Introducción: Una Pionera en un Campo Feminizados
Este artículo realiza un análisis del origen del Trabajo Social desde la perspectiva de género, haciendo énfasis en los aportes de Octavia Hill como pionera del Trabajo Social. Se aborda su intervención social ante la pobreza y la carencia de vivienda y espacios dignos para las personas más vulnerables de Londres a mediados del siglo XIX.
Cuando se habla de las mujeres en la historia y en la ciencia, la incertidumbre es un hecho; la omisión que por siglos ha existido sobre sus saberes y sus formas de construir conocimiento es común en la historia global. Cabe preguntarse cuántos aportes importantes en el desarrollo mundial han realizado las mujeres y cuántos de estos habrán sido desaparecidos, hurtados o invisibilizados por el patriarcado. La profesión de Trabajo Social no es ajena a esta histórica realidad, ya que las mujeres pioneras en esta profesión han tenido un gran recorrido en la investigación e intervención; no obstante, no siempre son tenidas en cuenta.
Dicha perspectiva cobra importancia si se analiza al Trabajo Social como una profesión feminizada, lo cual alude a un proceso social donde el género determina la importancia y la posición jerárquica de una profesión. Es importante saber de dónde venimos y proyectarnos hacia dónde queremos ir, reconociendo que el camino ya fue transitado por otras/os colegas que con sus aciertos y errores nos 'heredan' generosamente su pensar y experiencia a través de sus obras, dejándonos una huella firme por donde avanzar.

El Contexto del Trabajo Social Naciente en el Siglo XIX
Transformaciones Económicas y Sociales
El origen del Trabajo Social será abordado a partir de la exposición de las transformaciones económicas y sociales relacionadas con el posicionamiento del sistema capitalista en Europa en los siglos XIX y XX. En el capitalismo, se destacaban los postulados y propósitos del liberalismo -la exaltación del individuo y la perspectiva antropocéntrica-, el cual dejó a un lado la dimensión social y humana, constituyendo un ser humano autónomo, pero solo frente al Estado. En este contexto, las mujeres, los infantes, las personas mayores, los migrantes y otros que vivían condiciones precarias eran vistos como obstáculos para lograr objetivos individuales.
Las condiciones de vida de los pobres eran precarias, las personas tenían largas jornadas de trabajos mal remunerados. En los barrios, la gente moría de hambre y la mayoría vivía en pequeños apartamentos sin saneamientos básicos, lo que hizo que el tratamiento residual se convirtiera en un problema latente que incrementó las enfermedades entre los pobres. A su vez, la falta de atención en salud no permitía prestar un servicio eficiente y estos barrios no tenían espacios abiertos para el disfrute y el descanso de sus habitantes. En consecuencia, los sistemas de beneficencia se encontraban colapsados y, aunque la Iglesia a través de la ayuda caritativa intentaba aminorar el problema, no lo lograban.

La Irrupción de la Mujer en el Ámbito Laboral
Además de las problemáticas y acontecimientos económicos y sociales descritos anteriormente, se destaca también el ingreso de las mujeres al trabajo remunerado en el siglo XIX. Este aspecto inspiró a Octavia Hill para desarrollar procesos de formación con mujeres que más adelante serían las encargadas de la asistencia social y que serían las precursoras del Trabajo Social como profesión. Según Federici (2004), ellas habían permanecido confinadas en sus hogares, ya que por mandatos biológicos y sociales se definían a los espacios privados como aquellos que debían ocupar.
Por tanto, la mujer trabajadora emerge en la época de la Revolución Industrial y, de acuerdo con Scott (1998), no fue porque la industrialización creara trabajo para ellas donde antes no había nada, sino porque jugaron un papel fundamental para el desarrollo económico de la época. En ellas se reconoció una parte activa de la fuerza de trabajo que, bajo las lógicas capitalistas, estaba siendo desaprovechada en las tareas domésticas, para pasar a ser mano de obra barata.
