Desarrollo Psicomotriz en el Adulto Mayor

El proceso de envejecimiento poblacional es una realidad acentuada en diversas regiones, como Uruguay, donde se consolida desde hace más de medio siglo, evidenciando una transición demográfica muy avanzada. Actualmente, la población mayor de 60 años supera el 19%, y la de 65 años el 13,4%, liderando en América Latina, donde la media se sitúa en el 8,3% (Paredes, Ciarniello y Brunet, 2010; ASDI, CEPAL, 2010). De hecho, Uruguay es considerado uno de los países "más viejos" de América Latina y del Hemisferio Occidental, solo después de Cuba, con una esperanza de vida de 80 años para mujeres y 74 para hombres (Berriel, Pérez, Rodríguez, 2011).

Casi el 90% de las personas mayores de 60 años en Uruguay reside en zonas urbanas, concentrándose el 47% en Montevideo, lo que representa el 19% de la población de la capital (Ministerio de Salud Pública, MSP, Uruguay, 2005). De esta población adulta mayor, más del 80% se declara sedentaria, apenas un 14% realiza actividad física y más del 50% presenta sobrepeso, lo que conlleva un riesgo de discapacidad y pérdida de autonomía (Ministerio de Salud Pública, MSP, Uruguay, 2005).

Ante esta realidad y la creciente demanda asistencial de un colectivo en expansión, se visualiza la necesidad de ofrecer propuestas desde los sectores de educación y salud. En este contexto, la Gerontopsicomotricidad emerge como una opción para buscar el mantenimiento del mejor nivel funcional posible de la persona, atendiendo a su individualidad, mediante un abordaje eminentemente corporal que promueve la toma de conciencia de sus posibilidades y limitaciones reales.

Esquema de las necesidades de la población adulta mayor en el ámbito de la salud y educación

Envejecimiento Activo y Psicomotricidad

La Gerontopsicomotricidad parte de un concepto multidimensional de vejez, comprendiendo que el proceso de envejecimiento es particular en cada individuo. Depende de factores genéticos, la dinámica del proceso de salud-enfermedad a lo largo del ciclo vital, la personalidad y la interrelación de estos con el momento sociohistórico. Por lo tanto, su análisis requiere una perspectiva bio-psico-socio-histórico-económico-cultural para evitar reduccionismos. Tratar a las personas mayores como un grupo homogéneo es un error que puede llevar al fracaso de cualquier intervención.

Desde esta concepción, se promueve el envejecimiento activo, definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2002) como "el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen". Hay determinantes del envejecimiento activo como la economía, el acceso a servicios, hábitos y el entorno físico, y constantes como la buena salud física, funcional, cognitiva y social, así como la independencia y autonomía. Estos últimos aspectos son a los que se dirige la intervención psicomotriz.

La teoría del ciclo vital (Baltes, 1987) postula tres procesos interrelacionados - selección, optimización y compensación (SOC) - que permiten maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas en esta etapa. Una interacción adecuada de estas dimensiones genera bienestar físico y satisfacción con la vida, siendo uno de los objetivos centrales de la intervención psicomotriz.

Infografía: Determinantes y Constantes del Envejecimiento Activo

¿Qué es la Psicomotricidad y su Rol en la Tercera Edad?

La Psicomotricidad es una disciplina que explora la relación entre el cuerpo, el movimiento y la mente. Su objetivo es trabajar la coordinación, el equilibrio, la conciencia corporal y las habilidades motoras, implicando tanto el aspecto físico como el mental al potenciar la conexión entre el cerebro y el cuerpo, y mejorar el control sobre los movimientos y la percepción del propio cuerpo en el espacio.

La Declaración de Punta del Este (2006) la define como una disciplina que se desempeña en los ámbitos sanitario, educativo y sociocomunitario, como elemento de ayuda al desarrollo de las personas y a la superación de sus dificultades, por medio del trabajo corporal.

Objetivos de la Psicomotricidad en Personas Mayores

En la tercera edad, la psicomotricidad cobra especial relevancia porque las personas mayores pueden experimentar una disminución en sus habilidades motoras, equilibrio y coordinación, lo que las hace más vulnerables a caídas y otros accidentes. Los ejercicios de psicomotricidad son esenciales para ayudarles a mantener y mejorar su movilidad y, con ello, su independencia.

