La vejez, una etapa de la vida que experimenta un gran número de personas, no solo es consecuencia de un proceso biológico, sino también una construcción cultural. En este contexto, la causalidad personal emerge como un concepto fundamental, refiriéndose a la percepción individual de competencia y eficacia. Cuando una persona mayor percibe que "es capaz de hacerlo", fortalece su autoestima y se siente estimulada a repetir la actividad, lo que es vital para un envejecimiento activo y satisfactorio. La experiencia directa en la realización de una actividad fortalece la creencia en la propia capacidad, generando un impacto positivo en la autoestima y en la capacidad para enfrentar situaciones adversas.
Este artículo explorará en profundidad cómo la causalidad personal se integra en la vida del adulto mayor, analizando su relación con la funcionalidad, la participación social y la salud mental, así como las estrategias para fortalecerla en una sociedad cada vez más envejecida.
Entendiendo la Causalidad Personal en la Vejez
La causalidad personal es la fuerza que motiva a las personas a involucrarse en actividades diarias. Es la percepción individual de competencia y eficacia. Cuando un adulto mayor percibe que "es capaz de hacerlo", fortalece su autoestima y se siente estimulado a repetir la actividad. Por ejemplo, si una persona mayor experimenta éxito y placer al participar en terapias grupales o actividades comunitarias, su confianza se refuerza, lo que la impulsa a comprometerse en futuras acciones.
Esta sensación de autoeficacia es vital para el desarrollo personal continuo, generando un impacto positivo en la autoestima y en la capacidad para enfrentar situaciones adversas. Al fomentar la participación en actividades que realmente entusiasmen al adulto mayor, se potencia su compromiso y se abren oportunidades para el desarrollo de nuevas competencias.
La Funcionalidad y Autonomía: Pilares de la Causalidad Personal
La idea de función debe conceptualizarse como la capacidad que poseen los seres humanos para llevar a cabo de manera autónoma, actividades de un mayor o menor nivel de complejidad. Si hablamos en términos de salud, un adulto mayor sano, según la OMS, sería aquel que fuera autónomo, considerándose la autonomía como el principal parámetro de salud en este grupo.
En este concepto está comprendida la idea de funcionalidad, debiendo definir el estado de salud entre los envejecidos no en términos de déficit, sino de mantenimiento de la capacidad funcional. De esta manera, el anciano sano es aquel que es capaz de enfrentar el proceso de cambios a un nivel adecuado de adaptabilidad funcional y satisfacción personal.
Importancia de la Capacidad Funcional
La capacidad funcional en el anciano es el indicador más potente utilizado en la evaluación geriátrica. La dificultad o imposibilidad para llevar a cabo las acciones de los dominios de la actividad humana va más allá de lo meramente descriptivo. Son un parámetro de salud y, como tal, descriptor de resultados evolutivos relevantes:
- Mortalidad: El riesgo de mortalidad se eleva conforme se avanza en el grado de discapacidad.
- Consumo de recursos: La frecuentación hospitalaria, las visitas al médico o la utilización de fármacos se pueden poner en relación con el grado de discapacidad.
- Institucionalización: El riesgo de utilizar una residencia se ve notablemente incrementado al ir ascendiendo en el deterioro funcional.
- Utilización de recursos sociales: Los costos del cuidado personal y de ayuda doméstica para individuos mayores de 75 años aumentan conforme aumenta el nivel de dependencia.
- Futura discapacidad: La discapacidad es un estado dinámico que puede mejorar, mantenerse estable o empeorar. Las posibilidades de mejora disminuyen en función de la edad, aunque nunca desaparecen por completo.
Clasificación de Adultos Mayores por Funcionalidad
En Chile, por ejemplo, los adultos mayores se han clasificado según su nivel de funcionalidad o autovalencia:
- Adulto mayor autovalente sin enfermedad crónica: Representan el 57% del total de adultos mayores. Generalmente viven en sus viviendas, integrados a diferentes organizaciones donde buscan compañía y esparcimiento. Expresan sus deseos de vivir la vida.
- Adultos mayores frágiles: Constituyen el 30% y sufren ciertas limitaciones que, a pesar de tratamientos, no mejoran su descompensación. Requieren ayuda profesional y de terceros para realizar actividades de la vida diaria, generalmente de sus familiares o centros de atención.
- Adultos mayores dependientes: Este segmento concentra entre el 3% y el 5% de la población adulta mayor. Corresponde a personas que requieren ayuda para todas sus actividades de la vida diaria, su condición de invalidez los mantiene postrados. Necesitan mayor cantidad de recursos para hacer frente a la situación, que acarrea mayores gastos y mayor estrés, dependiendo de servicios especializados.
