Las habilidades psicomotoras son un conjunto de destrezas que se adquieren desde el nacimiento y que son cruciales para un desarrollo motor adecuado. Estas implican el movimiento grueso (como caminar y sentarse sin caerse), el movimiento fino (como coger un objeto o pintar), el desarrollo sensorial (responder a sonidos), el afectivo-emocional (imitar) y el desarrollo cognitivo y del lenguaje (pronunciar palabras correctamente).
Muchas patologías, como los trastornos del desarrollo (autismo, discapacidad intelectual, daño cerebral), dislexia, TDAH o cáncer infantil, pueden cursar con un enlentecimiento psicomotor, lo que se traduce en dificultades a nivel motor, cognitivo y afectivo en los niños.
La Psicomotricidad: Una Disciplina Integral
La psicomotricidad es una disciplina que estudia y trabaja la relación entre el cuerpo, el movimiento, las emociones y los procesos cognitivos. En FAEM, se entiende que el desarrollo infantil es un proceso integral, donde el cuerpo, la mente y las emociones están profundamente conectados, por lo que la psicomotricidad ocupa un lugar central en el acompañamiento a niños, niñas y jóvenes con discapacidad.
La psicomotricidad permite a los niños explorar su cuerpo, el espacio y sus emociones a través del movimiento, el juego y la relación con los otros. Su impacto es profundo en el desarrollo infantil, especialmente en niños y niñas con discapacidad motora, intelectual, sensorial o del neurodesarrollo.
Importancia de la Psicomotricidad Infantil
Potenciar y trabajar la psicomotricidad, especialmente de 0 a 3 años, es vital en el desarrollo motriz, cognitivo, comunicativo y afectivo. Niños y niñas crecen, juegan y aprenden mediante su relación con los demás y por medio del movimiento. Los psicólogos infantiles inciden en que los componentes de las habilidades motrices incluyen la constancia, la resistencia, la fuerza, la dosificación de la energía, la agilidad, la coordinación, el control del cuerpo, la velocidad y la capacidad de respuesta, y el equilibrio.
No todos los niños tienen las mismas habilidades motrices, ya que cada uno destaca en aspectos determinados. Los maestros son fundamentales en este proceso, debiendo ser capaces de detectar los puntos fuertes y débiles de cada niño para acompañarlo, estimularlo y proporcionarle las herramientas necesarias para desarrollar sus capacidades. Es crucial no subestimar a los niños y sugerir siempre actividades estimulantes que les brinden confianza, utilizando frases como: “¡Lo lograste!”, “¡Tú sí puedes lograrlo!”, “¡Hazlo de una forma diferente!”, “¡Atrévete!”.
La Intervención Temprana en la Discapacidad Intelectual
La estimulación temprana juega un papel fundamental en el desarrollo de niños con discapacidad. Es esencial que todos los niños, con o sin discapacidad, exploren su entorno. Por ejemplo, un niño con parálisis cerebral de 3 años que aún no gatea, si se le coloca en el suelo con un juguete atractivo, buscará la manera de alcanzarlo, ya sea arrastrándose o adaptando su cuerpo. Este tipo de movimiento debe ser estimulado en un entorno controlado y familiar, donde los padres puedan mitigar sus temores, permitiendo al niño explorar libremente sus deseos.

La intervención temprana se presenta como una de las herramientas más efectivas para mejorar la calidad de vida de los niños con necesidades especiales, incluyendo aquellos con discapacidades físicas, intelectuales o trastornos del desarrollo. Esta intervención engloba un conjunto de terapias y servicios especializados diseñados para ayudar a estos niños a superar o reducir las barreras en su desarrollo.
Desarrollo de Habilidades Clave y Beneficios de la Intervención Temprana
Los primeros años de vida son cruciales para el desarrollo cerebral, un período caracterizado por la plasticidad y la adaptación. Aprovechar esta "ventana de oportunidad" a través de terapias específicas puede potenciar significativamente habilidades como el lenguaje, la motricidad o la comunicación social.
