Cómo favorecer la alimentación del adulto mayor

Con el incremento de la esperanza de vida, el deseo de mantener una buena salud, funcionalidad y una máxima calidad de vida en edades avanzadas constituye una prioridad en las personas mayores. Aunque la genética es un determinante de esta expectativa de vida, existen otros factores extrínsecos directamente implicados en la calidad de vida del anciano, entre los que cabe destacar la alimentación. La dieta y el estado nutricional tienen gran influencia, particularmente en la prevención o tratamiento de diversas enfermedades que afectan a este grupo, uno de los más heterogéneos y vulnerables de la población.

Los avances de las Ciencias de la Salud, incluidos los de la nutrición humana, han permitido prolongar nuestra esperanza de vida considerablemente. Paralelamente, el concepto de calidad de vida ha adquirido protagonismo en la tercera edad, donde se desea llegar a viejo en el mejor estado físico y mental. El cuidado de la salud de los ancianos no consiste solo en un eficaz tratamiento de sus enfermedades, sino que incluye también la prevención de aquellas en cuya base radica la alimentación, ya que una nutrición adecuada es eficaz no solo para prolongar la vida, sino también la calidad de la misma.

Esto se debe, por un lado, a que las necesidades de algunos nutrientes pueden ser mayores que en etapas anteriores y, por otro, a su menor capacidad para regular todos los procesos relacionados con la ingesta de alimentos como consecuencia del progresivo deterioro de casi todas las funciones biológicas. Los numerosos cambios físicos, psíquicos y sociales que acompañan al envejecimiento y la mayor prevalencia de enfermedades crónicas, también contribuyen a esta situación. Diversos estudios han puesto de manifiesto el riesgo de ingestas inadecuadas y de malnutrición proteico-energética, aumentando la vulnerabilidad a otras enfermedades.

El estado de nutrición en las personas adultas mayores está relacionado con el proceso de envejecimiento y por el estado de nutrición mantenido a lo largo de la vida. En la etapa de adultez, la nutrición es muy importante para la salud física y emocional. Por ello, la dieta para los adultos mayores debe ser equilibrada, variada y gastronómicamente aceptable. Por otro lado, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018 (ENSANUT) reportó un incremento en las enfermedades crónico degenerativas no transmisibles en este grupo poblacional. Es esencial que exista un estado nutricional óptimo en la vejez, y para obtenerlo es necesaria una alimentación adecuada. Se describen las ingestas de referencia y las recomendaciones dietéticas más actuales, tratando de establecer las condiciones dietéticas y de estilo de vida que pueden contribuir a preservar las funciones corporales y minimizar las enfermedades crónicas en las personas de edad.

Factores que influyen en la nutrición del adulto mayor

El colectivo de personas ancianas está considerado como uno de los grupos más heterogéneos y vulnerables de la población con un mayor riesgo de sufrir desequilibrios, carencias y problemas nutricionales. En este grupo, las mermas o alteraciones biológicas, psíquicas y sociales repercuten en gran manera en las actividades de la vida diaria y en la capacidad para alimentarse y nutrirse; a la vez, estas mermas se potencian unas a otras con suma facilidad. Por este motivo, y a pesar de que la exposición didáctica aconseje la mención separada de los distintos condicionantes, a efectos prácticos y ante un posible riesgo de malnutrición, no hay que olvidar el análisis global de los distintos factores.

Cambios en la composición corporal

Uno de los cambios más importantes en la composición corporal que generalmente acompañan a la edad es la disminución en la masa magra metabólicamente activa, causada especialmente por pérdida de masa muscular (sarcopenia) y de células de diferentes órganos y tejidos. Esto genera un menor gasto metabólico basal y, en consecuencia, menores necesidades de energía, comprometiendo la ingesta de alimentos y, por tanto, la de energía y nutrientes. La reducción de la masa muscular afecta a la movilidad, aumenta el riesgo de caídas y modifica negativamente la capacidad funcional. También indica una pérdida de reservas de proteína, con mayor riesgo de malnutrición y de disfunción del sistema inmune, condiciones muy prevalentes entre los ancianos.

Esquema de los cambios en la composición corporal del adulto mayor: disminución de masa muscular y ósea, aumento de grasa corporal.

La reducción de la masa magra se acompaña de un incremento de la grasa corporal que puede aumentar el riesgo de diabetes. La distribución de la grasa también cambia, el tejido adiposo tiende a acumularse en la región abdominal y se reduce la grasa subcutánea. Los huesos también se ven afectados. Con los años, se produce una disminución de la densidad ósea, en mayor medida en las mujeres, aumentando el riesgo de fracturas. La pérdida de masa ósea es una consecuencia universal e inevitable del proceso de envejecimiento y su consecuencia más directa con implicaciones sobre la salud es la aparición de osteoporosis. Esta es, a su vez, la principal causa de fractura de cadera, una causa importante de mortalidad y sobre todo de descenso en la calidad de vida de las personas que la han sufrido. Tanto la pérdida de masa muscular como de masa ósea influyen en la disminución de la tasa metabólica basal.

