La sexualidad es un pilar fundamental de la vida humana, sin importar la edad. A pesar de ello, la desinformación y los mitos suelen florecer cuando se aborda este tema en los adultos mayores, quienes son frecuentemente estereotipados como un segmento de la población que "no tiene sexo". Este prejuicio constituye una de las principales limitantes que enfrentan hombres y mujeres sobre los 60 años al momento de decidir mantener una vida sexualmente activa.

El peso de los estereotipos y el edadismo
Culturalmente existe la creencia de que la persona mayor es un ser asexuado, lo cual carece de fundamento biológico. La edad avanzada es solo una etapa más del ciclo vital, y las personas mayores pueden naturalmente disfrutar de una sexualidad a través de diversas formas. Estas creencias generan la perpetuación del concepto de que un adulto mayor no puede tener vida sexual, lo que resulta discriminatorio y edadista.
El "edadismo" es un concepto que atribuye características negativas al envejecimiento, profundizando la discriminación tanto de las comunidades hacia sus adultos mayores como entre ellos mismos. Muchas personas, especialmente mujeres, sienten que no tienen derecho a rehacer su vida amorosa tras la viudez debido al juicio social, los celos de los hijos o experiencias previas negativas. Es fundamental reconocer que la sexualidad es un fenómeno inherente a la condición humana; no desaparece con la edad, por lo tanto, no se jubila.
Cambios fisiológicos y adaptación
Es necesario reconocer que, a nivel fisiológico, existen cambios naturales en las personas mayores. Con la adecuada guía y acompañamiento médico, estos no deberían ser un impedimento para disfrutar de una vida sexoafectiva sana.
- En mujeres: La caída de la producción de estrógeno durante la menopausia puede causar sequedad vaginal, provocando dolor e incomodidad. Esto puede sobrellevarse mediante terapia de reemplazo hormonal y el uso de lubricantes.
- En hombres: Es común una menor turgencia en el pene y dificultades para mantener la erección.
- En ambos sexos: El deseo sexual suele ser menor que en la juventud, el orgasmo puede costar más y el periodo de recuperación o latencia entre uno y otro es más largo, lo que hace que el sexo sea más pausado.
La sexualidad va mucho más allá del acto del coito y la penetración. Implica una relación afectiva, sensaciones de placer y la capacidad de conocer el propio cuerpo. Enfermedades crónicas como la diabetes o el uso de ciertos medicamentos pueden afectar el desempeño, pero existen tratamientos médicos eficaces para muchas de estas condiciones.

La asexualidad: una orientación, no una patología
Es vital diferenciar la sexualidad en la vejez de la asexualidad. La definición de asexual describe a una persona con una orientación sexual de quien no experimenta atracción sexual por otros individuos. No es una elección voluntaria, ni un trastorno mental, ni una enfermedad; es una orientación legítima y natural.
Mitos sobre la asexualidad
- No es una enfermedad: Desde 2013, el DSM-5 diferencia la asexualidad de trastornos como el deseo sexual hipoactivo.
- No es celibato: El celibato es una decisión consciente de abstinencia, mientras que la asexualidad es la falta de atracción.
- No es trauma: No existe una relación de causa y efecto entre experiencias negativas y la orientación asexual.
Muchas personas asexuales pueden sentir otros tipos de atracción, como la romántica, intelectual o emocional, y pueden desear relaciones afectivas profundas. Algunas incluso mantienen comportamientos sexuales por curiosidad o para crear vínculos, demostrando que la experiencia varía según el individuo.
Recomendaciones para una vivencia plena
Para la Dra. Erica Astorga, médico jefe de la Unidad de Geriatría del Hospital Puerto Montt, la clave es la comunicación. Perder el miedo y entender que las caricias, la intimidad y el afecto son parte esencial de la sexualidad permite desmitificar esta etapa de la vida.
La educación sexual en la vejez debe ser integral, incluyendo a la familia y a la sociedad, para combatir los estereotipos. El respeto por la autonomía y las preferencias individuales es fundamental para promover entornos donde las personas mayores puedan expresar su identidad sin temor al juicio o la discriminación.