No es posible no educar sexualmente, porque educamos con lo que hacemos, con lo que decimos y también con lo que callamos. Aunque no tengamos todas las respuestas, no podemos dejar de hacernos todas las preguntas. La sexualidad sigue siendo un enorme tabú en nuestra sociedad, lo que lleva a malentender y limitar su propio término, haciendo un uso inadecuado del mismo.
Vivir nuestra sexualidad sin prejuicios, lejos de creencias erróneas o sentimientos de culpa y de forma que favorezca el crecimiento personal y relacional, debería ser el objetivo de toda educación sexual. Cada uno de nosotros parte de una herencia biológica única que interactúa con miles de elementos ambientales, facilitando o dificultando el desarrollo de nuestra sexualidad. Sin embargo, compartimos elementos culturales que nuestra sociedad ha ido construyendo y que determinan lo que está bien o mal en la expresión sexual.
Desafiando el Tabú: Una Visión Amplia de la Sexualidad
La mayoría de las consultas en torno a sexualidad y discapacidad (física, psíquica o sensorial) giran en torno a la masturbación. Sin embargo, la sexualidad y su educación abarcan un espectro mucho mayor que también debería recibir su correspondiente atención.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la sexualidad como: “un aspecto central del ser humano, presente a lo largo de su vida. Abarca al sexo, las identidades y los papeles de género, el erotismo, el placer, la intimidad, la reproducción y la orientación sexual. Se vivencia y se expresa a través de pensamientos, fantasías, deseos, creencias, actitudes, valores, conductas, prácticas, papeles y relaciones interpersonales. La sexualidad puede incluir todas estas dimensiones, no obstante, no todas ellas se vivencian o se expresan siempre. La sexualidad está influida por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, éticos, legales, históricos, religiosos y espirituales.”
En este contexto, Carlos de la Cruz habla de tres registros:
- Cómo somos: el registro anatómico-fisiológico, que incluye el cuerpo y su funcionamiento en la reproducción, el placer, entre otros.
- Cómo vivimos: la identidad de género (hombre, mujer o persona no binaria con sus matices) y la orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual, asexual, etc.).
- Cómo nos expresamos: el registro de los deseos, fantasías y conductas, un repertorio que puede ser individual o compartido con otras personas.

La Diversidad de las Sexualidades: Mismas Necesidades, Diferentes Obstáculos
Las personas con discapacidad presentan las mismas necesidades sexuales que el resto de la población, pero pueden encontrar dificultades para resolverlas. No existe una sexualidad única, sino que somos tantas sexualidades como personas.
El entorno suele mantener una imagen de debilidad y necesidad de protección sobre las personas con discapacidad, mientras que la sociedad tiende a visualizarlas como asexuales, infantilizándolas e impidiéndoles evolucionar en todos sus ámbitos. Estas dificultades se incrementan por los prejuicios y el desconcierto de las familias al afrontar la sexualidad de sus hijos o hijas, así como por la falta de aceptación social ante esta realidad, lo que conlleva la creación de un sinnúmero de mitos y tabúes en torno a su salud sexual y reproductiva.
Estereotipos comunes incluyen la idea de que una persona con discapacidad es “un ángel sin sexualidad” o, por el contrario, que se toca sin pudor en cualquier lugar. Sin embargo, no todas las personas con discapacidad se tocan en cualquier parte, ni se transforman en ángeles sin apetencia sexual. Estudios como el de Félix López Sánchez presentan un listado de falsas creencias sobre las personas con discapacidad y su sexualidad.
En los últimos años, ha surgido el término “diversidad funcional” para referirse a personas con discapacidad, reclamando el reconocimiento de su dignidad como una expresión más de las muchas diversidades. No obstante, en esta discusión se utilizará el término “persona con discapacidad” desde una perspectiva de respeto por ser el vigente en la ley actual y para evitar confusiones.
La Educación Sexual Integral: Un Pilar para la Calidad de Vida
Estos estereotipos, junto con la creciente inclusión de jóvenes con discapacidad en los centros educativos, evidencian la necesidad de informar a padres y profesores, dotándolos de las herramientas y estrategias suficientes para ofrecer una adecuada educación sexual. Esto, a su vez, mejora su calidad de vida y sus ocho dimensiones clave: bienestar emocional, material, físico, relaciones interpersonales, inclusión social, desarrollo personal, autodeterminación y derechos (Schalock y Verdugo, 2013).
