma, respetando siempre la dignidad de la persona y priorizando su seguridad y la del entorno. Es importante coordinarse con el resto del equipo para actuar de manera coherente y evitar contradicciones que puedan confundir a la persona. Es necesario mantener la seguridad, cerrar puertas, alejar a otras personas, protegerlos de objetos que puedan dañarlos, etc.
Modelo de Apoyos Conductuales Positivos (PBS)
El manual "Conductas que nos preocupan en personas con discapacidad intelectual y del desarrollo" de Plena Inclusión promueve un apoyo conductual positivo (PBS), que se fundamenta en conocer a cada persona y al entorno en el que se desenvuelve para poder interpretar y actuar correctamente ante una alteración conductual. Los programas basados en el modelo de PBS permiten a los profesionales trabajar junto a las familias para prevenir y reducir las conductas problemáticas desde un enfoque colaborativo, estructurado y respetuoso.
Además, las intervenciones implementadas por los propios padres, una vez formados adecuadamente, pueden resultar igual de eficaces que las realizadas por profesionales, además de generar un impacto positivo en la relación afectiva con sus hijos.
Apoyo a los Cuidadores
Un aspecto que a menudo se pasa por alto es el impacto emocional que estas crisis tienen en los profesionales y en las familias. El bienestar del personal y de los padres es un requisito para poder cuidar adecuadamente a los demás. El manual de Plena Inclusión también enfatiza el apoyo emocional a los que cuidan.
Consideraciones Clave para una Intervención Respetuosa
Prevenir el desarrollo de conductas desafiantes implica intervenir antes de que estas se consoliden. Asimismo, crear entornos estructurados, predecibles y emocionalmente seguros es una medida preventiva de gran valor. Los niños con trastornos del desarrollo suelen beneficiarse de rutinas claras, apoyos visuales y expectativas consistentes, que reducen la ansiedad y favorecen una mayor autorregulación.
Abordar las conductas desafiantes no debe implicar nunca una pretensión de "normalización" ni una imposición de comportamientos esperados desde una mirada neurotípica. La intervención debe partir del respeto al niño, de la escucha activa y de la comprensión de su experiencia única. Es importante mantener expectativas realistas, ya que el cambio en las conductas no suele ser inmediato, y requiere constancia, coherencia y sensibilidad por parte de los adultos implicados. No se trata solo de "corregir" comportamientos, sino de entender su función, modificar el entorno, enseñar alternativas funcionales y empoderar tanto al niño como a su familia.
Preguntas Frecuentes
¿Pueden los problemas de comportamiento ser una señal de un trastorno del aprendizaje?
Sí, los problemas de comportamiento como las crisis, la negativa a ir a la escuela o el comportamiento desafiante pueden ser señales de un trastorno del aprendizaje subyacente. Cuando los niños tienen dificultades con la lectura, la escritura o las matemáticas, a menudo se sienten abrumados o ansiosos, lo que puede llevar a que se porten mal. Identificar de forma temprana una discapacidad del aprendizaje puede ayudar a abordar tanto los desafíos académicos como los de comportamiento.
¿Cuáles son los tipos comunes de discapacidades de aprendizaje?
Los tipos comunes de discapacidades del aprendizaje incluyen dislexia (dificultad con la lectura), discalculia (dificultad con las matemáticas) y disgrafía (dificultad con la escritura). Otros desafíos relacionados, como los problemas de procesamiento auditivo, también pueden afectar el aprendizaje. Cada condición afecta la forma en que un niño procesa la información y puede llevar a la frustración o la evasión en la escuela.
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