De acuerdo con Walkowitz (1999), la entrada de las mujeres al campo laboral no fue algo homogéneo, sino que estuvo marcado por la condición de clase que estas tenían; las mujeres de clase media y alta se dedicaron a labores como la caridad, la filantropía y la enfermería, mientras que las mujeres de clase baja ejercían trabajos fabriles. Cabe aclarar que inicialmente las mujeres -fuesen de clase alta, media o baja- no llegaron a ocupar cargos de representación ni de toma de decisiones, y su trabajo siempre estaba bajo la vigilancia masculina. Con el tiempo, las mujeres se convirtieron en una figura problemática y visible por las revueltas que agenciaron, motivadas por sus condiciones precarias de trabajo y por los problemas sociales producto de las lógicas del sistema, y porque los cambios económicos les permitieron pasar de sus hogares a las fábricas, alterando el orden en sus familias y el de la sociedad.
La Sociedad para la Organización de la Caridad (COS)
Releyendo la historia del Trabajo Social, es posible afirmar que esas formas de asistencia social constituyeron lo que Bermúdez (2016) denomina ideas originarias de la profesión, evidenciando además múltiples versiones sobre los puntos de partida del Trabajo Social. Estas versiones, a nuestro parecer, se relacionan y retroalimentan entre sí para dar cuenta del origen y profesionalización, donde convergen múltiples aspectos, entre ellos el protagonismo de sus pioneras.
Ante ello, en el año 1868, Henry Solly creó la Sociedad para la organización del socorro caritativo y la represión de la mendicidad como una forma de coordinar y organizar las actividades de beneficencia, tanto a nivel público como privado, a través de la unión de distintas personas con el protagonismo de hombres adinerados, que más adelante se llamó Charity Organization Society (COS). Según Miranda (2003), en las COS se empezó a perfilar el Trabajo Social como profesión, pues se generaron acciones para dejar la intuición como derrotero de la asistencia social y pasar a un trabajo fundamentado en un conocimiento más acertado sobre los problemas del individuo.
En 1875, la COS solicitó la colaboración de Octavia Hill. Ella aceptó, pero a su vez hizo sus propuestas, compartiendo los principios básicos de la COS, pero considerando que el interés de ayudar a cierto número de familias no resolvería el problema si no se tenían en cuenta cuestiones más amplias. Fue miembro del comité central de la COS y consideraba, sin hacer hincapié en las ayudas económicas, que lo decisivo era la relación personal con el cliente/necesitado.
Social Policy Charity Organization Society
Biografía y Formación de Octavia Hill
Octavia Hill nació en Wisbech, Inglaterra, el 3 de diciembre de 1838, en pleno desarrollo de la Revolución Industrial. Octavia fue hija de James Hill, un reformista militante del socialismo utópico, ferviente seguidor de las políticas del socialismo y de los modelos de cooperativas; su madre fue Caroline Southwood, una de las precursoras de la Educación Popular. Influyeron en ella las actividades realizadas por su padre y madre; el padre era un hombre al que le concernían las reformas municipales.
Durante su adolescencia construyó una amistad con John Ruskin y otros, como el socialista cristiano Frederick Denison Maurice, con quienes formó un grupo de amigos que, junto con los Barnett, influyeron en el movimiento Settlement. Para el año 1856, cuando tenía 18 años, Hill fue nombrada como secretaria y profesora del Colegio para Hombres Trabajadores (Working Men's College de Great Ormond Street); ahí paulatinamente llevó temas alusivos a la educación femenina, siendo una de las primeras mujeres en tener acceso como trabajadora y docente en una institución reconocida por llevar a cabo labores educativas exclusivas para hombres. Cuando tenía 23 años se fue a vivir a un barrio de Londres, y esa casa la convirtió en un colegio para mujeres trabajadoras.
La Intervención Social Revolucionaria de Octavia Hill
Octavia Hill ha sido elogiada como una heroína no reconocida de la época victoriana que, liberada de las cadenas de la domesticidad, se dedicó a mejorar la vida de los pobres, a la profesionalización de la gestión de la vivienda y defendió ideas y técnicas de duradera importancia. Para desarrollar los postulados de Hill, se analizaron aspectos como sus datos biográficos, los temas y/o acciones que la representan en la historia de la profesión, su concepción del sujeto y la sociedad, la relación teoría-práctica, el orden social y la transformación; aspectos necesarios para comprender lo que la llevó a fundamentar una naciente profesión.
La Reforma de la Vivienda y su Gestión
En 1864, preocupada por las precarias condiciones de las viviendas de la clase trabajadora, con tan solo 26 años de edad, compró varias casas en los suburbios de Londres y comenzó a administrar su alquiler de una manera que resultó revolucionaria para la época. De acuerdo con Hill (1866), el exitoso sistema de viviendas proponía que las casas debían tener unas condiciones óptimas para ser habitadas, pues consideraba que el espacio, la iluminación y la limpieza eran vitales para mantener estas condiciones a largo plazo.