A medida que los niños alcanzan pequeñas metas gracias a la intervención temprana, como caminar solos o comunicarse verbalmente, su confianza en sus propias habilidades aumenta. Esto no solo fortalece su autoestima, sino que también fomenta la independencia y el autocontrol. La intervención temprana no solo beneficia al niño, sino que también ofrece un valioso apoyo emocional y formación para las familias. Los padres reciben asesoramiento y aprenden técnicas para comprender mejor las necesidades de su hijo y apoyarlo en su día a día.
Además, esta intervención puede mitigar posibles complicaciones futuras asociadas a ciertas discapacidades o trastornos. En casos de trastornos de aprendizaje como la dislexia, el apoyo temprano puede prevenir problemas académicos a largo plazo y mejorar la integración escolar. Los casos de éxito demuestran el impacto significativo de este enfoque. Por ejemplo, un niño diagnosticado con retraso en el desarrollo motor que inicia fisioterapia a los 18 meses puede alcanzar un nivel de movilidad comparable al de sus compañeros en pocos años.
Las estrategias empleadas en la intervención temprana se adaptan a las necesidades individuales de cada niño. En general, se considera que los primeros años de vida son el momento ideal para la formación de hábitos y destrezas motrices que contribuyen positivamente a la autonomía e independencia del niño.
Evolución del Concepto de Discapacidad Intelectual
A nivel mundial, la discapacidad intelectual (DI) afecta aproximadamente al 3% de la población. La 10ª edición de la Asociación Americana para el Retraso Mental (AAMR) representó una revisión crucial, manteniendo características como el término de retraso mental, la orientación funcional y el énfasis en los apoyos. Sin embargo, incorporó una quinta dimensión: participación, interacción y roles sociales, y avanzó en la planificación de los apoyos, integrando investigaciones recientes sobre evaluación y determinación de la intensidad de los mismos. También se propuso una mayor precisión en la medición de la inteligencia y la conducta adaptativa, eliminando las diez habilidades adaptativas de la definición de 1992 y organizándolas en tres tipos: conceptuales, sociales y prácticas.
La AAMR pasó a denominarse Asociación Americana de Discapacidades Intelectuales y del Desarrollo (AAIDD). Hoy en día, la discapacidad intelectual se concibe desde un enfoque que subraya en primer lugar a la persona y elimina definitivamente el término "Retraso Mental" por "Discapacidad Intelectual". El término "retraso mental" hace referencia a una condición interna de la persona (lentitud de pensamiento); "discapacidad intelectual" se refiere a un estado de funcionamiento, no a una condición.
El cambio de concepción de la discapacidad, planteado en 2007, tiene un enorme impacto sobre la forma en que la sociedad reacciona ante las personas con discapacidad intelectual. La adopción del nuevo término implica una comprensión de la discapacidad consistente en una perspectiva ecológica y multidimensional, y requiere que la sociedad responda con intervenciones centradas en las fortalezas individuales y que enfaticen el papel de los apoyos para mejorar el funcionamiento humano. Cuando se habla de NEE, se sugiere la atención a personas con un desarrollo bajo de sus capacidades, por lo que se ha de prestar especial atención a la adaptación de las actividades que satisfagan las necesidades de cada individuo en particular.
Desarrollo Motor en Niños con Necesidades Educativas Especiales (NEE)
Desde el nacimiento y durante la infancia, la motricidad del niño evoluciona de forma rápida y dinámica, siguiendo dos grandes leyes del desarrollo: la ley céfalo-caudal (el control muscular se extiende desde la cabeza hasta las extremidades inferiores) y la próximo-distal (el control progresa desde el tronco hacia las extremidades). A partir de estas leyes, los niños evolucionan a través de diferentes etapas hasta alcanzar la posición erguida y el dominio de las extremidades, desarrollando una gran variedad de conductas motoras.
Inicialmente, los movimientos son involuntarios e inconscientes; con el crecimiento, se vuelven intencionados, aunque con poca coordinación, hasta que son capaces de coordinar y dirigir todos los movimientos. Una de las primeras manifestaciones de la motricidad es el juego, que se hace más complejo con estímulos y experiencias, lo que lleva a movimientos cada vez más coordinados.
