La experiencia de Rodrigo Lagarini, un estudiante de Educación Física de 26 años de la Universidad de Concepción, se convirtió en un símbolo de las graves lesiones oculares sufridas durante las manifestaciones en Chile. Su caso no solo revela la magnitud de la violencia policial, sino también las profundas deficiencias en el sistema de salud y la falta de empatía social hacia las personas con discapacidad.
El Incidente: Disparo Directo y Ceguera Inmediata
El 22 de octubre de 2019, Rodrigo fue herido en su ojo derecho por una lacrimógena disparada directamente a su rostro por Carabineros en Concepción. El incidente ocurrió cerca de las cinco de la tarde de ese martes, en Maipú con Paicaví, en pleno centro de la ciudad.
Rodrigo se había dirigido hacia la 'Zona Cero', ubicada en la rotonda de Paicaví con Los Carrera -conocida también como 'Paicarrera'-, y se acercó al centro por otra intersección. En ese momento, hubo un intercambio de proyectiles entre manifestantes y policías, lo que lo llevó a resguardarse en una esquina para observar. Mientras estaba con su pareja de entonces, observando cómo se desarrollaba el conflicto, Rodrigo vio de reojo cómo uno de los carabineros se salió del piquete y comenzó a apuntarle con una escopeta. Alcanzó a mirarlo y recibió el impacto directo en su ojo derecho, lo que le causó un estallido del globo ocular y una ceguera inmediata.

Atención Médica Inicial y Cruda Realidad
Fue asistido inmediatamente por personas en la manifestación, quienes lo trasladaron hasta el Hospital Regional de Concepción. Sin embargo, no pudo ser atendido de urgencia por no haber llegado en ambulancia. Por esta razón, decidieron llamar a sus padres para que lo llevasen a la Clínica Bío Bío para realizarle un escáner, con la esperanza de salvar su ojo.
En la clínica, le hicieron el escáner de inmediato. El médico a cargo le preguntó: “¿cómo te lo digo: bonito o feo?”. Rodrigo prefirió que se lo dijeran directamente y ahí le comunicaron que había sufrido un estallido del globo ocular, que había perdido el 80% de la parte funcional del ojo completo y que estaría ciego de por vida de su ojo derecho. En ese momento, sintió una catarsis de mucha pena, rabia e impotencia, como estar suspendido en el aire, conmocionado y muy sensible.
En la Clínica Bío Bío le avisaron que no podrían atenderlo y que debía regresar al hospital, ya que era el único lugar en Concepción con especialistas oftalmológicos. Regresó en ambulancia y, al llegar al hospital, tuvo que esperar aproximadamente 45 minutos más para que le hicieran el mismo escáner, básicamente por temas protocolares.
Enfrentando la Insensibilidad en el Sistema de Salud
Un tecnólogo médico le pidió a Rodrigo que subiera a una báscula. Luego, regresó de forma prepotente para decirle: “oye, sácate el audífono”. Rodrigo le preguntó a qué audífono se refería, e insistió con un “qué tienes en la oreja”. Rodrigo nació con una deformación en la oreja y no escucha en su oído izquierdo, por lo que para el tecnólogo, en la pantalla aparecía como algo anómalo. En ese momento, enojado, Rodrigo respondió: “es una microtia, hueón”, a lo que el tecnólogo respondió: “como que hueón”. Rodrigo trató de explicarle: “viejo, acabo de perder un ojo, cómo quieres que esté”. El tecnólogo irónicamente le dijo: “ya, pase a su camillita para que lo pase a ver su doctorcito”, a lo que Rodrigo respondió que debía tener más vocación.
Fue un momento muy ingrato, ya que Rodrigo se encontraba vulnerable y el sistema de salud pública, a través de algunos profesionales sin vocación, le seguía haciendo pasar malos ratos. Fue algo muy doloroso. Lo internaron y le dijeron que no podía hacer nada hasta la mañana siguiente. Esa noche fue muy triste, lloró sin entender nada, preguntándose por qué le había tocado a él. No se arrepentía de haber estado allí, pero sentía que simplemente esto no debió haber pasado. Se violaron muchos protocolos, lo que provocó que ese día no solo él, sino también otras dos personas, Alejandro Torres y Sebastián Sepúlveda, cayeran, todo por el mal uso de carabinas y escopetas.

