Autenticidad en la Vejez: Significado y Relevancia

En los últimos años, la salud mental ha pasado de ser un tema tabú a convertirse en una prioridad global. La autenticidad emocional es la capacidad de reconocer, aceptar y expresar las emociones de manera honesta y consciente. Este concepto va mucho más allá de simplemente «expresar emociones»; se trata de vivir en coherencia con lo que se siente, se piensa y se hace, sin máscaras sociales ni autoengaños. Ser auténtico emocionalmente significa vivir sin máscaras, aceptar las emociones y actuar en coherencia con ellas. Durante décadas, la sociedad promovió la represión emocional, asociando la muestra de emociones con la debilidad. Sin embargo, la autenticidad emocional no es solo una tendencia, es una transformación profunda en la manera en que entendemos la salud mental.

En el contexto de la vejez, la autenticidad y el significado de vida cobran una relevancia particular. Este artículo aborda cuestiones frecuentemente puestas en tela de juicio por una narrativa social de la vejez que a menudo no responde a la realidad de una longevidad diversa, comprometida y vital.

Persona mayor meditando o realizando una actividad creativa, simbolizando la autenticidad y el bienestar

Desafíos y Percepciones de la Vejez en la Sociedad Actual

Vivimos en una sociedad en la que el concepto de belleza está íntimamente ligado al de juventud. Sin embargo, el aumento en la expectativa de vida abre nuevas posibilidades para el sector de los adultos mayores (AM), haciendo necesario atender a este segmento poblacional que antes era invisible. Es un hecho que el envejecimiento de la población es uno de los fenómenos demográficos más importantes de este siglo, generando modificaciones en las estructuras sociales, económicas y culturales. Según Montes de Oca (2011), el sector de la población que cuenta con la mayor tasa de crecimiento es el de los adultos mayores, representando aproximadamente el 8.9%, en su mayoría mujeres.

La vejez, más allá de ser una limitante de índole físico o biológico, representa un problema social y cultural, ya que su significado es una construcción social. Las actitudes encaminadas a la invisibilidad desencadenan la vulnerabilidad en los adultos mayores. Uno de los factores que influyen negativamente en la aceptación de la etapa de vida denominada "Tercera edad", y en la falta de reconocimiento de las personas en cuanto tal, es un fenómeno relacionado con la difusión de la identidad asociado a la pérdida del rol social de este grupo.

Estigma y Discriminación

Para el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED, 2014), las personas adultas mayores son aquellas que sobrepasan los 60 años de edad. De acuerdo con Goffman (2008) en su obra Estigma, la identidad deteriorada, el estigma se refiere a un "atributo profundamente desacreditador" que inhabilita a un grupo para una plena aceptación social. El grupo de los adultos mayores se puede ubicar como un sector que reúne estas características, viviendo el estigma tanto en el entorno familiar como en el resto de la sociedad. Este grupo constituye un sector vulnerado en sus derechos, enfrentándose a problemas diversos como los servicios de salud, trabajo, educación, vivienda y la carencia de medios para un desarrollo integral.

También experimentan otras carencias que inciden en su autonomía, como la toma de decisiones a nivel personal y familiar. Estas manifestaciones se presentan en diversas formas de abandono y hasta maltrato físico y emocional. Un estudio del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM (EMPAM-DF, Giraldo Rodríguez, 2006) reveló que el 16% de los adultos mayores había sufrido al menos un incidente de maltrato en los últimos doce meses. El 35% no podía salir de su casa cuando lo deseaban, y el 33% había sentido deseos de irse a otro lugar debido a sentirse mal donde vivían y con quienes vivían. Además, el 30.4% expresó haber recibido algún tipo de maltrato en instituciones de salud, y el 6.3% reportó que no se habían respetado sus decisiones. Estas situaciones de violencia son en gran medida producto de la pérdida de autonomía en todos los sentidos, haciendo que la autonomía y la libertad sean aspectos recurrentes en esta población.

Definiciones de Edad

La vejez trae consigo transformaciones personales en las condiciones físicas, la independencia económica y funcional, la modificación de roles dentro de la familia, la participación en el mercado laboral, el uso del tiempo libre, la autopercepción y la percepción que los demás tienen de nosotros. Es importante tener claro que la vejez y la edad avanzada no significan necesariamente lo mismo, y que la edad cronológica no admite confusiones: una persona cumple años cada año.