La motricidad se relaciona con todos los movimientos coordinados y voluntarios que el niño realiza con pequeños y grandes grupos de músculos, constituyendo la base para adquirir el desarrollo de las áreas cognitivas y del lenguaje, e incluye la espontaneidad y la creatividad. Desde los dos años aproximadamente, las habilidades motrices fundamentales permiten al niño desplazarse de manera autónoma y variada, y controlar objetos de forma cada vez más eficaz. Los escolares con NEE pueden experimentar con el entorno que les rodea, lo que facilita una mejor adquisición de su capacidad intelectual. Este proceso evolutivo contribuye al desarrollo integral de su persona, comprendiendo todas aquellas actividades que requieren gran precisión y buena coordinación.
Con respecto a su motricidad, desarrollan habilidades estrechamente relacionadas con la dominancia manual. Es característico en estos niños el gusto por el trabajo y las actividades manuales, lo que contribuye al desarrollo de su motricidad fina y al desarrollo del proceso psíquico. En estos niños, las habilidades y destrezas psicomotrices son los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad, y pueden desarrollarse en la misma medida al margen de las condiciones genéticas (Ramírez, 2012).
La habilidad motriz (Sánchez, 1986) es la capacidad que permite realizar con eficacia cualquier movimiento voluntario. La destreza constituye, por tanto, la capacidad adquirida que permite ejecutar un movimiento perfectamente ajustado a un esquema preconcebido. Las habilidades y destrezas psicomotrices son una aptitud innata desarrollada en una concepción integral del sujeto. En niños con NEE, se basan en el rendimiento y aprendizaje, con diferentes niveles que van de lo simple a lo complejo y específico.
Las acciones motrices proceden de la realización de un esquema motor o de la combinación de varios, y se alcanzan a partir del trabajo de diferentes tareas, lográndose una automatización con la repetición y la variación cuantitativa y cualitativa. Los niveles de alteración de las conductas motrices son directamente proporcionales a los niveles cognitivos de cada individuo, los apoyos que se le den y las condiciones de su entorno. Si el déficit es leve, el niño puede llegar a alcanzar niveles normales; sin embargo, en casos de deficiencias severas y profundas, pueden presentarse condiciones que establezcan falta de coordinación en los movimientos y otras dificultades como respiración superficial, torpeza, mala configuración del esquema corporal y de la autoimagen, mala orientación y estructuración del espacio, y problemas para ejercitar el equilibrio de forma estática.
¿¿Qué es la psicomotricidad??
Problemas Comunes en el Desarrollo Motor y la Importancia de la Psicomotricidad
Los estudios efectuados por García & Medina (2017) muestran los problemas específicos del desarrollo motor tales como: déficit de habilidades motrices básicas, esquema corporal y control de las funciones corporales, déficit de coordinación óculo-manual, déficit de lateralidad y de control visual motor, falta de equilibrio y escaso tono muscular. Consideran, además, que en el desarrollo psicomotor del niño con discapacidad intelectual, el juego ocupa una larga porción de su vida y es el centro de su importancia.
Ramírez (2012), por su parte, atribuye igual importancia a las habilidades y destrezas psicomotrices, definiéndolas como los factores que determinan la capacidad motriz y el nivel de habilidad de cualquier individuo, y que todos ellos pueden desarrollarse en la misma medida al margen de las condiciones genéticas. Las habilidades motrices se refieren al nivel en que las personas son capaces de operar con considerable facilidad y eficiencia en su ambiente. Al madurar, estas habilidades pueden ser ampliadas en una variedad de juegos y deportes. El desarrollo motor se manifiesta, en el ser humano, mediante la coordinación de músculos y nervios, de tal manera que se logre un control de los movimientos del cuerpo. Estos procesos pueden verse afectados por problemas para la socialización y trastornos del lenguaje.