Mediante la intervención con personas mayores se busca promover el mantenimiento del mejor nivel funcional posible, a partir de la resignificación de las experiencias corporales desde un lugar de placer y posibilidad, buscando equilibrar desarrollo y declive. Se considera que el trabajo con personas mayores puede permitir al sujeto reencontrarse y descubrir las capacidades expresivas del cuerpo, re-narrarse desde un lugar de posibilidad que privilegia el movimiento, la acción y la socialización, evitando el sedentarismo y el aislamiento.

La Psicomotricidad en la tercera edad se entiende como un trabajo que parte de la toma de conciencia corporal, buscando ampliar el registro de las sensaciones, los movimientos y las relaciones, mediante vivencias de bienestar corporal y emocional que finalmente revierten en una ampliación de la identidad corporal y psíquica del sujeto (García, 2009).

La Visión Psicomotriz del Cuerpo del Adulto Mayor

Es frecuente encontrar referencias al cuerpo del adulto mayor y sus transformaciones asociadas casi exclusivamente a la pérdida de funciones y al deterioro biológico. Esto suele producir una igualación de los términos cuerpo y organismo, generando una visión reduccionista que limita el cuerpo a sus manifestaciones biológicas. La psicomotricidad, en contraste, defiende una visión multidimensional del concepto de cuerpo que tiene en cuenta las connotaciones sociales, su función como medio de entrada en comunicación con los otros y lugar de encuentro con uno mismo.

En general, la persona mayor vive un proceso de pérdida de eficacia psicomotora, manifestado en lentitud, dificultad de equilibrio, orientación, coordinación, flexibilidad y fuerza, lo que impacta en sus niveles de autonomía (García, 2009). Es necesario armonizar las interacciones entre psique y soma, y dotar de herramientas para el afrontamiento de los duelos, ya que en muchos casos se destacan solo sus pérdidas afectivas y fallas orgánicas, minimizando las dimensiones expresivas y positivas de su cuerpo y personalidad.

Las quejas comunes de las personas mayores incluyen la pérdida de memoria inmediata, de agilidad en los movimientos, de la capacidad de soportar esfuerzos, y cierta torpeza o falta de gracia en movimientos de coordinación o bailes (Lorente Rodríguez, 2003). Basquin (1996) señala características de la senectud como la pérdida de iniciativa motriz, la desvalorización de la imagen del cuerpo, el aislamiento y el declive de las funciones cognitivas, que justifican una aproximación psicomotriz para mejorar su calidad de vida.

Según Calmels (2005), el cuerpo pertenece al sujeto y se construye a partir de las vivencias originadas en el vínculo con otro, trascendiendo una visión organicista. Como afirma da Fonseca (1996), el cuerpo es el propio yo en el mundo, a través del cual se habita y se explora el entorno. La terapia psicomotriz concibe el cuerpo como la materialización del ser, un factor asegurador de la representación mental, un medio de transporte, exploración y conquista del espacio, un punto de apoyo para la socialización, un medio de orientación y comunicación, y un lugar existencial de las sensaciones, del registro emocional y de la traducción de estados afectivos por medio del gesto, la actitud y el movimiento (da Fonseca, 1996).

Desde esta perspectiva, el cuerpo es una construcción personal y social, donde se conjugan elementos pasados y presentes que inciden en las proyecciones futuras. Una intervención psicomotriz que ponga el cuerpo en movimiento, ajustada a las posibilidades y trayectoria vital de la persona, opera como factor de protección a nivel físico, psíquico y afectivo. Se busca propiciar instancias que permitan reencontrar las capacidades expresivas del cuerpo, re-narrarse desde un lugar de posibilidad, privilegiando el movimiento, la acción y la socialización, evitando así el sedentarismo, los síndromes de desuso y el aislamiento.