El Envejecimiento Global y la Salud Mental del Adulto Mayor
La población mundial envejece rápidamente. En 2023, 1100 millones de personas tenían 60 años o más. Según las previsiones, esa cifra casi se duplicará a 2100 millones en 2050, lo que representa en torno a una quinta parte de la población mundial. Este cambio demográfico plantea importantes desafíos y subraya la necesidad de enfoques centrados en el bienestar y la causalidad personal.

Prevalencia y Factores de Riesgo para la Salud Mental
En torno al 14,1% de los adultos de 70 años o más tienen un trastorno mental, siendo la depresión y la ansiedad las afecciones más frecuentes. Estas condiciones suelen infravalorarse y tratarse insuficientemente, en parte debido a la estigmatización que rodea a la salud mental, haciendo que las personas sean reacias a buscar ayuda.
A edades más avanzadas, la salud mental viene determinada no solo por el entorno físico y social, sino también por los efectos acumulativos de experiencias vividas y los factores estresantes específicos relacionados con el envejecimiento. La exposición a la adversidad, la pérdida considerable de capacidad intrínseca y una disminución de la capacidad funcional pueden provocar malestar psíquico. Los adultos mayores tienen más probabilidades de experimentar eventos adversos como el duelo, una reducción de los ingresos o un menor sentido de propósito con la jubilación.
A pesar de sus muchas contribuciones a la sociedad, muchos adultos mayores sufren discriminación por motivos de edad (edadismo), lo que puede afectar gravemente a su salud mental. El aislamiento social y la soledad, que aquejan a cerca de una cuarta parte de las personas mayores, son factores de riesgo cruciales para las afecciones de salud mental. También lo son los malos tratos a las personas de edad, que incluyen cualquier tipo de maltrato físico, verbal, psicológico, sexual o económico, así como la desatención. Uno de cada seis adultos mayores sufre malos tratos, a menudo por parte de sus propios cuidadores.
Impacto de las Actividades Sociales en la Causalidad Personal y el Bienestar
La teoría de la actividad en el envejecimiento sugiere que la participación en actividades sociales significativas representa un componente esencial en la promoción de la salud y en la predicción del bienestar personal en los adultos mayores. Las actividades sociales no solo proveen beneficios físicos y psicológicos, sino que también promueven condiciones saludables, lo cual eleva el bienestar de los individuos.
Beneficios de la Participación Social Activa
Diversas investigaciones han demostrado los múltiples beneficios que las actividades sociales ofrecen, fortaleciendo directamente la causalidad personal al incrementar la percepción de competencia y control:
- Mejor salud mental y física: Los adultos mayores que participan en actividades como deporte, arte, cultura, turismo y recreación cuentan con mejores elementos para hacer frente a situaciones que en otra condición los haría enfermarse o caer en depresión. Se ha hallado que los adultos mayores que tienen amplias relaciones sociales tienen menor riesgo de morir.
- Mejor funcionamiento cognitivo: La vida social activa, las relaciones sociales y el continuar con intereses intelectuales traen beneficios en la capacidad funcional y en la función cognitiva de los individuos. La cantidad y el tipo de relaciones sociales disminuyen el riesgo de demencia.
- Promueve hábitos de vida saludables: Son una fuente de motivación para continuar viviendo y a través de ellas se pueden implicar en conductas de salud preventivas y terapéuticas.
- Menor morbosidad: Las relaciones personales se asocian con una morbosidad menor, percepción de salud mejorada.
- Longevidad: Las actividades sociales y la participación social activa promueven el bienestar físico y personal del ser humano debido a que disminuyen el riesgo de mortalidad en los ancianos.
- Reducción de los costos de salud física y mental: Si participar en actividades sociales mejora la salud física y mental, la actividad social representa un mecanismo clave para reducir el gasto en salud.
- Aumento en la percepción de felicidad: Las personas mayores, al igual que los adultos jóvenes, tienen las mismas necesidades psicológicas y sociales de mantenerse activos; solo cuando el individuo realiza una actividad se siente feliz, satisfecho y adaptado.
- Aumento en el sentimiento de pertenencia: La participación en actividades durante la vejez se asocia con el sentimiento de pertenecer a un grupo determinado, con la salud física y mental.
- Aumento en la percepción de bienestar: Las actividades sociales están positiva y significativamente asociadas con el bienestar personal, probablemente mediado por el efecto que tienen en la autoestima y en el autoconcepto. Las actividades productivas también respaldan la percepción de utilidad y competencia y los sentimientos de control.