Si no hay discusión respecto a la importancia de la educación sexual de los jóvenes en general, tampoco ha de haberla en el caso de jóvenes con discapacidad, partiendo de la premisa de que todos y todas somos seres sexuados, aunque vivamos la sexualidad cada uno a su manera. La educación sexual deberá adaptarse en cada caso y dotar de recursos a aquellas personas que no puedan expresarse, permitiendo que cada uno “tenga la erótica que nace de él, no la que le venga impuesta”.
Monroy (1980) señala que la sexualidad se inicia desde que nacemos, al igual que su educación. Las caricias y cuidados que ofrecemos al bebé tienen un impacto en su desarrollo emocional que afecta directamente a su sexualidad. Por ello, la educación sexual, como recalca De la Cruz (2022), debería ser proactiva, es decir, no esperar a que haga falta como respuesta a una situación problemática. Especialmente en el caso de jóvenes con discapacidad, en los que no es raro encontrar dificultades en la petición de necesidades o expresión de deseos, o en algo tan básico como tener intimidad para poder satisfacerlos.
Por todo ello, debemos hacer educación sexual desde que nacen, primero en la familia y después desde el centro educativo. Para generar un espacio de empoderamiento, diversión y naturalización de la sexualidad, es fundamental animar a las personas a preguntar y a expresar sus vivencias, deseos y dudas.

Consideraciones Clave para una Educación Sexual Efectiva
La educación sexual debe abordarse con algunas consideraciones clave:
- En plural: Se debe trabajar de manera coordinada, unificando criterios y pautas entre la familia y el centro educativo, adaptando la forma a cada caso.
- Con límites y consentimiento: Es necesario trabajar de forma explícita lo que se puede y no se puede hacer en función de las situaciones y contextos. Algunas conductas, como la masturbación, se pueden realizar en la intimidad, mientras que otras no se pueden hacer sin consentimiento. Una adecuada educación en estos temas es la mejor forma para prevenir el abuso. El consentimiento implica la autoescucha y la escucha de la otra persona, y nunca se pierde el derecho a decir “NO”.
- Con un modelo de intervención biográfico y profesional: Atrás quedaron modelos como el Moral (dirigido al matrimonio), el Médico (enfocado en prevención de embarazos y enfermedades) o el Revolucionario (donde todas y todos deberían tener relaciones sexuales). Hoy, se necesita un modelo Biográfico y Profesional. Biográfico, porque se centra en las características de la persona (deseos, posibilidades y circunstancias); y Profesional, por la importancia del mediador. Este modelo enfatiza el papel de los padres para prestar apoyos y participar en la toma de decisiones en función del grado de autonomía de su hijo o hija, protagonista de su vida sexual.
- Evitando la sobreprotección y represión: La sobreprotección limita las relaciones de los jóvenes con sus iguales fuera del contexto educativo o familiar. Es importante darles la oportunidad de establecer relaciones sanas de amistad en condiciones de igualdad y respeto. Es imposible prohibir algo que forma parte de la persona, como los cuerpos, el desarrollo, las erecciones o la menstruación.
- Con mucha naturalidad: La actitud de padres y maestros, al hablar de sexualidad, debe ser abierta y generar en el niño confianza y seguridad. Anticiparse, educar y hablar será fundamental para prevenir cualquier problema en este ámbito.
- Dándoles intimidad: Es importante saber que ciertas conductas requieren intimidad y, por tanto, proporcionar momentos para ello. Los jóvenes con discapacidad rara vez están solos, lo que puede llevar a conductas públicas que deberían ser íntimas. Todo lo que se pueda hacer para dar privacidad y dignificar la intimidad ayuda a la normalización.
- Dignificando sus cuerpos: Hay que darles la misma consideración que a cualquier otra persona para que aprendan a dignificar sus cuerpos y a tener pudor. Si se les trata como si fueran eternamente niños, sin privacidad ni consideración, pensarán que su cuerpo no les pertenece y asumirán como normales acciones como desnudarse en público o que alguien les toque sin permiso.
- Llevando a cabo una educación sexual accesible: Cuando hay dificultades de comprensión del lenguaje, se debe contar con apoyos y adaptaciones, como pictogramas y otros apoyos visuales, sensoriales o táctiles. No toda educación sexual requiere lenguaje.