La edad se puede definir como el tiempo transcurrido a partir del nacimiento en cada ser humano, y está determinada desde el punto de vista físico, psíquico y emocional. En el ser humano, la edad se puede dividir en tres dimensiones:

  • Edad cronológica: Agrupada por años, lustros, décadas, etcétera. Considera que todos los sujetos nacidos en el mismo año poseen la misma edad y aparece como una condición adscrita no modificable, produciendo automáticamente una posición y una valoración social con determinados derechos y deberes.
  • Edad biológica: Determinada por el estado físico, la salud, la vulnerabilidad física y por la disminución de la potencialidad de algunos órganos. No siempre coincide con la edad cronológica y es difícil identificarla debido a que está determinada por la calidad de vida, la alimentación, las condiciones de trabajo o el estrés.
  • Edad social y edad legal: Definida socialmente como adecuada para desempeñar determinadas actividades. La edad legal permite desempeñar roles específicos, por ejemplo, a los dieciocho años se le considera ciudadano. La variedad de la edad social no se agota en la edad legal, y su definición dependerá exclusivamente de normas sociales sancionadas ritual o culturalmente.

Pilares de la Autenticidad y el Bienestar en el Adulto Mayor

Talento y Reconocimiento

El talento y el potencial de las personas, así como los aspectos sociales y de significado, de sentido de la vida, continúan siendo relevantes a lo largo del ciclo vital. El bienestar mental y físico de las personas mayores aumenta cuando se reconocen y se canalizan adecuadamente sus talentos. Incluso en un estado de gran fragilidad cercano a la muerte, las personas necesitamos sentirnos reconocidas por quienes somos y sentir que se comprenden nuestras metas, motivaciones y valores.

Conexiones y Relaciones Sociales

El bienestar también viene condicionado por las conexiones y relaciones sociales, que constituyen un elemento fundamental de la vida humana. Necesitamos sentirnos parte de un grupo social con el que podamos identificarnos, un grupo social que valoramos como valioso con el que compartimos valores y normas. Sin embargo, a medida que envejecemos, nuestras necesidades sociales cambian, y tendemos a ser más selectivas a la hora de elegir nuestras relaciones y actividades sociales. Contar con relaciones sociales valiosas resulta también vital para encontrarle sentido a la vida, y esto es aún más crucial a medida que pasan los años. Las relaciones personales y familiares responden a la necesidad de conexión y aumentan la sensación de que la vida tiene sentido. Al mismo tiempo, la creencia de que la vida tiene significado ayuda a construir nuevas relaciones.

Grupo de adultos mayores riendo y conversando en un parque, mostrando interacción social positiva

Propósito y Sentido de Vida

El envejecimiento significativo también alude al desarrollo o mantenimiento de la capacidad de otorgar sentido a la vida. Para ello, necesitamos un propósito en nuestras vidas, algo que conecte los eventos presentes con los futuros; valores para guiar nuestras acciones y sentir que se hace "lo correcto" con la finalidad de evitar emociones como la culpa o el temor; y sentimientos de eficacia para mantener el control sobre las situaciones y las circunstancias de nuestra vida, así como una base que nos permita sentirnos personas valiosas. Estas necesidades cobran mayor importancia a medida que la edad avanza y las capacidades para el desarrollo de dichos propósitos puedan verse alteradas. La abogada y expolítica, Cristina Almeida, defiende la idea de que “cada vida necesita una iniciativa”. En momentos vitales trascendentales, también en la vejez, las cuestiones existenciales y el balance vital toman un papel fundamental, que se elabora muchas veces a través del pensamiento o la conversación.

Autoestima: Valoración y Mantenimiento

La autoestima en el adulto mayor es la importancia y el afecto que se tiene a sí mismo. Para crearse dicho autoconcepto, el adulto es capaz de conocerse, valorarse y percibirse, incluso en condiciones adversas de la vida. Esta se forma de la interacción de tres esferas principales: el yo (manera de actuar y ser), el mundo cercano (familia, amigos, relaciones sociales) y la interacción cultural. En una sociedad donde el adulto mayor es valorado culturalmente por sus conocimientos y sabiduría, es menos probable que se presenten graves problemas de autoestima. Por el contrario, en las sociedades modernas, el adulto mayor tiene mayor dificultad de conocerse y valorarse, ya que reconocerse viejo es uno de los valores más criticados y, por lo mismo, es excluido.

