Mantener la mente activa es crucial para todas las personas. Diversos estudios demuestran que quienes participan en actividades que estimulan el cerebro presentan un mejor funcionamiento cognitivo, menores niveles de estrés y una mejor salud física en general. Estas actividades son una fuente de disfrute para las personas mayores, ayudándoles a prevenir o afrontar desafíos propios de la edad.

Importancia de los Programas de Aprendizaje para el Bienestar Psicológico en Personas Mayores
Beneficios de la Estimulación Cognitiva
Las actividades que estimulan el cerebro ofrecen muchos beneficios a las personas mayores. El deterioro cognitivo es una parte natural del envejecimiento, pero las actividades que estimulan la mente ayudan a mejorar el funcionamiento cerebral y a desarrollar la reserva cognitiva, que es la capacidad del cerebro para resistir o tolerar el daño o los cambios cognitivos relacionados con la edad. Ejercitar el cerebro regularmente con ejercicios mentales ayuda a mejorar la memoria y la función cerebral en las personas mayores.
Estos ejercicios mentales mejoran el flujo sanguíneo al cerebro, estimulan la formación de nuevas neuronas y fortalecen las existentes. Al estimular el cerebro, las personas mayores logran un mejor funcionamiento cognitivo, menores niveles de estrés y una mejor salud física en general.
Abordaje de la Soledad y el Deterioro Cognitivo
Al liberarse de la mayoría de las responsabilidades vitales que antes tenían, las personas mayores suelen sufrir de soledad porque no tienen muchas tareas ni una agenda apretada que las mantenga ocupadas. Los programas de aprendizaje y las actividades de estimulación mental son fundamentales para contrarrestar estas sensaciones y favorecer el bienestar.
Beneficios en la estimulación cognitiva en personas mayores - Taller psicológico memoria en acción
Tipos de Actividades y Programas de Estimulación Mental
Existen diversas actividades que estimulan la mente para las personas mayores, y es importante que cada una pueda elegir según sus intereses y pasiones.
Actividades Individuales y Grupales
Las actividades que estimulan la mente pueden ser muy variadas, y las personas mayores deberían elegir aquellas que se ajusten a sus intereses, gustos y preferencias.
Mindfulness y Meditación
Los ejercicios de mindfulness y meditación son algunas de las mejores actividades para estimular el cerebro de las personas mayores, ya que mejoran la atención y la calidad del sueño. Existen varios tipos de ejercicios de meditación que implican simplemente sentarse, acostarse o caminar.
Actividades Creativas y de Ocio
Involucrarse en diversas actividades creativas, como pintar, dibujar, colorear, hacer garabatos, tejer, hacer manualidades, cerámica o tocar música son otras excelentes formas de actividades que estimulan el cerebro. Estas no solo eliminan el aburrimiento, sino que también ayudan a aliviar el estrés. Las personas mayores pueden elegir y aprender cualquier tipo de actividad creativa según sus intereses y preferencias.
Lectura y Escritura
Las personas mayores pueden llevar un diario de su vida o escribir libros, diarios, cuentos y poemas según sus intereses. De igual manera, existen diversas categorías de libros de ficción y no ficción que las personas mayores pueden leer y que despiertan su interés.
Juegos Cognitivos
Casi todos los juegos pueden ser beneficiosos para mejorar la salud mental y estimular y fortalecer la mente de las personas mayores, como juegos y rompecabezas. Las actividades al aire libre, aunque no siempre impliquen alejarse de casa, también pueden ser parte de un programa de estimulación.

Enfoques Multidimensionales del Envejecimiento Activo
Según la Organización Mundial de la Salud (2002), el envejecimiento activo es el proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad, cuyo fin es mejorar la calidad de vida de las personas a medida de que envejecen. En este sentido, el proceso socioeducativo relacionado con el envejecimiento activo solo puede realizarse si se basa en la colaboración, la participación y la detección de las necesidades de las propias personas mayores. Este tipo de planificación permite adecuar cada actividad a las necesidades específicas del adulto mayor o del grupo al que se dirigen, considerando las preferencias de los participantes y el contexto donde se desarrollan. Cualquier actividad conocida es válida y puede adaptarse favorablemente si se prioriza la detección de motivaciones y necesidades de la persona mayor.
