La expansión e intensificación de la producción agrícola es uno de los factores que más afecta a la conservación de los bienes comunes, los ecosistemas, la biodiversidad y la diversidad cultural a nivel global. Estas transformaciones se acrecentaron significativamente en la región de pastizales templados de Sudamérica en las últimas tres décadas. En los contextos rurales, la afectación y destrucción de sitios arqueológicos, tanto conocidos como aún no descubiertos, avanza con la misma intensidad que el desarrollo de actividades agropecuarias.
Este aspecto potencia la urgencia de realizar inventarios de bienes patrimoniales y evaluar las amenazas sobre los mismos, con el fin de generar insumos que orienten eficazmente las estrategias y políticas de gestión. La elaboración de mapas de riesgos, impactos y amenazas con base en Sistemas de Información Geográfica (SIG) se ha mostrado como una herramienta adecuada para la evaluación de múltiples factores. La valoración de riesgos y vulnerabilidad de conservación de sitios arqueológicos es otra de las herramientas utilizadas desde finales del siglo XX en el ámbito de la gestión del patrimonio arqueológico.
Importancia de la Evaluación de Riesgos y Vulnerabilidad
La aplicación de métodos de valoración de riesgos permite cuantificar, ponderar y visibilizar los factores naturales y antrópicos de degradación que afectan y destruyen el patrimonio. Diversos trabajos han implementado la evaluación de riesgo de destrucción y la vulnerabilidad de sitios arqueológicos frente a:
- El cambio climático en paisajes costeros.
- Terremotos.
- El riesgo de inundación.
- La incidencia e impacto del turismo de masas.
Contexto Uruguayo: Desafíos y Marco Normativo
A pesar de la relevancia global, el impacto de la actividad agropecuaria en la conservación del patrimonio arqueológico en el medio rural sigue sin ser considerado en las políticas agrarias, ambientales, así como tampoco en el ordenamiento territorial y la gestión de áreas protegidas de Uruguay. A su vez, la evaluación, prevención y gestión del daño sobre el patrimonio arqueológico por actividades agropecuarias no está incluida en las normativas específicas de los estudios de impacto arqueológicos (Ley N° 14.040, 1971; Ley N° 16.466, 1994), con la única excepción de la forestación (Ley N° 16.466, 1994).
Los Cerritos de Indios: Un Patrimonio Prehispánico Clave
La región de Uruguay reúne importantes testimonios de ocupación humana desde épocas tempranas, coincidentes con la transición Pleistoceno-Holoceno. El registro arqueológico más estudiado está representado por varios cientos de montículos de tierra, también conocidos como cerritos de indios. Estos montículos se distribuyen principalmente en el este y noreste de Uruguay (Rocha, Tacuarembó, Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera) y sur de Brasil (Rio Grande do Sul), y fueron construidos y utilizados entre ca. 5000 y 200 años AP.
Las transformaciones y manejo del ambiente por parte de las poblaciones indígenas durante miles de años en esta región derivaron en la configuración de un paisaje fuertemente antropizado, caracterizado por la presencia de cientos de montículos. En la región de India Muerta (cuenca de la Laguna Merín) se distribuyen aislados u ordenados en complejos con densidades variables. Presentan morfologías circulares, ovales o alargadas y oscilan en su mayoría entre 25 y 43 m de diámetro con alturas medias de 1,5 m y máximas entre 4 y 7 m. Los montículos tuvieron diferentes funciones: plataformas de habitación, cementerios, estructuras ceremoniales, espacios de cultivo y marcadores territoriales.
Estos montículos surgen como islas antropogénicas en un entorno de humedal interconectado ecológica y visualmente, caracterizado por la presencia de comunidades arbóreas distintivas y diversas especies de fauna autóctona. La conexión entre los habitantes locales y estos lugares se ha mantenido a lo largo del tiempo y fue descrita por primera vez a finales del siglo XIX, identificándolos como "pequeñas islas, como oasis llenos de verdor y frescura".
Historia de la Intervención y Conservación
La desafortunada coincidencia entre el emplazamiento de montículos y cultivos de arroz (Oryza sativa) en esta región marca el comienzo de la historia de la investigación científica sistemática de montículos en Uruguay. En 1986, por resolución del Ministerio de Educación y Cultura (MEC), se crea la Comisión de Rescate Arqueológico de Laguna Merín (CRALM), con la finalidad de atender el impacto negativo sobre estas estructuras arqueológicas ante la expansión agrícola y la intensificación de cultivos extensivos.