Barreras y Desafíos en la Implementación de la Educación Sexual
En cuanto a la educación formal, la legislación actual presenta limitaciones. Se observa un tratamiento transversal de la “Educación Afectivo Sexual”, pero esto no garantiza su ejecución al no contar con tiempos y espacios concretos, ni con profesorado específico. Además, es fundamental la formación de los profesionales que trabajan en los centros educativos para lograr una sexualidad de estos jóvenes “libre, ajustada a la realidad y coherente con sus expectativas e intereses”. La brecha entre la voluntad política y su aplicación en el terreno es evidente.
Todavía falta mucho para ofrecer esa, hoy, utópica educación sexual a los jóvenes con discapacidad, pero no podemos olvidar que será un elemento clave en su calidad de vida y en su desarrollo. Un estudio cualitativo con madres de personas con discapacidad intelectual y física, reveló que la sexualidad es un tabú y se asocia con la prostitución, existiendo un rechazo social persistente y una falta de inclusión plena en la sociedad y en sus derechos sexuales.
Mitos y Prejuicios Persistentes
Las personas con discapacidad enfrentan limitaciones en su vida sexual, no solo por barreras físicas sino por construcciones sociales estereotipadas que las ven como débiles, dependientes o asexuales. Algunos estudios muestran que el 51% de las madres entrevistadas apoyan la idea de esterilizar a sus hijos con discapacidad para evitar descendencia, una perspectiva que ignora otras estrategias de prevención y limita la autonomía. La percepción de que, a mayor severidad de la discapacidad, una relación sexual es imposible, es común.
En muchas sociedades, el sexo sigue siendo un tabú por falta de conocimiento y se asocia a menudo con el pecado, lo que lleva a vincularlo con la prostitución. Esta perspectiva es compartida por una parte significativa de la población, dificultando un abordaje abierto y saludable de la sexualidad.
A pesar de estas barreras, el 94% de los entrevistados considera que las personas con discapacidad tienen derecho a su sexualidad, aunque a menudo con "limitantes" socioeconómicos.

Asistencia Sexual: Un Apoyo para la Plena Expresión de la Sexualidad
Dada la invisibilización de la sexualidad en las personas con discapacidad, ha surgido la figura de la asistencia sexual (AS) como un apoyo humano ejercido por una tercera persona para que la persona con discapacidad, especialmente con grandes necesidades de apoyo, pueda satisfacer sus necesidades sexuales.
Modelos y Debates en Torno a la Asistencia Sexual
La Asistencia Sexual anuda distintas propuestas teóricas y prácticas. Por una parte, desde el propio campo de la prostitución, se reconoce como un servicio especializado, de pago, pero con una función social al satisfacer estas necesidades. Sin embargo, existe un modelo alternativo que intenta desvincularse del estigma social y la alegalidad jurídica, como el modelo de “conexión erótica”, que prioriza la intimidad y la sexualidad desde el derecho a desear y sentirse deseado. Otro modelo, el de “auto-erotismo”, concibe al asistente como un apoyo para facilitar la propia autoexploración sexual del cuerpo de la persona asistida.
En el contexto internacional, la asistencia sexual tiene un mayor recorrido y está regulada en países como Suiza, Bélgica, Alemania, Austria, Holanda o Dinamarca, donde se tiende a diferenciarla de la prostitución y se desarrolla desde la cartera de servicios sociales.
Un estudio con profesionales de la sexología revela que, si bien tienen una visión liberal de la sexualidad de las personas con discapacidad, la desarrollan desde una perspectiva individual, asistencialista y terapéutica, configurando la Asistencia Sexual como una forma de terapia sexológica que favorece la rehabilitación. Sin embargo, otras perspectivas defienden la AS como un apoyo humano para garantizar el acceso al propio cuerpo, adoptando una postura más política que médica, y buscando visibilizar el poder simbólico de lo sexual para politizar el derecho a una vida digna y plena.
#Asistenciasexual , "Jornada sobre asistencia sexual en discapacidad Intelectual"
Profesionalización de la Asistencia Sexual
Los participantes de grupos de discusión y profesionales de la sexología coinciden en resaltar la AS como una figura de ayuda. La prestación de ayuda para el (auto)encuentro con el propio cuerpo o entre dos personas a modo de facilitador se estableció como base diferenciadora con la prostitución, donde el fin es ganar dinero. La formación de la Asistencia Sexual debe dotarse de competencias específicas para que estos profesionales sean capaces de promover la autonomía de las personas con discapacidad, con habilidades empáticas y sensibilidad.
