Las lesiones no intencionales son eventos que pueden ocurrir en cualquier momento y están asociadas a circunstancias modificables, como el descuido o la falta de información. En Jalisco, estas lesiones representan la principal causa de muerte en niños de 1 a 9 años, siendo las lesiones por vehículos de motor las más frecuentes, seguidas por ahogamiento y sumersión (Consejo Estatal de Población Jalisco, 2013). Aunque los niños no siempre perciben el riesgo a su edad, sí pueden identificar las condiciones en su entorno que pueden provocar una lesión. Por ello, un aspecto crucial para disminuir las lesiones no intencionales es entender el conocimiento de los niños sobre estos eventos, cómo los perciben, si comprenden cómo prevenirlos y por qué ocurren.
El dibujo como ventana al mundo infantil y sus experiencias
Desarrollo cognitivo y expresión a través del dibujo
De acuerdo con el desarrollo cognitivo, Jean Piaget (1954) identifica la Etapa Preoperacional (de 2 a 7 años), donde el niño comienza a dibujar (Puleo, 2012; Mounoud, 2001). Piaget señala que el dibujo se relaciona con el juego simbólico y la imagen mental al intentar representar la realidad. El dibujo es el medio a través del cual el niño refleja cómo piensa, interpreta y representa algo. Además, el dibujo capta la percepción del niño, ya que expresa las experiencias vividas o transmitidas (Nieto, 2007), permitiendo comprender su desarrollo (Moustafa, 2012).

A través del dibujo, conocemos al niño porque muestra aspectos de su personalidad, lo que permite identificar su estado afectivo y emociones en situaciones determinadas. Los sentimientos y el carácter se expresan en cuatro planos diferentes (Nieto, 2007):
- El gesto gráfico: el niño elige formas y colores para representar lo que desea.
- El valor expresivo: manifiesta emociones.
- El valor proyectivo: muestra su visión del mundo.
- El valor narrativo: revela sus gustos y preocupaciones.
Etapas del desarrollo del dibujo infantil
Existen dos etapas del desarrollo del dibujo infantil (Nieto, 2007):
- Garabateo (2 a 4 años): Las primeras formas de expresión gráfica.
- Etapa pre-esquemática (4 a 7 años): El niño crea conscientemente formas que se relacionan con el mundo que le rodea, organizando su relación con el ambiente.
Análogamente a la teoría de Piaget, Lowenfeld (Puleo, 2012; Cohen, 2012) y Malchiodi describieron seis estados de Desarrollo Artístico en el niño (Moustafa, 2012; Looman, 2006). Un niño en la etapa preescolar (3 a 5 años) se encuentra en un estado de desarrollo cognitivo y artístico donde expresa a través de formas básicas y humanas de un esquema temprano. En esta fase, el niño inventa historias, aparecen personas, casas, flores o autos, y los describe. Su pensamiento simbólico emerge al conectar su realidad con las imágenes que dibuja, pudiendo concebir espacios y relaciones con su propio ser (Looman, 2006). En esta etapa, los niños enfatizan las cosas según su color (Crawford, 2012).
El dibujo como herramienta de comunicación y evaluación
El dibujo es una de las habilidades que tiene el niño para comunicarse (Chang, 2012; Torres, 2010). Si bien lo que el niño habla es importante, comunicar ideas es más útil con entrevistas, dibujos o fotografías (MacDonald, 2009; Johnson, 2012). Estas herramientas forman parte de la metodología de “Aproximación del Mosaico” (Clark, 2005), que destaca la reflexión sobre las propias perspectivas del niño sobre su entorno.
Los dibujos y representaciones de los niños nos abren una ventana a su mundo interior (Crawford, 2012; Wennström, 2011). Cuando se le pide a un niño dibujar sobre un tema específico, lo que plasma es una representación de cómo piensa, comprende ese tema, y las emociones y sentimientos que le inspira, así como su conocimiento al respecto (Moustafa, 2012; Torres, 2010). Además, el dibujo les permite explayarse sin la presión de una respuesta rápida y con el tiempo necesario (MacDonald, 2009; Torres, 2012).