Vivir con Doble Discapacidad y la Falta de Empatía Social
Darse cuenta de que no volverá a ver por su ojo, que tiene que rehacer su vida y aprender a hacer muchas cosas, fue algo tremendo para Rodrigo. Personalmente, le afectó muchísimo, pues le gusta hacer malabarismo y ya no tiene el mismo equilibrio de antes. Hasta el día de hoy, es triste porque uno no se siente comprendido en un mundo de gente sin discapacidad. Este es un gran tema a nivel social: la falta de empatía.
No existe un conocimiento real de lo que es vivir con discapacidad; en Chile, siempre ha sido un tema marginado. No ha existido una inclusividad integral, y siendo doblemente discapacitado -primero de forma auditiva y ahora a nivel visual-, uno no se siente comprendido, muchas veces ni por sus propios mejores amigos.
Rehabilitación y Participación en Espacios de Derechos Humanos
Al día siguiente de su trauma, la doctora Cristina Hidalgo, una gran oftalmóloga, lo operó. En todo momento le explicó todo de forma tranquila y metódica, ayudándole a entender los procedimientos. Le retiraron todos los residuos que habían quedado en el ojo y tuvieron que suturar. A los dos días, ya estaba de alta. En el pabellón, compartió con Alejandro y Sebastián, y otras personas que también estaban allí, aunque no por trauma ocular. El día de visitas, el lugar estaba lleno: llegaron profesores de la universidad, su familia de Santiago y varios amigos.
Con el paso de los días, se observó en redes sociales que la cantidad de heridos oculares iba en aumento, hasta que en un par de semanas ya eran más de 120 casos. Al principio, Rodrigo no podía dilucidar cómo se sentía con que hubiese más víctimas de trauma ocular; pensaba que no podía estar pasando.
El 30 de octubre, fue invitado a la Comisión de Derechos Humanos del Senado, una convocatoria que se hizo en el Ex Congreso, en Santiago. Allí acudió con Francisca, su expareja, y otras víctimas de Concepción, del sector de Cosmito. Fue a declarar lo que le pasó y lo que en realidad se estaba viviendo en Chile, puesto que las noticias oficiales no daban cuenta de la magnitud de lo que sucedía. Uno solo podía enterarse a través de medios independientes, que mostraban lo que estaba pasando en la calle. Mientras en la televisión solo se mostraban saqueos, en las redes sociales se veía cómo los policías estaban disparando y golpeando, muchas veces a familias completas en reuniones pacíficas.
Estallido social en Chile: ¿Cómo están las víctimas de daños oculares? / #CadenaNacional
En febrero, también fue invitado al Foro Latinoamericano de Derechos Humanos, donde fue ponente y expuso en dos comisiones relativas a la revuelta popular. Fueron momentos muy importantes para él, porque le instaron a sentirse mucho más autovalente y, de cierta forma, a subir su autoestima, ya que anteriormente se encontraba muy desmoralizado y desmotivado. Luego vinieron los casos de Gustavo Gatica y Fabiola Campillay. Después de su propia experiencia, Rodrigo quedó hipersensible y recuerda que lloró mucho al recibir estas noticias, lo cual también le pasó cuando se enteró del caso de Anthony, el niño que fue arrojado al Río Mapocho. Vio el video tantas veces que llegó a un punto en que se miraba al espejo para analizar lo que sucedía, y las lágrimas caían solas.
