La discapacidad intelectual (DI) se define como una limitación significativa del funcionamiento intelectual y de la conducta adaptativa, en áreas como los conceptos, las relaciones sociales o las prácticas. Recibir un diagnóstico de discapacidad intelectual no es un final, sino un punto de partida. Es el inicio de un proceso que, con la información adecuada y los apoyos correctos, puede transformarse en una oportunidad para comprender, acompañar y construir un entorno en el que cada persona pueda desarrollar su potencial.
En el caso de la discapacidad intelectual, llegar al diagnóstico adecuado es clave para acceder a intervenciones educativas, médicas y sociales que promuevan el bienestar y la autonomía. Es una afección diagnosticada antes de los 18 años de edad que incluye un funcionamiento intelectual general por debajo del promedio y una carencia de las destrezas necesarias para la vida diaria. La discapacidad intelectual afecta alrededor del 1% de la población.

Criterios Diagnósticos de la Discapacidad Intelectual
Según los criterios establecidos por el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013), el diagnóstico de discapacidad intelectual se basa en tres aspectos fundamentales que deben cumplirse simultáneamente:
1. Dificultades en el Funcionamiento Intelectual
Se refiere a las dificultades en áreas como:
- Razonamiento.
- Resolución de problemas.
- Planificación.
- Pensamiento abstracto.
- Memoria.
- Aprendizaje académico.
Este aspecto se evalúa a través de pruebas estandarizadas aplicadas por profesionales de la psicología. Un cociente intelectual (CI) inferior a 70-75 puede ser un indicador, pero el diagnóstico no se basa solo en una cifra, sino en un análisis más amplio que considera el contexto y las características de la persona.
Según la clasificación diagnóstica Internacional DSM-5, las personas con funcionamiento intelectual límite (V62.89; R41.83) obtienen una puntuación de Cociente Intelectual Total (CIT), medida a través de pruebas estándares actualizadas, en la franja entre 70 y 79, por lo que se encuentran por debajo de la puntuación de inteligencia considerada media o normativa (CIT 80-120). La discapacidad intelectual (CIT < 70) es una condición patológica cuya principal característica es un desarrollo insuficiente, y que afecta a la adaptación del individuo a su entorno relacional, social y laboral (OMS).
2. Dificultades en el Funcionamiento Adaptativo
Estas son las habilidades que permiten a una persona desenvolverse de forma independiente en su vida cotidiana, de acuerdo a su edad y contexto cultural. Se agrupan en tres áreas:
- Habilidades conceptuales: lectura, escritura, uso del dinero, manejo del tiempo, razonamiento.
- Habilidades sociales: relaciones interpersonales, empatía, respeto por normas y códigos sociales.
- Habilidades prácticas: higiene personal, alimentación, movilidad, seguridad, tareas del hogar o uso de servicios comunitarios.
Estas habilidades se evalúan mediante entrevistas y cuestionarios dirigidos a los cuidadores principales y personas que conviven con el niño o adolescente. Por esta razón, además de la medición vinculada al coeficiente intelectual (CIT), es fundamental tomar en consideración el funcionamiento adaptativo de la persona en distintas áreas como la comunicación, las competencias de la vida diaria, la responsabilidad social, la autonomía y la autosuficiencia.
La dimensión 'Conducta adaptativa' se define actualmente como "el conjunto de habilidades conceptuales, sociales y prácticas que han sido aprendidas por las personas para funcionar en su vida diaria" (Luckasson et al., 2002/2004, p. 97). Desde su introducción en la 5ª edición de la AAIDD, este criterio ha evolucionado hacia un constructo multidimensional, sustentado en un trabajo de análisis factorial y representado por un amplio abanico de habilidades.
La evaluación de la conducta adaptativa debe basarse en el empleo de instrumentos estandarizados y ha de referirse al desempeño típico del individuo, no a su ejecución máxima, en circunstancias cambiantes. Aunque existen instrumentos útiles como el Inventario para la Planificación de Servicios y Programación Individual (ICAP), la AAIDD y el INICO (Instituto Universitario de Integración en la Comunidad) están desarrollando la Diagnostic Adaptive Behavior Scale (DABS) o Escala de Diagnóstico de Conducta Adaptativa en castellano, dirigida a personas con discapacidad intelectual de 4 a 21 años.
3. Inicio Durante la Infancia o Adolescencia
Para confirmar el diagnóstico de discapacidad intelectual, las dificultades intelectuales y adaptativas deben haber comenzado durante la infancia o adolescencia. El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales DSM-5 ® de la A.P.A. especifica deficiencias del comportamiento adaptativo que producen fracaso del cumplimiento de los estándares de desarrollo y socioculturales para la autonomía personal y la responsabilidad social. Anteriormente, la edad límite para el diagnóstico era antes de los 18 años; ahora, esa edad se extiende hasta los 22 años.
El diagnóstico de DI no se hace de forma aislada; un diagnóstico no es una etiqueta. Con la guía Comienzo Saludable, en Olimpiadas Especiales se ofrece orientación clara y apoyo a las familias que enfrentan un diagnóstico de discapacidad intelectual o retraso en el desarrollo.