Desde los años 80, los dibujos se han utilizado para evaluar las dificultades emocionales que los niños enfrentan (Isla, 2013). En pedagogía, sirven para analizar el desarrollo del proceso educativo y evaluar programas de educación para la salud (Isla, 2013). El uso del dibujo ha aumentado para estudiar los efectos de experiencias particulares, ya que a partir de los cuatro años un niño posee un estado cognitivo que le permite interpretar lo que dibuja (Isla, 2013). Un niño puede describir con sus propias palabras el significado de sus dibujos.
Aplicaciones del dibujo en el ámbito clínico y emocional
Los dibujos son un método de análisis para la comprensión de las experiencias infantiles en el área clínica (Johnson, 2012; Woolford, 2013), abarcando vivencias de enfermedades como diabetes (Isla, 2013) o cáncer (Woodgate, 2013), para conocer sus experiencias y afrontamiento ante desastres naturales (Looman, 2006) o de otra índole (Nuttman, 2010), y para comprender su percepción de riesgo ambiental (Torres, 2010). Al externar sentimientos complejos a través del dibujo (Looman, 2013), se puede ayudar al niño a procesar el dolor ante eventos adversos, brindarle apoyo ante situaciones que generan angustia y miedo por la incertidumbre. También favorece su integración en entornos hostiles, como el hospitalario, y facilita la comunicación con profesionales de la salud (Looman, 2013). Permite recordar eventos pasados (Looman, 2006; Nuttman, 2010) y explayarse en la narrativa de su historia a través del dibujo (Looman, 2013).
Emocionalmente, los dibujos ayudan a los niños a diferenciar el evento traumático, estableciendo una distancia entre ellos y su problema al materializarlo. Las lesiones no intencionales son eventos traumáticos que generan este tipo de sentimientos, y el dibujo permite al niño expresar sus emociones y sentirse mejor. Además, el significado expresivo de los dibujos ofrece un espacio terapéutico para conocer y comprender un momento difícil en su vida (Woodgate, 2013), ya que plasmar un suceso traumático le permite representar algo que en el momento de la vivencia no pudo elaborar o representar debido a la carga afectiva que suscitó y que sus defensas no pudieron protegerlo.
Al sufrir una lesión no intencional, es importante que el niño exteriorice y elabore su angustia y trauma mediante el dibujo, dándole un sentido a través de la representación psíquica que plasma. Este sentido se respalda desde un enfoque psicoanalítico, donde la construcción de la fantasía (dibujada) tiene un componente inconsciente (Moustafa, 2012; Uribe, 2009). Sin embargo, con el dibujo, el niño estructura su fantasía, lo que facilita su conexión consciente con la realidad. Así, a través del proceso del dibujo, se puede conocer su ansiedad y miedo, cómo lo asimila y qué piensa sobre el evento.
Estudios sobre la percepción de la violencia y lesiones en niños a través del dibujo
Un estudio sobre lesiones no intencionales y su prevención
Un estudio describe el uso del dibujo como herramienta útil para comprender el conocimiento de los niños sobre lesiones no intencionales y su prevención. Se realizó una reunión con personal docente y 115 niños de primer, segundo y tercer grado de preescolar. Se utilizó el concepto “accidente” por ser más popular que “lesiones no intencionales”. De manera voluntaria, los niños participaron en una entrevista donde se identificaron respuestas lógicas y coherentes. Como parte de las actividades del jardín de niños, se entregó a cada participante una hoja en blanco y colores/crayolas, pidiéndoles que dibujaran un “accidente” que conocieran. Al finalizar, se les solicitó que comentaran lo que habían dibujado, registrándose sus palabras de manera textual. Posteriormente, se repitió el proceso pidiéndoles dibujar cómo prevenirlo. No se les dio orientación sobre cómo realizar el dibujo ni qué “accidente” plasmar.
Se entrevistó a un grupo de 21 niños de preescolar (2 de primero, 4 de segundo y 15 de tercero; en total, 7 niñas y 14 niños). Se consideraron 14 dibujos y se agruparon en seis tipos de lesiones no intencionales. Se excluyeron 7 dibujos: 2 de primer grado que no comprendían el concepto de lesión no intencional, 2 de desastres naturales y 3 con fantasía y violencia.