No podía creer que siguiera pasando, que siguieran maltratando con esa indolencia y que, en vez de asumir sus responsabilidades, los carabineros se ayudaran entre ellos para ocultarse. Le resulta increíble que gente que juró defender a sus compatriotas les esté disparando y pegando, viendo enemigos en vez de gente, quedándose con la idea de que estábamos en una guerra. No se ve humanidad. No son capaces de darse cuenta de que ellos también son gente del pueblo, no son de un estatus alto y se están enfrentando con su propia gente. Ver a carabineros en la calle le genera mucha rabia, miedo e impotencia, y jamás podrá entender qué clase de personas son. Para él, el policía que actúa y el que mira son lo mismo. Cuando salió del pabellón, lo primero que vio fue un carabinero y esa imagen lo dejó congelado, lo que fue muy revictimizante. Cada vez que escuchaba un disparo en una movilización, le generaba ansiedad; estaba viviendo un trauma.
La Lucha por la Reparación y la Realidad del PIRO
Desde octubre hasta diciembre de 2019, Rodrigo tuvo reuniones cada 15 días con Nelly Alvarado, quien era como la mano derecha del ministro Jaime Mañalich. Ella llegó con un discurso muy empático, y le solicitaron que se descentralizara el PIRO (Programa Integral de Reparación Ocular) y se llevaran doctores a las regiones, porque la gente de Antofagasta, de Iquique o de Puerto Montt estaba viajando distancias enormes para llegar al Hospital del Salvador.
Ya hay muchos casos de gente que ha viajado desde regiones y los han mandado de vuelta porque su hora médica, que estaba confirmada, ya no estaba disponible, con esa liviandad. Rodrigo siente que es un sistema muy revictimizante; mucha gente que quizás no perdió el ojo, pero tiene una presión ocular alta, y les echan una gotita, unos Ketadol y para la casa. No hay una preocupación mayor por las personas. Hay gente que necesita prótesis de seis millones de pesos u operaciones caras, y eso no lo costea el Minsal. Los mismos afectados lo están pagando, haciendo rifas y completadas para financiar estos gastos.
Cuando le dispararon, Rodrigo sabe que ese policía buscó hacerle daño, porque apuntó de forma horizontal, le buscó el rostro. Podría haberlo matado y le hubiese dado lo mismo, así como les pasó a otras víctimas.
En una primera instancia, los heridos se atendían en la UTO (Unidad de Trauma Ocular) del hospital y, posteriormente, se habilitó una casa al lado para dedicar ese espacio de forma exclusiva al PIRO, que es el programa para víctimas del estallido, supuestamente. Pero luego constataron que ni siquiera existía un listado de la gente que fue herida en ese contexto y terminaron atendiendo a otras personas. Citaban a las personas a las dos de la tarde y, cuando llegaban, los funcionarios estaban almorzando.
No hay una organización mayor. Se les dice que son muy pocos y por eso la atención es mala, comentarios que Rodrigo considera muy a la ligera. Los profesionales renuncian cada tres meses porque las condiciones no son buenas, por lo que esa confianza que se puede generar entre el profesional de la salud y el sobreviviente no existe. Rodrigo se pregunta: ¿Hay una intención real de parte del Estado por dar una rehabilitación efectiva y mejorar la calidad de vida de estas personas? Porque el ojo ya no lo van a devolver. A la luz de todo lo transcurrido, cree que el Programa fue una medida más testimonial que otra cosa, una pantalla. Como que la gente vio toda esta violencia y luego se quedó con la idea de que el Estado ya se había hecho cargo a través de un Programa Integral de Reparación Ocular, así que ahora estaban bien. Por eso, al día de hoy, mucha gente ya se olvidó de los sobrevivientes del estallido.
La Aceptación de la Prótesis Ocular
Rodrigo jamás quiso ponerse una prótesis porque sentía que era un poco engañar a la gente y a sí mismo. Su cara ahora era así y así se quería volver a querer; ponerse una prótesis era como tapar una herida que todavía seguía abierta en todo ámbito. Tuvo muchos conflictos con su madre porque a ella le dolía verlo con el ojo al natural.