En el contexto educativo formal o no formal, es necesario desarrollar un programa de psicomotricidad y establecer objetivos que estén dirigidos a que las personas con discapacidad intelectual sean capaces de controlar y conocer mejor su propio cuerpo con respecto al movimiento, y así conseguir el mayor desarrollo psicomotor.
Ejercicios y Estrategias para Potenciar la Psicomotricidad
Existen multitud de actividades para estimular la psicomotricidad infantil, adaptadas a las diferentes edades y capacidades. A continuación, se detallan ejemplos para los dos tipos principales de psicomotricidad:
Psicomotricidad Fina
La psicomotricidad fina se refiere a las tareas pequeñas y delicadas que se pueden hacer con los dedos o con músculos faciales.
- Jugar con plastilina: Apretar, estirar y manipular la plastilina ayuda a desarrollar fuerza en los músculos implicados en la motricidad fina. Hacer figuras estimula la creatividad. Propón hacer diferentes figuras, trabajando categorías (animales, comida, naturaleza) o dejando que el niño proponga.
- Realizar laberintos: Empieza con laberintos sencillos y aumenta gradualmente la dificultad.
- Jugar al Tangram: Utilizar figuras geométricas para crear formas.
- Cortar: Utiliza un par de tijeras de punta roma para que el niño recorte figuras.
- Hacer puzzles: Mejoran no solo las habilidades motoras, sino también las ejecutivas.
- Picado con punzón.
- Hacer pulseras: Una actividad de moda que puede ser un bonito regalo.
- Colocar bastoncillos en agujeros: Preparar un bote y hacer agujeros en la tapa para que los niños se entretengan en poner dentro bastoncillos de los oídos.
- Pinzas para nueces o pompones: En una bandeja, colocar nueces o pompones de diferentes tamaños para que el niño los coja con pinzas y los mueva de sitio.
- Pajitas en colador: Colocar pajitas de colores dentro de los agujeros de un colador o de un recipiente con aberturas.
- Tapones de corcho en un bote.
- Dibujar con el dedo: Sobre una superficie llena de chocolate.
- Huellas en arena: Marcar la huella de las manos o de los pies sobre una cubeta de arena.

Psicomotricidad Gruesa
La psicomotricidad gruesa abarca los movimientos grandes del cuerpo y se desarrolla desde la cabeza hasta los pies.
- Juegos con disfraces: Una actividad divertida que entusiasmará al niño.
- Encestar pelotas: Utilizar una papelera y jugar a encestar pelotas.
- Aros en el suelo: Colocar unos aros en el suelo para que salten de uno a otro.
- Circuito con cinta: Hacer un circuito en el suelo con cinta de carrocero por el que deberán intentar caminar.
- Cojines para subir y bajar: Utilizar cojines grandes para que los niños suban y bajen, lo que les ayudará a coger tono muscular y fortalecer las piernas.
- Saltar y bailar: De forma enérgica con diferentes ritmos.
- Actividades al aire libre: Jugar a la rayuela, organizar circuitos con ruedas de coches o troncos, saltar a la comba, subir y bajar escaleras, encestar pelotas.
Estas actividades son fundamentales para la madurez física y psíquica de los niños. Por ello, los maestros deben contar con recursos variados para estimularla y trabajarla de forma divertida y adaptada a sus capacidades.
Estudio de Caso: Desarrollo Motriz en un Niño con Retardo en el Desarrollo Psicomotor (RDP)
Se describe el caso de un niño con Retardo en el Desarrollo Psicomotor (RDP), cuya madre presenta retardo mental moderado y el padre retardo mental leve. El embarazo de la madre transcurrió con dificultades, incluyendo hábitos perjudiciales y una infección. El niño nació a las 38 semanas y requirió ingreso en neonatología por ingestión de líquido amniótico. A los 2 años, comenzó a caminar y hablar limitadamente, con palabras como: mamá, papá, vamos y no.
Es atendido por el CDO por RDP. El diagnóstico logopédico plantea que es un menor con NEE en la comunicación y el lenguaje, caracterizado por un trastorno del lenguaje y presentando afectaciones en los tres planos de la lengua: fónico, léxico y gramatical; con deficiente adquisición de los fonemas del lenguaje. La entrevista a la madre y el abuelo, quienes conviven con el niño, indica que el entorno familiar es bueno, con atención a sus necesidades básicas y un interés general por su educación y desarrollo.