Las actividades pueden desarrollarse para favorecer los siguientes elementos:
Bienestar Físico
Uno de los aspectos importantes es procurar el bienestar físico, que puede favorecerse a partir de dos principales áreas: la nutrición y el ejercicio físico. Las actividades pueden desarrollarse para favorecer elementos como la resistencia cardiorrespiratoria, la resistencia muscular, la flexibilidad y el equilibrio, la coordinación motora y la composición corporal, entre otros.
Funciones Cognitivas y Prevención de Malestares Psicológicos
Este rubro incluye una serie de estrategias para favorecer la plasticidad cerebral y las funciones cognitivas. En el mismo sentido se encuentra la prevención de la depresión y de otros malestares a veces asociados a la vejez. Esto puede trabajarse mediante el acompañamiento directo de la persona en psicoterapia, pero también en sesiones grupales donde se intercambien experiencias.
Conectividad Social
Estas actividades tienen el objetivo de favorecer las relaciones cordiales, mantener el contacto social y aumentar los vínculos interpersonales. Ayudan a contrarrestar sensaciones de soledad y a prevenir malestares relacionados con este ciclo vital.
La Psicología Positiva como Fundamento para el Bienestar en la Vejez
Evolución de la Psicogerontología y el Enfoque en el Bienestar
La visión contemporánea de la psicogerontología, a diferencia de la que predominaba en el último tercio del siglo pasado, centrada principalmente en la patología, el declive y el déficit de las personas mayores, resalta aspectos asociados al bienestar emocional en la vejez. Así, actualmente se mantiene un énfasis en el concepto de envejecimiento activo, que promueve la adopción de conductas y actividades físicas y cognitivas (Diener & Chan, 2011) que favorecen el mantenimiento de la salud (Nimrod & Ben-Shem, 2015; Phelan, Anderson, Lacroix, & Larson, 2004). Además, se ha puesto de manifiesto que la salud no es una condición necesaria ni una barrera para lograr un envejecimiento satisfactorio y activo (Parslow, Lewis, & Nay, 2011), sino que pone de relieve la importancia de lo psicológico y lo social (Scheibe & Carstensen, 2010).
Principios y Aplicaciones de la Psicología Positiva
De manera paralela, el surgimiento de la psicología positiva ha conseguido equilibrar la visión tradicional de la intervención psicológica, fuertemente inclinada a resaltar aspectos psicopatológicos e infravalorar los saludables (Wood & Tarrier, 2010). Investigadores como Peterson y Seligman (2004) propusieron un modelo de fortalezas asociadas al bienestar y al desarrollo del potencial humano que responden a dimensiones de sabiduría, valor, humanidad, justicia, templanza y trascendencia. Según estos investigadores, las fortalezas pueden ser vistas como formas de comportarse, de pensar y de sentir que permiten un funcionamiento óptimo, lo que normalmente se experimenta en las vivencias positivas. Desde esta perspectiva, se han planteado intervenciones que buscan el desarrollo del ser humano, una vida feliz, saludable, productiva y significativa (Park & Peterson, 2009).
Evidencia de Eficacia de las Intervenciones Positivas
Estas intervenciones, denominadas por Seligman, Rashid y Parks (2006) «intervenciones positivas», son relativamente recientes y existe evidencia de su eficacia para el incremento del bienestar subjetivo (optimismo, humor, agradecimiento, etc.) en muestras no clínicas (Berger, Milicic, Alcalay, & Torretti, 2014), en personas mayores y en pacientes con depresión (Seligman, Steen, Park, & Peterson, 2005). Además, las intervenciones que fomentan las fortalezas y las emociones positivas reducen la tasa de recaídas y aumentan la tasa de remisión en muestras clínicas (Seligman, 2011), son tan eficaces para la depresión como el tratamiento psicológico tradicional con o sin fármacos (Seligman et al., 2006), consiguen que los pacientes alcancen niveles notables de bienestar (Rashid, 2015) y una gran adherencia terapéutica (Ho, 2006).
