La falta de entendimiento sobre cuáles son las necesidades de las personas mayores es el principal factor desencadenante de conflictos con sus cuidadores según Sacramento Pinazo Hernandis, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). “Solo por ser familiar uno no tiene por qué saber cómo cuidar a esa persona o cómo hay que adaptar sus necesidades conforme avanza la enfermedad”, explica. Lucía Trigo Millán y Rosalía Campos Álvarez, ambas profesionales del centro Adamia Psicología en Vigo, consideran que los conflictos dependen del tipo de enfermedad. “Cuando existe un deterioro cognitivo el cuidador sufre impotencia porque no puede controlar la situación”, comenta Trigo. En estos casos, también se da la falta de comprensión a la que hacía referencia Pizano. Sin embargo, todas las fuentes consultadas coinciden en que la demencia, junto con su manifestación más grave como es el Alzheimer, es la patología que más problemas causa debido a los cambios de conducta que experimenta el enfermo y el impacto emocional para el entorno.
“Los cambios conductuales son los que más se relacionan con altos niveles de carga, malestar emocional, fatiga, aislamiento, pérdida del control y un mayor riesgo de depresión”, puntualiza Trigo. “La escucha activa, la empatía, la paciencia, el acercamiento al otro y a su sufrimiento son actitudes que están relacionadas con una buena comunicación cercana que puede ayudar a la resolver los conflictos mencionados”, subraya Pinazo. En este contexto, desde Adamia recomiendan actuar con asertividad, es decir, la habilidad de expresar nuestro deseos de forma amable, franca, abierta y sin dañar a los demás.
La actitud de ambas partes también es básica para la gestión de los conflictos. “El cuidador debe conceder autonomía a la otra persona, siempre adaptada a sus limitaciones, así como sería conveniente educar al mayor para que no abuse de los cuidador y rompa con el rol de enfermo”, especifica Trigo. Las directrices comunicativas y conductuales descritas son aplicables a la prevención de dichos conflictos.
Guía práctica para prevenir y resolver conflictos
- Aceptar las necesidades del mayor.
- Descanso y ocio: una vez que el cuidador asume sus nuevas obligaciones, éste tiene que disfrutar de tiempo libre para hacer actividades con su pareja, familia y amigos porque reducirá su frustración o sentimientos negativos.
- Delegar: en el proceso de conciliación es imprescindible pedir ayuda a otros familiares o profesionales sanitarios cuando no se puede cuidar solo.
- Tener empatía: este aspecto es determinante ya que la mayoría de los desencuentros parten de la falta de entendimiento.
- Decir no a los chantajes.
- Evitar la agresividad: la expresión de pensamientos de manera agresiva contribuye a la frustración y el agotamiento emocional.
Un conflicto interpersonal se da cuando una o más personas tienen la percepción de que existe incompatibilidad para lograr un objetivo común. Este rasgo es universal y trasciende sexo, edad o cultura. El hecho diferencial de los conflictos interpersonales con personas mayores reside en la propuesta de gestión y en las necesidades sentidas de la persona, más que en la tipología del conflicto en sí. En la etapa de envejecimiento, las necesidades cambian y es esencial tenerlas en cuenta para resolver los conflictos de forma positiva.
Basarse en las necesidades sentidas de la persona y no en las que nosotros pensamos que deben priorizarse no implica descuidar el cuidado; se trata de orientar las soluciones a partir de lo que la persona mayor realmente necesita.
Atacar el problema y no a la persona es una regla fundamental: un comportamiento recurrente no define la identidad global de la persona. El conflicto también puede verse como una oportunidad para aprender sobre uno mismo y mejorar la dinámica relacional.

Maltrato y derechos: magnitud y prevención
El maltrato a las personas mayores es un problema de salud pública importante. Una revisión de 52 estudios realizados en 28 países (2017) indica que una de cada seis personas de 60 años o más sufrió alguna forma de maltrato. En entornos institucionales, el 64,2% del personal refirió haber cometido alguna forma de maltrato en el año analizado. Los tipos incluyen maltrato psicológico, físico, económico, desatención y abusos sexuales. La pandemia de COVID-19 ha acelerado estas cifras y ha aumentado la atención de este fenómeno a nivel mundial.
Las consecuencias incluyen lesiones, depresión, deterioro cognitivo y necesidad de ingreso en residencia; además, se destacan factores de riesgo individuales y comunitarios como dependencia, enfermedades mentales, edadismo y soledad. Las estrategias de prevención más prometedoras incluyen intervenciones dirigidas a cuidadores, programas de apoyo económico, líneas de ayuda y equipos multidisciplinarios que actúen en distintos ámbitos (sanidad, justicia, servicios de protección).
El marco ético y legal sobre sujeciones se ha ido fortaleciendo: el objetivo es no utilizar sujeciones siempre que sea posible, respetando la autonomía y la dignidad de la persona. El modelo de atención centrada en la persona (ACP) propone cuidados que priorizan la dignidad, la autonomía y la calidad de vida, reduciendo el uso de sujeciones físicas o químicas.

Conflictos entre familiares y su relación con el cuidado de mayores
La convivencia y las decisiones médicas pueden generar tensiones dentro de la familia. El cuidado de una persona mayor demanda tiempo, energía y recursos, lo que a veces provoca disputas sobre responsabilidades y distribución de cargas. La mediación y la intervención de profesionales pueden facilitar un diálogo constructivo y evitar dinámicas de aislamiento o distanciamiento.
La mediación se presenta como una alternativa eficaz para acercar a las partes, permitir la expresión de preocupaciones y construir soluciones a partir del diálogo. Programas como el desarrollo de mediaciones pro bono y servicios de mediación profesional pueden posibilitar acuerdos y mejorar la convivencia familiar en contextos de cuidado.
6 Consejos Para Una Mediación Familiar Exitosa
Principales recomendaciones para familias
- Fomentar una comunicación abierta y respetuosa; practicar escucha activa y evitar suposiciones.
- Establecer límites claros y sostenibles para proteger el bienestar de todos los involucrados.
- Buscar apoyo profesional: terapia familiar, mediación o asesoría psicológica para cuidadores.
- Promover la autonomía de la persona mayor dentro de sus limitaciones; educar para evitar el rol de enfermo.
- Planificar de manera participativa decisiones médicas y de cuidado, respetando deseos y valores de la persona mayor.
Resumen práctico de acciones
Las directrices comunicativas y conductuales descritas permiten reducir conflictos y mejorar la convivencia entre adultos mayores y sus cuidadores. Basarse en las necesidades sentidas, practicar la asertividad, delegar cuando sea necesario y reforzar la empatía son pilares para gestionar estas dinámicas de forma positiva. El enfoque debe privilegiar la dignidad, la autonomía y la calidad de vida de la persona mayor, evitando conductas agresivas y promoviendo el bienestar de toda la familia.
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