La visita domiciliaria es una de las estrategias de intervención emblemáticas del Trabajo Social. Pese a su relevancia, los estudios nacionales publicados sobre esta técnica se han realizado mayoritariamente desde el campo de la salud y la psicología.
Un estudio reciente tuvo como objetivo analizar cómo utilizan la estrategia de visita domiciliaria los estudiantes de Trabajo Social que realizan o han realizado algún semestre de práctica profesional y qué opinión tienen sobre las cualidades y dificultades de esta como estrategia de intervención social. El método de este estudio contempló la aplicación de una encuesta a una muestra total de 51 estudiantes de cuarto y quinto año de la carrera de Trabajo Social de una universidad y un grupo de discusión con 10 estudiantes de los mismos cursos. Los principales resultados indicaron que, en este grupo de estudiantes, la estrategia es utilizada y bien valorada por sus aportes. Sin embargo, se constató que principalmente la utilizan para propósitos de recolección de información sobre el caso o familia intervenida y no como estrategia para entregar servicios sociales o educativos. En este contexto, se encuentran referencias bibliográficas del concepto de sociodiagnóstico, fundamental para la visita domiciliaria, en trabajos como el de Quiroz, M. y Peña, I. (1998).

Orígenes Históricos de la Visita Domiciliaria
La visita domiciliaria nació junto a la cama del enfermo y desde su origen tuvo una connotación biopsicosocial. Esta práctica data desde muy antiguo, como lo demuestran ciertos relatos históricos; por ejemplo, en papiros egipcios de más de 2500 años de antigüedad se describe la presencia del médico en el domicilio, analizando la situación y consultando, antes de emitir un diagnóstico, el cual la familia debía aceptar o rechazar. Después de esto venía un proceso de negociación del cuidado.
En Chile, en la década del 30, un grupo de mujeres beneficiadas por la expansión educacional promovida por el Estado comenzó a efectuar visitas a los domicilios, lo que les permitió reconocer y percibir la miseria en que vivían las familias pobres chilenas, sobre todo en las poblaciones periféricas y en los conventillos o cités. Mujeres de clase media, ejerciendo sus roles de profesoras, enfermeras o visitadoras sociales, apoyadas en carreras universitarias incipientes, fueron las primeras en realizar visitas domiciliarias. Rápidamente la literatura demostró que esta actividad beneficiaba en forma positiva a la familia, al hacerla partícipe del cuidado del paciente. Los elementos centrales de la visita eran los aspectos educativo, higiénico y epidemiológico. Las enfermeras organizaron esta actividad desde la perspectiva profesional y las asistentes sociales, que al principio se conocieron como "visitadoras de la miseria", se encargaron de la aplicación práctica de las políticas dirigidas a mejorar las condiciones de vida de los más pobres. Por su condición de "género femenino", se suponía que estas mujeres estaban habilitadas para educar en los roles de cuidado, lo que dio origen a una larga tradición que perdura hasta hoy.
Tipos y Definiciones de Visita Domiciliaria
Es importante precisar algunos términos, ya que no es lo mismo hablar de visita integral, visita domiciliaria de rescate, epidemiológica, con atención domiciliaria o asistencia domiciliaria; son conceptos distintos.
Atención en Domicilio
La atención en domicilio es la atención entregada por profesionales del equipo de salud a un integrante de la familia en su propio hogar, con el fin de brindar apoyo, diagnóstico, tratamiento, recuperación y rehabilitación. Está centrada en el proceso de enfermedad e incluye el cuidado paliativo de alivio del dolor, actividad que se desarrolla actualmente en la atención primaria, así como la atención a postrados. Estas acciones se realizan según una evaluación previa y un plan de atención que debiera ser negociado y concordado con la familia y no impuesto desde el equipo de salud.
Visita Epidemiológica
La visita epidemiológica es una actividad programada destinada principalmente a hacer una investigación epidemiológica del caso índice de una enfermedad bajo vigilancia, de un evento emergente o de algún evento de riesgo para la población. Se puede realizar en el domicilio, pero no es indispensable; son cosas totalmente distintas y las personas que trabajan con público saben que tienen registros diferentes.