La eficacia de las intervenciones positivas, según Sin y Lyubomirsky (2009), reside en que los participantes aprenden cómo afrontar las adversidades y se benefician de apreciar y atender a los aspectos positivos de la vida, se involucran en conductas y actividades de disfrute en las que practican sus fortalezas. Además, se emplean estrategias que afectan positivamente al bienestar, tales como las encaminadas a repetir experiencias agradables, practicar habilidades que lleven a experimentar emociones positivas y favorecer la aceptación. Algunos ejercicios y actividades incluyen la práctica de fortalezas de carácter como la gratitud (Layous, Nelson, & Lyubomirsky, 2012), el optimismo y el perdón (Hill, Hefferman, & Allemand, 2015); la práctica de la atención plena (Fredrickson, Cohn, Coffey, Pek, & Finkel, 2008); la formulación de las metas personales (Dubé, Lapierre, Bouffard, & Alain, 2007); la autoaceptación; el fortalecimiento de redes sociales (Fava & Ruini, 2003), la apreciación de la belleza (Martínez-Martí, Avia, & Hernández-Lloreda, 2014) y, con base en terapias de reminiscencia (Hallford & Mellor, 2013), la memoria autobiográfica (Rathbone, Holmes, Murphy, & Ellis, 2015) y la revisión de vida basada en sucesos positivos (Avia, Martínez-Martí, Rey-Abad, Ruiz, & Carrasco, 2012).
La evidencia indica que practicar fortalezas como la gratitud aporta flexibilidad, mejora del estado de ánimo y aumenta los recursos asociados a la promoción de la salud (Emmons & McCullough, 2003). La dinámica que subyace a las intervenciones basadas en las fortalezas es similar al principio de reestructuración cognitivo-conductual, ya que se dirige a modificar los pensamientos automáticos desadaptativos, reducir el afecto negativo y generar recursos emocionales que preservan el bienestar (Hill, 2011).
La psicología positiva puede enriquecer la promoción del envejecimiento saludable al favorecer la adaptación a los cambios que ocurren en la vejez e impulsar experiencias emocionales positivas (felicidad, placer, bienestar con el pasado, esperanza en el futuro), rasgos positivos (fortalezas de carácter) y el fomento de vínculos positivos (Ruch, Proyer, & Weber, 2010).
Escasez de Estudios y Necesidad de Investigación
A pesar de la relevancia, resalta la escasez de estudios en el ámbito de la vejez (Fava & Ruini, 2003; Layous et al., 2012). El conocido metaanálisis de Sin y Lyubomirsky (2009), que incluye 51 artículos de intervenciones basadas en la psicología positiva, tan solo recoge 3 estudios que incluyen personas mayores. Posteriormente, Bolier et al. (2013) realizaron un metaanálisis de intervenciones basadas en la psicología positiva que incorporó 39 estudios, de los cuales solo dos tuvieron como participantes a personas mayores de 65 años de edad.
Los programas para personas mayores con una perspectiva en la psicología positiva incluyen diferentes técnicas, entre las que destaca el trabajo con la memoria autobiográfica, que produce mejoras en la autoestima y la satisfacción con la vida (Avia et al., 2012). El fomento de la gratitud ha sido uno de los componentes de los programas más utilizados, y se ha comprobado que permite un aumento del bienestar y la disminución significativa del estrés (Killen & Macaskill, 2015). Paulatinamente van apareciendo propuestas que incorporan distintos elementos en las intervenciones que, junto a la memoria autobiográfica, incluyen la práctica de fortalezas como el perdón y la gratitud (Killen & Macaskill, 2015) y que logran como resultado un decremento significativo en estados de ansiedad y depresión y el incremento de la memoria específica, la satisfacción con la vida y la felicidad percibida (Ramírez, Ortega, Chamorro, & Colmenero, 2014).