La importancia del ejercicio en el adulto mayor

Beneficios de la Psicomotricidad en Personas Mayores

La práctica de ejercicios psicomotores aporta una serie de beneficios directos a la salud y bienestar de las personas mayores:

  • Mejora del equilibrio y coordinación: Los ejercicios psicomotores trabajan el equilibrio y la estabilidad corporal, disminuyendo el riesgo de caídas y aumentando la seguridad al caminar o al realizar actividades cotidianas.
  • Incremento de la movilidad: Al estimular el movimiento, se potencia la flexibilidad y el rango de movimiento en las articulaciones, lo cual es fundamental para mantener la capacidad de realizar tareas diarias con autonomía.
  • Fortalecimiento muscular: La psicomotricidad también ayuda a fortalecer los músculos, especialmente aquellos implicados en el equilibrio y la postura, lo que mejora la estabilidad y reduce el riesgo de lesiones.
  • Estimulación cognitiva: Al requerir atención y concentración, los ejercicios de psicomotricidad ejercitan la mente, ayudando a prevenir el deterioro cognitivo y fomentando una mayor agilidad mental.
  • Promoción del bienestar emocional: La realización de actividades físicas y psicomotoras en un entorno social favorece la autoestima y ayuda a reducir el estrés y la ansiedad, promoviendo un estado de ánimo positivo y mejorando la calidad de vida.
  • Prevención de enfermedades crónicas: El movimiento regular fortalece el sistema cardiovascular, reduce el riesgo de diabetes tipo 2 y mejora la salud ósea, siendo crucial para mantener una vida activa.
Gráfico de los principales beneficios de la psicomotricidad en la tercera edad

Intervención Psicomotriz: Metodología y Objetivos

El enfoque de la intervención psicomotriz es preventivo-terapéutico, dada la innegable vulnerabilidad al declive funcional en las personas mayores. El grado de compromiso funcional de cada individuo determinará hacia qué polo se incline predominantemente la intervención.

Etapas de la Intervención Psicomotriz

Metodológicamente, las etapas de la intervención psicomotriz son:

  1. Valoración inicial: Evaluación de las capacidades y necesidades del individuo.
  2. Programación: Diseño de un plan de intervención personalizado.
  3. Intervención: Implementación de los ejercicios y actividades.
  4. Seguimiento: Monitoreo del progreso y ajuste del programa.
  5. Evaluación: Análisis de los resultados y el impacto de la intervención.

La finalidad es favorecer el reconocimiento por parte del individuo de sus recursos psicomotores, así como de estrategias de adaptación activa a la realidad. Se promueve la exteriorización de sentimientos y emociones, y la importancia de la prevención para envejecer de forma activa y satisfactoria.

Áreas y Elementos Clave de la Intervención

Los objetivos de la intervención psicomotriz con personas mayores se organizan en cuatro áreas principales, que se entrecruzan constantemente en la práctica:

  1. Corporal: Mejora de la movilidad, equilibrio, coordinación y conciencia corporal.
  2. Psicoafectiva: Fomento de la autoestima, reducción del estrés y ansiedad, mejora del estado de ánimo.
  3. Social: Promoción de la interacción social y reducción del aislamiento.
  4. Funcional-instrumental: Mantenimiento de la autonomía en las actividades de la vida diaria.

A su vez, hay cuatro elementos que persigue la intervención:

  • Mantenimiento de la autonomía-independencia.
  • Desarrollo de la capacidad de adaptación.
  • Reconceptualización de la dimensión corporal en la vejez.
  • Integración social.

La práctica psicomotriz tiene como fundamento metodológico la necesidad de desarrollar la autodeterminación, el fortalecimiento de la percepción de autoeficacia y de la motivación intrínseca. Esto es crucial para evitar la desmotivación, un fenómeno frecuente en las personas mayores debido a la pérdida de roles sociales, el lugar que les asigna la sociedad y la desaferentación sensorial. La apatía y un entorno poco estimulante refuerzan la desmotivación, lo que se relaciona con mayores niveles de dependencia y comorbilidad con cuadros clínicos como las demencias y la depresión.

Ejercicios Prácticos de Psicomotricidad para Adultos Mayores

La práctica de ejercicios de psicomotricidad en personas mayores puede realizarse en diferentes niveles de intensidad, adaptándose a las capacidades individuales. A continuación, se presentan algunos ejemplos:

Ejercicios de Equilibrio

  • De pie junto a una pared o una silla, levanta una pierna ligeramente y mantén el equilibrio en una sola pierna durante 10-15 segundos. Cambia de pierna y repite (5 veces en cada pierna).
  • Traza una línea en el suelo (con cinta adhesiva). Camina sobre la línea, colocando un pie delante del otro lentamente, manteniendo el equilibrio. Repite este ejercicio 2 o 3 veces.