Visita Domiciliaria Integral
La visita domiciliaria integral se define como la actividad realizada por uno o más integrantes del equipo de salud en el domicilio de una familia, con el objetivo de establecer una integración con uno o más miembros y su entorno para conocer su medio ambiente y darles apoyo para enfrentar problemas bio-psicosanitarios, en el marco de una relación asistencial continua e integral, que debe ser la característica del quehacer en la atención primaria. Se podría agregar que tiene un componente centrado en las acciones de fomento, protección, recuperación y/o rehabilitación de la salud.
Importancia de la Visita Domiciliaria en Medicina Familiar
La medicina de familia es narrativa: es un cuento o relato compuesto por las innumerables visitas que el médico realiza a través de los años, estableciendo un principio de continuidad, ya que el equipo de cabecera y el médico acompañan a esa familia en la historia de su vida y participan en los hitos relacionados con los procesos de salud, enfermedad y crisis. El diálogo que el médico sostiene con las familias está marcado por los hitos históricos de la salud de estas, hitos que constituyen una parte importante de su narrativa.
La principal herramienta de la medicina familiar es la semiología. Para co-construir esta narrativa con las familias, se debe considerar a la semiología como el arte de recoger síntomas o signos no solo en el ámbito biológico, sino en cualquier aspecto que permita al médico establecer un modelo explicativo o hipótesis, desde un rol institucional. Los síntomas o signos del acontecer de la vida cotidiana constituyen las pistas sobre el problema que se enfrenta; la semiología es el arte de saber leer en ellos y de expandir la comprensión, estableciendo nexos entre variables de los ámbitos biológico, psicológico, social y familiar, del cual el médico también forma parte. Por lo tanto, la clínica es un conjunto de relaciones que se extiende desde lo molecular hasta lo social y el médico tiene la obligación de saber leer y buscar en función del problema que ha decidido abordar.
La medicina de familia trabaja con esta semiología ampliada y la visita domiciliaria integral es uno de los escenarios más ricos para aplicarla, aunque no es el único. De hecho, en las últimas programaciones entregadas por el Ministerio de Salud se ha incorporado la visita laboral como una actividad propia de la atención primaria, en la cual se trabaja con esta semiología ampliada. Dentro de la canasta todavía faltan las visitas escolares, como una instancia de reunión de padres, profesores, escolares o adolescentes y otros elementos importantes de la vida de estos alumnos y del equipo de salud, para resolver muchos problemas que se presentan diariamente en la atención primaria.
Semiología 1: Introducción
La semiología ampliada permite ver al individuo y más allá de este, porque incluye todo su contexto: dónde vive, con quiénes vive, las personas, sus relaciones y las circunstancias en las que se desarrolla su acontecer mental. En este contexto, siempre se debe recordar que es una de las actividades más invasivas que pueden realizar los profesionales de la salud, por lo tanto, es una actividad de riesgo y no se puede hacer sin una preparación previa. Para todos los seres humanos, el hogar es un espacio privado que deben proteger; quienes realizan las visitas deberían imaginar lo que pasaría si llegara una persona a su casa a señalarles que tienen determinado problema de salud. Así comprenderían que la relación de asimetría que se da en este ámbito, sobre todo en los sectores más desposeídos, no les da derecho a invadir los domicilios de las familias sin cumplir ciertos requisitos, de los cuales el más importante es que se haya establecido un vínculo previamente. Una visita epidemiológica o de rescate puede ser efectuada por cualquier persona, pero en el caso de la visita domiciliaria integral, que tiene como objetivo evaluar al ser humano en su contexto, es imprescindible que exista un vínculo previo al menos con uno de los integrantes del equipo, para que la actividad se pueda enmarcar en la narrativa de la familia y otorgue continuidad a la atención. Por lo tanto, esta actividad debe ser planificada y autorizada, en una negociación que se debe hacer previamente.
Los objetivos de la visita familiar, desde el punto de vista del sistema y en función de las necesidades de los usuarios, son:
- Conocer el hogar, el entorno y la situación familiar.
- Detectar necesidades, recursos y redes.
- Evaluar a la familia como unidad de cuidado.
- Mejorar la definición de los problemas de salud y diferenciar los diagnósticos de las personas.
