El autismo, ahora más correctamente denominado Trastorno del Espectro Autista (TEA), es un trastorno del neurodesarrollo de origen biológico y con un importante componente genético que afecta cualitativamente a diversas funciones psicológicas del individuo. Estas incluyen la interacción social, la comunicación verbal y no verbal, la simbolización e imaginación, modos de comportamiento rígidos, inflexibles y estereotipados, e intereses restringidos y obsesivos.
Dada la complejidad del TEA, que abarca una gran diversidad en capacidades y competencias, desde grados de deficiencia intelectual hasta coeficientes intelectuales superiores a la media (como en el Síndrome de Asperger), las estrategias educativas son de vital importancia para fomentar el desarrollo y la calidad de vida de quienes lo presentan.
La Educación Inclusiva y el Aula Ordinaria
Pese a que la tendencia hacia una escuela inclusiva gana cada vez más espacio y que en muchos países existe legislación que la avala, persisten trabas y problemas de implementación. No obstante, los expertos consideran que, a excepción de los casos más severos, lo más beneficioso para estos niños es que realicen su educación en el aula ordinaria.
La educación inclusiva no solo beneficia a los niños con TEA, sino también a sus compañeros, ya que los ayuda a comprender y aceptar la diversidad. Para los maestros, integrar a un alumno con autismo es un reto personal y profesional, mientras que para los demás estudiantes representa una experiencia única de convivencia con una persona diferente, un ejemplo de la diversidad que encontrarán en sus relaciones futuras.

Necesidades Educativas Específicas de Alumnos con TEA
Todos los alumnos con autismo forman parte del grupo de Necesidades Educativas Especiales (NEE). Independientemente de su potencial e inteligencia individual, siempre presentarán, en mayor o menor grado, problemas en las siguientes áreas:
- Interacción social: Cierto grado de aislamiento, falta de contacto social y afectivo, carencia de empatía e incapacidad para expresar sentimientos.
- Alteraciones de conducta: Conductas repetitivas o disruptivas, y obsesión por ciertos temas.
- Alteraciones cognitivas: Afectan la abstracción, la función simbólica, el lenguaje, la atención y la memoria.
- Déficit en la comunicación y el lenguaje: Puede ser inexistente o presentar anomalías significativas en la intencionalidad o el significado.
- Problemas motrices: Con grandes variaciones entre casos, se observan problemas de movimiento y coordinación.
Estas problemáticas derivan en la necesidad de estrategias educativas específicas que busquen paliar, potenciar y mejorar las alteraciones en el plano cognitivo, intelectual y social. Para ello, el profesor cuenta con tres herramientas básicas: adaptación del currículo, criterios y metodologías especiales y actividades específicas.
Objetivos de las Estrategias Educativas para Niños con Autismo
Los objetivos generales deben dirigirse a la consecución de las siguientes metas:
- Potenciar al máximo la autonomía e independencia personal.
- Desarrollar el autocontrol de la propia conducta y su adecuación al entorno.
- Mejorar las habilidades sociales, fomentando la capacidad de desenvolvimiento y de comprensión de normas y convencionalismos sociales y emocionales.
- Desarrollar estrategias de comunicación funcionales, espontáneas y generalizadas.
- Fomentar la intención comunicativa y la reciprocidad en la comunicación.
- Desarrollar procesos cognitivos básicos como el pensamiento abstracto, la atención y la memoria.
Adaptación Curricular Personalizada
En base a estos objetivos, el equipo docente debe realizar una adaptación personalizada del currículo, considerando:
- El grado y tipo de autismo del alumno, sus características y potencialidad.
- Las posibilidades de desarrollo funcional de cada niño.
- La evolución del alumno.
- El entorno familiar y social del chico o chica.
- El contexto educativo: capacidades de personal e infraestructura del centro, y posibilidad de apoyo extraescolar.
Criterios Metodológicos y Estrategias en el Aula
La metodología de aprendizaje debe adaptarse al ritmo y dificultades del niño, e incidir en la experimentación y el contacto con los demás y el entorno para romper el hermetismo y facilitar el aprendizaje funcional. Algunas acciones metodológicas eficaces incluyen:
- El aprendizaje en contextos naturales.
- Tomar los intereses del alumno como punto de partida. Es necesario detectar, a partir de sus intereses, de lo que llama su atención, su sensibilidad y sus fortalezas, cuál es la mejor manera para que pueda incorporar los contenidos y las normas de conducta.
