La vulnerabilidad social se refiere a la situación de aquellas personas, grupos o familias que han visto deterioradas sus condiciones de vida social y personal, donde las redes sociales son débiles y existe un acceso irregular a los servicios públicos. Este concepto hace referencia a "múltiples factores de riesgo que impiden que una persona o grupo de personas mantenga o mejore su bienestar", tal como lo define Acción Contra el Hambre. No está relacionado únicamente con la situación social, sino también con dimensiones culturales, políticas y económicas.
Mediante el índice de vulnerabilidad social se conoce la situación de diferentes colectivos, dando pie a aplicar soluciones para evitar casos de pobreza o exclusión social. En este contexto, los servicios sociales trabajan para evitar que este status quo se cronifique y provoque una situación de marginalidad permanente.

Definición y dimensiones de la clase vulnerable
La clase vulnerable se refiere a aquellos segmentos de la población que comparten características específicas que los hacen propensos a retroceder en su situación socioeconómica. Estos grupos, a pesar de no encontrarse necesariamente en la pobreza extrema, poseen una alta probabilidad de caer en ella ante cualquier cambio inesperado que afecte sus ingresos, como desastres naturales, enfermedades o crisis económicas.
En el contexto latinoamericano, la población vulnerable representa el grupo más numeroso, constituyendo aproximadamente el 38% de la población. Estos individuos no se encuentran técnicamente en la pobreza, pero tampoco han logrado ingresar plenamente a la clase media estable. La vulnerabilidad es, por tanto, una condición producida histórica y socialmente, con una participación determinante de las relaciones de poder.
Factores de identificación y riesgo
Una persona o familia se considera vulnerable cuando se encuentra en un ambiente personal o familiar debilitado y tiene un riesgo alto de perder sus bienes, propiedades o su sistema de sustento. El deterioro que recoge este concepto está relacionado con:
- Disminución o pérdida de recursos económicos.
- Dificultad para acceder a una vivienda digna.
- Acceso limitado a los servicios de salud y educación.
- Inestabilidad en el empleo o desigualdad de oportunidades.
- Baja participación social y redes de apoyo débiles.
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La perspectiva de Miranda y el riesgo de desastres
Investigaciones lideradas por expertas como Daniela Miranda, junto a Katherine Campos y otros investigadores del CIGIDEN, proponen que las políticas para la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) reconozcan y atiendan de manera específica las características de los distintos grupos de población. En particular, plantean la necesidad de asumir el género como una categoría heterogénea.
Diferentes trabajos académicos señalan que la población femenina está en una situación de riesgo especial ante desastres, y que esta vulnerabilidad por género se conecta con otros factores como la raza, etnia, clase, edad y situación de discapacidad. Miranda y su equipo proponen "expandir el concepto de resiliencia", apuntando hacia una transformación del sistema que incluya la categoría moral de dignidad en la gestión de riesgos y estrategias comunitarias.
Liderazgos femeninos y resiliencia comunitaria
El estudio de casos como el campamento Dignidad en Santiago de Chile demuestra cómo la organización comunitaria se configura a partir de liderazgos femeninos. Estas estrategias buscan dignificar la gestión del riesgo mediante la incorporación de conocimientos locales y ancestrales para lograr modelos más resilientes al clima y a las crisis sociales.
Medición y análisis de la vulnerabilidad
Este fenómeno se mide analizando variables denominadas indicadores de vulnerabilidad. Cada variable establece los criterios para evaluar el índice de riesgo de las personas o familias:
| Indicador | Descripción |
|---|---|
| Índice de paro | Mide la situación laboral y estabilidad del empleo. |
| Índice de estudios | Evalúa el nivel educativo y acceso a la formación. |
| Índice de vivienda | Analiza el tipo de hogar y las condiciones de habitabilidad. |
| Indicador de pobreza | Mide los ingresos per cápita y la situación económica general. |
| Indicador de salud | Se enfoca en el acceso y calidad de los servicios sanitarios. |
| Indicadores de identificación | Reflejan rasgos personales como edad, género y nacionalidad. |
Según datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza (EAPN), España ocupaba en 2022 el cuarto puesto en la UE con mayor tasa de población en riesgo de pobreza, con un 26%, lo que subraya la importancia de estos mecanismos de medición para la aplicación de políticas públicas.
Diferencia entre vulnerabilidad y exclusión social
Es fundamental distinguir estos dos fenómenos. La exclusión social es una consecuencia del agravamiento de la vulnerabilidad social. Mientras que la vulnerabilidad implica la presencia de factores de riesgo, la exclusión es la situación que impide a los individuos participar plenamente en los procesos de desarrollo y acceder a una calidad de vida decente.
Por ejemplo, una persona desempleada de larga duración es considerada vulnerable. Si esta persona agota todos sus recursos, prestaciones y no puede cubrir necesidades básicas como la alimentación o vivienda, transita hacia una situación de exclusión social, representando un aislamiento completo del sistema.

Enfoques teóricos y normativos
Desde la geografía humana y la sociología, autoras como Naxhelli Ruiz Rivera discuten la pertinencia de un enfoque normativo para definir la vulnerabilidad. Se plantea una crítica a la noción de resiliencia cuando se aplica de forma simplista a los sistemas sociales. En lugar de solo esperar que las comunidades "resistan", el enfoque normativo propone el cumplimiento de umbrales de bienestar objetivo.
La vulnerabilidad no debe ser el único descriptor de un grupo. El uso generalizado del término puede banalizar realidades complejas y limitar el ejercicio de derechos. Por ello, se argumenta que el parámetro adecuado para determinar la vulnerabilidad debe basarse en las posibilidades reales de cumplir con condiciones sociales, económicas y espaciales asociadas al bienestar humano.
El rol del profesional en la intervención social
El trabajador social desempeña su labor en diferentes ámbitos, siendo los colectivos vulnerables uno de los principales focos de atención. La intervención social debe ser llevada a cabo por profesionales con formación adecuada que puedan detectar necesidades y diseñar proyectos para mejorar la calidad de vida.
Esta condición de vulnerabilidad ha de trabajarse desde la discreción y el respeto, manteniendo la confidencialidad de la información sensible. El pleno empleo y la mejora de la empleabilidad se presentan como pasos fundamentales para disminuir las desventajas con las que parten las personas en situación de riesgo social.
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