Esto permite visualizar a las personas, no como una patología, sino como seres humanos que tienen un problema de salud. Cuando se tocan los problemas de salud en la visita domiciliaria, la relación debe ser obligatoriamente mutua entre el usuario o caso índice y la familia y el equipo de salud; incluso debiera incluir vecinos y amigos. Para lograr esto es indispensable mejorar la comunicación entre los integrantes del equipo de salud y las familias.
Etapas de la Visita Domiciliaria
Las etapas de la visita domiciliaria son: programación, planificación, ejecución, evaluación y registro.
Programación
A nivel institucional, se deben definir los grupos y el número de visitas. Desde el proceso de salud y enfermedad, se debe elegir en forma estratégica el momento más adecuado para efectuar esta actividad, de modo de mantener y reforzar la relación de continuidad en la forma más eficiente posible. Es importante recordar que se trata de una actividad invasiva y, además, costosa, ya que el rendimiento es de uno por hora y a veces se realiza en duplas o tripletas.
Planificación
Se debe tener muy claro el motivo de la visita y darse el tiempo necesario para recolectar todos los antecedentes. Por lo general la población está identificada, de modo que se debe organizar esa información, fijar los objetivos y diseñar una pauta de observación. Se debe obtener el consentimiento de la familia, tomar todas las medidas de la confidencialidad y precisar día, fecha y hora. En la segunda fase se negocian los objetivos: a la familia le interesan ciertos aspectos y al equipo le interesa el aspecto socio-sanitario, de modo que se debe negociar y lograr los puntos comunes. Así se logrará que la visita al domicilio sea verdaderamente integral; que la familia tenga muy claro el beneficio que va a obtener con la visita y que no queden con la sensación de que expusieron su intimidad para nada.
Ejecución
La visita es una entrevista, por tanto tiene las mismas fases que todas las entrevistas. Se utiliza como herramienta la semiología ampliada para observar dos tipos de elementos: estructurales y relacionales. En este sentido, el caso índice es un ser humano que tiene una dimensión bio-psicosocial y espiritual, que está inmerso en una familia la que, a su vez, está dentro del hogar; por lo tanto, hay una estructura que es el hogar, que se relaciona con otras unidades del barrio y es en ese contexto en donde está ocurriendo este proceso de salud y enfermedad.
Observación del Entorno
La visita domiciliaria comienza cuando el equipo camina hacia el hogar, momento en el que puede observar las características del sector: el estado del tráfico, la disposición de las basuras y otros servicios básicos, cómo se viste la gente, cómo y cuánto habla, cómo utiliza el espacio público, el grado de seguridad, el nivel de contaminación. De esta manera se conocerá el marco de protección, cuidado, socialización y satisfacción de necesidades en el que se desenvuelve esta familia en su proceso de salud o enfermedad.
Observación dentro del Hogar
Una vez dentro del hogar, el equipo debe observar, nuevamente, los elementos estructurales y relacionales. Entre los segundos, un elemento clave es quién abre la puerta, quién espera y recibe al equipo de salud, quién lo saluda y cuál es la actitud de todos los miembros de la familia. Esta primera parte de la visita es una fase social y es muy importante, porque en ella se va creando el clima de confianza y el acercamiento necesario para entrar en temas de mayor profundidad.
En lo estructural, la casa habla por sí sola de la vida de la familia, más allá de las diferencias socioeconómicas: hay casas prolijas, desordenadas, luminosas, lúgubres. Hay casas que están en el pasado, con objetos que reflejan épocas anteriores, y esto se debe relacionar con la etapa del ciclo vital que está viviendo esa familia. También hay casas con ambiente futurista que, aunque estéticamente impecables, a veces no revelan la esencia de las personas. Lo importante es que todas dicen algo sobre la vida de la familia que las habita. A medida que se avanza en esta fase social, se pueden ir respondiendo diversas interrogantes: ¿Están satisfechas las necesidades básicas? ¿Se acepta al equipo de salud? ¿Cómo está la búsqueda de sentido de este hogar, la autoestima, la competencia? ¿En esta casa hay apertura a nuevas experiencias? ¿Cómo se está construyendo la resiliencia en esta familia? La invitación es a que se haga uso de las herramientas y conocimientos que brinda la salud familiar.