Hallazgos del estudio: colores, emociones y aprendizaje
Las niñas dibujaron mayormente lesiones causadas por el tránsito (57%), mientras que los niños se inclinaron por incendios en casa (20%). En cuanto al uso del color, 18% usaron tres, cinco o ningún color, superado por el 29% que utilizó dos colores. Los colores más usados por los niños fueron rojo, azul y negro; las niñas eligieron azul, rojo, verde, amarillo y rosa. Generalmente, los tonos rojos se usaron para representar sangre, heridas, daño o quemaduras; el negro para personas; y azules y amarillos para otras características de la escena. Cabe destacar que, en ambos géneros, los atropellamientos no tuvieron color, realizándose solo a lápiz.
Los colores utilizados en los dibujos resaltan sentimientos de ansiedad, inseguridad y tristeza. La expresión más común fue el susto (35%), seguido de tristeza, distracción y auxilio (11% cada una). Es importante señalar que ningún niño copió el dibujo de otro. Al pedirles dibujar cómo prevenir el “accidente”, los niños pensaron durante un tiempo, mostrando dificultad y tardando más en realizarlo. No todos lograron plasmar la idea de prevención, y un niño y una niña no lo hicieron por este motivo.
Dos niñas representaron experiencias de lesiones no intencionales que vivieron. Una de 5 años relató que, en una colisión automovilística, no llevaba puesto el cinturón de seguridad y se golpeó contra el asiento sin gravedad. Sin embargo, dibujó a una niña saliendo por la ventana del auto. Al preguntarle por su dibujo, comentó: “una niña que no se puso el cinturón y salió volando del auto”. En su dibujo sobre la prevención, la niña se encuentra en la parte trasera del auto con el cinturón puesto, con ojos y boca pequeños, denotando un rostro alegre y tranquilo, y describe: “se puso el cinturón”. La segunda niña dibujó cómo su mamá sufrió una quemadura mientras cocinaba con una olla caliente. Ella explicó su dibujo narrando: “Mamá, mamá ¿te quemaste?, sí hija agarré la olla, y mi hermanito también, Mamá, mamá ¿te quemaste?, sí hijo agarré la olla” y continuó “Me fui a dormir a mi cuarto y mi mamá se hizo una ampolla y estaba llorando”. En el dibujo, la olla cae sobre la mamá y los niños observan la quemadura.
Importancia de los dibujos para el aprendizaje y prevención
No se encontró la aplicación del dibujo en lesiones no intencionales, sin embargo, es útil considerarlo como herramienta de análisis del pensamiento del niño en estos eventos, ya que conllevan una profunda huella emocional. Para identificar el significado de los dibujos, es necesario considerar la etapa de desarrollo de los niños. Por ejemplo, los niños de primer grado (3 años) carecían de un esquema estructurado en sus dibujos, con solo rayas y tachones. Los niños de 4 y 5 años mostraron mayor detalle en color y forma, indicando un mayor grado de desarrollo cognitivo en la comprensión de un evento. El conocimiento sobre un tema condiciona el éxito en sus dibujos (Chang, 2012). Por lo tanto, los niños realizaron el dibujo sobre lesiones no intencionales con mayor facilidad en relación a cómo prevenirlas.
Es importante señalar que los niños aprenden por varios procesos:
- A través de la experiencia: en este tema se busca evitar este tipo de aprendizaje.
- Introyección de la enseñanza de los padres: no es necesaria una experiencia previa, ya que los padres son figuras de cariño y los niños obedecen por temor al castigo, a perder su amor o buscando su aceptación.
- Con el ejemplo: los niños pueden aprender con palabras, pero si estas no están acompañadas de un ejemplo que las corrobore, el niño quedará confundido entre la palabra y la acción.
Una limitación del estudio fue que los dibujos se realizaron por indicación y no de manera espontánea, aunque la libertad del niño fue total y no interfirió con el objetivo. Otra limitación podría ser desconocer si las lesiones dibujadas fueron una experiencia vivida o si hubo otros factores que influyeran en la precisión del contenido. Solo en los casos específicos se confirmó este dato. En el dibujo de la colisión, los rasgos de ojos y boca expresan miedo; la dimensión del dibujo, que abarca casi toda la hoja, denota el impacto de la situación; y el auto remarcado dos veces resalta el objeto que causó el daño. En el dibujo sobre la prevención de la experiencia personal, se observa el aprendizaje, comprensión y percepción del evento y cómo prevenirlo con sus propias palabras: “se puso el cinturón”. Así, la niña asume que está segura en el auto, sin riesgo de ser proyectada fuera, lo que se evidencia con la ventana del auto que se asemeja a la de una casa, interpretándose como protección. La dimensión de este dibujo es la mitad del de la colisión, y ya no remarca el auto. Curiosamente, el sol aparece sonriente. Ante la vivencia, la niña establece una correlación entre el objeto de peligro y es capaz de aprender la prevención, lo que probablemente se transformará en un hábito para su vida. Para que el aprendizaje se logre, debe ir acompañado de la enseñanza y el cuidado de los padres. La niña comentó que recordó lo que su papá le dijo sobre ponerse el cinturón de seguridad.