En cuanto al manejo del dinero que se reunía de los inquilinatos, se presupuestaba que el 5 % debía ser destinado al mantenimiento de las propiedades y en proyectos comunes, por ejemplo, patios de recreo, salones, entre otros.
Hill también resaltó la importancia de los espacios comunes: "De nuevo, el privilegio del espacio, la luz, el aire y la belleza no se consideran para el pequeño comerciante, para el trabajador empleado, que probablemente nunca tendrá un patio cuadrado de tierra inglesa, pero ¿Saben acaso el número de bosques y campos comunes que solían estar abiertos a las personas y ahora están ocupados por numerosos vecindarios a los que difícilmente se tiene acceso? Cuanto más se cierran los campos y los bosques, cada átomo de tierra común, en todas partes, en toda Inglaterra, adquiere importancia para las personas de todas las clases."

La Supervisión y la Relación con el Sujeto
Octavia Hill insistió en que la ayuda debía estar precedida por una investigación, tenía además que supervisar el trabajo realizado y tener como meta favorecer la realización personal del receptor de la ayuda. Direccionó a que las personas encargadas de la caridad en estos barrios supervisaran y orientaran semanalmente para recordarles sus compromisos con el entorno, el costo del alquiler y para asesorar en la solución de problemas individuales y colectivos que se pudieran presentar.
Fue pionera en desarrollar las tareas de supervisión, un elemento crucial en la profesionalización del Trabajo Social. Consideraba, sin hacer hincapié en las ayudas económicas, que lo decisivo era la relación de las personas con el cliente/necesitado, poniendo el foco en el vínculo y el acompañamiento individualizado.
La Nueva Concepción del Sujeto y la Sociedad
El contexto y la experiencia de vida de Hill influyeron de manera significativa en su concepción sobre los sujetos, lo cual fue abordado desde su acercamiento con las poblaciones empobrecidas de Londres. En esa medida, trabajó en la indagación, análisis e intervención de la pobreza, la cual, aún en el siglo XIX era manejada con la misma concepción de la Edad Media, que entendía a los pobres como los representantes de Cristo en la tierra.
La Visión del Pobre como Sujeto Activo y de Derechos
En la primera mitad del siglo XIX, la concepción del sujeto pobre se alejaba de los postulados religiosos y era entendido como aquella gran parte de la población que no tenía las condiciones materiales para vivir adecuadamente, por ejemplo, sus salarios eran muy bajos, el alimento era insuficiente y su vivienda era indigna. Para Hill esto era evidente, pero su experiencia en los barrios pobres la llevó a ver más allá de las cuestiones materiales de estas personas y concibió a los pobres como sujetos activos y de derechos, que si se les brindaba la educación necesaria serían capaces de agenciar cambios en beneficio propio. Las reflexiones que Hill (1866) hizo basadas en su experiencia y trayectoria de vida la llevaron a pensar que el problema de la pobreza en los barrios marginados iba más allá de que los pobres no tuvieran capacidades o fuesen demasiado perezosos; ella identificó que el problema era colectivo y que estaba asociado a la falta de oportunidades y a las desigualdades entre ricos y pobres. Uno de los más importantes aportes de Hill hace referencia al concepto de pobreza, porque es ella quien establece una nueva visión de los pobres con base en el reconocimiento del otro como ser humano.
A partir del estudio de Hill (1877) de las diferentes expresiones de la miseria en los barrios y hogares, se tuvo una mirada de sujeto atravesada por las diferencias de clase y de género, por lo que se puso especial atención a la situación de las mujeres, tanto de clase alta y media como las de clase baja; y en esa medida fue precursora en reconocer que la pobreza afectaba de manera distinta a las mujeres, quienes eran poco privilegiadas en el acceso a la vivienda y las condiciones básicas de vida.
Una Sociedad en Transformación: Crítica y Propuesta
Para abordar la concepción de sociedad en Octavia Hill, es necesario comprender los embates sociales y políticos que se vivían entonces a mediados del siglo XIX en Londres-Inglaterra, con relación a lo que fue denominado Época Victoriana. Este periodo monárquico de la Reina Victoria, que duró 64 años (entre 1837 y 1901), trajo consigo cambios radicales en la sociedad inglesa, puesto que fue durante este periodo que se implementó por completo la industrialización, una "etapa de mayor predominio mundial del Reino Unido".