Se debe analizar el color, el olor, el sentido estético, las fotos, los adornos, los cuadros, el uso del espacio; se debe tomar contacto con la vida íntima de la familia, ver dónde acostumbran sentarse: no es lo mismo hacerlo en el patio, en el living o en la cocina; ver qué pasa con las puertas cerradas, qué dicen esos lugares prohibidos que suelen tener las familias; es útil hacer la visita alrededor de la hora de una comida, para ver la mesa y fijarse en los puestos, lo que habla de la jerarquía familiar, ver quién se sienta a la cabecera, si comen con el televisor encendido, cómo se da el proceso de comunicación, si comen todos juntos, cómo son los ritos y rutinas. Por otra parte, el dormitorio es el lugar donde se descansa, sufre y sueña y es importante fijarse en los objetos personales que están en esa habitación; en las casas muy pobres puede que este espacio no exista o sea compartido. La observación del dormitorio permite comprender cómo se dan las relaciones al interior de las familias, entendiendo que lo que se va a observar y a diagnosticar es un estilo de vida, entendido como un patrón cognitivo, afectivo-emocional y conductual permanente y consistente en el tiempo.
En lo relacional, es fundamental observar la dinámica familiar: descubrir quién está escuchando detrás de la puerta, quién habla, quién calla, quién autoriza, quién manda. Esto es importante en caso de sospecha de abuso sexual. Hay que ver quién colabora, quién está ausente y dónde está ese ausente, quién es el cómico y quién es el que rompe el clima de tensión.
La Visita Domiciliaria como Técnica en la Intervención Social
La intervención profesional en temas de crianza ha sido un tópico de interés creciente. Se reconoce a la infancia como categoría sociopolítica, en la cual niños y adolescentes emergen con la condición de sujetos. La familia es el contexto más próximo en el cual nacen, crecen y se desarrollan en relación con otros contextos, y la crianza es el conjunto de prácticas, pautas y creencias que le dan sentido al acompañamiento y cuidado que proveen los padres o adultos cuidadores. En el campo de la intervención, se reconocen los aportes de disciplinas y profesiones como el Trabajo Social, la psicología, el desarrollo familiar y la terapia de familia.
En particular, desde el Trabajo Social se encuentran aportes a las intervenciones psicosociales con familias en temas de crianza. Estos aportes señalan el valor del fortalecimiento y dinamización de las escuelas de padres, el análisis de las interrelaciones familiares (enfoque sistémico), el análisis de la comunicación familiar, la visita domiciliaria y la entrevista, en relación con el enfoque restaurativo. En el panorama latinoamericano, se señalan elementos comunes como la importancia del reconocimiento de los recursos y las potencialidades familiares, el reconocimiento del contexto y el enfoque sistémico.

La información en relación con la infancia y la crianza es amplia. Sin embargo, en los ejercicios de implementación y operativización es viable advertir el riesgo que posee el profesional de caer entre la trivialización y la extralimitación de las técnicas. La técnica es reconocida principalmente en relación al procedimiento y designa un conjunto de habilidades y procedimientos que siguen ciertas reglas establecidas para lograr un fin determinado. La técnica y la estrategia en la intervención con familias han ocupado un lugar importante, siendo la pregunta por el "cómo" relevante para lograr los objetivos de la intervención.
La intervención profesional requiere conocimientos teóricos y prácticos. El primero se refiere a los aprendizajes alcanzados en la formación, al marco conceptual y la fundamentación epistemológica que guía las acciones, y el segundo a las habilidades que permiten conjugar los conocimientos y las intenciones con las realidades de aquellos con quienes se interviene. Al momento de implementar una técnica, el profesional realiza un despliegue de recursos que se espera resulte en beneficio de la familia y el proceso que realiza. No es la familia quien debe ajustarse a la técnica, sino el profesional con su bagaje quien debe elegir una técnica acorde a la situación y la familia, reconociendo que posee un amplio espectro de posibilidades que no se limita a un modelo específico, siempre que se inserte en una estrategia coherente. En la intervención con familias en temas de crianza, algunas de las técnicas más referenciadas son la entrevista individual o familiar, la observación y la visita domiciliaria, entre otras.
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