Ejercicios de Coordinación Motora

  • Sentar a la persona mayor en una silla y darle una pelota pequeña. Pedirle que pase la pelota de una mano a la otra, siguiendo un ritmo constante. Se puede aumentar la dificultad pasando la pelota por debajo de una pierna o sobre la cabeza.
  • Con una pelota de tamaño mediano, colocarse frente a la persona mayor a una distancia cómoda. Lanzar la pelota suavemente y pedirle que la reciba y la devuelva. Este ejercicio es ideal para trabajar la coordinación ojo-mano y el tiempo de reacción.

Ejercicios de Movilidad Articular

  • Sentado en una silla con los brazos relajados, realizar movimientos circulares con los hombros, hacia adelante y hacia atrás (5 repeticiones en cada dirección).
  • Sentado en una silla, levantar una pierna y estirarla hacia adelante, manteniéndola en el aire durante unos segundos. Bajar la pierna y repetir con la otra (10 repeticiones en cada pierna).

Ejercicios de Coordinación Motora Fina

  • Colocar diferentes objetos pequeños, como botones o monedas, sobre una mesa. Pedir a la persona mayor que los tome y los coloque en un recipiente, uno por uno.
  • Ofrecer cuentas grandes y un hilo, y pedir a la persona que las ensarte. Este ejercicio mejora la precisión de los movimientos y la concentración.

Ejercicios de Relajación y Respiración

  • Sentar a la persona en una posición cómoda y pedirle que cierre los ojos. Inhalar profundamente por la nariz, sostener el aire unos segundos y exhalar lentamente por la boca. Repetir 5 veces.
  • Pedir a la persona que tense y relaje diferentes grupos musculares, como brazos, piernas y cuello, durante unos segundos. Esto mejora la conciencia corporal y reduce la tensión.

Consejos para Personalizar los Ejercicios

Cada persona mayor tiene capacidades diferentes, por lo que es fundamental adaptar los ejercicios a sus necesidades y limitaciones:

  • Realiza una evaluación inicial: Determina el nivel de movilidad, equilibrio y fuerza antes de iniciar cualquier actividad.
  • Aumenta progresivamente la dificultad: Comienza con movimientos simples y añade complejidad a medida que el participante mejore.
  • Establece metas alcanzables: Motiva con pequeños logros que permitan medir el progreso.
  • Consulta a un profesional: Un terapeuta ocupacional o fisioterapeuta puede diseñar un programa específico y supervisar su correcta ejecución.

La importancia del ejercicio en el adulto mayor

Juegos de Psicomotricidad para Personas Mayores

Los juegos de psicomotricidad son una excelente manera de mejorar habilidades motoras y cognitivas mientras se disfruta de un ambiente social y divertido:

El juego del paracaídas

Cómo hacerlo: Usar un paracaídas grande (o una sábana) que varias personas mueven al mismo tiempo mientras intentan mantener pelotas sobre él. Se puede variar el nivel de dificultad añadiendo más pelotas o reduciendo el tiempo de reacción.

Beneficios: Refuerza la coordinación mano-ojo, la fuerza en los brazos y fomenta el trabajo en equipo.

Carrera de obstáculos adaptada

Cómo hacerlo: Diseñar un recorrido sencillo con conos, cintas, aros o sillas, donde los participantes deban caminar, rodear o recoger objetos siguiendo un orden.

Beneficios: Mejora el equilibrio, la coordinación espacial y la planificación motora.

Lanzamiento de aros

Cómo hacerlo: Colocar un palo o un cono en el suelo e invitar a los participantes a lanzar aros intentando encajarlos. Se puede ajustar la distancia para variar la dificultad.

Beneficios: Fortalece la coordinación ojo-mano, la precisión y los reflejos.

Dominó gigante

Cómo hacerlo: Usar fichas de dominó grandes que los participantes deban organizar o emparejar según el número de puntos. También se pueden añadir movimientos, como caminar hasta las fichas en lugar de manipularlas desde una mesa.