Las implicaciones nutricionales relacionadas con la modificación de la composición corporal en el anciano pueden agruparse en dos puntos clave:

  • Las recomendaciones deben ir dirigidas a un control sobre el consumo excesivo de energía que, unido al menor gasto energético debido a la disminución de la tasa metabólica basal y de la actividad física, podrían conducir a situaciones de sobrepeso y obesidad.
  • La insistencia sobre el consumo adecuado de calcio y la realización de deporte como únicas medidas de prevención de la pérdida de masa ósea desde la juventud.

Deterioro sensorial y oral

En el proceso de envejecimiento coexisten una serie de factores que pueden favorecer las alteraciones en la apetencia por los alimentos propia de cada individuo y en el proceso de digestión, dificultando la capacidad de nutrirse adecuadamente. Paulatinamente se produce una disminución de la percepción sensorial que puede afectar al olfato, a la vista y al gusto; recordemos que todos y cada uno de estos sentidos intervienen como estímulos de la apetencia. También se encuentra disminuida la sensación del gusto y del olfato, por lo que existe menor posibilidad de diferenciar sabores.

Ilustración de una persona mayor experimentando dificultad para saborear oler la comida.

A pesar de que la sensibilidad gustativa declina con la edad, se observan variaciones según la calidad gustativa y la zona bucal considerada; también se aprecia una mayor apetencia por los sabores dulces o salados. Las alteraciones del olfato se traducen en una disminución de la sensibilidad olfativa y una disminución de la capacidad para identificar los olores agradables. Disminuyen las papilas gustativas, la secreción de saliva y la capacidad de masticar, lo que se traduce en la necesidad de prótesis dentales. A esto se suma la alteración de las terminaciones nerviosas olfativas.

La boca es una zona básica para la primera fase de la digestión de los alimentos (la masticación y la deglución) y en esta fase desempeñan un papel capital las piezas dentales y la saliva. Con la edad empieza a dañarse la integridad de las piezas dentales y su inserción en los alvéolos maxilares; el deterioro propio del envejecimiento puede favorecerse, en numerosas ocasiones, por hábitos incorrectos de higiene bucal. El envejecimiento conlleva una disminución en la secreción de los jugos digestivos y de la saliva, y este hecho provoca a menudo la sensación de sequedad de boca.

Anorexia del envejecimiento y factores psicosociales

El envejecimiento trae consigo la "anorexia del envejecimiento", un trastorno que reduce el apetito en adultos mayores debido a cambios hormonales. Este desinterés por alimentos, como carne y vegetales, esencial para prevenir deficiencias nutricionales, se agrava por la soledad y la falta de interés en cocinar. La disminución del apetito contribuye a intensificar la sarcopenia, que es una pérdida generalizada de masa muscular. Algunos cambios que ocurren a medida que se envejece pueden hacer más difícil comer saludable. Si se está cansado de comer solo, se puede intentar organizar algunas comidas caseras o cocinar con un amigo.

Anorexia: Perdida del apetito en el envejecimiento

Recomendaciones dietéticas para el adulto mayor

Una buena alimentación en adultos mayores es esencial para disminuir los riesgos de padecer malestares relacionados con la nutrición. Llevar una alimentación saludable es importante a cualquier edad, pero una buena nutrición en el adulto mayor lo es mucho más, sobre todo si sobrellevan alguna condición médica. Una dieta saludable para adultos debe ser variada, equilibrada y moderada. Una dieta balanceada, que considere variedad de frutas, lácteos y legumbres, es fundamental para la alimentación en personas mayores. Esta dieta debe ser formulada según las condiciones particulares de cada persona, teniendo en consideración su actividad física. La sugerencia médica es siempre realizar actividad física.

Los nutrientes son sustancias en los alimentos que nuestros cuerpos necesitan para poder funcionar y crecer. Estos incluyen proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas, minerales y el agua. La buena nutrición es importante, sin importar la edad, entrega energía y puede ayudar a controlar el peso. A medida que se envejece, el cuerpo y la vida cotidiana cambian, al igual que lo que se necesita para mantener la salud. Por ejemplo, se pueden necesitar menos calorías, pero de todas formas se requieren suficientes nutrientes; algunos adultos mayores necesitan más proteínas.

