La hidratación es un pilar fundamental en el cuidado de la salud, adquiriendo una relevancia particular en las personas mayores. Es crucial comprender los múltiples beneficios que el agua aporta al organismo y reconocer los síntomas de la deshidratación para prevenir complicaciones graves.

El Agua y el Envejecimiento: Cambios Fisiológicos y Riesgos
Conforme el cuerpo envejece, la cantidad de agua corporal total se reduce. Los ancianos son un grupo poblacional con un riesgo elevado de deshidratación, ya que su "sensación de sed" se ve muy mermada, lo que exige una atención especial para mantener una hidratación constante. Al envejecer, los mecanismos encargados del equilibrio hídrico se van degradando y el riesgo de deshidratación aumenta. De hecho, la deshidratación constituye el principal trastorno de líquidos entre las personas mayores y puede tener un efecto clínico considerable.
Reducción del Agua Corporal Total
Al envejecer, el contenido total de agua corporal se reduce debido a una menor masa corporal magra y a un mayor porcentaje de grasa corporal, que es un tejido pobre en agua. El contenido total de agua corporal puede experimentar una reducción de cuatro a seis litros desde los 20 hasta los 80 años. Este menor contenido total de agua corporal significa que incluso pequeñas pérdidas de agua podrían causar síntomas de deshidratación.
Disminución de la Sensación de Sed
La sensación de sed tiende a disminuir en las personas mayores, lo que puede implicar un menor consumo de líquidos, especialmente tras una restricción hídrica. Debido a esta peor regulación de la sed, las personas mayores no suelen beber lo suficiente y no suelen hidratarse bien después de una restricción hídrica.
Deterioro de la Función Renal
El deterioro de la capacidad de los riñones para conservar el agua es también una consecuencia del envejecimiento. Los riñones tienen menor capacidad para concentrar la orina y retener agua en caso de necesidad. Asimismo, la capacidad excretora de los riñones se va limitando con la edad. Por todo ello, los cambios fisiológicos que se producen en las personas mayores debido a la edad dificultan que el cuerpo mantenga la homeostasis del agua corporal.
Factores de Riesgo Adicionales
Además de los cambios fisiológicos, existen numerosos factores que pueden aumentar el riesgo de deshidratación en los mayores. Cuantos más factores de riesgo entren en juego, mayor será la posibilidad de deshidratarse. El envejecimiento está asociado a limitaciones como una menor capacidad de deglución, una movilidad reducida o desórdenes de comprensión y comunicación que pueden llevar a una ingesta insuficiente de líquidos. También, existen factores relacionados con síntomas y enfermedades (como la fiebre, la diabetes o la incontinencia) que pueden aumentar las pérdidas de agua.
Beneficios Cruciales de la Hidratación en Personas Mayores
Mantener una hidratación adecuada es vital para múltiples funciones corporales y contribuye significativamente a la calidad de vida en la tercera edad:
- Mantención de la función cerebral: La deshidratación puede afectar la concentración, la memoria y la cognición, por lo que mantenerse bien hidratado es esencial para preservar la salud mental.
- Salud cardiovascular: Contribuye a mantener una presión arterial saludable, evitando mareos.
- Regulación de la temperatura corporal: Con la edad se pierde la capacidad de adaptarse bien a los cambios de temperatura, tanto al frío como al calor, haciendo que la hidratación sea fundamental.
- Prevención del estreñimiento: Este es un problema común en las personas mayores, ya que con el calor, el intestino busca absorber agua, y con ello las heces en su interior se secan, aumentando las deposiciones duras y el riesgo de estreñimiento. La deshidratación es otra consecuencia de la deshidratación en ancianos.
- Mantención de la función renal: Beber suficiente agua ayuda a mantener los riñones en buen estado de funcionamiento y a eliminar las toxinas del cuerpo.
- Prevención de infecciones del tracto urinario: La deshidratación aumenta el riesgo de este tipo de problemas.
- Reducción del riesgo de caídas: La falta de líquidos puede causar mareos y debilidad, aumentando las probabilidades de caídas. Mantenerse hidratado contribuye a mantener la estabilidad y prevenir accidentes.
- Piel saludable: La piel tiende a volverse más seca con la edad. Una hidratación adecuada ayuda a mantener una buena piel, evitando la sequedad y el agrietamiento.