Inglaterra se encontraba dividida en clases establecidas; los cambios acelerados sumieron a quienes no poseían medios de producción en la miseria absoluta, y la política de Estado se encontraba en disputa entre el pensamiento liberal y conservador de entonces. En un momento tan parcializado y dividido, Octavia Hill parte de las diferencias sociales y en estas encuentra posiciones comunes que, según su pensamiento, sirven como punto de partida para avanzar hacia la igualdad, considerando que la misma sociedad debía trabajar para ello.
En concordancia con los planteamientos del socialismo utópico, buscaba que el modelo económico se entendiera y se organizara de manera diferente, que se incrementara la justicia social para cerrar las brechas sociales, considerando necesaria la eliminación de la propiedad privada para acabar con la explotación de las y los trabajadores, y proponía una forma más justa de distribución de las riquezas.
Por tal motivo, se ve en esta pionera la necesidad de ocuparse de la sociedad, no sin antes hacer un análisis estructural y específico de la misma, develando sus dinámicas económicas, sociales, políticas y culturales en las que los sujetos despliegan sus acciones, contribuyendo en la identificación de las causas y soluciones de los problemas sociales. Octavia Hill pone la mirada en las dinámicas políticas y económicas del gobierno de Londres, abriendo un debate en donde enuncia como verdades de la humanidad los esfuerzos para ayudar a los pobres hacia el auto sostenimiento y respeto a sí mismos; propone que la clase social que goza de mayores privilegios ayude a las personas pobres basándose en principios de confianza y dándose cuenta de que como humanos se poseen las mismas cualidades.
En ese orden de ideas, desde una crítica al orden social de la época, Hill (1877) agenció aportes que posteriormente fueron reconocidos por su gran validez en la contribución al cambio social. El concepto de transformación propuesto por Hill (1877) estaba vinculado con la reforma social que, de la mano de la religión, buscaba alcanzar mejores condiciones para la vida en las ciudades, especialmente en los distritos donde imperaba la pobreza. La sociedad para Hill estaba marcada por las diferencias económicas y de clases sociales, pues mientras unos pocos tenían la propiedad de grandes extensiones de tierra y eran dueños de los medios de producción, muchos otros estaban a merced del trabajo asalariado para asegurar su subsistencia.

Legado y Aportes Clave al Trabajo Social
Entre los más grandes aportes de Octavia Hill está su contribución a la emergencia de un nuevo sujeto femenino que irrumpió en el espacio público en la segunda mitad del siglo XIX. Por ejemplo, emprendió acciones para lograr su educación como visitadoras amigables, sentando las bases para una nueva profesión. En 1887, fundó el primer asentamiento universitario de mujeres en Southwark, una iniciativa que les permitió vivir gratuitamente en los establecimientos de alquiler a cambio de su trabajo con los pobres.
Octavia Hill, junto con Mary Richmond, fue una de las pioneras del Trabajo Social y aportó una visión de la realidad social compleja, dinámica y cambiante. Sus contribuciones fundamentales incluyen:
- Profesionalización de la gestión de la vivienda: Su modelo revolucionario de administración de alquileres y mejora de las condiciones habitacionales.
- Desarrollo de las tareas de supervisión: Insistió en la necesidad de investigar antes de intervenir y supervisar el trabajo realizado, con el objetivo de favorecer la realización personal del receptor de la ayuda.
- Enfoque en la relación personal: Priorizó la conexión humana entre el trabajador social y el asistido, por encima de la mera ayuda económica.
- Nueva concepción de la pobreza: Entendió la pobreza como un problema colectivo, no individual, y vio a los pobres como sujetos activos de derechos, capaces de agenciar su propio cambio con educación y oportunidades.
- Visión de género: Reconoció que la pobreza afectaba de manera distinta a las mujeres y fue precursora en el desarrollo de la educación y el rol público de las mujeres como visitadoras sociales.
- Instauración de normas: Estableció principios para la enseñanza del Trabajo Social y el registro de casos, sentando las bases metodológicas de la profesión.
En 1903, se crea la primera escuela de trabajo social de la COS, gracias a la instancia de Octavia Hill, quien fue quien más la promovió, marcando un hito en la formación profesional.