Causas de la Baja Autoestima y su Impacto

El quererse a uno mismo sirve a cualquier edad y circunstancia, pero a medida que envejecemos, esta autoconfianza puede perderse por soledad o abandono. El autoconocimiento, la madurez personal, las vivencias y la experiencia que se va sumando durante las diferentes etapas de la vida son elementos imprescindibles y determinantes para fortalecer la autoestima de las personas mayores. Son muchas las posibles causas que pueden llevar al mayor a sentirse que ya no son tan útiles o importantes como lo eran antaño. Se pierden capacidades físicas, energía y movilidad, lo que les impide llevar un ritmo de vida al que estaban acostumbrados. La soledad es uno de los motivos fundamentales. Un accidente o una enfermedad, así como la pérdida natural de capacidades físicas, pueden hacer que los ancianos no puedan entretenerse con las actividades que hacían antes. La pandemia, por ejemplo, ha dejado un gran impacto emocional en las personas de edad avanzada, afectando su autoestima al sentirse un grupo más vulnerable, con temor al contagio y menor resiliencia a los cambios.

Una autoestima baja o negativa se manifiesta cuando el adulto mayor tiene poca aceptación de sí mismo, cree que por su edad no sirve o es un estorbo, no acepta los cambios en su cuerpo y se deprime, es negativo, cascarrabias, pesimista y le cuesta dar y recibir afecto. Cuando se tiene baja autoestima, es común sentir una gama de sentimientos negativos como: miedo, vergüenza, abandono, rabia, resentimiento, desconfianza, falta de respeto, falta de valía, falta de poder, soledad, aislamiento y pérdida del respeto por sí mismos.

Cómo Fomentar la Autoestima en Personas Mayores

Sean cuales sean las causas de una baja autoestima en las personas mayores, es fundamental detectarlo a tiempo o, si es posible, evitarlo. Para mantener la autoestima alta solo hace falta sentir la propia valía, disfrutar de la vida y compartirla con los seres queridos. Estas premisas son válidas para las personas de cualquier edad. Para favorecer la autoestima de los ancianos, se recomienda:

  • Fomentar su autonomía en la medida de lo posible y pedirles directamente que ayuden en tareas que se encuentren dentro de sus posibilidades, de esta forma se sentirán imprescindibles y valorados.
  • El ejercicio físico, especialmente si se puede llevar a cabo en exteriores, aumenta la secreción de endorfinas y consigue un aumento instantáneo de la sensación de bienestar. Es altamente aconsejable tomar el ejercicio físico como una rutina atractiva con actividades que les apetezca hacer y disfruten realmente.
  • No hay que olvidar nunca que los ancianos son personas adultas con preocupaciones y sentimientos de adulto. Siempre ofreciendo el apoyo y el consejo propio, es importante permitir que las personas mayores tomen decisiones propias en los asuntos que les afectan de forma directa.
  • El respeto hacia la vida propia de las personas mayores también se extiende al ámbito de la intimidad. Es imprescindible mostrar consideración hacia cuestiones íntimas como el aseo o el deseo de estar solo en ciertos momentos.

A continuación, algunas técnicas recomendadas por especialistas para recuperar la autoestima:

  1. Reconocer sus cualidades antes que las de los demás.
  2. Aceptarse tal y como es, esto brinda seguridad, confianza y amor.
  3. Aceptar sus sentimientos más comunes, conociendo qué situaciones nos hacen sentir incómodos y qué sentimos ante la incomodidad, así como las actividades, momentos y situaciones que nos hacen sentir agradables.
  4. Cuidarse a sí mismo, aprendiendo a ser independiente y a no depender de los demás.
  5. Aprender y atender sus propias necesidades, no únicamente físicas, sino también de descanso y diversión.
  6. Alimentar su cuerpo y espíritu, ya que la salud mental y física caminan de la mano.
  7. Practicar ejercicio de acuerdo a sus posibilidades físicas, ya que el aumento de las endorfinas modifica la actitud.
  8. Cuidar el consumo de destensores paliativos como el alcohol y las drogas, así como sustancias para dormir.
  9. Examinar su toma de decisiones: ¿las toma por sí mismo?, ¿las comparte con los demás?, ¿decide lo que los demás piensan aunque no esté de acuerdo?
  10. Conocer cuáles son las cosas que más le provocan vergüenza y cómo se puede evitar. Es necesario procurar la realización de actividades donde el “equivocarse” sea incluso motivo de diversión y aprendizaje.
  11. Amarse a sí mismo es vital. La felicidad nace de uno mismo, es cuestión de sentir las pequeñas cosas que suceden en su entorno.
  12. Darse la oportunidad de pensar que las cosas no son “blancas” o “negras” únicamente.
  13. Disminuir la tensión de su vida diaria a través del ejercicio, cambio de actitud, organización de horarios y mejora del uso del tiempo libre.
  14. Aceptar que no se puede cambiar a los demás, esto elimina sensaciones de frustración y enojo.