Dada la escasez de intervenciones basadas en la psicología positiva dirigidas a personas mayores, Ranzijn (2002) enfatiza la necesidad de estudiar su aplicación con este colectivo por tres razones fundamentales:
- La vejez ha estado asociada a estereotipos de pérdidas y declive, sin prestar atención a las ganancias y áreas de crecimiento.
- Dado que la psicología positiva puede mejorar la salud mental y física, también puede conllevar una reducción de la dependencia y los costes de los cuidados asociados a la vejez.
- Debido al incremento de la longevidad en la población, se espera también un aumento en la demanda de atención psicológica de este colectivo, por lo que es importante anticipar el potencial y las limitaciones del desarrollo y aplicación de intervenciones basadas en la psicología positiva con personas mayores.

Estudio de un Programa Piloto Basado en la Psicología Positiva
Objetivo del Programa
El objetivo de un trabajo de investigación fue probar la eficacia de un programa piloto basado en la psicología positiva y destinado a incrementar el bienestar emocional de las personas mayores. Este trabajo valora la eficacia de un programa piloto para la mejora del bienestar de personas mayores basado en la psicología positiva (Izal, Jiménez, & Montorio, 2011). El programa, de tipo psicoeducativo, incluye aspectos asociados consistentemente al bienestar en la vejez (Diener, 1994; Steptoe, Deaton, & Stone, 2015; Wissing & Temane, 2008), como son las emociones positivas (Wood & Tarrier, 2010) y las fortalezas de carácter (Peterson & Seligman, 2004).
Metodología del Estudio
El diseño de investigación fue experimental, con grupos de intervención y control.
Participantes
El estudio contó con la participación voluntaria de 67 adultos mayores usuarios de dos centros para mayores de la Comunidad de Madrid que respondieron a la invitación para participar en el estudio. La muestra fue mayoritariamente femenina (77% de mujeres y 23% de varones), con un rango de edad de 60 a 89 años (Medad=69.3±DT=6.5). Los criterios de exclusión fueron tener deterioro cognitivo, diagnóstico de trastorno de depresión o ansiedad o estar recibiendo atención psicológica. Dos psicólogas entrenadas específicamente para este propósito realizaron en los centros de mayores, mediante cita previa, la administración individual de los instrumentos y la toma de la presión arterial.
Instrumentos de Evaluación
Se recopiló información utilizando diversos instrumentos:
Cuestionario Sociodemográfico Ad Hoc
Se recopiló información sobre edad, sexo, nivel educativo y estado de salud.
Escala de Experiencias Positivas y Negativas (SPANE)
La Scale of Positive and Negative Experience (SPANE) (Diener et al., 2009; versión española de Izal, Montorio, & Jiménez, 2014) es un cuestionario compuesto por 12 ítems tipo Likert con 5 opciones de respuesta que van de 1 (casi nunca) a 5 (casi siempre). Esta escala evalúa la afectividad negativa, la afectividad positiva y el balance o equilibrio afectivo, mostrando adecuadas propiedades psicométricas. La consistencia interna en este estudio (α de Cronbach) fue de .77 para el afecto positivo, .72 para el afecto negativo y .89 para el balance afectivo.
Escala de Orientación Vital Revisada
La Escala de orientación vital revisada (Chiesi, Galli, Primi, Borgi, & Bonacchi, 2013; Scheier, Carver & Bridges, 1994), compuesta por 10 ítems tipo Likert, evalúa el optimismo disposicional o predisposición generalizada hacia expectativas de resultados positivos (en la versión de Otero, Luengo, Romero, Gómez, & Castro, 1998). Este instrumento ha mostrado adecuadas propiedades psicométricas. El rango de las respuestas es de 1 (muy de acuerdo) a 5 (muy en desacuerdo). La consistencia interna encontrada en este estudio (α de Cronbach) fue de .74.