La AS se presenta como un profesional que cubre las carencias/necesidades fisiológicas y sexuales, así como de comunicación y afectividad, dentro de una intervención profesional que tiene como objetivo promover la autonomía de las personas con discapacidad en los temas afectivo-sexuales. Se pone de manifiesto que la AS se inicia a partir de una necesidad/problema y debe ser abordada dentro de un proceso profesional y terapéutico para recuperar la valía y autoestima de la persona con discapacidad.
La Sexualidad desde una Perspectiva Científica y de Salud
Más allá de los tabúes, la sexualidad debería ser más estudiada desde el punto científico, viendo las ventajas que tiene en la liberación de emociones y sensaciones. Desde un punto de vista científico, en las relaciones sexuales se producen endorfinas que conllevan al placer, y dicho placer es un indicador de salud psicosocial.
El sexo es más que coito; es un acto de transmisión energética, de aprobación social y de mejoramiento de la autoestima corporal, al ser visto como una persona que provoca deseo sexual. Si se realiza con respeto, puede mejorar el esquema corporal de los individuos y su psique, fortaleciendo las carencias afectivas. Además, el sexo es cardioprotector, ya que la actividad sexual aumenta la secreción de oxitocina y DHEA, hormonas que mejoran la función cardíaca, y durante el orgasmo disminuyen las plaquetas y aumentan las endorfinas que relajan las paredes de las arterias. También es un antihistamínico natural y mejora el sistema inmunitario, fortaleciendo las defensas frente a agresiones externas al aumentar la producción de anticuerpos y otros elementos inmunitarios.
Sin embargo, la falta de formación en sexología de una buena parte del personal sanitario hace que el tema de la sexualidad no se aborde en las consultas hospitalarias ni de atención primaria tanto como se debería. Es fundamental que el personal sanitario pregunte, valore y contemple las repercusiones que la enfermedad o discapacidad haya podido tener sobre el área sexual, así como las posibles consecuencias de algunos tratamientos.
Un Enfoque Interseccional para una Inclusión Real
Desde el concepto de la interseccionalidad, podemos preguntarnos qué ocurre si una persona, además de tener una discapacidad, pertenece a un pueblo originario, es integrante de la comunidad LGBTQ+, o es migrante. La interseccionalidad permite deconstruir la imagen única del sujeto para identificar cómo los distintos sistemas de opresión reprimen a estas personas, y en el caso de la sexualidad, se le presenta como una esfera que tiende a invisibilizarse.
Las Teorías Crip y Queer se encargan de plantear la necesidad de asumir la sexualidad como un derecho humano de las personas con discapacidad y diversidades sexogenéricas. Este enfoque crítico también se extiende al impacto de la tecnología en la construcción de la identidad, por ejemplo, a través del análisis de las prótesis, que a menudo son concebidas como dispositivos de normalización para que el cuerpo se acerque a un estándar hegemónico. Conceptos como el “cuerpo post-orgánico” y los “supercrips” nos invitan a reflexionar sobre lo que significa ser un cuerpo híbrido y cómo la tecnología no solo repara, sino que puede mejorar o transformar las capacidades, desafiando las concepciones tradicionales de la discapacidad y la corporalidad.
Hacia una Sociedad que Abrazza la Sexualidad Diversa
Ya no es posible el debate sobre si existe la sexualidad o no de las personas con discapacidad. El único debate posible es si la atención o la educación a su sexualidad es buena, mala o regular, siendo conscientes de que cada alternativa nos lleva a un sitio distinto. La Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad y la Convención de Derechos Humanos Fundamentales buscan garantizar que las personas puedan tomar decisiones libres y seguras sobre su salud sexual.
Formarnos como entorno de las personas con discapacidad implica desmentir un amplio abanico de mitos y naturalizar este aspecto de su individualidad, tal como cualquier otro que buscamos favorecer y desarrollar. La educación sexual es otra forma más de participación e inclusión, permitiendo que cada persona se desenvuelva satisfactoriamente en los diversos planos de interacción, contando con habilidades para tener relaciones sanas y poder detectar situaciones incómodas o de riesgo.
Respetarlos en lo que son, más allá de su discapacidad, es una percepción bastante generalizada. Es crucial verlos en la etapa de desarrollo que están transitando -niños, adolescentes o adultos-, no como niños en un cuerpo de adulto. Facilitarles un espacio para reflexionar, pensar acerca de sí mismos, qué les ocurre y qué sienten, son ideas fundamentales. No es responsabilidad exclusiva de las familias, profesionales o instituciones, sino una labor de la sociedad en su totalidad.