Beneficios: Estimula la motricidad fina, la memoria y la atención.

Juego del globo

Cómo hacerlo: En un grupo, usar un globo e intentar mantenerlo en el aire el mayor tiempo posible, alternando entre los participantes. Se pueden añadir reglas como usar solo una mano o tocar el globo por colores.

Beneficios: Mejora los reflejos, la coordinación y fomenta el trabajo grupal.

Foto de grupo de adultos mayores participando en un juego de psicomotricidad con globos

El Proceso de Envejecimiento y sus Implicaciones Psicomotrices

El Desarrollo Humano implica cambios cuantitativos (estatura, peso, vocabulario) y cualitativos (carácter estructural u organizacional: inteligencia, memoria) que ocurren desde la concepción hasta la muerte. Dichos cambios son influenciados por factores biológicos (herencia, maduración), ambientales (aprendizaje, entorno físico/natural, socio-culturales) y personales.

La edad adulta, comprendida aproximadamente entre los 18 y los 60 años, es una etapa extensa del ciclo vital, dividida generalmente en Adultez Temprana (18 a 30/40 años) y Adultez Media (30/40 a 45/60 años). Durante este periodo, se alcanza la plenitud del desarrollo biológico y psíquico, consolidándose la personalidad y el carácter.

Impacto del Envejecimiento en las Habilidades Físicas y Psicomotoras

En la adultez media, y acentuándose en la vejez, se observa un descenso de habilidades sensoriales y de la capacidad física general. Este periodo, aunque fructífero en el ámbito profesional y creativo, puede generar tensiones que afectan el bienestar físico y emocional.

Los cambios físicos más visibles incluyen la aparición de canas, calvicie, sequedad cutánea (arrugas), así como una disminución de la fuerza muscular y de la velocidad de reacción. También se produce una acumulación de tejido adiposo en determinados sectores del cuerpo. Estos cambios, si bien no implican una pérdida total de las funciones, sí requieren la generación de cambios en los hábitos de vida para adaptarse a las nuevas capacidades.

En las mujeres, a nivel físico, se experimenta la menopausia (entre los 45 y 50 años), que implica una disminución fluctuante y la pérdida de la capacidad reproductora. Esto puede generar sintomatología física y psicológica, como cambios de humor, falta de energía y un desajuste en el equilibrio anterior, afectando la percepción de la propia imagen corporal y capacidad.

En los hombres, se produce la andropausia, caracterizada por la disminución de la hormona masculina (testosterona), lo que afecta la cantidad y velocidad del esperma y puede disminuir la frecuencia de las relaciones sexuales. Esta pérdida de testosterona puede generar una cierta inestabilidad sexual, requiriendo mayor estimulación y apoyo.

La Vejez: Un Proceso Degenerativo Mitigable

El envejecimiento es un proceso involuntario edad-dependiente en el que predomina la degradación sobre la síntesis orgánico-funcional en los distintos órganos y tejidos corporales. Son varios los mecanismos implicados, como la reducción de la capacidad proliferativa celular, la liberación de radicales libres, alteraciones genéticas, metabólicas, inmunitarias o neuro-endocrinas.

Las consecuencias del envejecimiento se aprecian en todos los órganos y sistemas. Sin embargo, los procesos involutivos no pueden detenerse completamente, pero es posible retrasar su progresión y corregir algunas de sus consecuencias con medidas higiénico-dietéticas, ortopédicas e incluso farmacológicas y quirúrgicas. Un anciano sano conserva, aunque mermados, sus órganos y funciones, con suficiente capacidad para disfrutar de una existencia autónoma y satisfactoria.

El deterioro de la calidad de vida de un anciano no debe atribuirse con ligereza a la involución senil, sino que debe alertar sobre la existencia de uno o más procesos patológicos subyacentes, que a menudo pueden estar enmascarados o presentarse con síntomas atípicos. Es crucial el esfuerzo de la sociedad y de los profesionales de la salud en el desarrollo de procedimientos que detecten y corrijan precozmente estos procesos patológicos que, añadidos al envejecimiento, pueden mermar la calidad y extensión de la vida.

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