Nivel de Preocupación
Se evaluó con el ítem extraído del estudio longitudinal ELES: «Indique si actualmente tiene alguna preocupación importante» (Rojo-Perez, Fernández-Mayoralas, & Rodríguez, 2014).
Nivel de Felicidad (Termómetro de Felicidad)
Se evaluó con una escala denominada termómetro de felicidad, compuesta por un único ítem tipo Likert. Los participantes debieron contestar a la pregunta: «¿Qué grado de felicidad ha sentido durante la última semana?» según una serie numérica de 0 (ausencia de felicidad) a 10 (máxima felicidad), representada en una gráfica horizontal con una línea de igual intervalo entre cada número. Se dieron instrucciones específicas sobre cómo responder. Estudios de Abdel-Khalek (2006) muestran que la escala tiene una estabilidad temporal de .86 y buena validez convergente, mostrando una correlación con satisfacción con la vida de .52, con optimismo .44, con autoestima .34 y con afecto positivo .49.
Presión Arterial
Se midió con un tensiómetro digital de muñeca Marca Beurer, modelo BM05.
Procedimiento y Diseño Experimental
El diseño del estudio fue experimental, asignando los participantes aleatoriamente al grupo control (n=33) y al grupo de tratamiento (n=34). El grupo de tratamiento (Medad=68.9±DT=1.8) estuvo formado por un 82% de mujeres y un 18% de varones, y el grupo control, por un 60% de mujeres y un 40% de varones (Medad=70.2±DT=1.4). Dos licenciadas en psicología previamente entrenadas en la aplicación del programa de bienestar llevaron a cabo dicho tratamiento. El grupo control estuvo formado por usuarios de los centros municipales de mayores que asistían a actividades socioculturales del centro (por ejemplo, taller de literatura o historia) durante un tiempo equivalente al grupo de tratamiento (8 semanas). El carácter de la intervención es psicoeducativo. Tanto el programa de bienestar como las actividades del grupo control se realizaron en las aulas de los centros de mayores, lo que asegura la equivalencia de formato entre ambos grupos. En este estudio se siguieron los criterios éticos de investigación de la Universidad Autónoma de Madrid (Arribas et al., 2012) y de las normas éticas internacionales (American Psychological Association, 2010), informando a los participantes de los objetivos y la duración del estudio, el carácter voluntario de la participación y el procesamiento de la información recogida. Finalmente, tanto los participantes como los investigadores firmaron un consentimiento informado antes de iniciar el estudio.
Desarrollo y Contenido del Programa
El programa se basó tanto en los fundamentos de la psicología positiva (Vázquez, Hervás, & Ho, 2006), con especial atención en la evidencia de la eficacia de intervención en fortalezas de carácter y emociones positivas, como en los resultados de la investigación empírica que señalan los factores asociados al envejecimiento saludable (Depp, Vahia, & Jeste, 2012). La intervención fue de tipo psicoeducativo y constó de nueve sesiones de 1.5 horas de duración realizadas con una frecuencia semanal. Las sesiones, en formato grupal, se realizaron en los centros para mayores.
Resultados Clave del Programa Piloto
Los resultados indicaron que los participantes del programa incrementaron significativamente su nivel de felicidad y disminuyeron el nivel de preocupación y la presión arterial sistólica. El incremento del nivel de felicidad en personas mayores favorece la construcción de recursos personales y la implicación con objetivos y proyectos que les acercan al envejecimiento activo y saludable. Estos resultados, junto con las limitaciones y mejoras del trabajo, son discutidos en el contexto de la psicología positiva y la psicología de la vejez.