Sin embargo, describen el desarrollo de movimientos del niño como limitado, con mucha dependencia para realizar cualquier acción. La observación corrobora esta dependencia, ya que el niño no muestra interés por caminar o correr porque su madre lo lleva cargado constantemente. En una evaluación inicial, se observa que el menor no posee habilidades motrices, las cuales son evaluadas como no logradas.
Teniendo en cuenta los resultados, se diseñan actividades motrices dirigidas al desarrollo de la motricidad fina y gruesa, basándose en principios filosóficos, sociológicos, psicológicos y pedagógicos. Al establecer una comparación entre los resultados obtenidos antes y después de la aplicación de las actividades motrices, se observa que, en un primer momento, todos los logros motrices no estaban logrados. Tras la aplicación, se muestra un avance en 3 de los logros motrices al considerarse en proceso. Solo 1 de estos logros: saltar con dos piernas desde una altura hacia diferentes direcciones, se mantiene como no logrado. El niño se muestra en muchos de los casos, durante las actividades, cooperativo y motivado.
Tras la intervención, se observa una mejoría en el desarrollo motriz del niño, evaluada según los logros motores correspondientes a su edad. El niño, desde el punto de vista motriz, se caracteriza por presentar torpeza motora, la cual se ve mejorada tras la aplicación de las actividades diseñadas.
Atención Temprana: Un Servicio Integral para Niños y Familias
Organizaciones como "Plena inclusión" ofrecen un servicio de Atención Temprana, dirigido a niños y niñas de 0 a 6 años con discapacidad intelectual, alteraciones en el desarrollo o riesgo de padecerlas. Este servicio combina de forma planificada y coordinada diversas disciplinas como fisioterapia, logopedia, estimulación, psicomotricidad y psicoterapia.
Estas acciones, tanto preventivas como de apoyo, buscan responder lo más pronto posible a las necesidades transitorias o permanentes de estos niños. Paralelamente, se brinda apoyo a las familias a través de soporte psicológico, grupos de acogida, grupos de hermanos, escuelas de padres, terapia familiar y la organización de charlas y jornadas. La intervención temprana considera al niño en su totalidad, reconociendo que el juego es el medio natural a través del cual exploran el mundo, expresan emociones y aprenden. Es fundamental consultar con profesionales ante cualquier duda sobre la necesidad de intervención temprana.
La intervención temprana en discapacidad es mucho más que un conjunto de terapias; es un enfoque integral que busca mejorar la calidad de vida y facilitar la adaptación de las familias. Si se sospecha que un niño podría beneficiarse de la intervención temprana, hablar con un profesional es un paso crucial.
Actividades Estimulantes para Realizar en Casa
Mantener a los más pequeños ocupados puede ser un desafío, por lo que contar con ideas de actividades divertidas para realizar juntos es muy útil. La mejor manera de que los niños aprendan es jugando, independientemente de sus capacidades. Aquí se presentan algunas actividades estimulantes que se pueden realizar en casa:
- Colocar juguetes variados en una bandeja o superficie plana, incluyendo juguetes sensoriales o con ventosas.
- Inventar juegos con una pelota, incluso fabricando una de tela juntos.
- Crear un video con escenas de juego del niño y verlo posteriormente.
- Involucrar al niño en la preparación de comidas en la cocina.
- Fomentar sus dotes artísticas permitiéndoles colorear o pintar, utilizando pinceles y utensilios de dibujo de gran tamaño y fáciles de agarrar.
- Leer libros juntos en una postura cómoda o revisar álbumes de fotos familiares, señalando las caras conocidas.
- Preparar una bandeja con agua o arena para que el niño juegue con diferentes texturas.
- Jugar con plastilina, utilizando moldes y divirtiéndose cortando y montando formas.
- Realizar actividades tranquilas con rompecabezas sencillos o fichas de formas, colores, palabras o números.