Requerimientos específicos de nutrientes

  • Para una alimentación correcta, la cantidad de proteínas que debe consumir un adulto mayor es de 1 a 1,25 g/kg de peso al día. Corresponde repartir: la mitad de las proteínas que sean de origen vegetal (legumbres, semillas y frutos secos); la otra mitad de origen animal (carnes, pescados, lácteos y huevos).
  • Los alimentos deben aportar energía: 1.800 a 2.100 Kcal para las mujeres, y de 2.000 a 2.400 Kcal para los hombres.
  • De ese total, los carbohidratos deben aportar entre 1.000 y 1.200 Kcal. Para que sea saludable, solo entre 100 y 120 Kcal deben ser carbohidratos simples y, el resto, 900 a 1.000 Kcal, carbohidratos complejos (cereales, algunas verduras y hortalizas, frutas y leguminosas).
  • Las grasas no deben superar las 600 Kcal del aporte de energía en una dieta equilibrada. Las saturadas (carne, embutidos, leche y lácteos no descremados) deben ser menos de 60 Kcal, y las insaturadas (pollo, sardina, arenque, caballa, atún, bonito, salmón, aceite de oliva y colza) el porcentaje restante.
  • La fibra es muy importante en la dieta en el adulto mayor. Diariamente deben consumir entre 25 y 30 g de fibra, como mínimo (cereales integrales, frutas con piel, hortalizas y leguminosas).
  • La vitamina D también es muy importante. Por eso, una alimentación saludable en el adulto mayor debe incluir pescados grasos y alimentos fortificados, además de calcio (presente en lácteos y pescados).
  • Los adultos deben beber líquidos (zumos, caldos, infusiones, etc.) y agua; en especial esta última por los minerales que aporta. Por lo menos, unos 2.500 cc (dos litros y medio), entre líquidos aportados por las bebidas y por los alimentos. Algunas personas pierden la capacidad de sentir sed a medida que envejecen, por lo que es vital asegurarse una hidratación adecuada.

Alimentos a priorizar y limitar

Una dieta saludable para adultos debe contener variedad de frutas, verduras y legumbres por sus aportes en fibra, antioxidantes y minerales. Los profesionales llaman a poner énfasis en una dieta variada y rica en nutrientes, especialmente en calcio, fibra y diferentes vitaminas.

  • Siempre tenga en cuenta que el consumo de pescado se recomienda que sea mayor que el de carnes.
  • Se deben consumir de 3 a 4 huevos por semana.
  • Los lácteos deben llegar a 3 raciones para los hombres y 4 para las mujeres.
  • Reemplace las carnes rojas por legumbres, carne vegetal, huevos, jurel, atún o salmón en conserva. Al comprar carne, elija la que tiene menos grasa.
  • Aumente el consumo de alimentos ricos en fibra, como legumbres, frutas y verduras crudas, pan y cereales integrales.
  • Si toma bebidas alcohólicas, disminuya su consumo a no más de una copa de vino tinto al día.
  • Prefiera alimentos bajos en colesterol y grasas: especialmente evite los que contienen grasas saturadas y trans. Las saturadas son grasas de origen animal, mientras que las trans son grasas procesadas en margarina y grasa alimentaria.
  • Para algunos los dulces son irresistibles; sin embargo, es importante recordar que se deben consumir moderada, opcional y ocasionalmente. Esto, claramente, no aplica para los adultos que son diabéticos.
  • La cantidad de sal debe ser menor a 6 g/día. La limitación es mayor para los diabéticos.
  • Las recetas para adultos mayores deben evitar frutas y zumos ácidos, picantes, frituras y alimentos salados, ahumados o adobados.

Consejos prácticos para una alimentación favorable

Disfrutar de la buena mesa es posible en toda etapa de la vida. Lo importante es tener presentes algunas consideraciones al momento de escoger los alimentos y de prepararlos.

  • Coma lento, mastique bien.
  • Si tiene problemas para masticar, coma la carne molida y las verduras y frutas ralladas o cocidas.
  • Si tiene problemas para tragar, intente beber muchos líquidos con su comida. Si eso no ayuda, consulte con su proveedor de atención médica.
  • Además, una dieta balanceada para adultos requiere que coman al menos cuatro veces al día.
  • Es aconsejable evitar comer muy tarde, pero todo depende de las características de cada persona, principalmente de sus patologías asociadas.
  • También es necesario tener en cuenta que las porciones deben pensarse según la edad, el peso y el sexo.

Importancia del asesoramiento profesional

Una dieta pensada para una correcta alimentación de las personas mayores debe evitar ciertos alimentos que a la larga pueden ser dañinos para su salud. La dieta de una persona mayor debe tener especiales consideraciones para su salud. A pesar de que cada individuo es distinto, estas directrices pueden encaminar a una mejor condición.

Muy importante: Nunca deje de consultar con un médico especialista en temas de nutrición. Si una enfermedad le dificulta cocinar o alimentarse, o si experimenta problemas para tragar que no mejoran con líquidos, es fundamental buscar el consejo de un profesional de la salud.

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