La violencia circundante en los dibujos infantiles
En un estudio realizado en Guatemala (Dalmasso & Sandoval, Plaza Pública, 14 julio 2017), niños de entre 10 y 13 años de primaria dibujaron y escribieron sobre cómo les afecta la violencia en su entorno. Los dibujos mostraban “asesinos que sonríen, balas que agujerean el cuerpo, conductores de autobús con las cabezas rojas, armas sofisticadas y armas blancas, policías que intentan, pero nunca logran atrapar a los criminales”. Estas escenas, similares a películas de acción, son un reflejo alarmante de la cercanía y conocimiento de la violencia en sus vidas, inmersos en un mundo de asesinatos, extorsiones y robos. Lo preocupante es la normalización de esta violencia, considerándola la única forma de vida posible al haber nacido y crecido en zonas de alta conflictividad.

89 niños participaron, a quienes se les pidió una composición llamada “Cómo me afecta la violencia” y un dibujo. Para muchos, fue un espacio para confesar situaciones que no suelen contar: un padre que golpea a la madre, un hermano drogadicto o el miedo a salir de casa. El 84% de los alumnos habló de violencia con detalles, mientras que solo el 16% afirmó no sentirse atemorizado. Para la mayoría, vivir en “zonas rojas” implica resignarse a pasar los días encerrados, escuchar disparos a diario o encontrarse con cadáveres de camino a la escuela.
La violencia está presente en todos sus ambientes, siendo la intrafamiliar una constante. Doce niños contaron episodios de violencia en casa, uno incluso teme que su padre asesine a su madre. En los últimos seis años, se han registrado 42 asesinatos de menores a manos de sus propios padres. La escuela, tradicionalmente un refugio, también se ha vuelto peligrosa. El experto en educación Bienvenido Argueta explica que algunas escuelas han aceptado a jóvenes vinculados a maras sin el conocimiento adecuado para abordarlos, lo que genera problemas de violencia y extorsión dentro de las aulas. Además, no hay posibilidad de jugar al aire libre; de los 89 participantes, 54 dijeron sentir miedo cada vez que salen a la calle. Un niño relató que su balón rueda hacia el barranco y no puede recuperarlo “porque allí siempre hay muertos tirados”. Otros padres simplemente no permiten que sus hijos salgan de casa.
Los expertos coinciden en que crecer rodeados de tanta violencia, en zonas donde los asesinatos son cotidianos, aumenta las probabilidades de que se vinculen con grupos delictivos. Sobrevivir fuera de la violencia, siendo solo testigo y víctima, es casi un acto heroico en las “zonas rojas” de la capital.
El impacto psicológico de la violencia en niños mexicanos
Expertos del Comité Internacional de La Cruz Roja (CICR) han trabajado en comunidades educativas del norte de México, donde estudiantes, docentes y sus familiares están expuestos frecuentemente a incidentes violentos. Los dibujos de alumnos de secundaria de Ciudad Juárez y sus alrededores muestran el impacto psicológico de la violencia en los jóvenes.

El CICR investiga este impacto psicológico. Un dibujo muestra a un niño tras las rejas intentando alcanzar una pelota. Otro, un rostro que llora sobre un cementerio. Estos dibujos son un reflejo de las consecuencias humanitarias de la violencia en una de las poblaciones más vulnerables. Varios niños jugando al fútbol detrás de unas lápidas representan la problemática de una región donde las comunidades han desarrollado capacidades para afrontar el sufrimiento de un entorno violento. Una mujer llorando es otra expresión de este dolor, y estos trabajos artísticos funcionan como herramientas para contrarrestar las difíciles circunstancias y reducir la angustia.