El bienestar personal del adulto mayor, entre otras cosas, es el resultado de mantener actividades sociales en esta etapa, abarcando dimensiones como la satisfacción vital, la satisfacción actual, la presencia de un estado de ánimo positivo y la percepción de felicidad.

La Soledad: Un Obstáculo para la Causalidad Personal
Durante el envejecimiento es frecuente experimentar una serie de vivencias y cambios que pueden ayudar a la aparición del sentimiento de soledad. La soledad se describe como el "convencimiento apesadumbrado de estar excluido, de no tener acceso a ese mundo de interacciones, siendo una condición de malestar emocional que surge cuando una persona se siente incomprendida o rechazada por otros o carece de compañía para las actividades deseadas, tanto físicas como intelectuales o para lograr intimidad emocional".
Tipos y Consecuencias de la Soledad
Podemos hablar de soledad objetiva, que hace referencia a la falta de compañía y no siempre implica una vivencia desagradable. Por otro lado, la soledad subjetiva es un sentimiento doloroso y temido por un gran número de personas mayores, nunca una situación buscada.
El "síndrome de la soledad" es un estado psicológico que sucede a consecuencia de pérdidas en el sistema de soporte individual, disminución de la participación de las actividades dentro de la sociedad a la que pertenece y sensación de fracaso en su vida. La soledad puede tener graves consecuencias negativas sobre la salud en el plano físico (debilidad del sistema inmunológico, dolor de cabeza, problemas cardíacos, dificultades para dormir), psicológico (baja autoestima, depresión, alcoholismo, ideas suicidas) y social.

Factores Causales de la Soledad
La soledad en los mayores es una realidad favorecida por diferentes factores o causas, que afectan directamente la capacidad de una persona para ejercer su causalidad personal:
- Crisis de identidad, autonomía y pertenencia: Se viven un conjunto de pérdidas que pueden deteriorar la propia autoestima, el deterioro del organismo y la pérdida de roles y grupos sociales.
- El Síndrome del nido vacío: El abandono del hogar por parte de los hijos para iniciar una vida independiente.
- Unas relaciones familiares pobres: La escasez de relación con los hijos percibida por los ancianos, tanto en cantidad como en intensidad y calidad de afecto.
- La muerte del cónyuge: La viudedad suele ser el principal desencadenante del sentimiento de soledad.
- La salida del mercado laboral: Tras la jubilación, las personas disponen de tiempo libre que, muchas veces, no saben en qué ocupar, y la pérdida de poder adquisitivo puede restringir las posibilidades de ocio.
- La falta de actividades placenteras: La ausencia de actividades lúdicas puede dejar un vacío.
- Los prejuicios: La sociedad actual mantiene una serie de prejuicios sobre la vejez, como la de no tener vida productiva, ser inútil o dependiente, lo que se conoce como edadismo.
La Interdependencia: Una Visión Integral de la Autonomía en la Vejez
A fin de comprender adecuadamente la independencia de las personas, también en la vejez, es fundamental enmarcarla en la interdependencia constitutiva del ser humano. El hecho de que los seres humanos sean intrínsecamente sociales significa que siempre son interdependientes. Sus independencias parciales se engarzan con dependencias parciales que, amparadas convenientemente, las hacen posibles. Esas dependencias parciales se resuelven positivamente si se abocan a la recepción de apoyos pertinentes de quienes tienen independencias.
Las dependencias que existen claman para ser acogidas en la solidaridad, frente al acomplejamiento ante la necesidad de recibir. En una sociedad inclusiva, que se expresa a través de la accesibilidad universal, la no discriminación, la distribución de los recursos orientada a garantizar la igualdad de oportunidades y la oferta de apoyos ante las limitaciones, la dependencia que podría ligarse a la deficiencia funcional se reduce drásticamente. Por eso, acoger la condición de dependencia de las personas supone crear sociedades inclusivas ante los déficits de capacidad funcional.
Siempre que esa atención se expresa como una relación moral, el dar se abre intrínsecamente al recibir, y del recibir emana espontáneamente un dar, haciendo referencia a los bienes inmateriales no sujetos a acuerdo ni a cálculo.
Estrategias para Potenciar la Causalidad Personal y el Bienestar
Para maximizar el impacto en el bienestar del adulto mayor, es crucial implementar un abordaje integral que fortalezca su causalidad personal.

Políticas y Programas de Apoyo
El Plan de Acción Internacional Madrid sobre el Envejecimiento 2002 describe y analiza los retos planteados por el envejecimiento mundial de la población, proponiendo un marco de actuación para las políticas sobre envejecimiento. Así, la planificación y distribución de los servicios para los ancianos debe dar respuesta a sus necesidades específicas, incluyendo servicios para el anciano relativamente sano e independiente, para aquellos que experimentan limitaciones y para quienes requieren cuidado institucionalizado.