Conversando con la doctora Hidalgo, ella le mencionó que necesitaría una prótesis porque la cavidad ocular se empieza a achicar y recoger, al ser un órgano blando, se empieza a deformar. Para eso, se necesita tener esta prótesis para que el espacio original se mantenga. Fue entonces cuando accedió, se rindió y se puso una de acrílico en un principio, en octubre del año pasado. Al verse, se sintió muy triste. Se miraba y le caían las lágrimas porque era una mirada muerta, se notaba mucho que no era un ojo real, estaba poco centrado y le dio mucha pena saber que se tenía que conformar con eso.
Tiempo después, tuvo la posibilidad de contactarse con el protesista alemán Roland Lautner, quien supuestamente había hecho un convenio con el Ministerio de Salud, pero que no era para todos. Ronald estaría una semana, repartido entre Concepción y Santiago, y el que alcanzaba a obtener una, bien, y el que no, mala suerte. Le dieron fecha, llegó al Sanatorio Alemán de Concepción a las ocho de la mañana y ahí fue cuando le confeccionó la prótesis de cristal que actualmente utiliza.

El cristal tiene un brillo que el acrílico no tiene, y eso le otorga un aspecto mucho más real a la prótesis, por lo que al momento de verse al espejo, fue mucho más reconfortante. Volvió a recuperar el rostro que tenía antes y recuerda ver la cara de su madre fascinada. Obviamente, hay algunos detalles de movilidad al mirar hacia los lados, pero el aspecto sigue siendo bastante realista. Como hubo cosas buenas como esa, también hubo algunas malas. Recuerda el caso de Gloria Moraga, en el cual el Ministerio de Salud jamás pagó su prótesis y, una vez fabricada, se la estaban pidiendo de vuelta. Fue algo que generó mucha polémica en ese momento, aunque para Rodrigo ya era increíble que una señora mayor fuese víctima de trauma ocular. Esto sirve para entender la dimensión de lo ocurrido con el actuar policial y el uso de escopetas de balines, que no son viables en una manifestación.
La Pandemia y la Organización de Víctimas
En cuanto a la pandemia, Rodrigo señala que no tuvieron mucha exposición en los medios tradicionales, por lo que lo que sucedía con las víctimas pasó desapercibido. A nivel organizacional, se demoró mucho en incorporarse a la Coordinadora de Víctimas de Trauma Ocular. Se atrevería a decir que recién en 2021 empezó a participar de manera más activa. Siempre ha pensado que es difícil organizarse entre todos, ya que tienen en común el trauma ocular, pero son todos distintos y no tienen por qué pensar lo mismo; cada uno lucha de la forma en que más la siente. De esa forma, hay compañeros en la toma del INDH, otros que están en barrios haciendo actividades territoriales, y otros que, después de perder un ojo, siguen yendo a Plaza Dignidad. Cuando comenzó la pandemia, cada uno siguió haciendo su lucha como la sentía. También se enteraron de la noticia del cambio de criterio en el INDH para contar a las víctimas de trauma ocular.
Otros Casos de Violencia Policial y Discapacidad
En Temuco, dos funcionarios de Carabineros -en servicio activo- fueron declarados culpables por aplicar tormentos o apremios ilegítimos a un joven con discapacidad intelectual y que fue insultado por ser homosexual. Los efectivos policiales fueron condenados a tres años de presidio, pero cumplirán la pena en libertad, por lo que deberán firmar ante Gendarmería y quedaron con la prohibición de ejercer cargos públicos por el periodo que dura la condena. En tanto, otros tres funcionarios que también fueron acusados por los hechos, quedaron absueltos por decisión del Tribunal de Juicio Oral en Lo Penal de Temuco. El fiscal de la Unidad de Derechos Humanos del Ministerio Público en La Araucanía, Nelson Moreno, destacó que se trata de la primera sentencia lograda por la citada Unidad, y detalló la decisión de los jueces. Tras esto, el joven fue detenido y derivado a la unidad, en donde, además de ser golpeado e insultado por ser homosexual, fue rociado con gas lacrimógeno, para luego ser dejado en libertad.
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