En este contexto, la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) ha demostrado ser efectiva, tanto individualmente como en grupo, ofreciendo niveles de mejoría similares o superiores a la medicación aislada para problemas como la depresión en la edad avanzada.

Espiritualidad y Trascendencia

La temática de la espiritualidad y la autotrascendencia adquiere relevancia en la segunda mitad del siglo XX en las ciencias de la salud. Hablar de espiritualidad no necesariamente es referirse a algo religioso, sino que se vincula a algo relacionado con el espíritu de la persona, su energía interior, una cosa que va más allá de lo material o tangible. La religión supone creencias y compromisos con ellas, mientras que la espiritualidad es un concepto más básico: el aire, el soplo, el espíritu, el aliento, lo que da la vida; una cualidad que tiene la persona de tener vida y energía.

Esto amplía el concepto a varias dimensiones, reconociendo que todos somos seres espirituales, una condición humana que genera igualdad antes de adoptar cualquier creencia religiosa. La espiritualidad es el mayor recurso que tienen las personas en un momento en que la sociedad, aunque trata de superarlo, va destacando límites en las personas: el límite cognitivo, el límite de la movilidad, el proceso de dependencia. Es un recurso interior que no tiene límites, es la propia energía vital, que hace que la persona descubra que puede vivir siendo dependiente, o con problemas de movilidad o cognitivos, pero desde una visión trascendente que amplía los horizontes y cambia su vida. Este recurso está siempre a su disposición, no depende de nadie más que de la persona.

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La espiritualidad puede entenderse como un conjunto de sentimientos, creencias y acciones que suponen una búsqueda de lo trascendente, sagrado o divino, y contribuye a dar un sentido y propósito a la vida. Algunos autores, como Rivera-Ledesma y Montero-López (2005), distinguen la religiosidad (de naturaleza social, con ritos y normas) de la espiritualidad (singular, específica y personal, un sentimiento de integración con la vida). Otros, como Green, Benshoff y Harris-Forbes (2001), señalan que la religiosidad es colectiva, mientras que la espiritualidad es un acto más privado que tiende a evitar estructuras formales. Sin embargo, Pargement y Mahoney (2002) indican que tanto la religiosidad como la espiritualidad pueden expresarse social e individualmente, y ambas tienen la capacidad de promover o impedir el bienestar. Cheryl Delgado (2005) plantea que existe una fuerte conexión espiritual que puede mejorar la satisfacción con la vida o facilitar la adaptación a impedimentos o situaciones problemáticas en la etapa del envejecimiento.

Desde una perspectiva psicológica, Erikson (1966) conceptualizó el envejecimiento como un proceso y no como una declinación, donde ocurre un conflicto entre la integridad y la desesperanza. La integridad se logra al adaptarse a triunfos y desilusiones, aceptando el propio ciclo de vida. Vaillant (2002) destaca que envejecer disminuye los ritmos de vida, dejando tiempo para disfrutar cosas sencillas y aumentando la capacidad de calma interior. Tornstam (2003) formula la teoría de la gerotrascendencia, un cambio desde una visión materialista a una más cósmica y trascendente, considerada el estadio final de un proceso natural hacia la madurez y la sabiduría, no necesariamente asociada a creencias religiosas.

Un Enfoque para el Acompañamiento y Cuidado

El proyecto SEE ME ha consistido en el desarrollo de una formación y un kit de herramientas para personas cuidadoras, permitiéndoles acercarse a estos temas y aplicar técnicas o actividades con las personas que requieren cuidados. Este enfoque busca acompañar desde el talento y el sentido, promoviendo lo relacional y lo significativo.

Para facilitar la interacción y el apoyo, es crucial considerar las particularidades de los adultos mayores, como los cambios en la agudeza auditiva, que pueden dificultar la comprensión del discurso hablado, especialmente con ruido de fondo. Se recomienda utilizar un enfoque multisensorial para la presentación del material (pizarra, resúmenes, grabaciones, visual con imágenes: "Dilo, hazlo, enséñalo"), adaptar la información a los conocimientos previos de la persona, asegurar que provenga de una única fuente y revisar el material sistemáticamente para comprobar el grado de aprendizaje. Aumentar la confianza y la empatía favorece la relación entre el profesional y la persona mayor, fundamental para su bienestar.

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