Esta comisión llevó a cabo varias excavaciones y logró importantes resultados, aunque no se desarrollaron inventarios detallados ni políticas de gestión y conservación. De hecho, en 2008, solo dos sitios de todo el país (García Ricci y La Viuda) fueron declarados monumentos históricos nacionales (Resolución N° 444/008, 2008).
Proyectos Innovadores para la Conservación del Patrimonio
Recientemente, se ha desarrollado una experiencia pionera en el contexto productivo de la región, a través de un convenio entre el Centro Universitario Regional del Este (CURE) de la Universidad de la República y el Instituto Nacional de Colonización (INC). Este proyecto, desarrollado en un padrón de la zona de Rincón de la Paja (India Muerta), permite considerar futuros y presentes alternativos para la conservación de cerritos en contextos productivos. La ejecución de esta colaboración interinstitucional permitió trabajar en la conservación y gestión del patrimonio, y en la producción ganadera bovina sostenible como base del desarrollo social local.

Metodología para la Medición de la Vulnerabilidad
En el marco de estos esfuerzos, se utiliza una metodología de evaluación de la vulnerabilidad que pondera los factores de riesgo y resistencia de cada estructura monticular a partir de la confección de un formulario de evaluación de vulnerabilidad, conocido como VEF por sus siglas en inglés (sensu Daire et al., 2012). Esta metodología permite medir objetivamente la vulnerabilidad de los montículos respecto a las actividades agropecuarias.
El Índice de Vulnerabilidad (IV) resulta de la combinación de factores de riesgo (A) y factores de resistencia (B), siguiendo la fórmula A - B = IV.
Factores de Riesgo (A)
Los factores de riesgo (A) son aquellos que constituyen las principales amenazas que sufren las estructuras monticulares, constatadas durante los trabajos de campo. Se pondera la intensidad de cada uno y se le asigna un valor correspondiente. Los principales factores identificados incluyen:
- Actividades Agropecuarias (A1): Las actividades observadas en la región se ordenaron de mayor a menor intensidad de impacto:
- Intensivas (1 punto): Plantaciones de arroz y ganadería intensiva. El impacto intensivo de la ganadería se debe a la erosión generada por una alta concentración de animales en espacios reducidos durante largo tiempo, como la producida por sistemas Feedlot o estructuras de confinamiento de sistemas ganaderos tradicionales.
- Bajo Impacto (0,2 puntos): Actividades como la apicultura, que implican un movimiento continuo y la instalación de paneles en torno al montículo.
- Impacto Intermedio: Se asignan intensidades de impacto de 0,4 (baja), 0,6 (moderada) y 0,8 (alta) en función de la intensidad observada.
- Infraestructuras y Construcciones (A2): Abarca cualquier tipo de construcción de origen antrópico moderno (casas, galpones, canales, caminos, etc.). El valor se asigna en función de la distancia a la que se encuentra con relación al montículo.
Factores de Resistencia (B)
Se establecieron tres factores de resistencia (B) principales, que contribuyen a mitigar la vulnerabilidad de los montículos:
- Grado y Tipo de Protección Legal (B1): Se centra en la protección legal de los montículos o de las áreas en las que se emplazan.
- Nivel 1 (1 punto): Montículos bajo la gestión de la Universidad de la República, que cuentan con un plan de manejo específico (PME), protección física y están sometidos a acciones correctivas y monitoreos periódicos.
- Nivel 2 (0,8 puntos): Aquellos con protección legal bajo la figura de Monumento Histórico Nacional (MHN). Si bien legalmente este es el mayor grado de protección, carecen de un plan de gestión o lineamientos para su conservación, por lo que se les otorga un puntaje alto, pero menor.
- Nivel 3 (0,6 puntos): Ubicados dentro de un área con un plan de manejo (PMA), aunque no tengan un plan o protección legal específica.
- Nivel 4 (0,4 puntos): Casos de propiedad pública del predio (PPP), que generan un contexto de mayores controles y menor modificación.