La OMS, a través de iniciativas como la Década del Envejecimiento Saludable (2021-2030) y el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030, promueve estrategias de promoción y prevención dirigidas a los adultos mayores que se centran en apoyar el envejecimiento saludable. Ello implica promover entornos físicos y sociales que faciliten el bienestar y permitan a las personas llevar a cabo las actividades que son importantes para ellas. Entre las principales estrategias se incluyen:
- Medidas para reducir la inseguridad financiera y la desigualdad en los ingresos.
- Programas para garantizar viviendas, edificios públicos y transportes seguros y accesibles.
- Apoyo social a los adultos mayores y a las personas que los cuidan.
- Apoyo a los comportamientos saludables: régimen alimentario equilibrado, mantenerse físicamente activo, abstenerse del tabaco y disminuir el consumo de alcohol.
- Programas de salud y sociales dirigidos a grupos vulnerables, como las personas que viven solas o en zonas remotas y las que tienen una afección crónica.
La protección contra el edadismo y el maltrato también es fundamental, incluyendo políticas y leyes contra la discriminación, intervenciones educativas y actividades intergeneracionales.
Rol del Personal Sanitario y la Evaluación Geriátrica Integral
En el sector salud se produce un verdadero cambio de paradigma. Los adultos mayores deben constituir un objetivo primordial en la atención que entregan todos los profesionales sanitarios. La valoración de la capacidad funcional se encuentra incluida dentro del concepto más genérico de Evaluación Geriátrica (EG), entendiendo esta como aquel proceso diagnóstico multidimensional e interdisciplinar, dirigido a las capacidades funcionales, médicas y psicosociales de un anciano, en orden a desarrollar un plan de tratamiento y de seguimiento.
El propósito de los cuidados en salud será evitar que las limitaciones se conviertan en factores restrictivos y alcanzar el máximo desarrollo de las potencialidades psicológicas, sociales, culturales y espirituales para el óptimo desempeño personal y social de este grupo de personas. Los profesionales de enfermería, con su especial orientación hacia el cuidado, deben esforzarse por disminuir el nivel de dependencia y las oportunidades en que estas personas precisen ayuda asistencial.
Fomento de la Participación Activa y el Aprendizaje Continuo
Si se desea aumentar los niveles de funcionalidad de los ancianos, se deben detectar en forma anticipada aquellas situaciones que coloquen en riesgo el mantenimiento de esta. El ser humano, como ser social, en todas las etapas de su vida está intercambiando experiencias y conocimientos con su medio; por tanto, el aprendizaje no es algo relegado solo a los grupos jóvenes de la población.
Los programas educativos destinados a potenciar la funcionalidad entre los ancianos deberían contener actividades que les ayuden a fortalecer aquellas potencialidades que han permanecido en desuso, entre ellas la capacidad de crear, relacionarse, comunicar, aprender, autorrealizarse, dar y recibir afecto, preocupación por otros, cultivar la espiritualidad y encontrar el sentido de la vida en esta etapa de su existencia.
Abordaje de la Soledad y Promoción de Redes de Apoyo
Salir al paso de la soledad no es exclusivamente una responsabilidad de la persona mayor o de la familia, sino de la sociedad en su conjunto. Esta debe sensibilizarse ante este problema, generando y desarrollando programas terapéuticos de prevención y control de la soledad y la depresión. La soledad se previene o se supera cuando se realizan actividades incompatibles con los pensamientos que la generan, especialmente si estas favorecen el cultivo de unas relaciones sociales y familiares satisfactorias.
Algunos recursos útiles para luchar y prevenir la soledad incluyen:
- Recursos personales: El desarrollo de actividades domésticas, ver televisión, escuchar radio, el retorno o aumento de las prácticas religiosas, comunicaciones telefónicas, centros destinados a mayores (clubes o centros de día), la participación en actividades culturales, turísticas o de ocio y, más raramente, las segundas parejas.
- Recursos familiares: La familia juega un papel fundamental, siendo el principal soporte social. El rol de abuelo podría ser una muy buena solución para conseguir una mejor relación familiar. El apadrinamiento de mayores también puede ayudar a complementar las carencias afectivas.
- Recursos sociales: Tener un núcleo de amistades con el que poder intercambiar información y realizar actividades de ocio. Las actividades de voluntariado, donde la solidaridad y el deseo de ayudar a otros se vuelve también hacia uno mismo, satisfaciendo la necesidad de sentirse útil.
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