Requerimientos de Hidratación y Síntomas de Deshidratación
Las necesidades básicas de consumo de agua en las personas mayores se calculan entre 2.5 l a 2.75 l al día, esto es, de 8 a 10 vasos de agua diarios. Se recomienda una ingesta adecuada de agua de 2,0 litros/día para mujeres y 2,5 litros/día para hombres, según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Sin embargo, las necesidades individuales de líquidos son muy variables y tienen en cuenta el ejercicio, el entorno y las comorbilidades. Es posible que se necesite una ingesta adicional de agua a temperaturas más altas, durante una mayor actividad física o debido a pérdidas excesivas de líquidos (fiebre, diarrea y vómitos).
Síntomas de Deshidratación en Ancianos
En las personas mayores, los síntomas de deshidratación pueden ser sutiles o confundirse con otras condiciones, pero hay algunos signos tempranos y avanzados inequívocos. La confusión mental, por ejemplo, se puede atribuir a demencia cuando en realidad es deshidratación. La fatiga, por su parte, se achaca a la edad o la depresión. Los síntomas de deshidratación incluyen:
- Orina oscura
- Boca seca
- Fatiga y debilidad
- Mareos y desmayos
- Confusión mental
- Aletargamiento
- Piel seca
- Dolor de cabeza
- Pulso rápido
- Pérdida de peso rápida
La falta de hidratación adecuada puede llevar a problemas graves de salud. Las complicaciones de la deshidratación en personas mayores pueden ser graves, variadas y a veces irreversibles si no se tratan rápidamente. Varios estudios concluyen que la deshidratación está asociada a un aumento de las tasas de mortalidad entre adultos ancianos hospitalizados. Incluso en los casos en los que la deshidratación no fue el diagnóstico primario, la deshidratación concomitante aumentaba el riesgo de mortalidad.
Prevenir y tratar la deshidratación en personas mayores: curso Cuida Bien - Módulo 2 | Cap 5
Estrategias para Prevenir y Abordar la Deshidratación
La prevención de la deshidratación en ancianos se basa principalmente en garantizar una adecuada ingesta de líquidos. Para el manejo de la deshidratación por ingesta baja, primero debemos evitar que esto suceda, y, motivar a nuestras personas mayores a beber más líquidos según prefieran.
Recomendaciones Generales
- Fomentar el consumo regular de agua: Establecer un horario para beber a lo largo del día, sin esperar a que la persona mayor tenga sed, ya que el cuerpo pierde la percepción de sed con la edad. Se recomienda pautar unos intervalos para beber agua y sobre todo beber durante la mañana.
- Introducir líquidos de forma gradual: Si la persona es reacia a beber, no intentar obligarla a beber grandes cantidades de repente. Comenzar con cantidades pequeñas, ofrecer la bebida que le gusta (si es saludable), y poco a poco ir aumentando.
- Fomentar la ingesta de líquidos a través de alimentos: Incluir sopas, jugos naturales, infusiones de hierbas y alimentos ricos en agua, como frutas y verduras. Gran parte de la ingesta de agua diaria proviene de los alimentos, por lo que es buena idea fomentar el consumo de los que más hidratación proveen.
- Monitorear el color de la orina: Una orina de color amarillo claro es un signo de buena hidratación, mientras que una orina oscura indica la necesidad de beber más líquidos.
- Limitar o evitar bebidas deshidratantes: Reducir el consumo de bebidas con cafeína y alcohol, ya que pueden tener un efecto deshidratante y aumentar la necesidad de agua.
- Mantener un ambiente fresco: En climas cálidos, asegurar que la temperatura en el hogar sea cómoda y fresca. Evitar la exposición al calor extremo y preferir el uso de ropa adecuada.
- Visitas médicas regulares: Fomentar las visitas médicas regulares para un seguimiento de la salud general y abordar cualquier condición subyacente.
Hidratación en Ancianos con Disfagia
En el caso de ancianos con disfagia (dificultad para tragar), la hidratación presenta desafíos adicionales. Además de la disfagia, un paciente de este tipo puede tener otras condiciones subyacentes que deben ser atendidas de forma inmediata para no empeorar la situación. Algunas recomendaciones incluyen:
- Verificar la presencia de diarrea: Esto influirá en el tipo de soluciones a ofrecer para la hidratación.
- Bebidas con electrolitos: Estas bebidas contienen sodio, potasio y magnesio y pueden ser empleadas dependiendo de su concentración.
- Caldos bajos en sal: Son una excelente opción, pudiendo ser de origen vegetal, de ave o de buey.
- Verduras y frutas suaves en puré: Conllevan una carga hídrica crucial que no solo mejora la salud del enfermo, sino que favorece otras funciones en el organismo, ejercitando los músculos de la deglución.
- Gelatinas: Son muy útiles para hidratar a ancianos, puesto que generan una sensación de remembranza y ayudan a mantener el buen ánimo.

Diagnóstico y Tratamiento de la Deshidratación
El diagnóstico de la deshidratación en ancianos es complicado, ya que los síntomas clásicos, especialmente los de una deshidratación leve, son más difíciles de reconocer. Además, algunos síntomas podrían no aparecer (como el aumento de la sed). Dado que no existe un único parámetro de diagnóstico, se recomienda reconocer un patrón que consiste en varios indicadores de deshidratación.
Estrategias de Rehidratación
Pueden identificarse cuatro estrategias principales para lograr la rehidratación, basadas en la administración de líquidos por vía oral, enteral, subcutánea o intravenosa. La elección del método de rehidratación dependerá de la gravedad y del tipo de deshidratación, del estado clínico del paciente y de la disponibilidad de procedimientos.
- Reposición oral de líquidos: Siempre que sea posible, se preferirá una reposición oral de líquidos. Este tipo de terapia es adecuado en ausencia de síntomas severos y siempre que la situación lo permita.
- Administración nasogástrica: Cuando la ingesta de líquidos por vía oral resulte insuficiente o cuando el paciente no consuma suficientes nutrientes, se recomienda una administración de líquidos por vía nasogástrica.
- Terapia intravenosa: Es eficaz cuando la deshidratación es grave y cuando el estado clínico del paciente exige una intervención aguda. Sin embargo, precisa personal cualificado y generalmente hospitalización.
- Infusión subcutánea de líquidos (hipodermoclisis): Es una alternativa interesante y con bajo riesgo de complicaciones. Es fácil de administrar y puede utilizarse de forma eficaz en ancianos que viven en residencias o en comunidad, evitando así su ingreso. A pesar de ello, se trata de una estrategia a menudo infrautilizada.