La Región de India Muerta: Un Caso de Estudio
La región de India Muerta se ubica en el norte del departamento de Rocha (Uruguay) y forma parte de la cuenca de la Laguna Merín (3750 Km²), localizada en la frontera entre Uruguay y Brasil. Es una región destacada por ser el segundo ecosistema de agua dulce más grande de América del Sur y parte de la ecorregión Graven de la Laguna Merín. Los humedales, preponderantes en la región, son esenciales para la conservación de los pastizales y la vegetación hidrófila que dominan estos entornos.
Por este motivo, desde 1984 ha sido designada sitio Ramsar y Reserva de la Biosfera (UNESCO), además de por la importante diversidad de sus formaciones vegetales y especies animales, incluidas las migratorias y en peligro de extinción. Uno de los paisajes más representativos es el palmar de Butia odorata que también se encuentra en riesgo debido a la producción agropecuaria. En esta zona de praderas y humedales se destaca la presencia de comunidades uliginosas, paludosas e hidrófilas (Zizaniopsis bonariensis, Scirpus giganteus, Eichhornia crassipes, Pontederia cordata, Spartina densiflora), así como vegetación herbácea (Paspalum notatum, Setaria geniculata, Axonopus compressus, Baccharis sp., Eryngium sp.).
Evolución Productiva y su Impacto
Desde el siglo XVIII hasta la segunda mitad del siglo XX, la principal actividad productiva de esta región fue la ganadería. A partir del siglo XX, los humedales comenzaron a ser drenados para su uso como campos agrícolas, principalmente para el cultivo de arroz. Prueba de ello es que en la década de 1930 ya se había iniciado la producción industrial de este cereal, que se convirtió en el principal producto de exportación a finales de la década de 1960. Durante este período se construyeron una serie de obras de canalización para controlar y dirigir el agua de los humedales, conectándose con los arroyos San Miguel y Chuy.
La expansión e intensificación de la agricultura en la cuenca de la Laguna Merín fue motivada por las condiciones del mercado internacional y ha comprometido la sustentabilidad ambiental en diferentes escalas y niveles, incluyendo la salud, la biodiversidad, el patrimonio y los derechos humanos. La superficie de cultivo se multiplicó significativamente; actualmente el 43,6% de la superficie tiene un uso agrícola intensivo, mientras que el 56,4% tiene un uso ganadero natural o extensivo. En las últimas décadas se ha incorporado el cultivo de soja (Glycine max), incrementándose las superficies cultivadas que alcanzaron proporciones similares a la producción de arroz en 2013.
Métodos de Investigación y Documentación
La investigación permitió la localización y documentación de estructuras monticulares mediante fotos aéreas del Servicio Geográfico Militar del año 1966 (escala 1:20.000), ortofotos de alta calidad (resolución 0,32 m, 2018) de la Infraestructura de Datos Espaciales del Uruguay (IDEuy), así como imágenes satelitales de Google entre 1986 y 2022. En el caso de los montículos, esta técnica fue ampliamente utilizada y demostró ser un método muy eficaz para su detección. También permite comparar la cobertura vegetal en temporalidades distintas a largo plazo.
De esta forma, además de la localización, se pudo realizar una comparativa en diferentes años de la evolución de la superficie destinada a la producción agrícola, especialmente la arrocera. Este abordaje posibilitó un mapeo de los cultivos de arroz del área, ya que muchas veces los predios cultivados se encuentran subrepresentados en las cartografías oficiales realizadas en años específicos, debido al carácter rotativo y períodos de descanso. De este modo, se busca analizar el impacto de esta producción sobre los montículos, así como objetivar la vulnerabilidad.
La cartografía obtenida se tomó como base para realizar una prospección extensiva y dirigida, orientada a la documentación de los montículos con Sistema de Posicionamiento Global (GPS) de precisión submétrica, mediante un punto central y un polígono con el área visible que los delimita. En campo se documentaron otro conjunto de variables de interés junto con la asignación de códigos para cada estructura y conjunto: topónimo, propietario, padrón, coordenadas, protección legal, largo, ancho, altura, área, perímetro, orientación, presencia de materiales superficiales, grado y causa de alteración, tipo de uso productivo del predio, grado y tipo de cobertura vegetal y presencia de alteraciones por hábitat de fauna. Esta metodología fue adaptada de investigaciones en contextos europeos que también fue aplicada en áreas protegidas de Uruguay.