Un alumno de secundaria de Ciudad Juárez comentó al CICR: “En la primaria conocí a muchos niños que les mataron a sus papás o a sus hermanos.” Se observa en los dibujos una mezcla de música, vandalismo, armas y muerte. Al identificar problemas psicosociales y de salud mental en las escuelas de Chihuahua, el CICR, junto con la Cruz Roja Mexicana, capacitó a profesores para apoyar emocionalmente a los alumnos e identificar casos que requirieran atención especializada. Comportamientos como bajo rendimiento académico, falta de atención, agresividad y dificultad para establecer relaciones indican la necesidad de atención. Un dibujo muestra a una mujer llorando frente a una caravana funeraria. Otro, a una mujer encerrada en una caja de hierro, y una alumna de secundaria comentó: “Los psicólogos nos están tratando de ayudar para que todos los miedos y todo lo que tenemos nos lo quiten”.
Los dibujos también representan la dualidad entre la violencia y el vandalismo (izquierda) y la paz y la armonía (derecha). Los docentes también pueden presentar afectaciones psicológicas y psicosociales, por lo que el CICR los capacita en autocuidado. Otros dibujos muestran migrantes, muerte, dolor y equidad. Un dibujo de “encarcelados en libertad por la violencia” refleja cómo los alumnos sienten que los espacios escolares son seguros. Uno de los dibujos se tituló “La tinta todo lo puede”.
La vulneración de los derechos de los niños en la sociedad
Casos graves que violan los Derechos Humanos de los niños
Los datos de acoso o ciberacoso infantil son alarmantes a nivel mundial. Según Save The Children, 1 de cada 10 niños españoles es víctima de bullying dentro y fuera de la escuela. La persistencia de estos casos, 50 años después de la Declaración Universal de los Derechos del Niño, es preocupante. Todavía no existe una ley que proteja a los niños ante cualquier tipo de violencia, y siguen sufriendo violencia dentro y fuera de casa. Eulalia Tort de Save The Children destaca varias situaciones que violan los Derechos de los Niños:
- Maltrato y castigo físico o emocional: Un cachete o cualquier castigo físico no educa, solo daña el desarrollo emocional y físico del niño.
- Violencia doméstica o de género en el hogar: Los hijos de mujeres víctimas de violencia machista son considerados víctimas de violencia vicaria, ya que no solo se maltrata a la mujer, sino también a los niños. Ningún niño merece vivir en un ambiente violento.
- Acoso escolar o bullying: Los niños que sufren bullying deberían ser apoyados, no reprimidos. A menudo, los acosados deben cambiar de colegio mientras los agresores permanecen. Sufrir burlas, exclusión o agresiones en la escuela vulnera su derecho a la educación y a una infancia libre de violencia.
- Falta de amparo para familias refugiadas que buscan asilo: El derecho de los niños a la protección, salud y alimentación se vulnera cuando una familia busca asilo. Los niños refugiados que huyen de la guerra a menudo no ven sus derechos respetados.
- Matrimonio infantil: Esta es la forma más generalizada de abuso y explotación de las niñas, llevándolas a trabajos forzados, esclavitud, prostitución y violencia.
- Embarazo prematuro o precoz: Los riesgos de embarazos antes de la mayoría de edad pueden generar complicaciones graves, con un alto riesgo de fallecimiento de las madres.
- Desigualdad de género desde la infancia: La desigualdad de género afecta a las niñas y sus madres. Ser niña, a menudo, implica un futuro más complicado o menos oportunidades educativas.
- Explotación y trabajo infantil: A día de hoy, persiste la desigualdad en el sistema educativo, y no todos los niños tienen acceso a una educación de calidad. Además, hay niños obligados a trabajar sin importar su edad. El trabajo priva a los niños de estudiar, jugar o descansar, afectando su salud, educación y desarrollo integral.
Los adultos deben conocer los Derechos Humanos para luchar por su respeto. Pero los niños también necesitan conocer sus Derechos para exigirlos, en la medida de sus posibilidades, y convertirse en defensores de los niños. Es fundamental defenderlos no solo el 20 de noviembre, Día Universal del Niño, sino durante todo el año.
Todos los niños tienen derecho a ser escuchados, lo que implica una comunicación más profunda y duradera, fomentando la confianza entre padres e hijos. También tienen derecho a jugar y divertirse, a tener un nombre (según la Declaración de los Derechos del Niño), a no trabajar (protección contra toda forma de abandono, crueldad y explotación), y el derecho a aburrirse, ya que con el aburrimiento aprenden a valorar los momentos de actividad.