- Prediseño de situaciones que favorecen o desencadenan actos comunicativos.
- El sistema de ensayo-error no funciona; es mejor facilitar apoyos para la tarea y retirarlos gradualmente.
- Prestar atención a la expresión y comprensión de estados emocionales propios y ajenos.
- Establecer rutinas y situaciones muy estructuradas. Una rutina estructurada es una gran estrategia para el éxito del autismo en el aula, ya que permite la consistencia y que un estudiante sepa lo que viene a continuación.
- Evitar elementos de distracción y adecuar el aula para minimizarlos.
- La organización espacio-temporal debe ser muy estructurada, facilitando la predictibilidad y la anticipación.
- Usar agendas para organizar el tiempo, predecir situaciones y controlar la conducta. Este sistema permite al niño amoldarse a lo que va a suceder en cada momento y participar más dispuesto en las actividades programadas.
- La comunicación clara y sencilla es una necesidad significativa para los alumnos con autismo, evitando confusiones y facilitando el procesamiento de instrucciones.

Actividades y Materiales Específicos
Las actividades deben ser funcionales, organizadas, estructuradas y destacar por su claridad y sencillez. Los materiales deben, por sí solos, mostrar al niño las tareas a realizar. Los apoyos visuales (dibujos, fotos, carteles) son muy útiles como guía y refuerzo motivacional.
Los trabajos en mesa deben ser repetitivos, bien estructurados, promoviendo la interacción con compañeros y utilizando elementos visuales (pictogramas, puzles) y manipulables (ceras, juegos de construcción, plastilina).
Una estrategia muy útil es la de anticipar. Explicar a los niños, a través de imágenes u objetos, qué ocurrirá a continuación, lo que les ayuda a liberarse del estrés de afrontar situaciones nuevas.
Es importante también etiquetar los materiales y los espacios para organizar el aula, aumentando la capacidad del alumno para desenvolverse con éxito y comprender las expectativas y el entorno.
Estrategias de Apoyo Ambiental y Sensorial
El entorno del aula puede ser emocionante y abrumador para los niños con autismo. Un entorno estructurado que minimice la sobrecarga sensorial controlando el ruido, la iluminación y la temperatura es fundamental.
Los alumnos con autismo pueden agobiarse o sobreestimularse con facilidad. Por ello, disponer de una zona designada para calmarse facilita la autorregulación. Estas estrategias de apoyo ambiental son una forma sencilla pero eficaz de ayudar a un alumno a responder adecuadamente en sus actividades cotidianas.
Las actividades sensoriales pueden ayudar a minimizar la sobreestimulación. Es crucial determinar las necesidades específicas de cada alumno, ya que algunas experiencias sensoriales pueden ser calmantes para uno y sobreestimulantes para otro. Una vez identificado el juego sensorial adecuado, este puede abrir la puerta a disminuir las dificultades de aprendizaje, mejorando habilidades sociales, coordinación ojo-mano y motricidad fina.
Métodos Educativo-Terapéuticos Específicos
Existen métodos educativo-terapéuticos que han mostrado eficacia en la tarea de educar, no solo académicamente, sino también en el comportamiento:
Análisis Conductual Aplicado (ABA)
Desarrollado en 1987 por el Dr. Ivar Lovaas, el ABA busca reforzar las conductas positivas a través de recompensas cuando se brindan las respuestas correctas o se alcanzan los objetivos. Se trabaja en un formato uno a uno (terapeuta-paciente), con instrucciones breves y concisas, premiando los logros.
El ABA se utiliza para enseñar habilidades específicas (comunicación, autoayuda, sociales, motoras) y tratar excesos de comportamiento (rabietas, agresividad, autolesiones). Los principios y métodos del ABA están respaldados científicamente y son una práctica basada en la evidencia. Puede beneficiar a niños, adolescentes y adultos con TEA, especialmente si se inicia tempranamente, y también a personas con otros problemas de desarrollo como TDAH o discapacidad intelectual. La formación de padres y cuidadores es un componente común para asegurar la continuidad de las estrategias en diferentes entornos.