Clasificación de la Discapacidad Intelectual
La discapacidad intelectual se clasifica en diferentes niveles de gravedad, que se relacionan con el Coeficiente Intelectual (CI) y el grado de afectación del comportamiento adaptativo. La nueva definición no se basa en las dificultades de las personas, sino en cómo han de ser apoyadas.
Discapacidad Intelectual Leve
El alumnado con discapacidad intelectual leve supone, aproximadamente, un 85% de los casos de discapacidad intelectual. Se incluye en la misma al alumnado cuya puntuación en CI se sitúa en el intervalo de 50-55 y 40-35. La conducta adaptativa de este alumnado suele verse afectada en todas las áreas del desarrollo y suponen alrededor del 10% de toda la población con discapacidad intelectual. El alumnado con este tipo de discapacidad suele desarrollar habilidades comunicativas durante los primeros años de la infancia y, durante la escolarización, puede llegar a adquirir parcialmente los aprendizajes instrumentales básicos.
Discapacidad Intelectual Moderada
Esta escala de gravedad incluye al alumnado cuya medida en CI se sitúa en el intervalo entre 35-40 y 20-25 y supone el 3-4% del total de la discapacidad intelectual. Las adquisiciones de lenguaje en los primeros años suelen ser escasas y a lo largo de la escolarización pueden aprender a hablar o a emplear algún signo de comunicación alternativo. Debido a menores competencias a nivel intelectual, se pueden manifestar dificultades para alcanzar las demandas educativas escolares, especialmente en los casos en que no existe un apoyo psicológico y educativo adecuado. En la edad adulta, estas dificultades se pueden reflejar en un menor nivel de adaptación social, así como en dificultades para competir de manera autónoma en el mercado laboral.

Discapacidad Intelectual Grave
La mayoría de este alumnado presenta una alteración neurológica identificada que explica esta discapacidad, la confluencia con otras (de ahí el término pluridiscapacidad que aquí se le asocia) y la gran diversidad que se da dentro del grupo. Por este motivo, uno de los ámbitos de atención prioritaria es el de la salud física. La medida del CI de este alumnado queda por debajo de 20-25 y supone el 1-2% del total de la discapacidad intelectual. Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido.
Discapacidad Intelectual Profunda
La medida del CI de este alumnado queda por debajo de 20-25 y supone el 1-2% del total de la discapacidad intelectual. Suelen presentar limitado nivel de conciencia y desarrollo emocional, nula o escasa intencionalidad comunicativa, ausencia de habla y graves dificultades motrices. El nivel de autonomía, si existe, es muy reducido.
Pruebas y Herramientas para la Evaluación
Para una evaluación completa de la discapacidad intelectual, es crucial utilizar pruebas y herramientas estandarizadas que aborden tanto el funcionamiento intelectual como la conducta adaptativa. A continuación, se presentan algunas pruebas útiles:
Evaluación del Funcionamiento Intelectual
Tradicionalmente, las puntuaciones de CI han sido el criterio base para clasificar a las personas con discapacidad intelectual. En la práctica clínica, resultan útiles instrumentos tipificados en castellano, destacando las escalas de inteligencia de Wechsler, que permiten obtener las puntuaciones clásicas de CI. Sin embargo, el peso de tales puntuaciones se ha reducido en favor del desarrollo de otras dimensiones que reflejan la importancia de la interacción de la persona con su entorno.
Actualmente, se proponen planteamientos alternativos, como aproximaciones basadas en los conceptos de 'competencia' o 'respuesta a la intervención' (Response to Intervention, RTI). El primero concibe la discapacidad como una característica más de la diversidad humana, mientras que el segundo enfatiza la evaluación del nivel de rendimiento alcanzado por un alumno con discapacidad después de una intervención científicamente fundamentada.
La aparición de estos planteamientos alternativos al tradicional uso de las puntuaciones de CI pone de manifiesto que estas últimas nunca pueden ser consideradas más que un resultado estimado que se aproxima al funcionamiento típico de un individuo en un test de inteligencia particular (Baroff, 2006), y en cuya interpretación se torna fundamental el juicio clínico.
Evaluación de la Conducta Adaptativa
La reducción del peso de las puntuaciones de CI se ha visto acompañada por el desarrollo de otras dimensiones a tener en cuenta para la evaluación que reflejan el carácter social de la discapacidad. Se presentan a continuación algunas pruebas útiles en la evaluación de la Conducta Adaptativa y la Discapacidad Intelectual:
- DABS (Diagnostic Adaptive Behavior Scale): Escala de Diagnóstico de Conducta Adaptativa en castellano, dirigida a personas con discapacidad intelectual con edades comprendidas entre los 4 y los 21 años, y trata de proporcionar medidas de conducta adaptativa en los dominios de habilidades conceptuales, sociales y prácticas.
- ABAS-II: Diseñada para ofrecer un perfil cognitivo general de personas con discapacidad intelectual moderada o grave, capacidad verbal limitada (o nula) y con necesidad de soporte extenso.
- CAMDEX-DS:
- TONI-4: Evaluación individual de la inteligencia general mediante estímulos no verbales.
- RIAS: Proporciona una completa y fiable evaluación de la inteligencia y la memoria de personas con edades entre 3 y 94 años en apenas 40 minutos.
- BAS-II: Incluye corrección online MP-R.
- DP-3: Valoración e intervención para niños con limitaciones leves, moderadas o múltiples.
- WAIS III: Es un test de habilidad intelectual que ofrece información acerca de las fortalezas y debilidades intelectuales de individuos entre 16 y 64 años. Los resultados obtenidos por un paciente son comparados con aquellos de un grupo de personas de su misma edad y género, pudiendo ubicar al paciente en un lugar de la curva de la distribución normal.
Es fundamental que la evaluación del Desempeño Ocupacional de cada paciente permita conocer acerca de cómo el paciente lleva a cabo sus actividades de la vida diaria. Se realizan diversos tests con el fin de determinar el rendimiento en tareas de comprensión y expresión del lenguaje, así como también el dominio de distintas modalidades del discurso.
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Consideraciones Adicionales en el Diagnóstico
El diagnóstico de discapacidad intelectual debe realizarse mediante entrevista clínica y no ser derivado únicamente de cuestionarios, ya que estos por sí solos no permiten la realización de un diagnóstico individual. Deberán emplearse técnicas específicas, tanto verbales como no verbales, debido a la existencia de posibles limitaciones cognitivas y de verbalización en este grupo de edad.
El concepto de inteligencia ha sido objeto de estudio durante muchas décadas y ha ido evolucionando a lo largo de los años. La deficiencia para adaptarse (ajustarse a nuevas situaciones) de manera normal y crecer intelectualmente puede hacerse evidente en los primeros años de vida del niño. En los casos de un retraso leve, el reconocimiento de estas deficiencias puede tardar hasta la edad escolar o posteriormente.
Causas y Factores de Riesgo
Existen muchas causas de discapacidad intelectual, y los factores de riesgo son específicos a la causa. Las causas pueden incluir:
- Infecciones: presentes al nacer o que ocurren después del nacimiento.
- Anomalías cromosómicas: como el síndrome de Down.
- Factores ambientales: como exposición al plomo e intoxicación.
- Metabólicas: por ejemplo, hiperbilirrubinemia o niveles muy altos de bilirrubina en sangre en los bebés.
- Nutricionales: por ejemplo, desnutrición.
- Tóxicas: exposición intrauterina al alcohol, la cocaína, las anfetaminas y otras drogas.
- Traumatismos: antes y después del nacimiento.
- Inexplicables: los proveedores de atención médica desconocen la razón de la discapacidad intelectual de una persona.
La prevención de estas enfermedades reduce el riesgo. Por ejemplo, el síndrome de la rubéola se puede prevenir a través de una vacuna. Programas ambientales para reducir la exposición al plomo, al mercurio y a otras toxinas disminuirán el retardo mental asociado con toxinas. Otro factor que puede reducir la incidencia del retraso es el aumento del conocimiento del público acerca de los riesgos del alcohol y las drogas durante el embarazo.
Identificación y Evaluación Temprana
Como familia, se puede sospechar que un hijo tiene una discapacidad intelectual cuando presente cualquiera de las siguientes características:
- Falta o retraso del desarrollo de habilidades motoras, destrezas del lenguaje y habilidades de autoayuda, especialmente cuando se compara con sus pares.
- Insuficiencia para crecer intelectualmente o comportamiento infantil continuado.
- Falta de curiosidad.
- Problemas para mantenerse al día en la escuela.
- Incapacidad para adaptarse (ajustarse a nuevas situaciones).
- Dificultad para entender y acatar reglas sociales.
Los signos de discapacidad intelectual pueden variar de leves a graves. A menudo se utilizan pruebas del desarrollo para evaluar al niño, tales como la Prueba del desarrollo de Denver anormal, un puntaje en el comportamiento de adaptación por debajo del promedio, un desarrollo muy inferior al de compañeros de su misma edad, o un puntaje del coeficiente intelectual (CI) por debajo de 70 en un examen estándar de CI.
Enfoque Multidimensional y Apoyo
El objetivo del tratamiento es desarrollar al máximo el potencial de la persona. El entrenamiento y la educación especial pueden comenzar desde la lactancia. Esto incluye destrezas sociales para ayudar a la persona a desempeñarse de la manera más normal posible. Es importante que un especialista evalúe a la persona en busca de otros problemas de salud mental y física. Generalmente la terapia conductual es útil para las personas con discapacidad intelectual.
El trabajo desempeña un rol importante en la vida de las personas, permitiendo la interacción social por medio de una actividad productiva, la cual es reconocida socialmente. El Terapista Ocupacional orienta y asesora a la persona y a la familia para favorecer la integración a un espacio de formación o de trabajo según las modalidades y recursos existentes. A partir de esto, se diseña un programa de tratamiento a medida para el paciente.
Pronóstico
El pronóstico depende de la gravedad y la causa de la discapacidad intelectual, otras afecciones, y el tratamiento y terapias recibidas. Muchas personas llevan vidas productivas y aprenden a desempeñarse por sí solas.
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