TERAPIA ABA
TEACCH (Treatment and Education of Autistic related Communication Handicapped Children)
Creado en la década de 1970, el programa TEACCH procura un entorno educativo estructurado con programación estricta, instrucciones sucintas y ayudas visuales, siendo flexible y adaptable a cada niño. Sus seguidores afirman que da respuesta a dificultades receptivas del lenguaje, comunicación expresiva, problemas de atención y memoria, y percepción sensorial. Es crucial que la información sea clara y comprensible para el sujeto, para que sepa lo que se espera de él.
Método Montessori
Aunque no fue pensado prioritariamente para niños con TEA, sus fundamentos, con leves adaptaciones, resultan útiles. La filosofía educativa de María Montessori se basa en que es el propio niño quien dirige el proceso de aprendizaje desde la práctica, con el docente como observador y guía. Esto permite adaptar el entorno a las necesidades educativas individuales, liberando el potencial del niño en un ambiente estructurado pero libre.
Terapia de Integración Sensorial (Sensory Integration Therapy)
Concebida por Anna Jean Ayres en los años 70, esta terapia aborda la disfunción de la integración sensorial, una problemática común en diferentes tipos de autismo, manifestada en la dificultad de procesamiento de las sensaciones que llegan a través de los sentidos.
DIR-Floortime (Developmental Individual Difference Relationship Model)
Desarrollado en los años 80 por el Dr. Stanley Greenspan, el "tiempo de piso" se aplica a menudo mediante el juego realizado sobre el piso. A partir de las actividades que agradan al niño, se busca que el terapeuta y/o los padres (entrenados en la técnica) propicien interacciones cada vez más complejas, expandiendo los intereses y las posibilidades educativas de cada sujeto.
Evaluación y Diagnóstico
La evaluación de los niños con TEA debe efectuarse desde un enfoque multidisciplinar. La evaluación médica y neurológica aporta una historia detallada desde el nacimiento, su desarrollo y pruebas físicas o neurológicas. Pueden ser necesarios estudios del cariotipo o pruebas complementarias como electroencefalogramas y escáneres cerebrales.
Las pruebas psicológicas habituales pueden no ser aplicables o dar resultados irrealistas. Pruebas de capacidad intelectual como las escalas Weschler deben usarse con precaución. Existen baterías, inventarios y escalas de desarrollo (Gesell, Battelle, Bayley) que proporcionan información valiosa sobre el punto en que se encuentra el niño en diferentes áreas.
Pruebas más específicas para el autismo incluyen el ADI-R (Entrevista para el Diagnóstico del Autismo - Revisada) y el ADOS (Escala de Observación para el Diagnóstico del Autismo). Estas son herramientas clave para confirmar el diagnóstico y deben complementarse con pruebas individualizadas y la observación directa del niño en su ambiente natural, así como entrevistas a padres y educadores.
La evaluación debe plantearse como un juego sin reglas iniciales, configurándose a medida que avanza la relación niño-psicólogo. Es fundamental indagar en las habilidades e intereses del niño para crear una línea base. También es crucial evaluar su capacidad cognitiva (que puede manifestarse en habilidades específicas no verbales) y su conocimiento de sí mismo y del entorno, su motricidad y el establecimiento de hábitos de autonomía funcional.
Nuevas Tecnologías en la Evaluación
La incorporación de las nuevas tecnologías, como programas informáticos altamente atractivos para los niños (por ejemplo, Niki-Talk para comunicación alternativa), ofrece nuevas fórmulas para medir habilidades cognitivas, viso-motoras o auditivas. Aunque en fase de experimentación, se aconseja introducirlas paulatinamente y al nivel adecuado del niño.
Intervención Conductual y Familiar
Los TEA cursan con una amplia y compleja manifestación conductual (rabietas, desobediencia, hiperactividad, baja tolerancia a la frustración, estereotipias, obsesiones, autolesiones). Es crucial realizar un registro detallado de estas manifestaciones, sus antecedentes y consecuentes, para trazar un plan de intervención. Las primeras conductas a intervenir son aquellas que suponen un riesgo para el niño u otros, o que causan un malestar acusado en la familia.
El plan no solo debe eliminar o minimizar conductas problemáticas, sino también incorporar nuevas, como mejorar hábitos cotidianos (comida, higiene, control de esfínteres), habilidades de relación o técnicas de autocontrol.
Finalmente, es vital conocer las necesidades de la familia, cómo el diagnóstico ha afectado su vida cotidiana y cómo se ha explicado la situación a los hermanos. La colaboración entre padres, maestros y profesionales escolares es esencial para crear e implementar un plan educativo integral.
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